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Tendencias
de la economía mundial
Por
Theotonio dos Santos (*)
ALIA2, 13/04/05
Se
refuerzan en este momento las incertidumbres sobre el comportamiento
de la economía mundial. Algunos economistas apuestan a una
continuidad del crecimiento, otros considerar que va a incluso a
fortalecerse, mientras unos terceros creen que habrá recesión. Se
aguardan con tensión los datos sobre el mes de marzo y los llamados
mercados financieros viven angustiosas expectativas.
¿Cómo
puede ser que una ciencia económica, que se pretende próxima a las
ciencias "exactas" concebidas hacia el final del siglo XIX,
sea tan inútil para analizar las coyunturas históricas concretas?
Este
ha sido el tema de nuestros estudios sobre una teoría de la
coyuntura. En realidad, el cuadro teórico heredado de las ciencias
positivas del siglo XIX no conduce a un análisis de los hechos históricos.
Cuando la teoría científica se mueve hacia lo concreto, ella tiene
por objetivo producir recomendaciones de políticas,
"aplicaciones" de las leyes, pretendidamente descubiertas
por la ciencia, a la realidad para obtener resultados concretos, según
los objetivos de los actores concretos.
Es
innecesario decir que estos actores, especialmente en el campo de las
ciencias sociales, son sobretodo el Estado, las empresas, en algunos
casos, y eventualmente los "individuos”, entendidos como
compradores y vendedores en el mercado. En este modelo de ciencia -
que es enseñado hasta nuestros días en las escuelas de economía
dominadas por el mainstrean - no hay ningún espacio para el estudio
de los fenómenos históricos concretos.
Es
que este modelo de ciencia trabaja con la simplificación de los fenómenos,
reduciendo al mínimo el número de variables, mientras el análisis
de la realidad concreta está dominado por la necesidad de conectar
una gran diversidad de fenómenos en su movimiento histórico.
Lo
interesante es constatar que las llamadas ciencias exactas o naturales
han caminado cada vez más decididamente en la dirección de la
complejidad aceptando el hecho impuesto por nuestra aproximación al
espacio sideral iniciado por la navegación espacial.
Ya
no podemos hablar de un universo ahistórico. El universo que cada vez
conocemos más detalladamente está en permanente transformación. Y
los distintos estadios de la historia del universo siguen leyes
distintas y presentan ambientes distintos. Algo similar a lo que el
pensamiento dialéctico encontró en el universo histórico humano: no
hay una humanidad general arriba de las distintas formas históricas
concretas.
No
hay economía en general, lo que hay son formaciones económicas históricamente
determinadas que siguen leyes distintas. Por esto, el intento de la
llamada ciencia económica de producir una teoría económica
superpuesta a la historia y a la diversidad cultural y geopolítica ha
sido siempre un fracaso colosal.
Lo
extraño es que estos sucesivos fracasos no perturben a los tecnócratas
que viven a costa de esta ficción de ciencia exacta. Ni tampoco a los
políticos que dan muestras de creer cada vez más firmemente en la
afirmación de la Sra. Thatcher de que "no hay alternativa"
a las políticas económicas neoliberales.
Es
fundamental constatar también el peso que han ganado en los últimos
años los órganos de ejecución de estos principios mucho más
religiosos que científicos (No olvidemos que el fundador del
positivismo, Augusto Comte, terminó su vida creando una Religión
Positiva).
La
religión positiva de Comte era muy arcaica en su simbología. Ella se
realiza en nuestros días en las imposiciones del FMI, esa concentración
de economistas de tercera línea, como lo mostró Joseph Steeglitz,
del Banco Mundial, hacia donde se dirige el ideólogo más
fundamentalista del equipo de Bush. Pero la expresión más acabada de
la Religión Positiva en nuestros días son los Bancos Centrales,
siempre acompañados del adjetivo de "independientes". Ellos
son los representantes de la ciencia económica, aun cuando sus
errores se multipliquen no solo en sus previsiones equivocadas sino
también en sus intervenciones desastrosas.
Véase
el caso del FED en Estados Unidos. Después de subir la tasa de interés
del 3,5% al 6,5% al año en 2000 para detener una amenaza
inflacionaria que nunca se concretó fue obligado a bajar la tasa de
interés al 1% entre 2003 y 2004, después de constatar los efectos
recesivos de su equivocada elevación de la tasa de interés. Y de
hecho la economía estadounidense se recuperó en 2003 cuando se inició
la baja de la tasa de interés.
Pero
llegamos a 2005 con una nueva elevación de la tasa de interés que no
logró detener el crecimiento ni los efectivos factores inflacionarios
que están en acción, ahora sí en la economía mundial, como el
aumento del petróleo. Sin embargo, el verdadero origen de las tasas
excepcionales de crecimiento está en el brutal aumento del gasto público
en función de los gastos militares impuestos por los fundamentalistas
que asaltaron el gobierno de este país. Estos gastos son también uno
de los principales factores del aumento de las presiones
inflacionarias. En este contexto ¿cómo se atreven a presentarse como
sacerdotes del libre mercado y del conocimiento económico universal?
Vemos
así que las dificultades para alcanzar un conocimiento puro y científico
de la realidad económica tiene enemigos mucho más poderosos: entre
ellos, resaltan los intereses económicos y políticos concretos que
se disfrazan de ciencia trascendental para servir a sus objetivos
inconfesables.
Pero
no nos dejemos ilusionar. La solución encontrada por el gobierno Bush
para recuperar la economía estadounidense tiene aún un largo camino
que recorrer. Son muchos los intereses en torno al déficit fiscal y
al déficit comercial de los EE.UU. Para vender sus productos, los
grupos militares apoyarán las aventuras fiscales más peligrosas,
comprometiendo definitivamente el futuro del dólar y el dominio
estadounidense de la economía mundial.
De
la misma forma, China y los demás exportadores hacia EE.UU. están
dispuestos a mantener sus superávits en dólares en títulos de la
deuda pública de este país. Estas aventuras, sin embargo tienen sus
límites. Según nuestros cálculos, el dólar y el endeudamiento
norteamericano entrarán en crisis definitiva en 8 a 10 años más.
Hasta
entonces, el euro y otras monedas regionales ya estarán
suficientemente fuertes para arrastrar el dólar a convertirse
definitivamente en una moneda local. La economía mundial tiene pues
una dirección. Solo en la medida en que conocemos esta dirección
podemos evaluar correctamente la coyuntura actual.
*
Economista e investigador brasilero. Profesor de la Universidad
Federal Fluminense. Presidente de la Cátedra y Red UNESCO y
Universidad de las Naciones Unidas sobre Economía Global y Desarrollo
Sostenible.
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