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El Acuerdo General sobre el Comercio de
Servicios, arma económica del Imperio
Red
Voltaire, París, 24/02/05
Con
la ayuda de varias empresas multinacionales, Estados Unidos trata de
imponer discretamente la modificación de un importante acuerdo
comercial. El Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS)
apunta a la liberalización total de las actividades de 160 sectores,
entre ellos la salud: tres mil quinientos millones de dólares a
escala mundial y la educación con dos mil millones de dólares.
Uno
de los elementos en juego en esas discusiones es la integración del
sector energético en la AGCS. Esas negociaciones las dirigen el
norteamericano Robert Zoellick, a nombre de Estados Unidos, y el francés
Pascal Lamy, por la Unión Europea.
El
primero es también profesor de Seguridad Nacional en la Escuela Naval
de Estados Unidos. El segundo colaboró con la Rand Corporation, el
think tank [Centro de investigación, de propaganda y divulgación de
ideas, generalmente de carácter político. Nota del Traductor] del
lobby militaro-industrial estadounidense, y con el East-West Institute,
que tiene como presidente honorario a George Bush padre.
La
finalidad del AGCS (explicación según la OMC en este enlace) es
poner este acuerdo económico por encima de las legislaciones y
reglamentaciones nacionales de todos los países del mundo.
Responsables políticos empiezan a inquietarse ante un sistema que los
privaría de sus prerrogativas. A pesar de sus peticiones reiteradas,
los legisladores no han tenido acceso a los documentos de las
negociaciones.
Después
de Vancouver, Toronto, Québec, Oxford, Melbourne y Viena, el consejo
municipal de París acaba de excluir a su ciudad del AGCS. Se trata de
un nuevo revés para el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios
(AGCS) y, más allá de este, para la Organización Mundial del
Comercio en cuyo seno se negocia este acuerdo. ¿Qué contiene el AGCS
que ha llevado a los legisladores de varios países a oponerse de
forma tan categórica a su aplicación?
El
1ero de julio, por invitación de las potencias aliadas, 44 países se
reúnen en una conferencia en Bretton Woods para crear tres
organizaciones internacionales con el objetivo de estabilizar el mundo
después de la guerra: el Banco Mundial (BM), encargado de la
reconstrucción y el desarrollo; el Fondo Monetario Internacional
(FMI), que debe garantizar la estabilidad monetaria, y la Organización
Internacional de Comercio (OIC), para reglamentar el comercio
internacional. Nacen entonces las dos primeras instituciones. Pero la
OIC fracasa en varios aspectos y Estados Unidos se retira casi
inmediatamente de la estructura, creada el 10 de octubre de 1947 por
la Carta de La Habana. Los estadounidenses logran arrastrar 23 países
a las primeras negociaciones de lo que será el Acuerdo General sobre
Aranceles y Comercio (GATT), cuyo estatuto jurídico es nebuloso ya
que se trata de un acuerdo provisional.
Del
GATT al AGCS: hacia la liberalización total de 160 sectores de
servicios
Ocho
vueltas de negociaciones tienen lugar hasta abril de 1994, fecha en
que el GATT es reemplazado por la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Además de su estatuto de organización mundial reconocida, esta última
presenta la ventaja de gozar de un poder coercitivo gracias a su Órgano
de Arreglo de Diferendos (ORD).
Ratificando
la ley 94-1137, el 14 de diciembre de 1994, el parlamento francés
reconoce la creación de la OMC y ratifica los 28 textos anexos
constitutivos de los Acuerdos de Marrakech, entre ellos el famoso
Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios.
El
AGCS concierne, él solo, 160 sectores de servicios (ordenamiento
urbano, investigación y desarrollo, turismo, servicios postales,
distribución, entorno, energía, cultura, educación, salud, etc.).
Según la OMC, los gastos mundiales en la salud representan 3,500
millones de dólares y los gastos en educación 2,000 millones.
Tres
personas dieron lugar a la aparición del AGCS: James Robinson III
(presidente de American Express), Hank Greenberg (presidente de
American International Group-AIG) y John Reed (presidente de Citycorp)
quienes deciden en 1979 que sería muy interesante incluir los
servicios en las negociaciones del GATT.
Al
ser Hank Greenberg un hombre de confianza del presidente James Carter,
no les quedaba más que convencer al Congreso de Estados Unidos. Un
cabildeo (lobby) bien preparado, acompañado de una campaña de prensa
digna de las mejores operaciones psicológicas, lograron ese objetivo.
De manera que, en 1982, durante la conferencia del GATT, el embajador
norteamericano William Brock declara que las negociaciones sobre los
servicios son una prioridad para Estados Unidos. El principal
instrumento de cabildeo es el US Coalition of Service Industries (USCSI)
que reúne unas sesenta empresas.
Al
no estar los lobbyes de negocios enteramente satisfechos con la firma
del AGCS en 1994, se programan nuevas negociaciones (o revisiones)
hasta su culminación final, la liberalización total de los 160
sectores de servicios. La primera revisión arrancó en enero del 2000
con el nombre de «AGCS 2000».
Un
acuerdo apadrinado por multinacionales
La
extensión de los sectores en negociación se decide durante las
conferencias ministeriales que deben desarrollarse al menos cada dos años
(Ginebra en 1998, Seattle en 1999, Doha en 2001). La conferencia
ministerial de 1999 reveló que esos encuentros eran financiados en
parte por firmas multinacionales. Un comité de recibimiento se creó
en Seattle -le Seattle Hosting Organisation (SHO)- con vistas al
encuentro ministerial de 1999.
Según
el monto de las sumas que aportan, las firmas privadas reciben títulos
de «patrocinador de diamante» (entre 150,000 y 200,000 dólares US),
«de esmeralda» (más de 250,000 dólares US), etc. En la lista de
los patrocinadores de esmeralda de 1999 se encontraban Boeing,
Microsoft, General Motors, Ford y Deloitte & Touche que obtienen
así un acceso directo a los ministros.
Las
negociaciones propiamente dichas se desarrollan en la sede ginebrina (ciuada
de Ginebra, Suiza) de la OMC. Teóricamente, las decisiones se toman
allí por consenso pero, en la práctica, los países de la Quad
(EE.UU., Unión Europea, Canadá y Japón)) generalmente logran
imponer su voluntad.
El
actual negociador en jefe estadounidense, Robert Zoellick, trabaja en
estrecha coordinación con el ISAC (Industrie Sector Advisory
Committee), un comité de consulta instalado directamente en los
locales del Departamento de Comercio para conocer la que deben seguir
las negociaciones. Robert Zoellick es también profesor de Seguridad
Nacional en la Escuela Naval de Estados Unidos.
Su
amigo, Pascal Lamy, es el negociador por la Unión Europea en la OMC.
Este ex-director de gabinete de Jacques Delors fue tesorero de la rama
francesa Transparency International y ocupó cargos en la rama europea
de la Rand Corporation (el principal think tank del lobby militaro-industrial
estadounidense). También colaboró con el East-West Institute, cuyo
presidente honorario es George Bush padre.
En
realidad, Pascal Lamy -bajo los consejos del European Services Forum (ESF,
que reúne a los más grandes industriales europeos)- y Robert
Zoellick están de acuerdo en cuanto a la gran mayoría de los temas.
El carácter de las raras diferencias que aparecen entre ellos es más
de simple espectáculo que de verdadera oposición.
Todo
el sector energético en negociación
Una
cuestión importante se encuentra actualmente en la mesa de
negociaciones. Estados Unidos desea incluir en el AGCS todo el sector
de servicios ligados a la energía (prospección, extracción,
transporte, distribución, comercialización y gestión de
absolutamente todos los combustibles y productos energéticos). Las
compañías petroleras tendrían así la posibilidad de instalarse en
cada uno de los países miembros de la OMC que cedieran a esta demanda
(artículo 16 - acceso al mercado) y gozarían en ellos del mismo
tratamiento que las empresas nacionales (artículo 17 - tratamiento
nacional).
Para
los negociadores estadounidenses, pero también para los
estadounidenses, esta negociación reviste la mayor importancia porque
Arabia Saudita debe incorporarse próximamente a la OMC.
Por
ejemplo, si Qatar incluyera su sector energético en el AGCS tendría
derecho, durante cierto tiempo, a poner ciertas restricciones a la
apertura de su mercado así como al tratamiento nacional. Pero, según
el proceso de negociaciones sucesivas, se vería inevitablemente
obligado a eliminarlas. Por otro lado, sus propias reglamentaciones
para ese sector podrían ser atacadas en cualquier momento por ser «más
restrictivas de lo necesario para el comercio» (artículo 6-4 -
reglamentación interna).
Si
el país no enmendara los textos de ley incriminados, Estados Unidos,
o cualquier otro país, tendría derecho, en defensa de los intereses
de su propio complejo petrolero, a recurrir a un panel del Órgano de
Arreglo de Diferendos para que resolviera el litigio.
Una
vez condenado, Qatar sería objeto de represalias, esencialmente de
orden aduanal.
En
cambio, si el panel juzgara que la reglamentación nacional es «necesaria
para obtener un objetivo político legítimo», el país demandante
podría invocar entonces el artículo 23-3. También denominado «demanda
en caso de ausencia de violación», ese artículo permite que un
miembro cuyos resultados previsibles se ven anulados o disminuidos por
una reglamentación que responde sin embargo a las reglas del AGCS
pueda presentar una demanda. El país demandado estaría entonces
obligado, in fine, ya sea a pagar compensaciones o a abolir su
reglamentación.
Los
documentos inaccesibles para los parlamentarios
Esta
intromisión de la OMC en los sectores legislativos y reglamentarios
del medio ambiente, la educación, la salud y hasta de la cultura
inquieta a muchos parlamentarios. A pesar de sus repetidas demandas,
estos últimos siguen sin tener acceso a la documentación de las
negociaciones.
Según
los diputados europeos Caroline Lucas y Jean Lambert, un solo
parlamentario de cada grupo político del parlamento europeo está
autorizado a ver esos documentos, que se guardan en un local cerrado
con llave. Los diputados no pueden tomar notas ni comentar con sus
pares lo que han leído.
Sin
embargo, no son los métodos de negociación el único motivo de polémica.
Los parlamentarios se interrogan sobre la posibilidad que tendrán de
legislar en el futuro.
En
efecto, el artículo 1 del AGCS estipula: «El presente acuerdo se
aplica a las medidas de los miembros que afecten el comercio de los
servicios. Como medidas de los miembros se entienden las medidas
tomadas por gobiernos y administraciones centrales, regionales o
locales y organismos no gubernamentales cuando estos ejercen poderes
delegados por gobiernos».
Según
el secretariado de la OMC: «La palabra medida se define muy
ampliamente en el AGCS e incluye las leyes, los reglamentos, las
decisiones y hasta las prácticas no escritas».
Rechazando
que su papel sea puesto en tela de juicio, varios legisladores
lanzaron el 3 de diciembre en la Asamblea Nacional un «llamado a la
suspensión de las negociaciones sobre los servicios en el seno de la
OMC». El 1ero de marzo ese llamado había recogido ya 147 firmas.
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