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El legado de Hiroshima
Por Noam Chomsky
La Jornada, México,05/08/05
El aniversario este 6 de
agosto de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki provoca una sombría
reflexión y la más ferviente esperanza de que el horror no se repita jamás.
En los 60 años siguientes, esos bombardeos han afligido la imaginación
mundial, pero no tanto como para frenar el desarrollo y la propagación de
armas de destrucción masiva infinitamente más letales.
Un problema relacionado,
discutido en la literatura especializada mucho antes del 11 de septiembre
de 2001, es que las armas nucleares pueden caer, más temprano o más
tarde, en manos de grupos terroristas. Las recientes explosiones y víctimas
de Londres son otro recordatorio de que el ciclo de ataque y respuesta
puede escalar, de manera impredecible, hasta superar en horror a Hiroshima
o Nagasaki. El poder reinante a escala mundial se otorga a sí mismo el
derecho de hacer la guerra a su voluntad, bajo la doctrina de la
autodefensa anticipatoria que cubre cualquier contingencia que elija. Para
ello, los medios de destrucción tienen que ser ilimitados.
Los gastos militares de
Estados Unidos se aproximan a los del resto del mundo combinado, mientras
que las ventas de armas de 38 compañías estadounidenses (una en Canadá)
llegan a cerca de 60 por ciento del total mundial (que aumentó 25 por
ciento desde 2002). Se han realizado esfuerzos para fortalecer la delgada
cuerda de donde cuelga la supervivencia. El más importante es el Tratado
de No Proliferación Nuclear, que se puso en efecto en 1970. Su
conferencia regular, convocada cada cinco años para reconsiderarlo, se
realizó en mayo en Naciones Unidas.
El tratado ha estado
confrontando su colapso porque los estados nucleares incumplen sus
obligaciones, especialmente con respecto al artículo VI. Dicho articulo
apremia a esos estados a realizar esfuerzos de "buena fe" a fin
de eliminar las armas nucleares. Estados Unidos es líder en el rechazo a
acatar los deberes emanados del artículo VI.
Mohamed el Baradei, jefe de
la Agencia Internacional de Energía Atómica, ha dicho que la
"renuencia de una de las partes a cumplir sus sus obligaciones
alienta la renuencia de los otros".
El ex presidente Jimmy
Carter consideró a Estados Unidos "el mayor culpable en esta erosión
del TNPN. Mientras aseguran que están protegiendo al mundo de la
proliferación de amenazas de Irak, Libia, Irán y Corea del Norte, los líderes
estadounidenses no sólo han abandonado las restricciones existentes del
tratado, sino que también han reafirmado planes para poner a prueba y
desarrollar nuevas armas, incluyendo misiles antibalísticos, los llamados
bunker buster, que destruyen construcciones subterráneas "y tal vez
algunas nuevas bombas pequeñas". También han abandonado las
promesas pasadas y ahora amenazan con un primer uso de armas atómicas
contra estados no nucleares.
La amenaza estuvo a punto
de convertirse en realidad en varias ocasiones en los años que siguieron
a Hiroshima. El caso más conocido fue la crisis de los misiles en Cuba,
en octubre de 1962, "el momento más peligroso de la historia
humana", como señaló Arthur Schlesinger, historiador y ex consejero
del presidente John F. Kennedy, durante una conferencia efectuada en La
Habana en octubre de 2002.
El mundo "se salvó
por un pelo de un desastre nuclear", recuerda Robert McNamara,
secretario de Defensa de Kennedy, quien también asistió a esa
conferencia. En el número de mayo-junio de la revista Foreign Policy,
McNamara acompaña este recuerdo con una renovada advertencia de un
"próximo Apocalipsis".
McNamara considera
"inmoral, ilegal, innecesaria militarmente y temiblemente
peligrosa" la actual política de Estados Unidos en armas nucleares,
por crear "riesgos inaceptables para otras naciones y para la
nuestra", tanto respecto de "un lanzamiento nuclear accidental o
inadvertido" como de un ataque nuclear por terroristas. McNamara
comparte el juicio de William Perry, secretario de Defensa del ex
presidente Bill Clinton, de que "hay posibilidad incluso mayor a 50
por ciento de un ataque nuclear contra objetivos de Estados Unidos dentro
de una década".
Juicios similares son también
expresados por prominentes analistas de estrategia. En su libro Nuclear
Terrorism, el especialista en relaciones internacionales de Harvard,
Graham Allison, informa que hay "consenso en la comunidad de
seguridad nacional" (de la cual ha formado parte) de que un ataque
con una "bomba sucia" es "inevitable" y un ataque con
un arma nuclear es altamente posible, si materiales fisionables, el
ingrediente esencial, no son aislados y asegurados.
Allison describe los éxitos
parciales para hacer eso desde los comienzos de 1990, siguiendo las
iniciativas de los senadores Sam Nunn y Richard Lugar, y el retroceso de
estos programas desde los primeros días del gobierno de George W. Bush,
paralizado por lo que el senador Joseph Biden llamó "estupidez ideológica".
El liderazgo de Washington
ha dejado de lado los programas de no proliferación y ha dedicado sus
energías y recursos a llevar al país a la guerra por medio de un
extraordinario engaño, tratando luego de manejar la catástrofe que creó
en Irak. La amenaza y el uso de la violencia están estimulando la
proliferación nuclear como también el terrorismo islámico.
Un análisis de alto nivel
de la "guerra contra el terrorismo" dos años después de la
invasión de Irak se "focalizó en la forma de lidiar con el aumento
de una nueva generación de terroristas, entrenados en Irak durante los
dos años pasados", informó Susan B. Glasser en el periódico The
Washington Post.
"Altos funcionarios
del gobierno vuelcan de manera progresiva su atención en anticipar lo que
uno denominó 'derrame' de cientos o miles de jihadistas adiestrados en
Irak, y que luego retornan a sus países de origen en todo Medio Oriente y
Europa Occidental". Un ex alto funcionario del gobierno de Bush dijo
que "es nueva pieza en una nueva ecuación. Si usted no sabe quiénes
son los miembros de esas fuerzas en Irak, ¿cómo los va a localizar en
Estambul o en Londres?"
Peter Bergen, especialista
en terrorismo de Estados Unidos, señala en The Boston Globe que "el
presidente tiene razón al decir que Irak es el principal frente de la
guerra al terrorismo, pero es un frente que nosotros mismos hemos
creado".
Poco después de las bombas
en Londres, Chatham House, la principal institución británica en análisis
de asuntos extranjeros, publicó un estudio marcando la conclusión obvia
negada con indignación por el gobierno, de que "el Reino Unido está
particularmente en riesgo porque es el aliado más cercano de Estados
Unidos, ha desplegado a las fuerzas armadas en la campaña militar para
derrocar al régimen talibán en Afganistán y en Irak... (y es) el
"pasajero del asiento trasero" de la política estadounidense,
afirmado detrás del conductor de la motocicleta.
La probabilidad de un
cercano apocalipsis no puede ser estimada de manera realista, pero es
seguramente demasiado alta para que cualquier persona en su sano juicio la
contemple con ecuanimidad. Aunque la especulación es inútil, la reacción
ante la amenaza de otro Hiroshima definitivamente no lo es. Por el
contrario, es urgente, particularmente en Estados Unidos a raíz del papel
primordial de Washington en acelerar la carrera hacia la destrucción al
extender su dominio militar, único en la historia.
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