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Por décadas EEUU prohibió
toda imagen sobre los daños en Hiroshima y Nagasaki
Se cumplen 60 años del
primer y único uso de armas de destrucción masiva
Por David Brooks,
corresponsal en EEUU
La Jornada, México, 05/08/05
Nueva York, 4 de agosto. El
primer país –y único hasta la fecha– en usar armas de destrucción
masiva fue Estados Unidos; arrojó una bomba atómica sobre Hiroshima un 6
de agosto y tres días después en Nagasaki hace exactamente 60 años, y
el aniversario será marcado con una serie de acciones en los cuatro
sitios de fabricación de armas nucleares en este país y decenas de
actos, en algunos de los cuales participarán sobrevivientes de estos
horrores.
Mientras más de mil 800
soldados estadounidenses y decenas de miles de civiles han perdido la vida
en la guerra en Irak, justificada oficialmente ante el mundo por la
supuesta amenaza de armas de destrucción masiva en manos de
"terroristas", víctimas de los atentados del 11 de septiembre
en Estados Unidos y sobrevivientes de la bomba atómica en Japón se han
aliado para repudiar la política de guerra en todas sus versiones.
Entre Nagasaki e Hiroshima
avanza la llamada Caminata de Piedra (Stonewalk) donde familiares de
víctimas del 11 de septiembre junto con sobrevivientes japoneses de la
bomba atómica (Hibakusha) están jalando, paso a paso, un monumento de
granito en honor "a los civiles desconocidos que han muerto en las
guerras".
Andrea LeBlanc, cuyo esposo
murió en uno de los aviones secuestrados el 11 de septiembre, dará
lectura a una disculpa ante la Conferencia Mundial Contra las Bombas
Atómicas y de Hidrógeno que se realizará en Hiroshima: "Nosotros
estadounidenses pedimos hoy una disculpa por las atrocidades del 6 y 9 de
agosto de 1945, contra los civiles de Hiroshima y Nagasaki... Ofrecemos
nuestro pesar por todas las víctimas de guerra y violencia infligidas por
naciones sobre naciones, individuos sobre individuos, y sociedades sobre
sociedades".
LeBlanc está acompañada
de varios integrantes de la organización Familias del 11 de septiembre
por Mañanas de Paz. Otros participarán en decenas de actos alrededor de
Estados Unidos, con algunos Hibakusha, programados para este fin de
semana. Habrá marchas, vigilias y conciertos frente a las cuatro
instalaciones principales de desarrollo y fabricación de armas nucleares
en Estados Unidos: en el laboratorio de Armas Nucleares de Livermore en
California, en Los Alamos, Nuevo México, en el Sitio de Pruebas en Nevada
y en Oak Ridge, Tennessee.
Los actos incluyen desde
acciones de desobediencia civil frente a instalaciones y oficinas
militares y del gobierno federal, a invitaciones para hacer sombras sobre
espacios públicos, con luces o con gis, recordando así las imágenes de
humanos incinerados instantáneamente por las bombas atómicas. También
habrá lecturas de cartas de sobrevivientes, procesiones con monjes
budistas, obras de teatro, testimonios de guerra de veteranos por la paz,
campanazos, canto y baile.
Jonathan Schell, autor de
libros y artículos sobre la política nuclear, recuerda que la
justificación fundamental para la guerra contra Irak fue de la potencial
amenaza de armas nucleares en manos de Saddam Hussein, con todo y las
llamadas "pruebas" presentadas ante el mundo, incluyendo la
refutada acusación de que Irak obtuvo material nuclear en Níger (de lo
cual estalló el ahora escándalo sobre la divulgación de la identidad de
la oficial clandestina de la CIA Valeria Plame).
Pero lo más dramático,
escribió Schell en la revista The Nation, es que la guerra contra Irak
abre otra etapa en la historia de seis décadas de política nuclear: la
inauguración de una nueva lucha contra la proliferación de armas de
destrucción masiva. En lugar de emplear la negociación y los tratados de
desarme, como se había hecho hasta ahora, el gobierno de George W. Bush
determinó que se haría por medio de la fuerza militar.
Los "ataques militares
preventivos", declaró Bush, tienen la intención de evitar que
estados hostiles logren obtener y emplear armas de destrucción masiva.
"América actuará contra tales amenazas emergentes antes de que sean
plenamente conformadas", dijo. Con ello, señala Schell, ahora existe
la ilusión de que se podrá detener la proliferación de armas de
destrucción masiva a través de las armas.
Por lo tanto, en este 60
aniversario del primer y único uso de una arma de destrucción masiva, el
mundo se encuentra nuevamente ante la locura de que la respuesta lógica a
la amenaza de la destrucción masiva es la destrucción masiva.
Las consecuencias gráficas
del primer uso de estas armas se han ocultado en gran medida al público
estadounidense. Greg Mitchell, de Editor & Publisher y ex editor de
Nuclear Times, escribió recientemente: "en las primeras semanas
después de los ataques atómicos contra Japón hace casi 60 años, y
durante décadas después, Estados Unidos... suprimió toda película
tomada en Hiroshima y Nagasaki tras el bombardeo... Además, por muchos
años, todo menos unas cuantas fotos periodísticas fueron confiscadas o
prohibidas. El público no vio ningunas imágenes en noticieros durante 25
años, y las películas del ejército de Estados Unidos permanecieron
escondidas durante casi cuatro décadas".
Mitchell entrevistó al
militar estadounidense encargado de guardar todo este material, el
teniente coronel Daniel McGovern, quien le comentó que él había sido
informado por gente en el Pentágono que "no deseaban que circulara
ese material ya que demostraba los efectos sobre hombres, mujeres y
niños... No querían que el público en general conociera lo que habían
hecho sus armas, en momentos en que estaban programando más pruebas de
bombas".
Pero desde entonces, la
mayoría de víctimas en las guerras no son combatientes, sino civiles; de
hecho, según algunos cálculos 90 por ciento de los 35 millones de
muertos en 170 guerras desde la Segunda Guerra Mundial han sido civiles.
Más de 200 mil civiles perecieron en los bombardeos de Hiroshima y
Nagasaki hace 60 años.
"Ahora la guerra es
contra personas que no son combatientes. Sólo por esa razón la guerra no
puede ser aceptada en cualquier evaluación de cómo resolver problemas en
relaciones internacionales", afirma el historiador Howard Zinn, quien
fue bombardero durante la Segunda Guerra Mundial.
Los sobrevivientes de
Hiroshima y Nagasaki no se cansan de advertir a la humanidad que las
bombas y la guerra no matan a enemigos, sino a civiles, a trabajadores,
artistas, abuelos con grandes cuentos que contar, y niños que los desean
escuchar, a estudiantes, a novios, a los que desean ofrecer un regalo, a
los que estaban por cantar. O sea, a todos nosotros. Ahora se cumplen 60
años desde que la humanidad cuenta con la capacidad divina de destruir su
mundo. ¿Cuántos años se tardará en tener la capacidad para crear la
paz?
"El armamento nunca es
protección contra la guerra sino que inevitablemente lleva a la
guerra", afirmó Albert Einstein, al denunciar el inicio de la
carrera armamentista al nacer la era nuclear. En otro momento advirtió:
"esperemos que la abolición de la anarquía internacional existente
no tendrá que ser comprada por una catástrofe mundial auto–infligida,
cuyas dimensiones nadie puede imaginarse. El tiempo es muy corto. Tenemos
que actuar ahora si hemos de actuar".
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