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Hambrunas
del Mercado
Por
Yves Engler
ZNet, septiembre 2005
Los niños
que mueren de hambre reciben la atención de los medios, los bien
alimentados economistas del imperio, no. Sin embargo, la historia moderna
nos muestra que normalmente son las dos caras de la moneda de la hambruna.
Durante
el mes pasado, miles de personas murieron de hambre en Níger. Durante
todo este tiempo había comida disponible. Lo que pasa es que,
simplemente, los pobres no tienen el dinero suficiente para afrontar los
crecientes precios de los alimentos, así que mueren de hambre.
En la
primavera, el Fondo Monetario Internacional presionó al presidente de Níger,
Mamadu Tandja, para que implementara un impuesto del 19 por ciento sobre
el valor añadido, también en los alimentos. El impuesto se añadió
incluso a pesar de que se produjo un aumento superior al 75% en los
precios de los alimentos. Durante el mismo tiempo, la principal fuente de
ingresos de las poblaciones nómadas del país, el ganado, perdió la
cuarta parte de su precio, dejando a los pobres sin dinero para comprar
alimentos básicos.
Cuando
algunos grupos internacionales comenzaron a llamar la atención sobre la
crisis de alimentos, los intereses del “mercado” primaron sobre los
intereses de los pobres. El London Observer del 7 de Agosto reveló que
“El gobierno de Níger, bajo las instrucciones del FMI y de la Comunidad
Europea, se negó a distribuir comida gratis entre las más
necesitados.” Los poderes fácticos no quisieron “deprimir los precios
del mercado” que beneficiaban a mayoristas y a especuladores.
Hace
dos veranos, la hambruna azotó a Etiopía poco tiempo después de que
instituciones “de ayuda humanitaria”, controladas por los gobiernos
occidentales, hicieran presión al gobierno del país para que cesase de
intervenir en el sector agrícola. The Wall Street Journal informó que
“el gobierno, bajo presión de prestamistas y donantes internacionales,
se estaba retirando de los mercados de grano en favor de un sector privado
mal financiado y carente de experiencia. Sin embargo, se tomaron pocas
precauciones para apoyar este libre mercado sin experiencia con almacenes,
transporte o financiación” (1 de julio 2003). Al principio, la reducción
de la implicación por parte del gobierno no parecía ser el problema ya
que, según el Journal, “la cosecha de grano en Etiopía en la última
mitad de los 90 ascendía a 11 millones de toneladas anuales, unas 4
toneladas más que en los 80. En los años 2000 y 2001 se consiguió una
cosecha extraordinaria que alcanzo los 13 millones de toneladas”. La
mejora de las cosechas ocultó la naturaleza equivocada de las políticas
agrícolas basadas en el mercado. De hecho, unas cosechas más grandes
agravaron la carencia de comida que se dio por último.
Cuando
el estado redujo su papel como estabilizador de precios, los agricultores
comenzaron a producir menos, ya que las grandes cosechas producían menos
ingresos. Según el Journal “por un saco de maíz de 220 libras de peso
que alcanzaba un precio de 10 dólares en los buenos tiempos se podía
conseguir un precio de 2 dólares, y eso era la mitad de los costes medios
de producción”. Los agricultores que producían para vender
disminuyeron su producción o se dedicaron a cultivos de subsistencia”.
De repente, los alimentos comenzaron a escasear y miles de personas
murieron de hambre.
En
2002, debido a una situación similar a la de Etiopía, se desencadenó
una hambruna en Malawi. El Banco Mundial, el FMI y la Comunidad Europea
habían presionado al gobierno de Malawi para que redujera sus reservas de
grano de 167.000 toneladas a 30.000 toneladas. Se presionó a Malawi para
que redujera sus reservas de grano por razones ideológicas y para pagar
un préstamo de 300 millones de dólares al Banco Sudafricano. La venta
causó una caída de los precios locales, reduciendo la capacidad de
producción de muchos agricultores. También resultó en una reserva de
emergencia mucho más pequeña. En términos humanos, estas políticas de
“mercado” dieron por resultado las muertes innecesarias de miles de
individuos.
La
presión para la reforma de la seguridad agrícola se ha extendido por
toda África. “El banco (mundial) durante mucho tiempo ha instado
gobiernos africanos débiles”, según el Journal, “a privatizar su
agricultura y a abandonar cualquier tipo de subsidios agrarios.” De la
misma forma, los ideólogos del FMI se oponen a que el estado sea el
avalista para la seguridad alimentaria. Las juntas de materias primas que
fijaban los precios del productor y recogían la producción del
agricultor se están prohibiendo y se está encargando esta tarea a un
sector privado incapaz y poco dispuesto. Además, se están recortando los
subsidios a pequeños agricultores.
Sin
embargo, el suministro de alimentos es demasiado importante para dejarlo
en manos del mercado, que es por lo que la mayoría de los países
europeos y Norteamérica tienen un sistema de gestión de suministros y
planes para seguridad alimentaría. La mayoría de los países africanos
están bajo una presión inmensa para seguir políticas de alimentos que
no sigue ningún otro país industrializado. Desafortunadamente, no es
nada nuevo que por una liberalización económica forzada se agraven o se
causen hambrunas innecesarias. Mike Davis en su libro “El Último
Holocausto Victoriano” cuenta las circunstancias que rodearon a un número
de horribles hambrunas en la India, Brasil y China entre 1870 y1900.
A
finales de las décadas de 1870 y 1890 entre 30 y 60 millones de personas
murieron durante hambrunas en esos tres países. Según Davis, la razón
es que las reformas del “libre” mercado agravaron la devastación ecológica.
Los imperialistas británicos minaron la seguridad agrícola local,
destruyendo deliberadamente los sistemas de seguridad alimentaria en la
India y China, de larga raigambre. Según un estadista británico que
analizó las medidas de seguridad alimentaria en la India en los dos
milenios anteriores a 1800, en la India hubo solamente una hambruna
importante cada siglo. Durante la ocupación británica había una cada
cuatro años.
Además
de los casi 20 millones de indios que murieron de hambre, la economía
india también se estancó. En 1800 la participación de la India en la
producción mundial era cuatro veces mayor que la británica. Para 1900,
ya totalmente bajo control británico, la razón era de 8 a 1 a favor de
Gran Bretaña. De la misma forma, las economías africanas que han
adoptado las reformas neoliberales se han estancado o están en declive.
Si los
medios norteamericanos permitieran unas pocas palabras a los niños que
están muriendo de hambre en Níger, éstos quizá les dijeran a los
economistas neoliberales “el mercado libre y los alimentos no se
mezclan, a no ser que estéis intentando matarnos.”
(*)
Yves Engles es el autor de dos libros: Canada in Haití:Waging War on the
Poor Majority (with Anthony Fenton) y Playing Left Wing: From Rink Rat to
Student Radical.
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