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EEUU:
ultimátum financiero de seis meses a China
Por
Alfredo Jalife-Rahme
La
Jornada, 25/05/05
Pese
a su notoria decadencia, el unilateralismo bushiano actúa en todos
los frentes, desde el militar hasta el financiero, como si siguiese
siendo una superpotencia unipolar, sin medir las consecuencias que sus
acciones radicales tienen en el planeta globalizado por la
conectividad financiera que controlan las plazas anglosajonas de Nueva
York y la City.
Las
tres regiones (Estados Unidos, la Unión Europea y el noreste asiático
de China, Japón, Sudcorea, sumados de Rusia e India), que producen más
de 80 por ciento de la riqueza mundial, presentan sin excepción
graves vulnerabilidades de todo tipo. Nadie es autosuficiente y cada
país requiere de los demás para crecer o para no decrecer, ya no se
diga para expandir su irredentismo militar o para ser detenido. Por
haber sido Estados Unidos la superpotencia unipolar en el lapso de
1991 (fecha del derrumbe del imperio soviético) hasta el
empantanamiento de su ejército en Irak, ostensible en la primavera de
2004, se suele detener más en su diagnóstico patológico que en las
otras regiones euroasiáticas que no se salvan tampoco de los
reajustes geopolíticos, geoeconómicos y geofinancieros que se han
desplegado justamente por el inicio del declive estadounidense que no
pudo sostener el frenesí especulativo de la globalización financiera
ni ha podido propinar una derrota decisiva a sus enemigos en Irak y
Afganistán, donde ha "sobrextendido" a su ejército en
forma peligrosa.
En
el seno de los creadores de la riqueza mundial, Estados Unidos y China
se convirtieron en los principales motores del crecimiento económico
global, mientras Japón no sale de su marasmo y la Unión Europea
padece un estancamiento que se ha complicado con su indigestión y
"sobrextensión" política y geográfica: polémica
civilizatoria sobre el ingreso de Turquía, la espada de Damocles de
los referendos sobre la Constitución, victoria pírrica de Blair,
puesta en minoría del primer italiano Berlusconi, y derrota del
canciller alemán Schroeder en el feudo socialdemócrata de Renania
del Norte-Westfalia.
En
el contexto del repliegue geoeconómico (fatiga de la globalización y
debacle de la manufactura) y geofinanciero (desplome del dólar y alza
del petróleo), como ha sucedido en otros momentos similares de su
corta historia, Estados Unidos arría las velas para refugiarse en el
neoaislacionismo político y en el neoproteccionismo mercantilista.
Los
dramaturgos griegos enseñan que cuando los dioses desean acabar con
alguien comienzan por quitarle el juicio, cuya óptima manifestación
la constituye la soberbia fatua y la pretendida infalibilidad del
afectado. Este es el caso manifiesto de la administración Bush que
utiliza, como espantapájaros para presionar a China, el proyecto de
enmienda de los senadores Charles Schumer (demócrata de Nueva York) y
Lindsey Graham (republicano de Carolina del Sur) de imponer sanciones
comerciales a China si no revaluaba el yuan en los próximos seis
meses (NYT 17/05/05).
Llamo
la atención que ante el Club Económico de Nueva York, Alan Greenspan
haya comentado la futilidad de la revaluación del yuan, aun a niveles
de 20 por ciento, lo que no tendría impacto en la balanza comercial
estadounidense, ya que los consumidores acudirían a otros mercados
para conseguir sus mercancías (Reuters 20/05/05). Al menos que la
colisión con el consecuente neoproteccionismo sea el objetivo
deseado, la exigencia perentoria de Estados Unidos ha sido
contraproducente, pues las autoridades chinas no pueden aparentar que
ceden a la voluntad foránea. Jonathan Anderson, jefe de economistas
para Asia de UBS, analiza en la revista Far Eastern Economic Review
(mayo 05) el "fin de la relación amorosa con China". Después
de considerar que la economía china se encuentra lejos del colapso
tan cantado por ciertos medios ("hay China todavía para los próximos
cinco años; (...) una historia de vibrante crecimiento
fenomenal") aborda el "abrupto cambio en el ambiente económico
chino con tres implicaciones específicas para el resto del
mundo": 1. "Los inversionistas globales ya no obtienen
superganancias en China"; 2. "Las importaciones chinas por
el resto del mundo ya no están creciendo"; y 3. "La razón
por la que las importaciones intermedias todavía crecen es que las
exportaciones todavía son muy robustas". El significado de todo
ello es que "China aún puede tener una robusta economía, pero
dicho crecimiento no parece más amigable para el resto del
mundo", y cita a Simon Ogus, de DSGAsia: "el consumidor
chino se ha vuelto un competidor". Augura que la ruptura será
dolorosa en los dos años que vienen y "por mucho, la principal
razón es que el resto de la economía global no se encuentra en muy
buena forma". Sustenta que la "fragilidad de la economía de
Estados Unidos" es cada vez más notoria y "fuera de Estados
Unidos es difícil encontrar nuevas fuentes de estímulos" por lo
que el "desvanecimiento tanto de la demanda china como de sus
exportaciones no pasará desapercibido", para luego conjeturar
las tendencias para los próximos 12 a 18 meses: caída de los márgenes
de ganancias; aumento de las tensiones comerciales y mayores presiones
para revaluar al yuan. Luego pregunta "¿qué puede hacer
China?", y se contesta: "tristemente, muy poco".
Considera que "China ha abierto en forma implacable prácticamente
todos sus sectores al comercio foráneo y a las inversiones de acuerdo
con las reglas de la OMC y solamente falta una buena porción en el
sector de los servicios, como los multimedia, las finanzas y la
distribución, pero la mayor parte de pesado levantamiento ya fue
realizada". En cuanto al sector exportador, "en su mayoría
es privado y muy fragmentado, y más de 50 por ciento de las
exportaciones provienen de productores foráneos". Sobre la
revaluación del yuan aduce que "aunque se fortalezca en forma
significativa el día de mañana, dudamos que la economía de Estados
Unidos, o la de Europa, o Japón, puedan cosechar beneficio
alguno", y concluye que los "beneficios políticos de la
revaluación serán efímeros e insuficientes para contrarrestar la
mayor desilusión con el crecimiento chino" por lo que
"mejor sería ajustarse a una dura cuesta a remontar".
Andrew
Balls, de The Financial Times (24/05/05), reporta que la Secretaría
del Tesoro estadounidense exigió a las autoridades chinas una
revaluación del yuan "por lo menos un 10 por ciento, para
prevenir la legislación proteccionista del Congreso de Estados
Unidos". Añade que Henry Kissinger se encuentra entre varios
enviados oficiosos para presionar a China sobre "lo serio de las
amenazas congresistas". Los funcionarios de la Secretaría del
Tesoro aleccionaron al polémico ex secretario de Estado, a quien le
tocó la reanudación de las relaciones con China, sobre la
"necesidad de otras medidas, como el desplazamiento a una banda
de intercambio del yuan frente al dólar o una canasta de divisas para
sustituir la paridad fija del yuan". Estados Unidos lanzó su
batería pesada y Bill Rhodes, vicepresidente de Citigroup, y Brent
Scowcroft, consejero de seguridad nacional de los presidentes Ford y
daddy Bush, se encuentran entre otros mensajeros especiales. El
banquero Rhodes comentó que "era del propio interés de China
moverse en los próximos meses a un régimen de tasas de interés
basadas en el mercado, acelerar (sic) la apertura a los capitales y
moverse a un sistema más flexible de cambio de divisas". ¿No
quieren más?
De
inmediato, China rechazó las exigencias estadounidenses (The
Financial Times; 24/05/05): el portavoz de la cancillería, Kong Quan,
replicó que no aplicarán las prescripciones de Estados Unidos
"mientras las condiciones no sean maduras, sin tomar en cuenta lo
fuerte de las presiones foráneas". Sucede que el abordaje chino
es más gradualista y armónico, y menos impetuoso de lo que exigen en
Washington. Una receta gradualista consistiría en ajustar el yuan a
una canasta de divisas (dólar, euro y yen, quizá, sumados de oro)
con una mínima revaluación de 3 por ciento (o 5 por ciento a lo
sumo, pero no 10 por ciento demencial que exigen en Washington). Sea
lo que fuere, el ultimátum ha contaminado y minado la situación al
haber convertido un asunto económico en político, mucho más difícil
de resolver.
En
dos sendos artículos, el muy solvente Stephen Roach, jefe de los
economistas de la correduría Morgan Stanley 20 y 23 mayo 05), aborda
los efectos del ultimátum financiero y las consecuencias que un
escenario de desaceleración de China tendría para el mundo. Pocos
conocen como Roach el ambiente chino, donde suele ser un frecuente
invitado, y sostiene que el auge ha llegado a su límite: "China
implementa ahora políticas destinadas a domar los excesos internos de
su economía desequilibrada". En medio del golpeteo contra China
de parte de Estados Unidos y Europa, refiere que la dinámica
exportadora de China disminuirá en forma significativa en lo que
queda del año, lo que mermará su crecimiento, así como el de toda
Asia. Reporta los esfuerzos que ha realizado China para
"atemperar los excesos de su burbuja de bienes raíces". A
su juicio, el doble apretón (impuestos en 74 categorías de textiles
en sus exportaciones y las medidas antinflacionarias) retardarán la
revaluación del yuan, y destaca que 33 por ciento del total de las
exportaciones chinas tiene como destino Estados Unidos, donde no
existe una atmósfera favorable a las medidas que ha adoptado China.
Resalta la grave carencia de la economía de los asiáticos por la
ausencia de un mercado interno que la ha hecho dependiente y
"vulnerable" de las exportaciones y las inversiones fijas.
La desaceleración china "con toda probabilidad afectará a la
baja los precios de las materias primas, petróleo y materias no
petroleras", lo que quitará presión inflacionaria en el mercado
global de bonos. Pese a que China ha sabido lidiar en forma increíble
con problemas severos en los pasados ocho años (crisis asiática de
1997-98, la sincrónica recesión global de 2001, y la epidemia del
"síndrome severo respiratorio agudo" de 2003), "en
esta ocasión será más duro evitar una desaceleración
significativa". Concluye que "es tiempo para el resto del
mundo prepararse a tal posibilidad". ¿Formará parte del
"mundo" el decadente foxismo neoliberal/gerencial con sus
hilarantes "blindajes" de papel?.
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