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Fin
de la fiesta bursátil: inicio de la estagnaflación (*)
Multitud
de detonadores de una crisis mayúscula
Por
Alfredo Jalife-Rahme
La
Jornada, México, 20/04/05
El
Titanic financiero anglosajón acelera su hundimiento. Será la
fase de declive del "ciclo Kondratieff", o será el descenso
del ciclo largo de Braudel, o será el fin del modelo de la
globalización financiera, o será el sereno, pero retorna una vez más
la ciclicidad de los bíblicos siete años magros seguidos de siete años
de vacas gordas, como asientan en forma inconfundible los muy
esperados desplomes bursátiles de los índices superinflados en las
plazas del capitalismo especulativo, desde Nueva York, pasando por
Londres, hasta Tokio.
El
desplome bursátil
del fin de semana en Nueva York fue seguido por sus similares en Tokio
y Europa al inicio de la otra semana. Se derrumba en varios frentes el
andamiaje financiero anglosajón y comienza el estallido de la burbuja
de los bienes raíces que exhibe un brutal declive de17.6 por ciento,
no visto desde hace más de 14 años, en referencia al rubro de
"inicio de construcciones caseras", (Mike Davis, Asia
Times, 20-04-05).
Stephen
Roach, el muy solvente economista en jefe de la correduría Morgan
Stanley, el 18 de febrero pasado advertía ya sobre el encuentro de
las dos posburbujas de Japón y Estados Unidos: "La cuarta
recesión de Japón en 12 años es un recuerdo severo del descenso de
una 'economía posburbuja', como su persistente deflación, que
ha durado más de siete años. Hasta ahora, la experiencia
estadounidense en ese sentido ha sido muy diferente -una mera recesión
y nada peor que una breve amenaza deflacionaria. Sin embargo, sería
prematuro concluir que ha evitado el temible síndrome japonés".
Con
dos meses de anticipación, los hechos conceden la razón a Roach y el
cielo financiero estadounidense se encapota con los nubarrones de la
estagnaflación, mezcla ominosa de estancamiento con inflación y bajo
empleo, como señala Paul Krugman, otro gran economista
("Bocanadas de estagnaflación", The New York Times,
18-04-05), quien matiza el escenario de la década de los 70, avanzado
por Paul Volcker, antecesor de Alan Greenspan en la Reserva Federal
(ver Bajo la Lupa, 13-04-05): "la semana pasada, los temores del
retorno de la estagnaflación enviaron los precios de las acciones a
sus niveles más bajos de los pasados cinco meses". Krugman
afirma en forma persuasiva que EEUU vive ya una estagnaflación
moderada: "una creciente inflación en una economía alejada del
pleno empleo". Considera que la situación laboral es peor de lo
que exhiben las cifras oficiales y que la inflación puede escaparse
de las manos a los tomadores de decisiones. Lo más grave es que
"no existen buenas opciones si algo sale mal" y los
aguafiestas son legión: retraimiento del gasto de los consumidores,
cese del alza de las tasas de interés por la Reserva Federal (que
alentaría la hiperinflación y el mayor desplome del dólar),
interrupción del abastecimiento petrolero, diversificación de las
reservas monetarias de los bancos centrales asiáticos, en detrimento
del dólar, y estallido de la burbuja de los bienes raíces.
"Cualquiera de estos sucesos puede fácilmente descarrilar
nuestro caso de moderada estagnaflación en algo más serio".
Pues
"más serio" solamente existe lo que Krugman llama la
"miseria económica" de la década de los 70, o una depresión
similar a la de los treinta (que no dice). Pero llama la atención la
multitud de detonadores muy probables de desencadenar una crisis mayúscula.
Por lo pronto, cuatro de los cinco que cita parecen desplegarse sin
miramientos, mientras la crisis global de los fondos de pensiones se
abate sobre el grupo de Los 7 (G-7), mismos que baby Bush
pretende resolver en EEUU mediante la privatización, cuya aplicación
resultó un desastre en Gran Bretaña y un cataclismo en Argentina.
Al
respecto, el clintoniano Joseph Stiglitz (The Guardian,
19-04-05) desmonta los "planes tramposos" de la privatización
del sistema de seguridad social de Bush. Con sólo haber gastado
"una fracción de los impuestos que recortó dos veces Bush se
hubiera resuelto la seguridad social por 75 años". No solamente
la privatización bushiana "empeorará la insolvencia del sistema
de la seguridad social", sino que, además, "se sumará en
forma enorme al déficit fiscal" con 2 billones de dólares
adicionales durante la próxima década. Recuerda que la privatización
del sistema de pensiones de Argentina "se encontró en el centro
de sus recientes malestares fiscales. En caso de no haber privatizado,
el presupuesto de Argentina hubiera estado equilibrado", y se
burla de que Washington pretende "iniciar la privatización con
un déficit de 4 por ciento de su PIB". A su juicio, una razón
para privatizar radica en el "interés de los operadores
financieros en llevarse parte de los costos de las
transacciones", y concluye que la magnitud del "déficit del
seguro social palidece en comparación de los déficit creados por
Bush para beneficiar al segmento de mayores ingresos de EEUU".
"Después
de Rover, el Diluvio" (The Times, 18-04-05), asienta en un
artículo notable lord William Rees-Mogg, muy cercano a la casa real
británica: "Este desastre era inevitable. El viejo estilo de
manufactura se acabó en la Gran Bretaña posindustrial. El misterio
de MG Rover no es que se haya colapsado, sino que haya aguantado
tanto". ¿Se puede decir lo mismo de la manufactura
estadounidense (específicamente, el segmento automotriz de GM y Ford),
gemela simbiótica de la británica? Al menos que disimule tan bien,
tal parece que el imperturbable primer ministro británico, Tony Blair,
quien se parece tanto a los neoliberales salinistas-zedillistas-foxianos,
por carecer de la más mínima conciencia sobre la tormenta financiera
que se aproxima, no leyó las ominosas precauciones de Rees-Mogg:
"Rover puede significar la primera salpicada de una gran
tormenta, y el Partido Laborista no tiene paraguas". Pero, a
estas alturas, ¿quién tiene un paraguas, expresamente diseñado en
Estados Unidos y Gran Bretaña, para tamaña tormenta de la
globalización financiera? Tampoco Rees-Mogg se ahorra su legendaria
eurofobia y lanza un hiperbólico vaticinio aterrador:
"probablemente, en los próximos cuatro años la
desindustrialización europea se acelerará, en particular en Europa
occidental, donde imperan los altos costos. No existen respuestas en términos
de proteccionismo, ya que Europa perderá sus mercados globales. Al
mismo tiempo, los precios del petróleo y otras materias primas pueden
continuar sus alzas debido a la demanda asiática, en particular de
China. Europa enfrenta altos precios en sus importaciones, baja
demanda para sus exportaciones industriales y un creciente desempleo
industrial. No son buenos tiempos para el euro". Rees-Mogg
sepulta precipitadamente a "Europa" (sic), que no especifica
si cuenta o no con Gran Bretaña, cuando Alemania se convirtió en el
primer exportador per cápita de manufactura del mundo (reporte
reciente de la OMC) y que, al unísono de Francia e Italia, se ha
vinculado en forma previsora al triángulo estratégico de Rusia,
India y China, al tiempo que se reconecta con el Cono Sur, donde EEUU
está siendo desplazado humillantemente. No cabe duda sobre la
afectación manufacturera en el G-7, pero tampoco habría que desechar
de tajo a los otrora poderosos países más industrializados del
planeta, cuando se han acomodado en los primeros lugares en los
"servicios", por lo menos en los próximos "cuatro años".
En cuanto al alza del petróleo que aduce Rees-Mogg, se nota que no ha
leído los más recientes sabios pronósticos del siempre tan atinado
Fox sobre "el futuro incierto (¡super-sic!) del petróleo".
En la actual coyuntura mundial, el único que apuesta a la caída del
crudo es Fox, y sería aconsejable (para él y el país) que lea el análisis
juicioso del gran economista canadiense Marshall Auerback. "Los
altos precios de energía llegaron para quedarse" (Prudent
Bear, 19-04-05). ¿Quién estará asesorando tan mal a Fox en
materia energética, ya no se diga en política doméstica?
A
nuestro juicio, y sin contar un conflicto bélico, la irrupción
fenomenal del BRIC (Brasil, Rusia, India y China) y el grado de su
"conectividad" con Estados Unidos y la Unión Europea
definirán la complejidad y la multipolaridad del mundo de la primera
mitad del siglo XXI. Si, como afirma Rees-Mogg, el euro no sirve,
cuando el dólar se ha vuelto desechable, ¿cuál sería entonces la
divisa de intercambio mundial de aquí a cuatro años? No es ningún
secreto aseverar que desde hace mucho Rees-Mogg apostó en la City, la
mayor plaza financiera del planeta, todas sus cartas al oro -a
contracorriente histórica de otro gran sabio que la "mano
invisible" nos legó: Guillermo Ortiz Martinez, el gobernador del
Banco de México, quien anda feliz con sus "corcholatas",
sus dólares cada vez más devaluados de "reservas" (sic),
también en sentido contrario de los principales bancos centrales
euroasiáticos (con excepción mundial de EEUU y Gran Bretaña). ¿Los
neoliberales mexicanos serán genéticamente anglosajones de origen o
simplemente acatan órdenes?
Son
momentos sumamente delicados en el planeta. Más tardó Condi
Rice, la Tigresa de papel, en despotricar contra la autarquía
del Kremlin y la sumisión de los multimedia rusos que en recibir la
amenaza de una bomba al hotel donde se hospeda en Moscú (My Way,
19-04- 05). Condi se encuentra en la capital rusa para preparar
la visita de baby Bush con motivo de la celebración del
aniversario 60 del triunfo del Ejército Rojo sobre los nazis en la
Segunda Guerra Mundial.
Saul
Hudson, reportero de My Way, señala que Rusia "es
considerada como un caso de prueba de los deseos de Bush para expandir
la democracia".
Llama
la atención la "preocupación" de Bush y Rice sobre el
devenir de la "democracia" en Rusia, mientras se hacen de la
vista gorda -en su "patio trasero"- con su socio comercial
en el TLCAN, que ha implantado un régimen policíaco judicial que
rememora al totalitarismo soviético estalinista para perseguir a sus
adversarios políticos. ¿Es también selectivamente estalinista la
aplicación de la democracia bushiana?
(*) Las palabras “estagnaflación” o más
simplemente “estanflación” fueron muy utilizadas en los años 70
para designar el fenómeno de estagnación o estancamiento de la
economía que se presentaba combinado con inflación. (Nota
de SoB)
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