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Un desafío para la
Casa Blanca
Las cifras que
preocupan a Bush
Los indicadores de
la economía norteamericana mejoran, pero los ciudadanos son escépticos
respecto a los resultados. Según una encuesta de CBS News, sólo un
quinto de los estadounidenses pensaba que la situación económica
progresaba.
The Economist / La
Nación, 13/08/05
Traducción de Gabriel Zadunaisky
Washington.– Todos
los presidentes, cualquiera que sea su religión o denominación, son
numerólogos secretos. Los números son lo que usan para interpretar
el estado de ánimo de la gente y seguir los progresos de la nación
que gobiernan. Para George W. Bush, los números –tasa de bajas en
alza en Irak, indicadores de aprobación en caída en casa– no han
sido buenos últimamente. Por lo tanto, se vuelve con cierto
entusiasmo a un conjunto más feliz de cifras: las que siguen la
capacidad de recuperación y el resurgimiento de la economía
estadounidense.
Esta semana convocó a
su equipo económico a una reunión en su rancho en Crawford, Texas.
Bajo una pintura de un rodeo, analizaron una economía que está
pateando fuerte, pero no corcoveando tanto como para perder el
control. El producto creció a una tasa anual del 3,4 % en el segundo
trimestre, un poco más lento que en el primero.
Esto se debió en gran
medida a que las firmas decidieron reducir los stocks (lo que restó
2,3 puntos porcentuales al crecimiento) en vez de producir cosas
nuevas. Ahora, con sus estantes vacíos, se prevé que las compañías
se reaprovisionarán en los próximos meses y el producto debería
recuperarse. Algunos analistas pronostican un crecimiento del 5 % este
trimestre.
Está creciendo el
impulso económico. Los autos salieron de las agencias a una tasa casi
récord en julio (20,8 millones al año) y las ventas de casas usadas
alcanzaron un punto récord en el mes anterior (7,3 millones al año).
Las fábricas informaron de mayor actividad y más pedidos,
especialmente de bienes de capital (aumento del 3,9% en junio) que
presagian mayor inversión. Hasta el gobierno federal anda bien. En
este año fiscal, ha recaudado US$ 210.000 millones más en impuestos
de lo que había cobrado a estas alturas el año pasado. Lo más
importante, la contratación de mano de obra se mantiene firme y
segura.
Los empleadores
agregaron 207.000 trabajadores a sus nóminas en julio, y 42.000 más
de lo previsto en mayo y junio. Han contratado alrededor de 200.000
trabajadores por mes en promedio desde fines de enero, lo que no es
espectacular medido por los estándares de la década del 90, pero sí
representa una notoria mejoría respecto del primer período de Bush.
Conclusión similar
La Reserva Federal ha
digerido las mismas cifras que Bush y llegado a una conclusión
similar. Hay mucho que celebrar y poco que temer en la actual dinámica
de la economía. Esta semana, tal como era esperado en general, subió
los tipos de interés un cuarto de punto. Hasta ahora ha dado diez
veces tales pasos "mesurados" desde junio de 2004. A juzgar
por la declaración que acompaña su decisión, estaría dispuesto a
seguir haciéndolo.
A diferencia de los
banqueros centrales y los presidentes, el público en general presta
poca atención a los números. Sólo un quinto de los encuestados
recientemente por CBS News pensaba que la fortuna económica del país
mejoraba, no importa lo que les digan los estadísticos. Más de la
mitad desaprobó el manejo de Bush de la economía.
¿Qué es lo que
explica su escepticismo? En el primer período de Bush lo persiguió
el interrogante: ¿dónde están los puestos de trabajo? Ahora la
pregunta es: ¿dónde están los aumentos de salarios? La compensación
total de los trabajadores creció fuertemente en los tres trimestres
que se sucedieron desde julio del año pasado; lo suficiente como para
alarmar a algunos de los halcones de la inflación de la Fed. Pero
estos aumentos probablemente no fueron demasiado generalizados,
limitados a aquellos empleados afortunados que cobraron premios
jugosos o vendieron sus opciones accionarias.
En el trimestre pasado,
según cifras dadas, los salarios cayeron en términos reales. Esto
tranquilizará a la Fed por ahora. Pero Bush puede sentirse menos
contento: los trabajadores mejor pagos son votantes más felices.
No toda la compensación
de un empleado termina en su sobre de paga. Una gran parte aparece en
la forma de beneficios, tales como los aportes del empleador al seguro
de salud o al fondo de jubilación.
Según la Dirección de
Estadísticas Laborales, el costo de estos beneficios representó casi
el 60% de los aumentos en compensación recibidos por los trabajadores
del sector público en el primer trimestre del año y casi el 35% de
los aumentos en el segundo. Según los cálculos de ese ente, los
jornales y salarios mismos sólo crecieron un 2,4 % en los doce meses
hasta junio, menos que la inflación.
Pese a estos escasos
aumentos en la paga, los hogares están dispuestos a gastar lo que
reciben. En junio ganaron poco más de US$ 9000 millones en ingreso
disponible. Se deshicieron de todo menos de US$ 190 millones. La tasa
de ahorro sólo estuvo más baja en el mes después del 11 de
septiembre, cuando se consideraba el consumo un deber patriótico. Los
hogares ahorran tan poco de lo que ganan porque ganan tanto con lo que
ya poseen. Los precios de las viviendas subieron casi un 15% en el año
hasta junio, la tasa más alta en décadas.
A juzgar por las
minutas de sus recientes reuniones, la Fed es agnóstica respecto de
la existencia de una burbuja en el mercado de la vivienda. Dice que no
puede saberse a ciencia cierta. Aunque exista una burbuja, la Fed cree
que debería hacer poco al respecto. El banco central de Estados
Unidos está haciendo lo opuesto a la apuesta de Pascal: no se puede
saber si existe una burbuja todopoderosa, de modo que hay que actuar
como si no.
En cuanto a Bush,
comenzó su segundo período con la idea audaz de revivir el ahorro en
Estados Unidos.
Esas ambiciones
actualmente están enterradas en el Congreso y por su propia
debilidad. Si hubiese cumplido el cronograma original, su comisión
para la reforma impositiva fundamental ya hubiera producido un
informe.
Cambio de planes
En vez de ello, Bush
pospuso su informe para darse tiempo a vender su reforma de la
seguridad social. Desgraciadamente, si sigue esperando a que se
concrete esa venta, es posible que la comisión nunca llegue a
presentar su informe.
El equipo económico de
Bush ahora tiene medidas más modestas de éxito. Está orgulloso de
los 217 votos que logró arrancar a la Cámara baja el mes pasado para
asegurarse la aprobación del Acuerdo de Libre Comercio con América
Central.
La revaluación de la
divisa china, que ha dado un respiro de la presión de los
proteccionistas en el Congreso. Aunque el proyecto de ley de
transporte (exige una inversión pública de US$ 286.000 millones)
–que Bush en un tiempo amenazó con vetar, pero esta semana estuvo
feliz de firmar–está siendo saludado como un éxito legislativo.
Carreteras y puentes, no la "tercera vía de la política"
(como se conoce a la seguridad social), marcan la cumbre de sus
ambiciones actuales.
A Bush aún le quedan
tres años para lograr sus metas mayores de reforma impositiva y
reducción de beneficios. Pero antes de que pueda tener esperanzas de
transformar la economía estadounidense, debe esperar que los buenos números
de la economía transformen los suyos, de malos en positivos.
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