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El
ocaso de la Era del Petróleo
Por
Michael T. Klare (*)
ZNet,
septiembre 2005
Varios
acontecimientos recientes, tales como los persistentes altos precios
de la gasolina, avisos sin precedentes de la Secretaría de Energía y
de las grandes compañías petroleras, la breve pretensión de China
por American Unocal Corporation, sugieren que estamos a punto de
entrar en El Ocaso de la Era del Petróleo, una época de escasez crónica
de energía y estancamiento económico, así como de constantes crisis
y conflictos. El petróleo no desaparecerá durante este periodo,
todavía estará disponible en la gasolinera más próxima para
aquellos que lo puedan pagar, pero no será barato ni abundante como
lo ha sido durante los últimos 30 años. La cultura y el estilo de
vida que asociamos con los buenos tiempos de la Era del Petróleo,
coches grandes que engullen gasolina y SUVs, extensas barriadas
suburbanas, grandes centros comerciales, vacaciones conduciendo campo
a través, etc.., dejarán espacio para un modelo de vida más sobrio
basado en una rigurosa dieta de gasolina. Mientras que los
norteamericanos seguirán consumiendo una proporción diaria mucho más
alta que los demás del petróleo mundial, tendrán que competir con más
fuerza con los consumidores de otros países, incluido China y la
India, para tener acceso al cada vez más escaso suministro.
El
concepto de "ocaso" del petróleo deriva de lo que se conoce
respecto de la ecuación de la oferta y la demanda mundial. Los
expertos en energía hace mucho tiempo que han reconocido que la
producción mundial de petróleo llegará algún día a un momento máximo
(o "pico") de producción diaria, seguido de una caída cada
vez más brusca de suministro. Pero mientras el concepto básico de
pico de producción ha ganado una sustancial aceptación mundial,
todavía existe mucha confusión sobre su carácter real. Mucha gente
que expresa familiaridad con el concepto tiende a ver el pico de
producción como un marcado pináculo, con una producción mundial
creciendo hasta una cumbre un mes, cayendo bruscamente al siguiente; y
si volvemos la vista atrás de aquí a cien años, las cosas pueden
parecer de esta manera. Pero para aquellos de nosotros que estamos en
este momento del tiempo, experimentaremos ese pico de producción como
algo más parecido a una meseta rocosa, un amplio periodo de tiempo,
quizás varias décadas, durante las cuales la producción de petróleo
mundial permanecerá a los mismos o parecidos niveles actuales, pero
que no logrará conseguir la elevada producción estimada necesaria
para satisfacer las futuras demandas mundiales. Los resultados serán
altos precios permanentes, intensa competición internacional por los
suministros disponibles, y escasez periódica causada por tensiones
políticas y sociales en los países productores.
La
Era del Petróleo Fácil Ha Terminado
El
Ocaso de la Era del petróleo, como yo lo he llamado, es muy probable
que se caracterice por una creciente politización de política del
petróleo y el constante uso de la fuerza militar para ganar el
control de los suministros disponibles. Esto es así porque el petróleo,
entre todas las materias primas comerciales, es considerado como un
material estratégico; algo tan vital para el bienestar de la economía
de una nación que el uso de la fuerza para asegurar su disponibilidad
es justificado. Que las naciones estén preparadas a ir a la guerra
por el petróleo no es un fenómeno exactamente nuevo. Conseguir petróleo
extranjero fue un factor significativo en la Segunda Guerra Mundial y
el la Guerra del Golfo de 1991, para ofrecer dos ejemplos; pero es
probable que cada vez más llegue a formar parte de nuestro mundo en
un periodo de creciente competencia y disminución de suministro.
Esta
nueva era no comenzará con un único incidente bien definido, sino más
bien con una serie de acontecimientos que sugerirán la transición de
un periodo de relativa abundancia a un periodo de perpetua escasez.
Estos acontecimientos tomarán una forma tanto política como económica:
por una parte, el aumento de los precios de la energía y suministros
contratados; y por otra parte, más crisis diplomáticas y fuerza
militar. Recientemente hemos sido testigos de significativos ejemplos
de ambas.
En
el aspecto económico, las señales más importantes han venido dadas
por el creciente precio del crudo y los avisos de la disminución de
la producción en un futuro. El barril de crudo cuesta ahora un poco más
de 60$, aproximadamente el doble de lo que costaba hace un año, y
muchos expertos creen que el precio subirá mucho más si la situación
del suministro continua deteriorándose. "Hemos entrado en una
nueva era de los precios del petróleo", dijo el experto en energía
Daniel Yergin en una entrevista en abril para Time Magazine. Si los
mercados permanecen tan ajustados como en la actualidad, "veremos
mucha más volatilidad, y podremos ver subir los precios hasta 65$ o
80$."
Los
analistas en Goldman Sachs son incluso más pesimistas, sugiriendo que
el petróleo puede llegar a un precio de hasta 105$ el barril en un
futuro cercano. "Creemos que el mercado del petróleo ha entrado
en las primeras etapas de lo que llamamos el periodo de "super-pico",
informaron en abril, con precios elevados manteniéndose por un
periodo de tiempo de varios años.
Por
supuesto, el mundo ha experimentado varios picos en los precios con
anterioridad, el más notable en 1973-74 después de la Guerra de
Octubre ente Egipto e Israel y el embargo de petróleo árabe, así
como en 1979-80 después de la Revolución Iraní, pero ahora es más
probable que los precios altos se mantengan indefinidamente a que
bajen como en el pasado. Esto es así por que la nueva producción (en
lugares como el Mar Caspio y en la Costa Oeste de África) no llega lo
suficientemente rápido o con la fuerza suficiente para compensar la
disminución en la producción de pozos más viejos como los de
Norteamérica o los del Mar del Norte. Además de esto, es cada vez más
evidente que productores incondicionales como Rusia o Arabia Saudita
han agotado muchos de sus pozos más prolíficos y ya no son capaces
de aumentar su producción de manera significativa.
Hasta
hace poco, se consideraba una herejía que directivos de la industria
petrolera o cuerpos gubernamentales como el Departamento de Energía
de EE.UU. reconocieran la posibilidad de una reducción a corto plazo
de suministros de petróleo. Pero varios acontecimientos recientes señalan
la ruptura del consenso dominante:
*
El 8 de julio, el Secretario de Energía, Samuel Bodman, dijo a
reporteros del diario Christian Science Monitor que la era del petróleo
barato y abundante podía haber terminado. "Por primera vez en mi
vida", declaró, los principales suministradores de petróleo
como Arabia Saudita "están justo en el límite" en su
habilidad de satisfacer la creciente demanda mundial de energía. A
pesar del gran aumento en la demanda internacional, Bodman apuntó,
los más importantes productores del mundo no son capaces de aumentar
sustancialmente su producción, y por esto deberíamos esperar una
tendencia al alza en los precios de las gasolinas. "Estamos ante
una nueva situación", declaró. "Es muy probable que por lo
menos en un corto plazo tendremos que enfrentarnos a un régimen de
precios diferente al que hemos visto hasta ahora."
*
Una semana más tarde, el gigante petrolero Chevron publicó un
anuncio en el New York Times, el Wall Street Journal y otras
publicaciones importantes para señalar su preocupación por el
inminente apuro energético. "Una cosa es clara" decía el
anuncio, "la era del petróleo fácil ha terminado". Esto
fue una admisión extraordinaria hecha por una importante compañía
petrolera. El anuncio seguía diciendo que "que muchos de los
pozos de gas y de petróleo del mundo han madurado" y que
"nuevos descubrimientos de energía están ocurriendo en lugares
donde es difícil la extracción, físicamente, económicamente e
incluso políticamente." Igual de revelador, el anuncio apuntaba
a que el mundo consumirá aproximadamente un trillón de barriles
durante los próximos 30 años, tanto petróleo sin explotar como el
que se cree que yace en las reservas mundiales conocidas y
"probadas".
La
Onda Expansiva del Petróleo
Estos
y otros informes recientes de fuentes comerciales e industriales
sugieren que la disminución anticipada de la producción mundial de
petróleo tendrá graves consecuencias económicas. Si los precios
suben hasta 100$ el barril, como sugerían Goldman Sachs, una recesión
económica mundial es casi inevitable. Al mismo tiempo, una disminución
de la producción seguramente tendrá consecuencias políticas y
militares significativas, como sugerían otros acontecimientos
recientes.
El
más notable de ellos, por supuesto, es el gran alboroto causado por
la oferta de 18,5 miles de millones de dólares por parte de Chinese
National Offshore Oil Corporation (CNOOC)) para la adquisición de la
compañía con base en EE.UU., Unocal, anteriormente conocida como
Union Oil Company de California. Unocal, es el propietario de
sustanciosas reservas de petróleo y gas en Asia, originalmente
cortejada por Chevorn que ofreció 16,5 miles de millones de dólares
por la compañía a principios de este año. El hecho de que una firma
china estuviese preparada para ofertar más alto que una poderosa
firma norteamericana para controlar una importante compañía
petrolera con base en EE.UU. es inmensamente significativo en términos
puramente económicos.
Desde
entonces abandonada por los chinos debido a una fuerte oposición política
norteamericana, el hecho, si se hubiese consumado, hubiera
representado la transacción más sustanciosa hecha jamás por una
compañía china en EE.UU. Pero la oferta desató un intenso debate
político y resistencia en Washington por los lazos que unen CNOOC con
el gobierno chino, pertenece al estado en un 70%, y porque la
principal materia prima implicada, el petróleo, se considera tan
vital para la economía estadounidense y no tan abundante como se
suponía en un principio. Temiendo que China ganará el control sobre
valiosas fuentes de petróleo y gas que algún día serían necesarias
para EE.UU. o para aliados asiáticos, políticos conservadores
buscaron bloquear la adquisición de Unocal por parte de COONC
transformando el tema en términos de seguridad nacional.
"Esto
es un tema de seguridad nacional" dijo el antiguo Director de la
CIA R. James Woolsey cuando testificó ante el Comité de Defensa del
Senado en julio. China esta siguiendo una estrategia nacional de
dominación de los mercados energéticos y dominio estratégico de
oeste del Pacifico", una estrategia, argumentó, que podría
verse reforzada de manera muy importante con la adquisición de Unacol
por parte de COONC. Visto desde esta perspectiva, la oferta de CNOOC
se consideró una amenaza a los intereses de seguridad de EE.UU. y por
ello podía haber sido bloqueada por el Congreso o por el Presidente.
La
idea de bloquear una transacción mercantil de un importante socio
comercial internacional de los EE.UU. choca con la doctrina económica
reinante del libre comercio y la globalización. Sin embargo, al
invocar consideraciones de seguridad nacional, el presidente recibe el
poder de prohibir la adquisición de una compañía estadounidense de
acuerdo al Acto de Producción de Defensa de 1950, una medida de la
Guerra Fría diseñada para prevenir la afluencia de tecnologías
avanzadas a la Unión Soviética y sus aliados. Esto es precisamente
lo que se estaba proponiendo por la vasta mayoría en la Cámara de
Representantes. El 30 de junio, la Cámara adoptó una resolución
declarando que la absorción de Unocal por parte de CNOOC podía
"perjudicar la seguridad nacional de EE.UU." y por esta razón
debía ser prohibida por el Presidente bajo los términos de la ley de
1950. Esta perspectiva llegó hasta el proyecto de ley de diversos
asuntos de energía adoptado por el Congreso antes del descanso
veraniego: Citando aspectos potenciales de seguridad nacional en la
materia, el proyecto de ley imponía una revisión federal obligatoria
de 120 días de la oferta de CNOOC, asegurando efectivamente su final.
Más
evidencia de la creciente amalgama de temas entre la energía y la política
de seguridad nacional se puede encontrar en el Informe de 2005 del
Pentágono sobre el poder militar chino, emitido el 20 de julio.
Mientras que en años anteriores este informe se ha centrado
principalmente en la aparente amenaza de China contra la isla de Taiwán,
la edición de este año presta mucha más atención a las
implicaciones militares de la creciente dependencia China en petróleo
y gas natural importados. "Está dependencia de recursos y energía
extranjeros...esta jugando un importante papel en la configuración de
la estrategia y política china" el informe apunta. "Tales
preocupaciones son un factor importante en las relaciones de Beijing
con Angola, Asia Central, Indonesia y Oriente Medio (incluyendo Irán),
Rusia, Sudán y Venezuela.... La creencia de Beijing de que necesita
estas relaciones especiales para asegurarse su acceso a energía podría
configurar su estrategia defensiva y planificación de fuerza en el
futuro."
La
versión desclasificada del informe del Pentágono no plantea que
pasos seguiría Washington en respuesta a estos acontecimientos, pero
las implicaciones son obvias: Los EE.UU. tienen que reforzar su propio
ejército en regiones clave productoras de petróleo para descartar
cualquier intención de China por dominar o controlar estas áreas.
La
seriedad con la que los políticos ven esta evolución de
acontecimientos relacionados con la energía se revela aún más en
otro suceso reciente: El primer "juego de guerra" de alto
nivel basado en una crisis de petróleo en el extranjero. Conocido
como "Onda Expansiva del Petróleo" este ejercicio
extraordinario fue presidido por los Senadores Richard Lugar de
Indiana y Joe Lieberman de Connecticut y cuenta con la participación
de prominentes figuras como el antiguo director de la CIA Robert M.
Gates, el antiguo Comandante General del Ejercito P. X. Kelley, y el
antiguo Consejero de Economía Nacional Gene B. Sperling. Según sus
patrocinadores, el juego esta dirigido a determinar que pasos podrían
tomar los EE.UU. para mitigar el impacto de una interrupción de envío
y producción extranjeros, como puede producirse debido a una guerra
civil en Nigeria o un aumento del terrorismo en Arabia Saudita. La
respuesta: "prácticamente nada". "Una vez se
interrumpa el suministro de petróleo", concluyeron los
participantes, "Hay muy poco que pueda hacerse en un corto plazo
para proteger la economía de EE.UU. de su impacto, incluyendo precios
de gasolina superiores a 5 dólares el galón y un agudo empeoramiento
en el crecimiento económico, que potencialmente conlleve a una recesión."
No
sorprende pues que el resultado de este ejercicio produjera una gran
alarma entre los participantes. "La simulación sirve como un
aviso claro de que incluso una reducción relativamente pequeña en el
suministro de petróleo resultaría en tremendos problemas de
seguridad nacional y económicos para el país", dijo Robbie
Diamond de Asegurando el Futuro Energético de EE.UU. (SAFE en sus
siglas en inglés), uno de los patrocinadores principales del evento.
"Este tema merece atención inmediata."
Entrando
en la Era de las Guerras de Recursos
Por
lo que se conoce de este ejercicio, "Onda Expansiva del Petróleo"
no consideraba el uso de la fuerza militar para afrontar los
acontecimientos imaginados. Pero si la historia reciente es una
indicación, seguramente esta será una opción que contemplen los políticos
de EE.UU. en el caso de una crisis real.
De
hecho es una política oficial de EE.UU., consagrada en la
"Doctrina Carter" del 23 de enero, 1980, usar la fuerza
militar cuando sea necesario resistir cualquier ataque hostil que
impida el flujo de petróleo de Oriente Medio.
Este
principio lo invocó por primera vez el presidente Reagan para
permitir la protección de petroleros kuwaitíes por fuerzas de EE.UU.
durante la Guerra Irán-Irak de 1980-88 y por el presidente Bush padre
para autorizar la protección de Arabia Saudita por fuerzas de EE.UU.
durante la primera Guerra del Golfo de 1990-1991. El mismo principio básico
esta bajo el embargo militar y económico a Irak desde 1991 a 2003; y
cuando esta postura no consigue los resultados previstos de un
"cambio de régimen", utilizan la fuerza militar para
provocarlo.
Una
dependencia similar en la fuerza sería indudablemente el resultado de
por lo menos uno de los acontecimientos clave imaginados en el
ejercicio de "Onda Expansiva del Petróleo": ataques
terroristas en Arabia Saudita que conduzcan a una evacuación masiva
de trabajadores extranjeros de pozos de petróleo y a una paralización
en la producción saudita. Es inconcebible que Bush o su sucesor se
abstengan de usar la fuerza militar en esa situación, teniendo en
cuenta la presencia histórica de tropas de EE.UU. dentro del país y
en particular alrededor de los pozos petrolíferos saudíes.
Al
determinar el escenario para su crisis simulada, "La Onda
Expansiva del Petróleo" identificó una serie de condiciones que
proporcionan un vívido anticipo de lo que podemos esperar durante el
Ocaso de la Era del Petróleo.
*
Precio del barril de petróleo que excederá los 150$
*
Precios de la gasolina de 5$ el gallón o superiores.
*
Una subida del índice de precios al consumidor de más de un 12%.
*
Una larga recesión.
*
Una bajada de más de un 25% en el índice de bolsa Standard &
Poor 500
*
Una crisis con China sobre Taiwán.
*
Una tensión creciente con Arabia Saudita sobre la política de EE.UU.
hacia Israel.
No
se puede predecir en este momento que experimentemos o no estas
condiciones precisas, lo que es incontestable es que una reducción de
la producción mundial de petróleo producirá cada vez más
acontecimientos graves de esta clase y, en un mundo más tenso y
desesperado, casi con certeza existirá la amenaza de guerras por
recursos de todas clases. Esta no será una situación temporal de la
que esperamos recuperarnos rápidamente. Será es estado de cosas semi-permanente.
Finalmente,
por supuesto, la producción mundial de petróleo no estará
simplemente estancada como en el Ocaso de la Era del Petróleo, sino
que comenzará un declive gradual e irreversible que conducirá al fin
de la Era del Petróleo. Lo difícil y peligroso que pueda resultar
esta Era, y lo rápido que llegará su fin dependerá en un factor
clave: La rapidez con la que empecemos a reducir nuestra dependencia
en el petróleo como principal fuente de energía y comencemos la
transición hacia combustibles alternativos. Esta transición no se
puede evitar, llegará estemos preparados para ello o no. La única
manera que tenemos de evitar sus consecuencias más dolorosas es
empezar rápidamente a poner los cimientos de una economía post-petróleo.
(*)
Michael T. Klare es Catedrático de Estudios sobre Paz y Seguridad
Mundial en el Colegio Hampshire y el autor de Sangre y Petróleo: Los
Peligros y Consecuencias de la Creciente Dependencia de EE.UU. del
Petróleo Importado (editorial Owl), Guerras de Recursos, El Nuevo
Panorama de Conflicto Mundial.
Este
artículo apareció primero en Tomdispatch.com un weblog de Nation
Institute, que ofrece un suministro continuo de fuentes alternativas y
de opinión de Tom Engelhardt, durante largo tiempo redactor
editorial, y autor de "The End of Victory Culture and The Last
Days of Publishing".
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