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Fin del aquelarre financiero (y del
imperio) de Estados Unidos
Señales de alerta para la economía
china
Por Alfredo
Jalife-Rahme
La Jornada, México, 30/03/05
Stephen Roach le pone fecha a la punta
que marca el inicio del fin del dominio financiero estadounidense: 16
de marzo, justamente el día que la calificadora Standard & Poor's
degradó los bonos de la otrora omnipotente automotriz General Motors, al
borde de la quiebra por sus extravíos financieros.
No Vamos a disecar ahora las
atribuciones virtuosas de la calificadora (sic) Standard &
Poor's, perteneciente al grupo McGraw Hill (como la revista Business
Week), del que fue vicepresidente ejecutivo John Dimitri Negroponte de
1997 a 2001, antes de su incursión como embajador en Irak y de su
reciente nombramiento como máximo espía local y global de Estados Unidos
(bibliografía para quienes todavía "creen" en el "libre
mercado": The Washington Post, 17 de febrero, y ArriveNet, 4
de marzo). El súper crimen financiero organizado de Wall Street no se
entiende sin sus "calificadoras" hilarantes, que forman parte
del "círculo virtuoso" de la globalización financiera, como
dejó expuesto al aire libre la putrefacción de Enron y el circuito de
encubridoras empresas contables anglosajonas. ¡Y todavía los ingenuos
compramos sus libros intoxicantes al grupo McGraw Hill, vinculado a las
teorías depredadoras de la familia Bush!.
Roach, muy solvente jefe de
economistas de la correduría Morgan Stanley (por cierto, en serios
problemas financieros), escribe desde Pekín (Foro Económico Global, 18
de marzo) que "súbitamente Estados Unidos exhibe una aura diferente
en un cada vez mayor mundo desequilibrado: la confluencia de un récord
del déficit de cuenta corriente, el desastre (sic) de General
Motors, y el alza del precio del petróleo, todo señala un creciente
papel precario (sic) para el hegemonista global. Los mercados
financieros apenas empiezan a olfatear la situación". Pues sí: los
financieros en general son muy limitados en asuntos geopolíticos, ya no
se diga en historia y cultura universal, tan imprescindibles en tiempos de
crisis.
Las advertencias de Roach sobre el
déficit de cuenta corriente (DCC) no son nuevas. Pero al mago malhadado
Alan Greenspan, gobernador (sic) de la Reserva Federal, no lo
perturba nada, salvo el déficit fiscal, como expresó en su conferencia
corporativa muy desangelada ante el influyente Consejo de Relaciones
Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés), con sede en Nueva York (CFR,
10 de marzo). Roach se inquieta de que en un solo año el DCC haya
alcanzado el récord de 6.3 por ciento del PIB de Estados Unidos: "un
asombroso deterioro de 1.8 por ciento" en un año que representa
también el "récord del lastre financiero para el resto del
mundo". Estados Unidos "requiere ahora 2 mil 900 millones de dólares
de flujos externos de capital cada día para que la magia persista".
En la etapa de oro industrial y
manufacturera de Estados Unidos lo que "era bueno para General Motors
(GM) era bueno para Estados Unidos". ¿Será cierto el corolario
inverso: si GM está al borde de la quiebra, lo estará también Estados
Unidos? Roach se detiene en la triste situación de GM, a punto de ser
arrojada a los infiernos por las "calificadoras", que han
alertado que sus bonos se encuentran al límite del ostracismo de los
"bonos chatarra". Para que Standard & Poor's, vinculada a
los intereses del clan Bush, haya admitido el estatuto casi de
"chatarra" de los bonos depreciados de GM, ¿de qué tamaño será
el boquetazo real?.
Las automotrices de Estados Unidos
"emplean a solamente 0.8 por ciento de todos los trabajadores"
de ese país, lo cual es "emblemático del destino del sector
manufacturero", prosigue Roach, quien agrega que el "16 de marzo
fue también el día del récord del precio del petróleo", que un dólar
en picada le quita amortiguadores a su impacto en la economía
estadounidense. Roach lanza dardos merecidos a la "prensa, por
supuesto, repleta de comentarios de que el petróleo ya no afecta", y
fustiga que "es justamente la retórica que siempre escuchamos en
medio de un choque petrolero" y desmonta impecablemente las piruetas
contables de la Secretaría del Tesoro: "las inversiones netas de
portafolio de 91 mil 500 millones de dólares de enero pasado, que
cubrieron el déficit comercial del mismo mes por 58 mil millones de dólares",
se debieron al financiamiento de los bancos centrales asiáticos, en
particular de China y Japón. En un solo año, los bancos centrales
tuvieron un excedente de 500 mil millones de reservas del "billete
verde" que financiaron 75 por ciento del DCC el año pasado. Esta
anomalía está llegando a su fin y los bancos centrales asiáticos,
grandes y pequeños, han mostrado sus veleidades para diversificar sus
reservas en otros instrumentos financieros (euro y oro).
Pero "al final hay más que
economía", aduce Roach, quien en forma notable penetra en las enseñanzas
de la geoestrategia del historiador británico Paul Kennedy y su célebre
teoría de la sobrextensión: "las grandes potencias se
derrumban en forma típica cuando su alcance militar supera su poderío
económico". Es justamente lo que vive Estados Unidos desde el 11 de
septiembre de 2001: "las guerras de Afganistán e Irak fueron los
disparos de salva del inicio. Las recientes nominaciones de la
administración Bush de dos neoconservadores de primera fila a posiciones
globales importantes -John Bolton como embajador ante la ONU y Paul
Wolfowitz a la cabeza del Banco Mundial, también anunciada el 16 de
marzo- son ejemplos de que la Casa Blanca ha elevado la apuesta de su
proyección transformativa de poder global. En el marco histórico
de Paul Kennedy, Estados Unidos extiende su alcance en el momento preciso
que su base económica se ha debilitado, una clásica señal de
advertencia de la caída de una gran potencia". Amén.
En forma coincidente, Niall
Ferguson, historiador británico y biógrafo de la célebre dinastía
bancaria de los Rothschild, rememora el entorno que acabó con la
globalización del siglo XIX y desembocó en la Primera Guerra Mundial
("Hundimiento de la globalización", Foreign Affairs, marzo-abril
de 2005), tesis similar, dicho sea con humildad de rigor, a la que
enarbolamos hace cinco años en nuestro libro agotado El lado oscuro de
la globalización (Editorial Cadmo & Europa, 2000).
El mismo Roach advierte que la
paridad fija del renminbi (la divisa china) al dólar puede
provocar "serios problemas a la desequilibrada economía china",
conforme la Reserva Federal incrementa en forma abrupta sus tasas de interés
-su cálculo es de 5.75 por ciento ("La Reserva Federal y
China", 28 de marzo). Roach, quien tiene magníficas relaciones con
las autoridades chinas, juzga que "China se prepara precisamente para
esta posibilidad". El apretón de tuercas en las tasas de interés en
Estados Unidos -reflejo del deterioro en cuatro frentes: inflación
creciente, DCC desbocado, burbuja de los bienes raíces y frenesí
especulativo- derivará en costos domésticos y globales que
"revertirán casi una década de excesivo crecimiento del
consumo" (71 por ciento de su PIB) y en la que la codependencia de
China sufrirá los impactos. La economía china es la imagen en espejo de
la de Estados Unidos; las exportaciones de China constituyen 35 por ciento
de su PIB y sus ahorros son ya un "asombroso 50 por ciento del
PIB", mientras que la tercera parte de su destino exportador es a
Estados Unidos. Una reversión del consumismo hacia el ahorro en Estados
Unidos afectará considerablemente a la economía china, que manifiesta
enormes vulnerabilidades en sus finanzas y en su sector bancario, en caso
de adoptar medidas de equilibrio y una mayor flexibilización de su
moneda. El grave riesgo político se centra en la desestatización, que
lleva a un despido de entre 8 y 10 millones de chinos al año, que pueden
desestabilizar al más poderoso régimen.
Roach es mas lapidario en privado y
no elimina la probabilidad de una guerra comercial entre Pekín y
Washington en caso de que China no revalúe el renminbi, lo que
acarrearía severas medidas proteccionistas del Congreso de Estados Unidos
(The Standard, 23 de marzo). "El día del brusco equilibrio se
aproxima y ninguna economía mayor podrá evitar su impacto" (Estados
Unidos, Europa, Japón y China), según Roach, quien, por lo visto, no está
enterado de que el único en el mundo que se salvará será el "México
neoliberal", gracias al superblindaje de Fox y su gabinetazo
financiero. Roach aconseja el deslinde de la divisa china con el dólar
(cuya fijación inamovible merma el valor real de sus reservas en vías de
pulverizarse) y aboga por su nueva fijación paritaria con una canasta de
monedas duras.
A diferencia de Roach, quien
realiza un lúcido análisis amigable de corte sinófilo, en fechas
recientes la prensa anglosajona en su conjunto exulta la próxima caída
financiera de China: desde Stratfor ("La larga marcha de China a la
quiebra", 23 de marzo) hasta The Financial Times, que
bombardea sin cesar las finanzas chinas ("Acciones bursátiles in
equitativas: estructura de mercado mal manejada por China", 28 de
marzo). Menos sesgado que la prensa anglosajona consagrada a abultar la
paja de los ojos ajenos, Sonai Oberois agarra parejo y fustiga que
"Estados Unidos y China se encaminan ambos a un mayor derretimiento
financiero y a posibles depresiones" (India Daily, 24 de
marzo). A juicio de Oberois, el detonador no vendrá de donde todos los
centros de pensamiento esperan suceda (la debacle del dólar), sino de la
"disminución del crecimiento" de ambos gigantes económicos:
"la quiebra financiera de Estados Unidos causará una depresión peor
que la de la década de los 30".
Si los dos motores predominantes de
la globalización, Estados Unidos y China, con economías complementarias
hasta ahora, comienzan una dolorosa fase de ajuste y equilibrio, ya no se
diga de desaceleración, ¿cómo sufrirá las consecuencias el resto del
planeta, con la notable excepción, desde luego, del inmune "México
salinista-zedillista-foxiano"? ¿Qué quedará de la decrépita
globalización al final del trayecto? ¿Qué sucederá con el imperio
hipermilitarizado del unilateralismo bushiano, justamente cuando los
liliputienses del mundo han empezado a someter al Gulliver financiero
global?
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