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China
y EEUU: colisión de sus ciclos económicos
Por Alfredo Jalife–Rahme
La
Jornada, México, 18/05/05
Es
probable que algo muy feo pueda ocurrir en cualquier momento en suelo
estadounidense para intentar (en)cubrir el colapso tanto de los bonos
como de los ominosos hedge funds (fondos de cobertura de riesgo). No
es normal que en la misma semana se haya evacuado la Casa Blanca y el
Capitolio debido a la enésima amenaza misteriosa ni que Newsweek haya
difundido, para luego retractarse sin desparpajo, la desacralización
del Corán en los inodoros de la base de Guantánamo, repleta de
prisioneros islámicos. El sacrilegio propalado por el semanario había
sobrexcitado al mundo islámico, en particular en Afganistán, donde
se escenificaron violentas manifestaciones.
Newsweek
pertenece a The Washington Post, portavoz predilecto del establishment,
del que es propietaria la israelí–estadounidense Catherine Meyer
Graham, a quien sus enemigos acusan de estar infeudada por los célebres
servicios secretos del Mossad y el espionaje británico del MI6. ¿Será?
Y
ese semanario no se cuece al primer hervor para cometer tamaña artimaña
en forma poco profesional. Tampoco han faltado advertencias
estremecedoras a los más altos niveles del establishment, como el
extenso artículo de Robert MacNamara, de título aterrador
("Apocalipsis pronto"; Foreign Policy, mayo–junio, 2005).
El polémico ex secretario del Pentágono durante la guerra de Vietnam
y ex director del Banco Mundial, quien conoce como pocos los dédalos
del poder, advierte que tanto el nuevo programa nuclear de Baby Bush
como su rechazo a ratificar el Tratado de Abolición Integral de
Pruebas Nucleares (CTBT, por sus siglas en inglés) desencadenarán la
proliferación por otros estados que se sientan desprotegidos y que
haría más probable un intercambio nuclear o un ataque terrorista en
suelo estadounidense.
Antes
del 9 de septiembre de 2001 existía en EEUU una escenografía sicológica
similar a la que se vive en forma angustiosa en el presente: el fin de
semana anterior a los "atentados terroristas" –que cada
vez más se asientan como un montaje hollywoodense–, una relevante
reunión mundial de economistas celebrada en Moscú había vaticinado
el inminente colapso de las finanzas estadounidenses con todo y sus
bonos. En los centros financieros anglosajones de Nueva York y la City
ya está muy cantada la espera del "colapso por efecto dominó"
de los ominosos hedge funds –"fondos de cobertura de
riesgo" (Peter Koening y Louise Armistead; The Times, 15/5/05):
"malas inversiones por algunos de los principales hedge funds en
Londres han provocado pérdidas sin precedente (sic), demandas para
recuperar el dinero y rumores de una espiral de la muerte (sic) que
pesan mucho sobre las acciones y los bonos (...) Los predicamentos de
GLG (creada por banqueros de la correduría Goldman Sachs), el mayor
grupo europeo, con 13 mil millones de dólares en cartera, exhibe el
estrés de los hedge funds en Europa y en EEUU". La descalificación
de los bonos de las automotrices GM y Ford al estatuto
"chatarra" ha ocasionado severas pérdidas en varias firmas
de hedge funds en Londres que reflejan las "ventas de pánico y
el efecto cascada".
William
Donaldson, mandamás de la comisión reguladora bursátil (SEC, por
sus siglas en inglés), había puesto hace poco el grito en el cielo
sobre el "desastre" (sic) al que podría llevar la
especulación de los hedge funds (The Financial Times, 12/5/05). Al ser
manejados en forma discrecional desde los paraísos fiscales (off–shore)
y al gozar de la cobertura desregulada que les confiere la increíble
"contabilidad invisible" (off–balance–sheet) –una
genuina impunidad financiera–, nadie sabe a ciencia cierta la
cantidad de hedge funds que pululan en el planeta. Algunos calculan su
monto en un millón de millones –10 a la doceava potencia (Richard
Beales; The Financial Times; 12/5/05)– y otros los colocan hasta en
2 mil millones de millones (10 a la quinceava potencia). Para asentar
lo que decimos, más vale que lo describa en términos mas esotéricos
el especialista en finanzas Mark Gilbert ("El tictac de los
derivados hedge funds de GM"; Bloomberg; 13/5/05): "los
hedge funds no detallan en ningún lado su compra ni su venta, por lo
que es muy difícil discernir lo que ocurre (sic) y si los intercambios
han provocado victimas". ¿Alguien entendió?
Para
una mente científica pulcra y alejada de las truculencias crapulosas
de las finanzas globales es imposible entender los nuevos juegos
especulativos de la plutocracia bancaria anglosajona. Gillian Tett (The
Financial Times, 12/5/05), un Diógenes de las finanzas especulativas,
se aventura a "buscar la luz en el lóbrego (sic) fondo común de
las deudas" y llega a la conclusión de que el "mercado es
muy opaco y nadie desea revelar nada", además de que se puede
aventurar "cualquier cifra sobre el tamaño del mercado". El
grave problema consiste en que este juego satánico de la plutocracia
anglosajona es susceptible de arrastrar al planeta a una "sequía
crediticia" (credit crunch) y que los justos, en especial los
segmentos valetudinarios, paguen por los pecadores.
La
caída financiera anglosajona no va aislada y forma parte de una
guerra financiera subrepticia que no se atreve a decir su nombre entre
EEUU y China. Andie Xie, desde Hong Kong, especialista de la zona
Asia/Pacífico de la correduría Morgan Stanley (9/5/05), expone una
tesis fascinante: "El fin del juego cíclico" que se inició
en 1998 entre el "consumo anglosajón y la inversión
china", los dos motores que mueven a la economía global, y que
ahora ha pasado a la etapa de colisión debido al alza en los precios
del petróleo y al exagerado déficit de cuenta corriente de EEUU. El
alza del petróleo obliga a los bancos centrales a restringir el crédito
a pesar de la disminución del crecimiento, mientras el déficit de
cuenta corriente incrementa la inestabilidad. A juicio de Xie,
"se encuentran opuestos los intereses de los ciclos económicos
de China y EEUU", por lo que un "epílogo favorable"
para el segundo sería un "aterrizaje duro" para China con
consecuentes "bajos precios del petróleo que disminuirían el déficit
de cuenta corriente estadounidense, lo que haría desaparecer sus
presiones inflacionarias. Las tasas de interés disminuirían en EEUU
y el dólar se fortalecería", en forma similar a lo que sucedió
con la crisis financiera asiática de 1997. La revaluación forzada
del yuan (la divisa china) que exigen los halcones de Washington
ocasionaría la fuga de capitales de China y el estallido de la
burbuja de los bienes raíces chinos.
Lo
real es que las dos burbujas, la estadounidense y la china, después
de su colusión en 1998 empezaron ocho años más tarde la colisión.
A juicio de Xie, China puede superar las presiones para revaluar el
yuan, mientras se toma el tiempo necesario para reformar su muy
vulnerable sistema financiero: "el aumento en las reservas
internacionales puede mejorar la influencia de China en los mercados
internacionales y brindarle un colchón monetario cuando el ciclo
comercial opere la vuelta y el dinero caliente cese de llegar".
El
déficit de cuenta corriente de EEUU ha ocasionado una inundación de
dólares en la economía global, lo cual explica la especulación de
los bienes raíces en China. En las antípodas del ciclo económico,
"es del interés de China que EEUU aumente sus tasas de interés",
según Xie, quien aduce que la revaluación del yuan constituye un
"juego estratégico" de "cómo el ciclo comercial de
intereses conflictivos de China y EEUU debe llegar a su fin". La
colisión se ha contaminado con la irrupción de los grupos textileros
de EEUU y con "algunos politólogos que ven el crecimiento de
China como un desafío estratégico". Xie asesta un golpe de
maestro a los panegiristas de la revaluación del yuan cuando destaca
que, prácticamente quebrado, el sector automotriz de EEUU no es
competitivo frente a Japón y Europa, pese a sus divisas revaluadas.
No oculta que en "tres décadas" (sic) China se convertirá
en la mayor economía del mundo, lo que tendría "implicaciones
estratégicas para EEUU". Expone varios puntos convergentes entre
China y EEUU que pueden promover una "relación productiva",
como ha sucedido hasta ahora. El consejo de Xie es que China debe
esperar sin revaluar y aprovechar el alza de las tasas de interés de
la Reserva Federal hasta que el ciclo comercial se enfríe, mientras
declina el precio del petróleo. Curiosamente no toma en serio las
bravatas retóricas sobre las sanciones comerciales proteccionistas
del Congreso contra China que perjudicarían mucho más a EEUU, lo
cual afectaría las acciones de Wall Street y la burbuja
estadounidense de los bienes raíces. Recuerda que la enmienda
proteccionista Smoot–Hawley hundió a la economía de EEUU en la
Gran Depresión. Con Baby Bush siempre hay que esperarse lo peor y
hace mal Xie en confiarse cuando los neoconservadores se han desatado
contra China. El feroz Robert Kegan (The Washington Post,15/5/05)
manipula la historia a su antojo para concluir que China no será
diferente a los caminos que tomaron Alemania y Japón, lo que hace
inevitable la confrontación. Otro todavía más feroz, el israelí–estadounidense
Robert Kaplan, coloca a China como el enemigo de la "nueva guerra
fría" que ya empezó en el océano Pacífico, a fortiori para la
próxima guerra caliente que requerirá tres flotas de EEUU en la región
para detener a las naves chinas (The Atlantic Monthly, junio 2005).
Los
chinos tampoco se dejan amedrentar y el primer ministro Wen Jiabao, al
recibir a un grupo de la Cámara de Comercio de EEUU, asentó que
"no adoptaría una acción precipitada, menos bajo presión del
exterior" (Xinhuanet,16/5/05). Nadie desea repetir la amarga
lección de la revaluación del yen de Japón, que sucumbió a las
presiones estadounidenses en la década de los 80 para caer en un
marasmo del que todavía no sale. Una cosa es reformar el sistema
financiero de China en forma gradual y otra es optar por el suicidio
económico para beneficiar exclusivamente a las parasitarias finanzas
anglosajonas.
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