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Petróleo
Geólogos
vs. economistas neoliberales
Por
Alfredo Jalife–Rahme
La Jornada, 25/09/05
En
un escenario de "juegos de guerra" practicado en el salón
de un hotel de Washington, el ejercicio Onda de choque petrolera dio
por resultado que EEUU se encuentre "impotente para proteger la
economía frente a una interrupción catastrófica de los mercados
petroleros", según reporta John Mintz de The Washington Post
(24/6/05).
Participaron
en el "juego" los anteriores directores de la CIA, Robert
Gates y James Woolsey, así como el general P. X. Kelley, anterior
comandante de los marines, y Richard Haass, principal consejero político
del general Colin Powell (anterior secretario de Estado), quienes
llegaron a la conclusión de que el "gobierno de EEUU tenía
pocas opciones a corto plazo para prevenir un desplome económico en
el país y en el mundo" y colocaron en forma omnisciente a 58 dólares
el precio del barril de petróleo para finales de 2005, con
probabilidad de alcanzar un precio paroxístico de 150 dólares.
El
ejercicio incluyó varios eventos desestabilizadores: turbulencias étnicas
en Nigeria, ataques de Al Qaeda en Arabia Saudita y en las
instalaciones petroleras de Alaska. También fue motivo de alarma el
"voraz apetito de petróleo por China". El escenario partió
de la premisa nodal de que las "tolerancias son tan apretadas
entre la oferta y la demanda que aún pequeñas interrupciones en la
entrega de petróleo y gas natural pueden ocasionar cascadas de
desarrollos molestos".
El
senador demócrata Byron Dorgan, al presentar un proyecto de enmienda
ante la Cámara de Representantes el pasado 7 de septiembre, fustigó
que las grandes trasnacionales petroleras anglosajonas (The Big Oil)
ganan más de 7 mil millones de dólares adicionales al mes
"sobre las espaldas de los consumidores", de lo que estaban
ganando hace 18 meses, cuando el petróleo se disparó de 40 dólares
a 70 el barril, sin haber tenido aumento en el costo de producción.
Existen reclamos como los del senador demócrata Carl Levin, quien
pregona una "congelación de 40 dólares el barril".
El
"choque petrolero" ha obligado a dos aerolíneas de EEUU,
Delta Airlines y Northwest, a declararse en quiebra en el de por sí
desvalido sector aeronáutico, primero en experimentar la perniciosa
desregulación de los años 70, por lo que no es gratuito encontrarse
en las páginas del Financial Times (14/9/05), portavoz de la
desregulada globalización financiera feudal, con la encomienda de
Phillip Ellis, consejero del Grupo Consultor de Boston, para que los
"gobiernos se hagan responsables de la seguridad energética".
Ellis sentenció que el "papel pasivo que los gobiernos han
jugado en la seguridad energética desde la revolución Thatcher–Reagan
(léase: neoliberalismo global) es un lujo que no nos podemos
permitir".
Las
trasnacionales petroleras anglosajonas (The Big Oil) advirtieron 25 días
antes de Katrina sobre una "inminente sequía energética",
que se debe en gran medida a la "creciente población, la
inestabilidad del régimen de Arabia Saudita y a la dificultad en
encontrar nuevo petróleo" (Financial Times, 4/8/05). En su
perspectiva de energía para 2030, la petrolera texana Exxon–Mobil,
que escaló el primer lugar de los negocios mundiales este año,
vaticina que la producción fuera de la OPEP alcanzará su
"pico" en los próximos cinco años. Chevron llega a una
conclusión similar: "acabó la era del petróleo fácil".
Peter
Schwartz, director de Global Business Network, aborda "la
incertidumbre y lo inexorable de los 'altos precios del petróleo'
". A su juicio, el mundo atravesó un periodo de 20 años en el
que los "precios fueron relativamente bajos a consecuencia de los
altos precios previos, el clásico ciclo estándar de las materias
primas". Schwartz revela (como si no se supiera) que había sido
el jefe del equipo que preparaba escenarios de planeación en los
ochentas para la petrolera anglo holandesa Royal Dutch/Shell y comenta
que "falta un buen periodo antes de que lleguen amplios volúmenes
de nuevo petróleo al mercado". No descarta la posibilidad de que
los precios disminuyan, no al nivel de 20 dólares el barril, sino
entre 35 y 40 dólares, "quizá de cuatro a cinco años a partir
de ahora" por lo que "es muy probable que en los próximos años
tengamos precios relativamente altos, o quizá en un periodo más
extenso". Concluye que la "implicación será la abundancia
de recursos financieros asequibles en los países productores de petróleo"
("El futuro del Medio Oriente"; Global Business Network,
30/4/05).
Daniel
Yergin, fanático de la desregulada globalización financiera feudal,
no quita el dedo del renglón y vuelve a la carga con su tesis añeja
de 1998, publicada en Foreign Affairs (marzo/abril) sobre el "fin
del petróleo caro (sic)", con la que ha hecho el ridículo, a la
par de todos sus epígonos neoliberales, como el guanajuatense de
quien fue tutor "académico", Fausto Alzati Araiza,
malhadado anterior zar de energía del decadente foxismo
prematuramente defenestrado.
Galardonado
con el codiciado Pulitzer por su libro imprescindible “El precio: la
búsqueda épica del petróleo, dinero y poder”, Yergin ha sido
rebasado por la realidad temporal al haberse quedado paralizado con su
insustentable tesis de la superabundancia petrolera y su precio
"barato", que vuelve a promover en The Washington Post
(31/7/05): "No es el fin de la era del petróleo", que
parece más bien un artefacto desinformativo.
Existe
una coincidencia poco original de los economistas neoliberales
globalistas, entre los cuales la estirpe mexicana ha sido la más
grotesca, y cuya cabeza más visible es Yergin, director de la
Asociación de Investigación de Energía de Cambridge (CERA, por sus
siglas en inglés), vinculada a las trasnacionales petroleras
anglosajonas. Yergin cesó de ser analista para convertirse en el
prominente propagandista de las trasnacionales petroleras
anglosajonas. Basado en la "ley de largos tiempos líderes"
(abastecimiento de "reservas probadas de petróleo" por 30 años)
y en un controvertido "análisis campo por campo"
(desmontado por el banquero texano de inversiones energéticas Matthew
Simmons, en su entrevista a Foreign Policy de septiembre pasado),
Yergin asevera que en los próximos cinco años, gracias a los
prodigiosos avances tecnológicos "se acumulará un
abastecimiento de petróleo sin precedente"–un incremento de 20
por ciento:16 millones de barriles diarios– en países que no son
miembros de la OPEP (Canadá, Kazajstán, Azerbaiyán, Brasil, Angola
y Rusia) y en el seno de la OPEP (Arabia Saudita, Nigeria, Argelia y
Libia). Llama la atención que desprecie las reservas de México,
Venezuela, Irán e Indonesia (al menos que intuya sus respectivas
balcanizaciones), pero lo peor es que confunde todo y coloca en el
mismo saco al petróleo y al gas, no diferencia las variedades de petróleo
(ligero, pesado y bituminoso) ni sus localizaciones (en la superficie
o en las profundidades oceánicas), que inciden en los costos
extractivos y ubican el precio a un mínimo basal de oferta, sin
considerar siquiera cualquier tipo de contingencia que abulte las
cotizaciones, para acabar por extraviarse en la muy sui generis
clasificación de las "reservas" con el fin de llevar agua a
su molino numérico. Yergin se encuentra totalmente desambientado, por
no decir desbrujulado, por los vigentes entornos geopolítico, geoeconómico
y geofinanciero, no se diga por las guerras que libra EEUU en Eurasia,
que han hecho del petróleo un producto de primer orden geoestratégico.
El
economista canadiense Marshall Auerback ("Petróleo: geólogos
vs. economistas"; Prudent Bear, 13/9/05) pone de relieve la
"reciente clasificación para propósitos financieros, impuesta
por la reguladora bursátil de EEUU" (SEC, por sus siglas en inglés),
entre reservas probadas en producción (estimación de producción
futura en los pozos en funcionamiento) y reservas probadas
subdesarrolladas (lo que puede ser producido al infiltrar los
yacimientos aún no perforados). Un petróleo que no pudo ser
clasificado como "probado" a 22 dólares el barril puede ser
reclasificado como tal en un entorno de 60 dólares. Auerback asienta
que esta alquimia taxonómica "no cambia la cantidad agregada de
crudo en el suelo, lo que sugiere que las reservas son más bien una
función del precio y no de la oferta", pero no cita que la
definición de "reservas" no es la misma a los dos lados del
Atlántico entre el duopolio bursátil que controla las cotizaciones.
Así, la petrolera británica BP puede abultar o disminuir a
conveniencia sus "reservas" dependiendo de la concreción de
sus contratos en la bolsa neoyorquina (el NYMEX) o en la bolsa
londinense (IPE).
Después
de colocar en la picota la formulación de Daniel Yergin y su grupo
CERA sobre la abundancia planetaria de petróleo, Marshall Auerback se
coloca del lado de los geólogos, quienes adoptaron la tesis del
"pico del petróleo" e ilustra en forma persuasiva que
"existe una dinámica más compleja que las meras preocupaciones
sobre oferta y demanda de los economistas". El "reporte de
las reservas fuera de EEUU se ha politizado" y cita el caso de
Venezuela, que "duplicó sus reservas con la inclusión de
amplias cantidades de 'petróleo pesado'". A un economista de la
talla de Marshall Auerback no se le podía escapar el abordaje
imperativo de la geopolítica que afecta el precio del petróleo, por
lo que formula una pregunta mordaz: "si la oferta futura de petróleo
fuera tan abundante, ¿cómo se puede explicar la creciente politización
del petróleo y el uso recurrente de la fuerza militar para controlar
su abastecimiento?". A su juicio, "EEUU y China han
sentenciado que el petróleo es una materia prima estratégica (...)
Si el crudo continúa su alza inexorable (...), un precio mayor
seguramente tendrá algún impacto en la ecuación de la oferta y la
demanda".
Alguien
se va a equivocar entre los economistas de corte neoliberal,
encabezados por Yergin, y los geólogos, quienes pregonan la tesis del
"pico del petróleo", lo cual orientará el precio del
barril hacia el abismo o las cumbres.
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