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Los
desafíos que enfrenta la Iglesia
¿Iglesia
en crisis?
Por
Peter Gould (*)
BBC
News, 02/04/05
La
elección de un nuevo Papa obliga a la Iglesia a reflexionar sobre el
futuro.
Tras
el prolongado papado de Juan Pablo II, muchos ven este momento como una
oportunidad para que el nuevo líder de los mil millones de católicos en
el mundo reconsidere algunas cuestiones espirituales y morales que han
causado controversia a fines del siglo XX y comienzos del XXI.
Más
allá de la doctrina, el rápido crecimiento del catolicismo en los países
en desarrollo implica que numerosos fieles se encuentran en naciones donde
la pobreza es común y donde los derechos humanos no están en la mejor
situación. ¿Es el papel de la Iglesia puramente espiritual? ¿Hasta qué
punto debe participar en la agenda social y política?
Centro
de poder
También
hay presión en las bases de la institución para que haya cambios
organizativos radicales. La pregunta clave es dónde debe estar el poder.
¿La burocracia del Vaticano debe retener un control centralizado? ¿O la
autoridad debe delegarse a los obispos de todo el mundo?
En
este momento crucial de la historia de la Iglesia, hasta el papel del
papado está en discusión. Los cardenales tienen mucho por considerar a
la hora de elegir al sucesor de Pedro.
La
Iglesia Católica no tiene pocos críticos, lo que ha hecho que algunos se
planteen la pregunta de si la institución está en crisis.
Hay
quienes le reprochan no haber reconocido los cambios de actitud en la
sociedad moderna, lo que ha llevado especialmente a los jóvenes a
cuestionar su visión tradicional sobre la moral.
La
persistente oposición de la Iglesia a la contracepción le ha jugado en
contra. Y la creciente participación política de las mujeres ha hecho
que el Vaticano fuera visto por algunos sectores como el último bastión
de la desigualdad.
Los
críticos señalan que la declinación del número de fieles que asisten a
misa en los países occidentales es una señal de que la institución no
está en buenos términos con un vasto sector de los creyentes.
La
disminución de vocaciones sacerdotales entre los jóvenes es otro motivo
de preocupación. En Estados Unidos, la Iglesia ha recurrido incluso a la
publicidad para llenar espacios vacíos en los seminarios
Hay
quienes lo atribuyen a la decepción que han sentido numerosos católicos
por lo que ven como el fracaso del Vaticano en anticipar los cambios,
sobre todo en temas como la contracepción. La rápida difusión del SIDA
en África ha planteado la urgencia de un debate sobre el problema, además
de presionar a la Iglesia en relación con el uso de preservativos como
una medida de salud pública.
La
insistencia de la Santa Sede en que los clérigos deben permanecer célibes
y en no admitir el sacerdocio femenino han sido también temas de discusión.
En
los últimos tiempos un escándalo ha tocado la puerta del Vaticano: las
numerosas acusaciones de abuso sexual de menores por parte de sacerdotes
en todo el mundo, particularmente en Estados Unidos. Esto ha deteriorado
la imagen de la Iglesia entre los creyentes y el nuevo Papa deberá hacer
frente a ello.
Estrategia
de fe
¿Y
cómo debe responder la Iglesia Católica a las distintas realidades de
los fieles en todo el mundo? En América Latina, donde el número de católicos
ha crecido rápidamente, la institución ha estado dividida frente a la
denominada teología de la liberación.
Esta
corriente invoca la misión de Jesús como un aliado de los pobres e insta
a los que viven en desventaja a liberarse de la opresión política y económica.
El
Vaticano ha adoptado una línea dura contra sacerdotes y obispos que
apoyan cambios revolucionarios, considerando que se trata de un activismo
de orientación marxista.
Los
problemas continúan y la autoridad del nuevo Papa será puesta a prueba a
la hora de responder a esas tensiones. El Pontífice deberá tener en
cuenta la realidad de millones de católicos que viven en la indigencia en
los países en desarrollo, sin las ventajas que las naciones ricas dan por
sentadas.
Una
cosa es cierta: si el Papa proviene de América Latina o de África, se añadirá
una nueva dimensión al debate dentro de la Iglesia sobre las prioridades
en el siglo XXI.
El
pontificado de Juan Pablo II presenció el colapso del comunismo. En la
batalla actual por las almas en los hasta entonces países sin religión
oficial, el principal desafío proviene del Islam.
Tradicionalistas
vs. progresistas
Sea
quien fuere el próximo Papa, los cardenales también tendrán que pensar
cuidadosamente en cuál deberá ser, en el futuro cercano, el papel del
sucesor de Pedro. Incluso el rol de la Curia necesita un replanteo.
Muchos
en la Iglesia recuerdan los días del Concilio Vaticano II, cuando Juan
XXIII abrió las ventanas del Vaticano y dejó entrar los vientos de
cambio.
En
el corazón de ese proceso de modernización estaba el concepto de
colegialidad, que intentaba dar a los obispos más voz en las decisiones
de la institución.
Lo
que ha ocurrido desde entonces ha decepcionado a los progresistas. Éstos
consideran que la Iglesia es manejada por una burocracia centralizada y rígida,
que se resiste al cambio, es celosa de su poder y silencia rápidamente a
los teólogos disidentes.
Desde
luego, los tradicionalistas no están de acuerdo. Afirman que deben
defender las enseñanzas de la Iglesia en tiempos en los cuales los
valores espirituales y morales son atacados constantemente.
Pero
otros argumentan que la tendencia centralizadora de la institución ha
sido un serio obstáculo para mantener la unidad cristiana y opinan que la
reforma del papado y del Vaticano es crucial en el camino hacia la
reconciliación.
Varios
cardenales y obispos piensan que el nuevo Pontífice debería presidir una
Santa Sede más flexible. Algunos creen que una mayor democratización de
la Iglesia debería extenderse incluso al proceso para elegir al Papa. ¿Por
qué restringir el voto a los cardenales?
De
uno u otro modo, la Iglesia Católica y el nuevo Pontífice enfrentan
enormes desafíos a principios del tercer milenio.
(*)
Analista
de temas religiosos.
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