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EEUU
apuesta al gas, afectando el transporte
¿Petróleo
a 380 dólares el barril en diez años?
Por Alfredo Jalife–Rahme
La
Jornada, México, 27/04/58
Para
quienes se quedaron paralizados en el viejo paradigma del "petróleo
barato" –anterior al 11 de septiembre y a la guerra de la dupla
anglosajona contra Irak–, seguramente sonará descabellada la cifra
de 380 dólares el barril en los próximos 10 años (calculada a una
tasa de inflación agregada de 2.5 por ciento anual), como
consecuencia del futuro déficit mundial de 8 millones de barriles
diarios, según el estrujante reporte del banco de inversiones francés
Ixe–CIB, realizado por los economistas en energía Patrick Artus y
Mocef Kaabi (Al–Jazeera; 21/4/05): "si se toma en cuenta el
nivel de los anteriores choques petroleros, como el de la década de
los 70, no se puede eliminar tal probabilidad". Como tampoco se
han desarrollado aún las fuentes alternativas de energía, el
"mundo dependerá de los tradicionales fósiles de
hidrocarburo". Repiten lo archisabido sobre la presión de la
demanda proveniente de China debido a su producción industrial
acelerada y su rápida urbanización (se olvidan de India que es todavía
más dependiente). Tampoco la futura demanda puede ser paliada por los
nuevos descubrimientos de campos petroleros.
Los
once frentes del 11 de septiembre: una guerra multidimensional (Ed.
Cadmo & Europa 2003), nuestro libro, resalta la similitud con la década
de los 70, cuando el precio se disparó casi 20 veces al pasar de 2 dólares
el barril en 1971 a 39 en 1979 en plena revolución jomeinista, con la
fase actual financiero–económico–geopolítica. Sin meternos a
soporíferos cálculos econometristas, si partimos de un piso de 20 dólares,
en que se cotizaba el barril con antelación al cambio de paradigma
geoestratégico del 11 de septiembre, que desembocó en la guerra
contra Irak, un aumento similar de 20 veces muy bien pudiera llevar la
cotización de nueva cuenta en el lapso de una década a los linderos
de 400 dólares, que no dista mucho de los 380 de los economistas
galos, cuyo cálculo perturbador supera por mucho las elevadas cifras
que parecían alucinantes y que fueron proferidas sin rubor en fechas
recientes por la correduría Goldman Sachs (102 dólares), el conocido
Osama Bin Laden (144 dólares) y Matthew Simmons (182 dólares),
banquero especialista en inversiones energéticas e íntimo de la
dupla Cheney–Bush.
La
trascendencia geoestratégica del petróleo y el gas, como se nota, no
es un asunto para la mente ultrarreduccionista de los fiscalistas
neoliberales de la tripleta salinista–zedillista–foxiana, quienes
han hecho el ridículo con sus pronósticos descabellados que, a
nuestro juicio, encubren la voluntad de regalar el petróleo mexicano
a sus controladores texanos: desde Téllez Kuenzler (anterior
secretario de Energía y actual representante del Grupo Carlyle,
conglomerado petrolero y de venta de armas de la dinastía bushiana),
quien juró un precio de 6 dólares el barril ante un Congreso ignaro,
hasta Fox (un súper ignorante en materia energética, dicho sea con
respeto a su investidura) y Hurtado López, actual subsecretario de
Hacienda, quienes aseguraron un precio máximo de 23 dólares para
este año.
En
un reporte reciente, el analista mexicano Rodolfo Sosa, de Consultoría
Galileo, y Liu Qiang, investigador de la Academia de Ciencias Sociales
de China, abordan los "cambios geoeconómicos" que se están
generando en Latinoamérica debido a los acuerdos con China, que busca
"diversificar su abastecimiento energético". Sosa y Qiang
señalan que las inversiones energéticas de China en Brasil, Cuba,
Venezuela, Perú y Ecuador serán por 15 mil millones de dólares, que
no es tanto, si se comparan con los arreglos de seis dígitos de China
con Canadá e Irán, ya no se diga los inminentes acuerdos con Rusia y
los países ribereños del mar Caspio. Lo interesante radica en la
penetración de China a América Latina, Canadá y África, que, en
sinergia con las empresas de India, compite sin complejos con las
petroleras anglosajonas.
"Dossiers
& Documents", de Le Monde (4/05), retoma las recientes
proyecciones de la Agencia Internacional de Energía (AIE) con sede en
París: la "demanda de energía aumentará 60 por ciento de aquí
a 2030"; afirma que "85 por ciento de las nuevas necesidades
del planeta serían cubiertas por productos fósiles, petróleo, gas y
carbón", y sostiene en forma optimista que pese a la gran
demanda "la Tierra es más que suficiente para responder a la
demanda hasta 2030 y aun después". Lo mejor de la AIE viene
cuando asevera sin rubicundez que "quien controle (sic) la energía
poseerá una de las llaves (sic) del futuro (sic). Pero no a cualquier
(sic) precio; las naciones no piensan solamente en términos de
ganancias (sic): desean más ética (sic) y se comprometen (sic) a
reducir la gran pobreza" (sic). Como que suena exageradamente
desconcertante que la industria petrolera, bajo control anglosajón,
se transmute súbitamente a la "ética" y se ocupe por la
"reducción de la pobreza". ¿No se habrá equivocado la AIE
de cosmos?
En
contrapunto con el optimismo desbordante de la AIE sobre las supuestas
pletóricas reservas planetarias, John Vidal, "editor en medio
ambiente" de The Guardian ("El fin del petróleo está más
cerca de lo que se piensa"; 21/4/05) asienta en forma alarmante
que la declinación de la producción del petróleo comenzará en un año.
¿A quién creer entre los asertos en las antípoda de la AIE y John
Vidal? Por desgracia, la desinformación deliberada es la tónica en
el medio energético. En Bajo la Lupa creemos más a los
ambientalistas que a los depredadores petroleros y lo peor sería
sucumbir a las mendacidades de la AIE, que no suele ser muy acertada.
De
Defensa, centro de pensamiento estratégico–militar con sede en
Bruselas (24/4/05), aborda el angustiante reporte de Artus y Kaabi. La
diferencia es crucial con la década de los 70: "se trata de una
perspectiva de crisis sin precedente. (...) La crisis petrolera de los
70 fue especulativa, debido sobre todo a la voluntad de la OPEP,
encabezada por Irán, de incrementar el precio del crudo". Tiene
razón De Defensa, los matices son fundamentales: "mientras en
los 70 el incremento de los precios provocó la crisis, ahora la
crisis en la producción por disminución de las reservas ocasiona el
aumento".
En
forma paradójica la "abundancia de petróleo posterior a la
crisis de la década de 70 provocó un agotamiento de las divisas en
la URSS", mientras "ahora el declive de la producción corre
en paralelo al crecimiento continuo y acelerado de la demanda". A
su juicio, "debido al orden de magnitud, las cifras de 380 dólares
el barril son insostenibles para el sistema internacional" por lo
que la "perspectiva de crisis global es radicalmente
desestabilizadora y sus efectos serán anteriores a su manifestación
en plenitud" que llevarán a tomar acciones preventivas y a
cambios radicales de alianzas" que desquiciarán la
"estabilidad interna de las naciones". Cita como
consecuencia específica la "exacerbación bélica de EEUU que
obligará al servicio militar generalizado". La "crisis de
la producción del petróleo", como describe en términos trágicos
De Defensa, representa una "amenaza trasnacional de nuevo tipo,
suscitada por desarrollos naturales en los que la política no tiene
ninguna influencia y cuya perspectiva es negada por la misma política.
Tales amenazas tienen que ver directamente con la cohesión general
del sistema mundial". ¡Uf!, el legado decantado de la
globalización financiera habrá gestado no solamente una crisis
petrolera desestabilizadora, sino, peor aún, una devastación climática.
El
depredador unilateralismo bushiano ha sucumbido a una preocupante
negación de la realidad sobre la ontología planetaria. En este
tenor, el libanés–estadounidense Jad Mouawad, reportero de The New
York Times (23/4/05), pone de relieve que el "menor papel que
juega el petróleo en la economía estadounidense limita el daño de
los precios altos". Considera que los "temores" sobre
una recesión (con quiebras de empresas, desempleo e hiperinflación)
"son exagerados, a pesar de un precio superior a los 50 dólares
el barril.
"Hasta
ahora la economía de EEUU ha sorteado el incremento de los precios
con una facilidad (sic) remarcable (sic) y hay razón para creer (sic)
que los altos costos de combustible no tendrán el impacto que
tuvieron antes"; asegura que el petróleo, como sucedió en la
etapa manufacturera, no forma parte central de la economía
estadounidense más enfocada a los servicios. Inclusive, "la
manufactura y las plantas generadoras de energía dependen más del
gas, carbón y, en menor grado, del poder nuclear". Es un secreto
a voces propalar que EEUU ha apostado más en el gas que en el petróleo,
lo que afecta considerablemente al transporte. La factura del alza sería
así absorbida por los conductores.
Mouawad
repite la tesis de Stratfor –centro de pensamiento israelí–estadounidense
vinculado con las trasnacionales petroleras–: "hoy la economía
de EEUU es más eficiente (sic) que hace tres décadas" y el
"ingreso de los estadounidenses se ha duplicado" por lo que
la merma en los ingresos personales y en los costos energéticos se ha
reducido a la mitad.
Si
no daña el alza brutal del petróleo a EEUU, entonces, ¿a quién
perjudica? Nuestra hipótesis "multidimensional" (geopolítica,
geoconómica y geofinanciera) apunta como supremos perjudicados a los
competidores de EEUU, quienes carecen de "oro negro": la Unión
Europea (UE), India, China y Brasil, sumados de su anterior aliado
Sudcorea (que se ha acercado a China) y su nuevo socio militar, Japón,
ambos muy dependientes del "oro negro".
Es
curioso que el alza del petróleo afecte más a quienes posean las
mayores reservas de dólares. A nuestro juicio, mediante el alza
descomunal del petróleo, EEUU hipoteca en forma perversa tanto las
reservas monetarias de Japón, por más de 800 mil millones de dólares,
como su tenencia de más de 38 por ciento de todos los Bonos del
Tesoro. El mismo diseño maligno es también aplicable a China, que
posee las segundas reservas monetarias en dólares del planeta y otro
tanto en Bonos del Tesoro. Nada samaritano, mucho menos "ético"
(sic), se puede esperar del depredador unilateralismo bushiano.
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