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El
auge del capitalismo del desastre
Por
Naomi Klein
The
Nation, 14/04/05
Reproducido
por Rebelión, 05/05/05
Traducción
de Mario Cuellar
El
verano pasado, en la calma mediática de agosto, la doctrina de la guerra
preventiva de la Administración Bush tomó una gran paso adelante. El 5
de agosto de 2004, la Casa Blanca creó la Oficina del Coordinador para la
Reconstrucción y Estabilización, dirigida por el anterior Embajador de
EEUU en Ucrania Carlos Pascual . Su mandato diseñará planes elaborados
"post–conflicto" para veinticinco países que no están, todavía,
en conflicto. Según Pascual, será también capaz de coordinar tres
operaciones totales de reconstrucción en países diferentes "al
mismo tiempo," durando cada una de "cinco a siete años."
Como
es debido, un gobierno fiel a la destrucción preventiva perpetua ahora
tiene una oficina estable para la reconstrucción preventiva.
Se
han ido los días en los que había esperar el estallido de las guerras y
después al diseño de planes ad hoc para recoger los pedazos. En una
cooperación cercana con el Consejo Nacional de Inteligencia, la oficina
de Pascual guarda los países de "alto riesgo" en una
"lista de vigilancia" y ensambla a equipos de rápida respuesta
preparados para entrar en la planificación preguerra y "movilizar y
desplegar rápidamente" después de que un conflicto ha disminuido.
Los equipos están compuestos de empresas privadas, organizaciones no
gubernamentales y miembros de Think Tanks, algunos, Pascual dijo a la
audiencia del Center for Strategic and Internacional Studies en octubre,
tendrán contratos "precompletados" para reconstruir los países
que no están todavía destruidos. Hacer este papeleo por adelantado
"podría acortar de tres a seis meses el tiempo de respuesta."
Los
equipos para los planes de Pascual que se han estado diseñando en su
desconocida oficina del Departamento de Estado para cambiar "el
entramado social de una nación," dijo al CSIS. El mandato de la
oficina es no reconstruir ningún viejo estado, entiende, sino crear unos
"democráticos y orientados al mercado". Así, por ejemplo, (y
acabada de sacar el ejemplo de su sombrero, sin duda), sus reconstructores
"rápidos" podrían ayudar a liquidar "las empresas
estatales que crearon una economía inviable". A veces, la
reconstrucción, explicó, significa "destruir lo viejo".
Pocos
ideólogos pueden resistir la atracción de una pizarra en blanco ––
eso era la promesa seductora del colonialismo: "descubriendo"
las nuevas tierras abiertas de par en par donde la utopía pareció
posible. Pero el colonialismo está muerto, o eso nos han dicho; no hay
los nuevos lugares que descubrir, ningún terra nullius (nunca la hubo),
no más páginas en blanco en que, como Mao dijo una vez, "las
palabras mas nuevas y hermosas se pueden escribir." Hay, sin embargo,
abundancia de destrucción –– los países convertidos en escombros,
por los llamados Actos de Dios o por Actos de Bush (con órdenes de Dios).
Y donde hay la destrucción hay reconstrucción, una oportunidad de
enfrentar "la aridez terrible," como un funcionario de la ONU
describió recientemente la devastación en Aceh, y llenarla con los
planes más perfectos y hermosos.
"Solíamos
tener colonialismo vulgar," dice Shalmali Guttal, un investigador
localizado en Bangalore de Focus on the Global South. "Ahora tenemos
colonialismo sofisticado, y ellos le llaman 'reconstrucción.'"
Ciertamente
parece que porciones incluso más grandes del globo están bajo la
reconstrucción activa: siendo reconstruidas por un gobierno paralelo
compuesto de una casta familiar de firmas consultoras buscando las
ganancias, compañías de ingenieros, mega–ONGs, gobiernos y agencias de
ayuda de la ONU y las instituciones financieras internacionales. Y de la
población que vive en estos sitios reedificados ––de Iraq a Aceh, de
Afganistán a Haití –– se puede oír un coro semejante de quejas. Hay
muy poco trabajo, si lo hay. Los consultores extranjeros viven a lo
grande, a costa de cuentas de gastos y pluses y un salario de mil dólares
de día, mientras la población local queda fuera de trabajos mucho más
necesarios, formación y la toma de decisiones. Los expertos de los
gobiernos "constructores de la democracia" dan lecciones sobre
la importancia de transparencia y "el buen gobierno," pero la
mayoría de los contratistas y ONGs rehúsan abrir sus libros a esos
mismos gobiernos, gastando el dinero de las ayudas sin ser controlados.
Tres
meses después de que el tsunami golpeara Aceh , The New York Times contó
una inquietante historia informando que "casi nada parece haber sido
hecho para empezar con las reparaciones y la reconstrucción." La
noticia podría haber venido fácilmente de Iraq, donde, como The Angeles
Times acababa de informar, supuestamente la reconstrucción de las plantas
suministradoras de agua de Bechtel ha empezado a desquebrajarse, una más
en una letanía interminable de líos en la reconstrucción. Podría haber
venido también de Afganistán, donde el Presidente Hamid Karzai arremetió
recientemente contra los contratistas extranjeros "corruptos,
derrochadores e irresponsables por "derrochar los preciosos recursos
que Afganistán recibió como ayuda." O de Sri Lanka, donde 600.000
personas que perdieron sus hogares por el tsunami languidecen todavía en
campos de refugiados de forma temporal. Unos cien días después de las
olas gigantes golpearán, Herman Kumara, el jefe del Movimiento Nacional
de Solidaridad de Pesquerías en Negombo, Sri Lanka, envió un correo
electrónico desesperado a sus colegas de todo el mundo. "Los fondos
recibidos en beneficio de las víctimas se están dirigiendo al beneficio
de unos pocos privilegiados, no a las verdaderas víctimas," escribió.
"Nuestras voces no se oyen y no nos permiten expresarnos."
Pero
si la industria de reconstrucción es sensacionalmente inepta en la
reconstrucción, eso puede ser porque reconstruir no es su propósito
primario. Según Guttal, "No es la reconstrucción en ningún
caso–– es reorganizar todo." Por ello, las historias de corrupción
e incompetencia sirven para enmascarar este escándalo más profundo: El
auge de una forma depredadora de capitalismo del desastre que utiliza la
desesperación y el temor creados por la catástrofe para acometer una
radical ingeniería, social y económica. Y en esta frente, la industria
de la reconstrucción trabaja tan rápida y eficientemente que las
privatizaciones y la toma de tierras se cierran generalmente antes de que
la población local sepa lo que les golpeó. Kumara, en otro correo electrónico,
advierte que Sri Lanka se enfrenta a "un segundo tsunami de
globalización y la militarización corporativas," potencialmente más
devastador que el primero. "Vemos este como un plan de acción por la
crisis de la tsunami para entregar el mar y la costa a corporaciones
extranjeras y al turismo, con la ayuda militar de los marines de EEUU."
El
Secretario de la Defensa Paul Wolfowitz diseñó y supervisó un proyecto
notablemente semejante en Iraq : Los fuegos ardían todavía en Bagdad
cuando funcionarios de ocupación de EEUU reordenaron las leyes de inversión
y anunciaron que las compañías estatales de país serían privatizadas.
Algunos han señalado a este historial para argumentar que Wolfowitz no es
apto dirigir el Banco Mundial; de hecho, nada le podría haber preparado
mejor para su nuevo trabajo. En Iraq, Wolfowitz hacía justo lo que el
Banco Mundial ya hace en virtualmente cada país devastado por la guerra y
el país destruido en el mundo –– aunque con menos sutilezas burocráticas
y más bravuconería ideológica.
Los
países del "post–conflicto" ahora reciben el 20–25 por
ciento de los prestamos del Banco Mundial, hasta un 16 por ciento mas que
desde 1998 –– un aumento de 800 por ciento desde 1980, según un
estudio del Congressonal Research Study. La respuesta rápida a guerras y
a desastres naturales ha sido tradicionalmente dominada por agencias de
Naciones Unidas, que trabajó con ONGs para proporcionar ayuda de
emergencia, construcción de campos de refugiados y cosas por el estilo.
Pero ahora, el trabajo de reconstrucción se ha revelado como una
industria tremendamente lucrativa, demasiado importante como para ser
dejado a los bienhechores de las Naciones Unidas. Así que hoy, el Banco
Mundial, ya devoto al principio del alivio de la pobreza a través de la
realización de beneficios, es el que esta a cargo.
Y
no cabe duda, que el negocio de la reconstrucción produce ganancias. Hay
contratos masivos de ingeniería y de suministros (10 mil millones de dólares
a Halliburton en Iraq y Afganistán solos); "Construyendo
democracia" ha explotado una industria de dos mil millones de dólares;
y nunca ha habido mejor momento para consultores del sector público
–– las firmas privadas que aconsejan a los gobiernos vender sus
recursos, a menudo llevando servicios del gobierno como subcontratas. (Bearing
Point, el favorecido de estas firmas en los Estados Unidos, informó que
las rentas para su división de "servicios públicos se había
cuadruplicado en apenas cinco años," y las ganancias son inmensas:
342 millones de dólares en el 2002 –– un margen de beneficio del 35
por ciento.)
Pero
los países destrozados son atractivos al Banco Mundial para otra razón:
Aceptan bien las órdenes. Después que un acontecimiento catastrófico,
los gobiernos harán generalmente cualquier toma para obtener ayuda en dólares
–– incluso si eso significa acumular deudas inmensas y estén de
acuerdo en amplias reformas políticas. Y con la población local luchando
por encontrar refugio y alimento, organizarse políticamente contra la
privatización puede parecer un lujo inimaginable.
Incluso
mejor desde la perspectiva del banco, muchos países destrozados por la
guerra son estados de "soberanía limitada": Son considerados
demasiado inestables y no hábiles para manejar el dinero de las ayudas
que llueven, así que a menudo confían sus fondos al Banco Mundial. Este
es el caso en Timor Oriental , donde el banco reparte dinero al gobierno
si muestra que lo gasta responsablemente. Aparentemente, esto significa
rebajar drásticamente los trabajos del sector público (el gobierno de
Timor tiene la mitad de tamaño que tenía bajo la ocupación indonesia)
pero derrochando dinero de ayudas en consultores extranjeros que el banco
insiste que el gobierno alquile (el investigador Ben Moxham escribe,
"En un departamento del gobierno, un simple consultor internacional
gana en un mes lo mismo que sus veinte colegas de Timor ganan juntos en un
año entero").
En
Afganistán , donde el Banco Mundial administra también la ayuda del país
a través de un fideicomiso, ya ha logrado privatizar la asistencia
sanitaria negando a dar los fondos al Ministerio de Sanidad para construir
hospitales. En lugar encauza dinero directamente a ONGs, que llevan sus
propios dispensarios privados de salud en contratos de tres años. Ha
ordenado también "un aumento del papel del sector privado" en
el sistema de agua, la telecomunicaciones, el petróleo, el gas y minería
y ordenó al gobierno "retirarse" del sector eléctrico y
dejarlo a "inversionistas privados extranjeros." Estas profundas
transformaciones de la sociedad afgana nunca se debatieron ni fueron
informadas, porque pocos fuera del banco saben que sucedieron: Los cambios
se enterraron profundamente en un "anexo técnico" adjuntó a
las subvenciones que proporciona la ayuda de "emergencia" para
la infraestructura devastada por la guerra de Afganistán –– dos años
antes de que el país tuviera un gobierno elegido.
Ha
sido una historia parecida en Haití, después de la expulsión del
presidente Jean–Bertrand Aristide. A cambio de un préstamo de 61
millones dólares, el banco requiere "la asociación público–privado
y el gobierno en los sectores de la educación y la salud," según
documentos del banco, compañías privadas llevan colegios y escuelas.
Roger Noriega, Ministro Ayudante de EEUU para Asuntos del Hemisferio
Occidental, ha dicho claramente que la Administración de Bush comparte
estas metas. "Alentaremos también el gobierno de Haití a avanzar,
en el momento apropiado, con la reestructuración y la privatización de
algunas empresas del sector público," dijo en el Instituto Americano
de la Empresa el 14 de abril de 2004.
Estos
son planes extraordinariamente polémicos en un país con una poderosa
base de socialista, y el banco admite que esto es precisamente la razón
de empujarlos ahora, con Haití bajo casi un régimen militar. "El
Gobierno de transición proporciona una oportunidad para aplicar las
reformas económicas que pueden ser duras de deshacer para un gobierno
futuro," el banco anota en su acuerdo Economic Governance Reform
Operation Project . Para los haitianos, esto es una ironía especialmente
amarga: Muchos culpan a las instituciones multilaterales, inclusive el
Banco Mundial, de profundizar la crisis política que llevó a la expulsión
de Aristide reteniendo centenares de millón en préstamos prometidos. En
ese momento, el Banco Inter–Americano de Desarrollo, bajo la presión
del Departamento de Estado, decía que Haití era insuficientemente democrático
para recibir el dinero, señalando a irregularidades secundarias en una
elección legislativa. Pero ahora que Aristide esta fuera, el Banco
Mundial celebra abiertamente los beneficios de operar en una zona de con
democracia y libertad.
El
Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional han estado imponiendo la
terapia de choque en países en varios estados de shock por lo menos tres
décadas, la mayoría de forma notable después de los golpes militares en
América Latina y el desplome de la Unión Soviética. Muchos observadores
dicen que ese capitalismo del desastre comenzó realmente su andadura con
el Huracán Mitch. Durante una semana en octubre 1998, el Mitch se
estacionó sobre América Central , tragándose aldeas enteras y matando a
más de 9.000. Los países ya empobrecidos estaban desesperados por la
ayuda para la reconstrucción –– y vinieron, pero con condiciones. En
dos meses después de que el Mitch golpeara, con el país todavía hundido
hasta la rodilla, los escombros y los cadáveres, el Congreso hondureño
inició lo que en el Financial Times llamaron "rápidas liquidaciones
después de la tempestad." Pasó leyes que permitieron la privatización
de aeropuertos, los puertos marítimos y las carreteras y los planes rápidos
para privatizar el la compañía telefónica estatal, la compañía eléctrica
nacional y partes del sector de agua. Canceló las leyes para la reforma
de las zonas agrarias y he hizo más fácil para los extranjeros comprar y
vender la propiedad. Hubo mucho de lo mismo en países vecinos: En los
mismos dos meses, Guatemala anunció planes para vender su sistema de teléfono,
y Nicaragua hizo lo mismo, junto con su compañía eléctrica y su sector
de petróleo.
Todos
los planes de privatización fueron empujados agresivamente por los
sospechosos habituales. Según el Wall Street Journal, "el Banco
Mundial y el Fondo Monetario Internacional habían usado su influencia
para la venta de las telecomunicaciones, condicionando la ayuda anual
durante tres años de cerca de 47 millones de dólares y sumándola a la
ayuda para el alivio de la deuda de cerca de 4.4 mil millones para
Nicaragua.
Ahora
el Banco esta usando el tsunami del 26 de diciembre para empujar sus políticas
cortantes. Los países mas devastados que casi no ha visto alivio de su
deuda y la mayor parte de la ayuda de emergencia del Banco Mundial ha ido
en forma de prestamos, no a fondo perdido. Mas que enfatizar la necesidad
de ayudar a las pequeñas comunidades pesqueras –mas del 80% de las víctimas
de las olas– el banco esta empujando la expansión del sector turístico
y granjas piscícolas industriales. Para las infraestructuras públicas dañadas,
como carreteras y colegios, los documentos del banco reconocen que
reconstruirlos "podría pensionar las finanzas públicas" y
sugiere que los gobiernos consideren las privatizaciones (si, solo tienen
una idea)."Para ciertas inversiones," según se dicen en el plan
de respuesta al tsunami del banco, "podría ser apropiado utilizar
financiación privada."
Como
en otros lugares en reconstrucción, desde Haiti a Iraq, la ayuda para
paliar los efectos del tsunami no tienen nada que ver con recuperar lo que
se perdió. Aunque los hoteles y la industria ya han comenzado la
reconstrucción de la costa, en Sri Lanka, Tailandia, Indonesia e India,
los gobiernos han pasado leyes que previenen a las familias de reconstruir
su costas frente a la costa. Cientos de miles de personas esta siendo
forzadas a vivir en el interior, en barracas de estilo militar en Aceh o
cajas de cemento prefabricadas en Tailandia. La costa no se esta
reconstruyendo como era –poblada de pueblos pescadores y redes hechas a
mano esparcidas por la costa. En su lugar, los gobiernos, las
corporaciones y los donantes extranjeros se están agrupando para
reconstruirla como a ellos les gustaría que fuera: playas como campos de
juegos para turistas, los océanos como minas de agua para flotas
pesqueras corporativas, servidos por aeropuertos privatizados y carreteras
construidas con el dinero prestado.
En
enero, Condoleezza Rice provocó una pequeña controversia al describir al
tsunami como "una maravillosa oportunidad" que "ha pagado
grandes dividendos para nosotros”. Muchos se horrorizaron con la idea de
tratar una tragedia humana tan masiva como una oportunidad de buscar
ventajas. Pero, es eso, Rice comprendió la situación. Un grupo llamado
Thailand Tsunami Survivors and Supporters dice que para "los políticos
negociantes, el tsunami era la respuesta a sus oraciones, ya que
literalmente barrió estas áreas costeras de las comunidades que habían
previamente paralizado sus planes turísticos, hoteles, casinos y sus
granjas de gambas. Para ellos, todo esta área costera era ahora tierra
abierta!”
Desastre,
parece, es la nueva terra nullius.
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