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Extremistas
católicos
El
Opus Dei a la conquista del mundo
Por Thierry Meyssan (*)
Red Voltaire, 25/01/96
Fue durante la dictadura del
general Francisco Franco en España que el sacerdote José María Escriva
de Balaguer funda e instala los cimientos del Opus Dei [1].
Como consejero espiritual de Franco [2]
y gracias a la organización que viene de crear, Balaguer se da como misión
de seleccionar y formar las elites de la dictadura franquista hasta llegar
a controlar lo esencial del poder. Más tarde Balaguer fue enviado al
Vaticano. Desde allí trabajó para extender su poder en América Latina.
El Opus Dei desarrolla una gigantesca campaña para recuperara los
sacerdotes católicos, «culpables» antes sus ojos de apreciar los análisis
marxistas y de oponerse a las dictaduras, sean militares o católicas.
Oficialmente el Opus Dei no es más
que una asociación católica internacional. Su labor se resumiría a la
actividad espiritual de sus 79 303 miembros (sea 1 506 sacerdotes, 352
seminaristas y 77 445 laicos). Los miembros que el Opus Dei selecciona son
la crema y nata de la sociedad latinoamericana y europea. Entre ellos los
grandes propietarios de compañías multinacionales, los magnates de la
prensa y la financia, jefes de Estado y del gobierno. A cada uno de ellos,
el Opus Dei les
exige una austera disciplina y una completa obediencia. Una manera muy
inteligente de fingir y enmascarar sus actividades políticas «personales», gracias a
sus ejecutivos de las «clases dominantes» en el mundo entero, el Opus
Dei puede imponer sus valores a los pueblos.
Esta secta fue fundada el 2 de
octubre de 1928 por un joven sacerdote católico español, de origen
modesto, el cura José María Escriva de Balaguer. Era más que todo un
intento de estos adeptos de llegar a la Santidad mediante la participación
a la instauración de un régimen teocrático, en la cual Escriva de
Balaguer sería el profeta. La guerra civil española les pareció como la
ocasión ideal e inesperada de establecer el Estado católico de sus sueños.
El sacerdote Escriba llegó a ser el consejero espiritual y de conciencia
del general Franco. Juntos restablecerían el antiguo principio: «Cujus
regio, ejus religio» (tal gobierno en un Estado, tal religión en este
Estado).
El Opus Dei se tomó como objetivo
de seleccionar y de formar las elites de la dictadura española hasta
controlar lo esencial del poder. Así, en los años setenta, el gobierno
franquista del almirante Carero Blanco fue calificado de « monocolor » :
de sus 19 ministros, 12 eran del Opus Dei. A pesar que Escriva de Balaguer
no ejercía ninguna responsabilidad directa en el régimen, el «padre»
Balaguer nunca cesó de aconsejar al Generalísimo. Fue él quien sugirió
el restablecimiento de la monarquía de derecho divino. Franco fue
proclamado presidente a vida.
Balaguer preveía de hacerse
proclamar regente una vez acontecida la muerte del Caudillo. Por tal
motivo se hace ennoblecer en 1968 bajo el título de Monseñor Escriva de
Balaguer marqués de Peralta. Pero el plan fue modificado. Al año
siguiente Franco designa al príncipe Juan Carlos I de Borbón para
sucederlo (el actual rey de España). De todas maneras Monseñor Escriva
de Balaguer tenía otras ambiciones. A los finales de la Segunda Guerra
Mundial viaja a Roma, una vez allí se dedicaba a consolidar y extender su
poder en América Latina. Oratorios y capillas del Opus Dei fueron
instalados en las embajadas españolas, cosa que facilitaría el contacto
entre las elites locales. Escriva de Balaguer brindaba igualmente sus
consejos espirituales a todos aquellos que ambicionaban de luchar contra
el comunismo y de consolidar la fe católica en su país. Fue en estas
circunstancias que Balaguer viajó apresuradamente a Santiago de Chile en
1974, para celebrar una acción de gracias con tres de sus «hijos
espirituales», el general Pinochet, el almirante Merino y el general
Leigh.
Otra de las inquietudes de Balaguer
era extender su «Obra» en Europa pero fue en parte impedido por el
aislamiento diplomático de España en aquella entonces. Su objetivo era
de volver a crear una internacional anticomunista (como la que crearon
Franco- Mussolini-Hitler durante la guerra civil española), de sacar del
apartamiento a la España franquista y de favorecer la construcción
europea.
En 1957 hizo crear en Madrid, por
el archiduque Otto von Habsburg-Lothiringen, le Centre Europeo de
Documentación y de Información (CEDI) y, gracias a dos otros de sus «hijos
espirituales», Alcide de Gasperi et Robert Schuman, Balaguer pudo tener
un peso en la redacción del tratado de Roma, primer cimiento para la
creación de la Comunidad Europea.
A igual que Francisco Franco, el «padre»
fallece en el año 1975. Fue un error de creer que el Opus Dei desaparecería
con ellos en el infierno. Un apogeo de esta secta fue constatado tres años
más tarde, en 1978. Aprovechando de las intrigas y la parálisis del
Sagrado Colegio, el Opus Dei logró convencer a los cardinales de elegir
uno de sus predicadores como Papa: el arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyla,
más conocido como Juan Pablo II. A partir de ese momento la secta del Opus Dei
pudo encaminar a su
provecho el aparato diplomático del Estado del Vaticano y la reorganización
religiosa de la iglesia católica.
Juan Pablo II constituyó su
gabinete exclusivamente de sacerdotes del Opus Dei y se dedicó a
desmontar toda resistencia en el seno de la Iglesia. Por tal motivo hizo
aislar- «por razones de salud»- al superior de los jesuitas, el padre
Pedro Arupe y nombró un administrador provisorio de la misma orden para
remplazarlo en la persona del padre Dezza, quien si era miembro del Opus
Dei. Pero no se atrevió a disolver la compañía de Jesús. Se ocupó
también de controlar a los sacerdotes latinoamericanos, culpables de
compartir o apreciar los análisis marxistas y de oponerse a las
dictaduras católicas. Todo esto en un gigantesco proceso de control
eclesiástico.
Dos personas celotas [3]
fueron fieles servidores de la política de Balaguer: Monseñor Josef
Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina y la Fe y, Monseñor
Alfonso López Trujillo, presidente del Concejo Pontifical para la
Familia. Un centro de vigilancia fue instalado en Bogotá, Colombia,
dotado de una potente computadora de capacidad estratégica, conectados al
Vaticano. Se fichaban todos los datos y actividades políticas de los
curas y religiosos latinoamericanos. Es a partir de estas informaciones y
datos de inteligencia que fueron asesinados por «escuadrones de la muerte»,
el padre Ignacio Ellacuria o Monseñor Oscar Romero en El Salvador. Entre
otras cosas, Juan Pablo II promulgó un nuevo código de derecho canónico,
cuyo artífice principal fue el prelado del Opus Dei, Monseñor Julián
Herranz-Casado, a quien se le nombró más tarde presidente del Concejo
Pontifical para la Revisión de los Textos Legislativos.
Fue este último quien dotó a la
«Obra de Dios» de un estatuto a su medida: «La Prelatura Apostólica».
En adelante los miembros del Opus Dei escapan a la autoridad de los
obispos en el territorio donde residen. Obedecen únicamente que a su
superior religioso, prelado o al Papa. Esta organización ha llegado a ser
un instrumento de control de las Iglesias locales al servicio del poder
temporal del Vaticano. Este destino lo encontramos en el pasado y en otra
secta que reinó con el terror religioso en la España del siglo XVI,
antes de imponer y exportar su fanatismo en la Iglesia Universal: El
Oficio de la Santa Inquisición [4].
En fin, el Papa confió la
administración de la «Congregación para la Causa de los Santos» a un
miembro del Opus Dei, Rafaello Cortesini. Juan Pablo II emprendió el
proceso canónico del sacerdote Escriva de Balaguer y proclamó su
beatificación el día de su cumpleaños, el 17 de mayo 1992. Esta
mascarada sublevó vivas polémicas en la Iglesia Romana. Todos los
testimonios y relatos de oposición a la «causa del santo» fueron
rechazadas sin ser escuchadas mientras que 6000 cartas postuladoras [5]
fueron incluidas al expediente. Estas emanaban sobre todo de los 69
cardinales, de los 241 arzobispos, de 987 obispos y de numerosos jefes de
Estado y del gobierno.
Notas:
(*) Periodista y escritor,
presidente de la Red Voltaire y de la sección francesa Réseau
Voltaire con sede en París, Francia. Es el autor de La gran
impostura y del Pentagate.
[1]
En latín, significa «Obra de Dios».
[2]
Francisco Franco: Dictador español que se mantuvo en el poder de 1938 a
1975.
[3]
Celota : Se dice de la persona caracterizada por la vehemencia y rigidez
de su integrismo religioso. El origen de la palabra viene de las personas
pertenecientes a un grupo religioso del pueblo judío que practicaba este
integrismo.
[4]
Inquisición : Tribunal eclesiástico, establecido para inquirir y
castigar los delitos contra la fe.
[5]
Postulator : En derecho canónico, cada uno de los capitulares que
postulan. El que por comisión legítima de parte interesada solicita en
la curia romana la beatificación y canonización de una persona
venerable.
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