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Economía mundial: Tendencias y tensiones
(*)
Por Eduardo Lucita (**)
Enviado por Cuadernos del Sur, 19/10/05
El atentado a las Torres Gemelas en septiembre del 2001
puede considerarse un punto de inflexión tanto en la política como
en la economía mundial, que acentúa tendencias anteriores pero que
incorpora nuevos elementos. El redespliegue militarista y la
recuperación de la economía norteamericana están en el centro de
este proceso.
Desde inicios del 2003, luego de la puesta en marcha de
la maquinaria bélica, se verifica una retomada del ciclo alcista de
la economía, particularmente de la estadounidense, hegemónica a
nivel mundial y con una incidencia sobre el conjunto que es más que
proporcional a su peso
específico.
Desde entonces el gasto militar y la reducción de las
tasas de interés en los EEUU. han operado como mecanismos anticíclicos,
en tanto que la política ofertista se ha visto reimpulsada por la
reducción de impuestos a las grandes empresas
y a los sectores de altos ingresos.
El resultado más general ha sido una exacerbación del
consumo doméstico -ahora focalizado en la llamada "burbuja"
inmobiliaria- el crecimiento extraordinario de los déficits comercial
y financiero y un fuerte endeudamiento externo.
Uno de los debates centrales que hoy cruzan las
preocupaciones de los economistas es si esta fase alcista del ciclo
culminará en lo que llaman un "aterrizaje suave" -esto es
si se podrán administrar las tensiones que genera la depreciación
sostenida del dólar, evitando o atenuando las consecuencias de una
recesión-, o bien si el "aterrizaje duro" es inevitable, el
dólar sufriría entonces una fuerte devaluación que abriría las
puertas a una recesión generalizada que se propagará al conjunto de
la economía mundial.
Sin embargo no pareciera que los debates en curso puedan
remitir solo a esta cuestión, por decisiva que la misma fuere. La
emergencia de China y los países del sudeste asiático
como un nuevo polo en la economía mundial así como el papel
que están jugando en la administración de las crisis cíclicas del
sistema no pueden soslayarse.
Este bloque regional, cuyas economías avanzan en su
integración, tiende a equiparar al bloque de la Unión Europea y
amenazan con disputarle en las próximas décadas la hegemonía económica
a los EEUU.
Por debajo de estas tendencias subyace otra cuestión: un
profundo proceso de confrontación no antagónica, pero si
contradictoria que tiene
como objetivo el reordenamiento del mundo. Lo que está en discusión
es la forma futura de gestión para el planeta, entre un capitalismo
unipolar centrado en los EEUU. y otro multipolar administrado por las
Naciones Unidas.
Los mecanismos de acumulación por "desposesión",
propios de la etapa de la acumulación originaria se expandieron en
los últimos 25 años amparados en la hegemonía financiera.
Desplazamientos de poblaciones y apropiación de tierras; depredación
de las riquezas naturales; expropiación de saberes seculares de los
pueblos originarios; mercantilización de servicios esenciales... América
latina ha sido de las regiones del mundo -no la única- que más han
sufrido estas políticas
globales.
La deuda pública de los países de la periferia resultó
un mecanismo expoliador que no solo transfirió enormes masas de
recursos a los países centrales sino que condicionó y condiciona aún
cualquier política alternativa.
La voracidad
de este saqueo ha provocado fuertes resistencias que se expresan en la
diversidad que contiene el movimiento alter-globalización que hoy
recorre el mundo. Cobran así significado los movimientos campesinos,
indigenistas, ecologistas, y de la sociedad civil en general, en
defensa de la soberanía alimentaria; de la biodiversidad y el
equilibrio ecológico; de recursos estratégicos para la vida y el
desarrollo como los hidrocarburos y el agua; contra la privatización
de los servicios, de las pensiones públicas y de la cultura; contra
el libre comercio y la libertad en el movimiento de capitales.
El empantanamiento en las guerras de Irak y en Afganistán;
los fracasos de la OMC; el errático rumbo del ALCA; los alzamientos
en diversos países de América latina; los obstáculos y resistencias
que comienzan a insinuarse en Europa, particularmente en Francia,
incluso las discrepancias por la declaración final entre EEUU y los
gobiernos de los países que participarán en la IV Cumbre de las Américas
en pocos días más en Argentina, son todos indicadores de que las
armas del neoliberalismo ya no tienen el filo cortante de otros
momentos.
Así la deriva de la actual coyuntura económica mundial
es tan compleja como contradictoria y preocupante.
En lo que sigue trataré de exponer sintéticamente lo
que entiendo son las principales tendencias y tensiones que se
verifican en la economía mundial, particularmente aquellas que pueden
impactar de una u otra manera, según su desenlace, en la economía de
América latina, que ha visto profundizar su crisis particularmente en
la última década.
Algunos rasgos de la economía mundial
Considero que estamos atravesando tanto a nivel mundial
como local -claro que con
distintas intensidades- el agotamiento de la fase neoliberal del
capital, aún cuando algunos países de peso, como Brasil e India por
ejemplo, ingresen con retraso en las reformas regresivas que este
impulsa. Agotamiento que no es por su fracaso sino por su éxito.
Exito porque ha logrado imponer la mayoría de los objetivos económicos
-que no los políticos- que se propuso. Agotamiento en el sentido que
ya ha perdido vitalidad, -esa fuerza arrolladora que mostró a partir
de la mitad de los años '70, particularmente en lo '90 en nuestra
región- para continuar con las transformaciones regresivas. Claro está
que sus efectos serán duraderos.
Este proceso se inicia en los comienzos de los años '70,
con el agotamiento de la onda larga iniciada en la segunda posguerra
-ya a fines de la década de los '60 la tasa media de ganancia de los
capitalistas a escala mundial daba muestras de un serio
debilitamiento- seguida por la crisis del petróleo que dio origen a
la masa de petrodólares. Una plétora de capital financiero que no
encontraba oportunidades de inversión productiva acordes con la
rentabilidad que necesitaban.
Haciendo lo que algunos autores llamaron entonces
"uso de la crisis" el capital inicia una fuerte ofensiva
sobre el trabajo. Ofensiva generalizada y sostenida. Sostenida porque
se desarrolla sin solución de continuidad desde mediados de los '70
hasta nuestros días y generalizada porque se ha desplegado sobre el
conjunto de las conquistas obreras que los trabajadores y las clases
subalternas habían levantado, generación tras generación, como
barreras contra la voracidad del capital.
La continuidad de esta ofensiva desembocó en un lento y
extendido proceso de reestructuración capitalista, un reordenamiento
de sus espacios industriales, de sus procesos productivos y de
servicios, donde las nuevas tecnologías han jugado un papel
determinante. Esto fue acompañado por cambios en el rol del Estado,
el pasaje de lo que conocíamos como el "Estado Nacional de
Bienestar" a lo que ahora se le llama "Estado Nacional de
Competencia". Dicho en pocas palabras, significa: desregulación,
libertad de mercados, apertura de la economía y libre circulación de
mercancías y capitales.
El resultado general de estos cambios ha sido el
establecimiento en términos duraderos de relaciones de fuerzas
favorables al capital en detrimento de los trabajadores y las clases
subalternas; fuerte desvalorización de la fuerza de trabajo y también
fuertes incrementos de la productividad.
Esto derivó en una recomposición de la tasa media de
ganancia de los capitalistas. Ya hacia fines de los años '80 los teóricos
de la "Escuela Francesa de la Regulación" señalaban que la
tasa de ganancia en los países centrales daba signos de recomposición,
lo que el capital no encontraba, por falta de la necesaria demanda
solvente, era la forma de realizarla. Hoy la demanda se ha recompuesto
en gran parte -la recuperación de los mercados del llamado bloque
socialista y de la China son más que decisivos en esta recomposición-
y esto se traduce en fuertes incrementos de la masa global de
ganancias y, como es de suponer, en
incremento de la tasa de inversiones.
Todo este proceso de reestructuración a escala mundial
se dio bajo la hegemonía del capital financiero, y Argentina conoce
en detalle lo que significa cuando la acumulación se centra en la
valorización financiera: achicamiento del mercado interno,
descapitalización, desindustrialización, cierre de fuentes de
trabajo, desmejoramiento acelerado de la calidad de vida de los
sectores populares, incremento exponencial de las desigualdades.
Pero ahora acompañando el agotamiento de la fase
neoliberal el capital productivo ha comenzado a recuperar espacios
frente al financiero. Estos cambios son mucho más notables en los países
centrales que en los periféricos, pero también se comienzan a
percibir entre nosotros, y se ven nítidamente en los EE.UU. la mayor
economía del mundo. Algunos estudios muestran que en los '80 y parte
de los '90 la punción que el capital financiero hacía de las
ganancias de las empresas no financieras era del orden del 35%, en la
actualidad esta punción es del orden del 20%, pero en los momentos de
alza rápida del ciclo no alcanza a superar el 10%.
Un elemento claro de esta tendencia es la política de
tasas de interés de la Reserva Federal entre 2001 y 2004, que llevó
la tasa de federal funds al 1%, un nivel sin precedentes en las últimas
décadas en el contexto de una oferta monetaria muy laxa.
Esto me parece inportante de destacar porque en los períodos
de hegemonía del capital financiero la relación capital/trabajo
tiende a diluirse -obviamente no es que desapareciera, la persistencia
del capital por imponer a rajatabla la flexibilización de la fuerza
de trabajo lo pone en evidencia- y la atención se centra en la
disputa entre las distintas fracciones del capital.
En Argentina, por ejemplo, durante casi toda la década
de los '90 la mayoría de los economistas progresistas analizaban todo
en términos de las "cúpulas empresarias".
Por el contrario cuando el capital productivo recupera
protagonismo la relación capital/trabajo reaparece en el centro de la
escena. La ola de conflictos sindicales en Francia a partir del '95
con la gran huelga de los servicios públicos, especialmente los
ferroviarios, luego seguida en otros países de Europa y también en
los EEUU.; la aparición de fuertes expresiones sindicales en Sudáfrica
y en Corea del Sur; la emergencia de nuevas organizaciones sindicales
en Francia y en Italia -los sindicatos Sub y los Commitatto de Base-
la actual crisis y fractura en la ALF-CIO son algunos datos a retener.
En nuestro país acompañando el actual ciclo expansivo han
reaparecido las luchas de los trabajadores ocupados, nuevos dirigentes
sindicales de base e incluso intentos de reorganización por fuera de
las estructuras tradicionales.
Ahora los economistas del progresismo hablan mucho menos
de cúpulas empresarias y ponen el acento en la distribución del
ingreso o de la riqueza, los más audaces, lo que es una forma oculta
de hablar de la relación capital/trabajo, porque según la orientación
de esta distribución se afecta a uno u otro de los componentes de esa
relación.
No obstante no puede dejar de señalarse que en la economía
estadounidense la política de dinero blando estimuló
"burbujas" financieras; primero fue la del mercado de
acciones y, en la actualidad, en el inmobiliario.
Últimamente, periódicos especializados han remarcado
que el mayor gasto en el sector inmobiliario dinamizado por su
valorización explicaría un 60% del incremento de la demanda en los
Estados Unidos. Algunos economistas caracterizan esto como un ciclo
expansivo "tirado por las finanzas".
Sin embargo la "burbuja" inmobiliaria no puede
equipararse a la bursátil. Esta está sustentada en la especulación
lisa y llana, mientras que la inmobiliaria si bien tiene un componente
especulativo en el proceso alcista de los precios tiene una base de
actividad productiva. La construcción mueve un número más que
importante de industrias conexas, que significan procesos productivos
e inversión de capitales y creación de empleos.
Otra cuestión que me parece importante señalar es que
estas transformaciones mundiales han dado lugar -particularmente luego
de la implosión de la URSS y la caída del Muro de Berlín, que
dieron nuevo impulso a la ofensiva neoliberal- a una nueva matriz de
relaciones internacionales donde la interdependencia creciente entre
los países y la conformación de bloques económicos regionales -Unión
Europea, el NAFTA, el CAFTA, y
la ASEAN, MERCOSR, también los intentos del ALCA, son la base de esto
que conocemos como globalización, término que en realidad no hace más
que identificar otra fase del proceso histórico de mundialización
del capital, que como todo proceso de estas características no es
lineal ni automático sino que tiene avances y retrocesos.
La desintegración del modelo estalinista en Europa
Oriental y en la Unión Soviética puso fin a la llamada guerra fría,
o política de enfrentamiento entre bloques -el campo socialista y el
campo capitalista- que puso nuevamente a la luz que hay países
opresores y países oprimidos y que en cada uno de estos países hay
confrontación de clases, pero sobre todo hizo mas visible la dinámica
de las contradicciones y luchas intercapitalistas a escala mundial.
Si en los años '80 la supremacía de los EE.UU. era
cuestionada por el ascendente Japón y la Comunidad Europea,
encabezada por Alemania, hoy es incuestionable que la economía
norteamericana es hegemónica, a tal punto que actualmente el 60% de
la expansión de la economía mundial se explica por el crecimiento
económico de los EE.UU. Este dato es más notable aún si se tiene en
cuenta que aporta el 21% del PBI mundial (la UE. ampliada más o menos
el 24%; el Japón el 7%, y la China, la potencia emergente de esta época,
más del 12%).
Como puede verse la influencia de la economía
norteamericana sobre la mundial es más que proporcional a la
participación de su PBI. Su crecimiento está sustentado en el
consumo interno. Los EE.UU. viven por sobre sus posibilidades,
consumen más de lo que producen, y esa brecha la cubren con importación
de productos. Esta es la razón del actual gigantesco déficit
comercial que es del orden del 5.5% de su PBI. Su balanza comercial es
deficitaria con todas las regiones del mundo menos con latinoamérica
donde es superavitaria.
Se puede entender así el énfasis en el ALCA, la zona de
libre comercio desde Alaska hasta Tierra del Fuego, propuesta en los
inicios de los '90 por el primer presidente Bush, continuada por la
administración Clinton y que debiera concluir bajo el mandato del
segundo presidente Bush (hijo). Esto es, el ALCA tiene el visto bueno
de demócratas y republicanos y es una política de Estado para los
EE.UU.
Pero a la
par de este déficit coexiste otro, el fiscal que ya supera el 4.5%,
(téngase en cuenta que en el 2000 el presupuesto americano era
superavitario!) y es producto de las partidas adicionales para
financiar la guerra en Irak y en Afghanistán (se prevee que en el
2006 llegarán a 361.000 millones de dólares) y la política de
reducción de impuestos a las empresas y a las clases altas, como
forma de impulsar el consumo interno. Además el fuerte envión de
estos años a las inversiones internas esta solventado en gran parte
por fondos provenientes de otros países. Los EEUU. son hoy el
principal país deudor del mundo.
Pero el actual crecimiento de la economía norteamericana
no es solo una cuestión de excedentes financieros, está también
fuertemente impulsada por el complejo militar industrial. El gasto
militar tiene un fuerte poder multiplicador, se estima que por cada dólar
entregado al Pentágono el PBI crece 3.5 dólares al cabo de cuatro
trimestres. Así la multiplicación de los conflictos bélicos puede
verse no solo como instrumento geopolítico, de favorecimiento de la
apropiación de recursos naturales, sino también como forma de
activar el mecanismo de la acumulación.
En busca de convalidar este estado de violencia los EEUU.
tratan de imponer una nueva noción de soberanía que legitime la
violencia estatal. Así en el Kosovo la agresión militar se disfrazó
de "guerra humanitaria"; en Afganistán fue "guerra
antiterrorista"; en Irak se trató de "guerra
preventiva". Esta lógica perversa desemboca en un estado de
guerra permanente y esto lleva a redefinir el enemigo en forma
continua, a invertalo, a elegirlo en cada caso.
Hoy se hace mucho más evidente que la actual política
de guerra permanente y la militarización imperialista son el
resultado directo de un sistema de acumulación del capital sostenido
en la mundialización mercantil.
Nunca antes los EEUU. tuvieron un déficit comercial tan
grande y ningún país antes representó en términos relativos tanto
en relación a la economía mundial. Esto es lo que lleva a muchos
investigadores y analistas a calificar a la situación internacional
como la "Economía mundial como un solo motor" y a
preguntarse ¿hasta cuando el mundo puede seguir contando con el
consumo de los EEUU.?
Hay quienes auguran que esta situación no es
sustentable, que más allá de los movimientos del ciclo corto se
continúa en la onda larga de baja inaugurada a fines de los '60, que
se avecina una nueva crisis financiera, y que para equilibrar su
comercio exterior los EEUU. deberán devaluar su moneda en el orden
del 40%.
Es claro que si esto se produce -el temido
"aterrizaje duro"- llevaría a una fuerte perdida a los
tenedores de bonos de los EEUU, que verían desplomarse su cotización
-estos bonos están mayoritariamente en poder de la China y los países
del sudeste asiático- lo que llevaría a una guerra comercial de
proporciones, que bien podría desembocar en una crisis mundial, que
algunos presumen de la envergadura de la de los años '30.
Sin embargo es necesario tener en cuenta al repasar las
últimas crisis cíclicas que si bien la frecuencia entre una y otra
es cada vez menor, las mismas ya no se originan tanto en los países
centrales sino en la periferia, por lo tanto con un impacto menor
sobre la economía mundial. Tal vez este mecanismo de incrementar la
frecuencia pero descentralizarse pueda estar operando como válvula de
escape que posterga una gran crisis.
Pero paralelamente hay quienes plantean que la economía
mundial ya no marcha con un solo motor, que hay un segundo motor que
no es otro que la China, que luego de 26 años de reformas
capitalistas sostenidas, crece a tasas muy altas desde hace más de
una década larga.
Es la primer fuente mundial de acumulación de capitales
productivos, que combina una activa política exportadora con el
desarrollo del mercado interno y grandes obras de infraestructura.
China es hoy el principal importador mundial de acero, cobre, cemento
y granos. Tiene una interdependencia creciente con la economía
mundial, y a su vez esta también depende mucho del desarrollo de
China.
Basados en esta situación objetiva es que otros
analistas sostienen que los déficits gemelos de los EEUU. no
constituyen un problema insalvable -aunque obviamente son un serio
problema a tal punto que el FMI ha alertado sobre estos riesgos - que
no concluirán en una abrupta caída del dólar y en la recesión
generalizada. Sostienen que China, y los países asiáticos, también
Rusia, continuarán comprando deuda de los EEUU. para sostener el dólar
y mantener la competitividad de sus economías.
El caso chino es paradigmático: necesita desarrollar
fuertemente su sector industrial pues tiene que absorber una población
rural excedente de 200 millones de personas, y necesita no menos de 10
años para ello.
Se habla entonces de un nuevo Bretton Woods, o del
"Bretton Woods resucitado". En este nuevo
"acuerdo" no explicitado los EEUU. llevan una política
controlada de debilitamiento del dólar; los países de la zona euro
una política de tipo de cambios flexibles y metas de inflación
controladas por los bancos centrales; y los países asiáticos
resisten la revaluación de sus monedas para sostener sus altas tasas
de crecimiento. Esta ecuación del sistema monetario permitiría
mantener la balanza de poder y el equilibrio, obviamente inestable, de
las finanzas mundiales -el más que benigno "aterrizaje
suave"-.
Claro que en el Bretton Woods original, la periferia del
sistema, que actuaba contrablanceando las tendencias del centro, hoy
como ayer los EEUU, eran la Comunidad Europea y el Japón, un grupo de
países mucho más compactos e identificados con una política mas
general que por otra parte salían de la guerra. En tanto que hoy la
periferia identificada con los países del Asia es mucho más numerosa
y heterogénea, y además la UE sigue allí terciando con sus propias
políticas.
Por otra
parte la reedición de un orden monetario mundial keynesiano encuentra
importantes límites. Por un lado, el capital financiero -que ha
resignado espacios pero sigue pesando- se vería seriamente afectado.
Por el otro, el capital industrial continúa resistiendo las
regulaciones a la libre movilidad de los capitales porque el marco
actual les permite volcar sus sobrantes a los mercados monetarios para
obtener ganancias, sobre todo en momentos de menor nivel de actividad
y, además, porque su expansión depende en esta etapa de que no
existan trabas a las inversiones entre naciones.
Sin embargo para otros estudiosos y analistas sería la
primera vez desde la época de la Revolución Industrial que crece al
mismo tiempo la demanda de todos los "commodities": granos,
minerales, energéticos y acero. Hasta no hace mucho cuando crecía la
demanda de unos bajaba la de los otros y así de corrido. Basado en
este carácter único de la demanda, en los fuertes incrementos de la
productividad en EE.UU y de la inversión en China, es que auguran una
nueva onda larga de crecimiento capitalista.
No debe dejar de computarse que la India está creciendo
a tasas del orden del 6 al 8% anual y que, sin llegar a los
extraordinarios niveles chinos, es un fuerte demandante de inversiones
y de productos para la industria.
Claro está que debiéramos incorporar al análisis el
precio del petróleo que, acicateado por una demanda creciente, está
ya por sobre los 60 dólares el barril, y hay quienes auguran que
pasará los 100 en breve plazo y que si este valor se mantiene mucho
tiempo una recesión generalizada sería inevitable.
Las proyecciones del crecimiento de China y los países
del sudeste asiático permiten suponer que en las próximas décadas
constituirán un polo económico capaz de disputarle la hegemonía a
los EE.UU. Cabe interrogarse aquí sobre cual será la respuesta en el
plano militar donde la hegemonía norteamericana no parece correr ningún
peligro.
En otras palabras ¿como se resolverá en el tiempo la
asimetría cada vez más pronunciada entre la tendencia declinante del
dólar como moneda de cambio y atesoramiento de valor y su cada vez
mayor poderío militar?
Es en el marco de las tensiones actuales y por venir en
la economía mundial, que se inscribe la coyuntura de América latina
y la Argentina en particular, cuyas economías son mucho más abiertas
que en el pasado y por lo tanto más sometidas a los movimientos
internacionales.
Buenos Aires, Octubre de 2005.
(*) Este artículo es producto de mi intervención en el
Seminario "América latina: una nueva fase política",
organizado por iniciativa de los trabajadores del Hotel
BAUEN-recuperado, con la colaboración de las Revistas Cuadernos del
Sur y Realidad Económica y el colectivo EDI-Economistas de Izquierda.
Agradezco los comentarios que sobre la versión original me hiciera el
colega Guillermo Gigliani.
(*)* Integrante del Comité Editorial de la Revista
Cuadernos del Sur y miembro del colectivo EDI-Economistas de
Izquierda.
Textos consultados:
Caputo Leiva, Orlando: Estados Unidos y China: ¿locomotoras
en la recuperación y en las crisis cíclicas de la economía mundial?
Dos Santos Theotonio: Hipótesis sobre a cojuntura
mundial depois do 11 setembro.
Hernandez Pedraza, Gladis C.: Evolución actual y
perspectivas de las relaciones China-ASEAN.
Incluídos en Estay Reino, Jaime(compilador) La economía
mundial y América Latina, Edic. CLACSO-Libros, Buenos Aires enero
2005.
Duménil Gérard y Lévy, Dominique: Crisis y salida de
la crisis -Orden y desorden neoliberales. Press Universitaire du
France, París, noviembre 2000. Traducción al castellano de Guillermo
Almeyra Casares, aún sin editar.
Duménil, G. y Levy, D.: El imperialismo en la era
neoliberal
M. Wood, Ellen: El imperio capitalista y el Estado-nación:
¿Un nuevo imperialismo norteamericano?
Husson, Michel: Europa-EEUU: Un desequilibrio inestable
En el "dossier" Imperialismo y Estado en el
neoliberalismo publicado en Cuadernos del Sur nº 37, Buenos Aires,
mayo 2004.
Finkman, Javier: La resurrección de Bretton Woods.
Introducción al debate
Dooley, Michael P./ Folkerts-Landau y Garber, Meter: El
sistema de Bretton Woods resucitado
Eichengreen, Barry: Desequilibrios globales y las
lecciones de Bretton Woods
En el "dossier"
¿Acaso el dólar está muriendo? Una discusión acerca del
nuevo Bretton Woods, publicado en
Desarrollo Económico nº 176, Buenos aires, enero-marzo 2005.
Harvey, David: El "nuevo imperialismo: acumulación
por desposesión, en El nuevo desafío imperial, CLACSO-Libros, Buenos
Aires, enero 2005 y en Rev. Herramienta nº 29, Bs.As. junio 2005.
Lucita, Eduardo: Libre comercio, cambios en el Estado y
nueva soberanía, en Cuadernos del Sur nº 36, Buenos
Aires, noviembre 2003.
Husson, Michel: ¿Adónde va la crisis?, en Cuadernos del
Sur nº 14, Buenos Aires octubre 1992.
Mandel, Ernest: Las
ondas largas del desarrollo capitalista. La interpretación marxista,
Siglo XXI de España Edit., Madrid 1986.
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