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La muerte de Juan Pablo II no significará la vuelta del
Concilio Vaticano II
Por
Laerte Braga
Portal
Popular, Brasil, 02/04/05
Reproducido
por La Haine, 04/04/05
Traducido por Aldo de Vos
La
cúpula de la Iglesia difícilmente permitirá que eso ocurra. La mayoría
de los que van a elegir el nuevo Papa, tan luego se consume el
consistorio, es conservadora, algunos de extrema derecha
Juan
Pablo II fue un retroceso. Es la reacción de la Iglesia conservadora a
los pontificados de Juan XXIII y Pablo VI. Fue Giuseppe Roncalli quien
convocó el Concilio Vaticano II y fue Montini quien dio secuencia a los
cambios definidos en el Concilio. Juan Pablo II abortó prácticamente
todas aquellas que llevaron a la Iglesia Católica Apostólica Romana al
encuentro, en su esencia, de la lucha por la libertad.
El
periodista Paulo Francis fue “dulcemente” amonestado por d. Hélder Cámara,
arzobispo de Olinda y Recife, cuando en un encuentro casual en el
aeropuerto de Río le dijo al prelado que el Papa Wojtyila era un “títere
mandado por el cardenal Marcinkus que, a su vez, era un monigote de Reagan”.
Atribuyó el “grito” de d. Hélder a la rígida disciplina de la
Iglesia.
Los
diarios de la época de la elección de Wojtyla dicen que el brasileño
Aloisio Lorscheider fue el más votado en el primer escrutinio, pero no
alcanzó el número de votos necesario para ser electo Papa. Existe
inclusive una afirmación que se le atribuye a Juan Pablo II que dice que
éste habría votado por el brasileño. Hipótesis. Tratándose del
Vaticano todo tiene un aire misterioso que parece deliberado. Y en los años
de Juan Pablo II con características de Iglesia Medieval.
El
hecho es que el cardenal estadounidense Marcinkus comandó el Vaticano en
los primeros años del pontificado de Wojtyla, era de extrema derecha y
acabó con prisión preventiva decretada por la justicia italiana por
operaciones fraudulentas al frente del Banco vaticano. No fue detenido,
pero no podía salir de los límites del Vaticano, que es un estado autónomo
dentro de Italia.
Marcinkus
fueron los primeros años, cuando en una solemnidad que despertó reacción
en todo el mundo, Reagan y Juan Pablo II colocaron flores en un monumento
en un cementerio de oficiales nazis en Alemania. Ilustra todo el periodo
de este Papa.
La
crisis financiera que alcanzaba al Vaticano habría sido la responsable
por la elección de Wojtyla –en la evaluación hecha en la época por
Paulo Francis–, un cardenal de un país de la Cortina de Hierro, como
eran llamados los países comunistas del este europeo. Electo, un gran
aporte de recursos llegó al Vaticano por obra y gracia de la Iglesia de
los EEUU.
Y
todo lo que la Iglesia estadounidense no quería, obvio, era un cardenal
latinoamericano, menos aún Lorscheider.
El
padre y teólogo alemán Hans Kung, como el brasileño Leonardo Boff,
fueron víctimas de la inquisición del período Wojtyla. Kung, en un artículo
que ciertamente causará mucha polémica y atraerá la atención del Santo
Oficio, afirma en el Der Spiegel que “el papado de Juan Pablo II fue un
retroceso”.
Juan
Pablo privilegió cardenales conservadores, en Brasil d. Eugenio Salles,
d. Luciano Neves, y desmontó la Teología de la Liberación en América
latina; todo según los cánones del Departamento de Estado y toda la
operación conducida por Marcinkus.
La
Iglesia Católica que comenzara a vivir un momento de fuerte expansión
con los cambios del Vaticano II, sufrió un vaciamiento, y la orientación
con características inquisitorias del Vaticano acabó abriendo espacios
para los avances de las sectas neopentecostales aquí y en toda América
Latina. Una plaga que amenaza, sin exagerar, el proceso político en
muchos países, inclusive en Brasil.
Uno
de los detalles más significativos del golpe militar frustrado contra el
presidente Chávez en Venezuela, en abril del 2002, fue la presencia del
cardenal primado de aquel país en el acto de pose de Pedro Carmona, el
presidente bandido-golpista. Muy suelto, el cardenal exhibía visible
satisfacción en su rostro, mientras hablaba, naturalmente comunicando el
golpe, en un celular de última generación.
Kung
habla de dos aspectos del papado de Juan Pablo II. El externo para consumo
de los fieles, y el interno, donde fue y es dura la represión, además de
dejar claro la característica de papado reaccionario.
En
la época de la dictadura militar en Brasil los generales intentaron
alejar a d. Pedro Casaldáliga de su región, Araguaia. El embajador
brasileño en el Vaticano fue a sondear cual sería la reacción de Pablo
VI y la reacción del Papa fue directa: “Toquen un pelo de Casaldáliga
y estarán tocándome a mí”. Casaldáliga se quedó, resistió y enfrentó
el poder de las botas fascistas del 64. Juan Pablo II habría entregado la
cabeza del obispo en bandeja de plata.
Un
extraordinario ejercicio de marketing, además Juan Pablo II fue lo que
dice Kung: “un retroceso”.
Su
muerte no significará una vuelta al espíritu del Vaticano II. La cúpula
de la Iglesia difícilmente permitirá que eso ocurra. La mayoría de los
que van a elegir el nuevo Papa, tan luego se consume el consistorio, es
conservadora, algunos de extrema derecha.
La
Iglesia Católica vivió dos milenios de intenso poder, en algunos
momentos de gran imperio religioso. Hoy da la sensación que se evapora y
tiende a perder fuerza en lo que sería el tercer milenio. Juan Pablo II
es el marco entre el encuentro con el sentido de fe, del Vaticano II, que
terminó con la muerte de Pablo VI y la vuelta de un pasado condenado, que
comenzó con el actual Papa.
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