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¿Se
nos ha acabado el tiempo?
La
pandemia de la gripe aviar asiática llama a la puerta
Por
Mike Davis
corriente[a]lterna, 15/10/05
La mortal gripe asiática ya está volando.
La primera bandada de gansos ya ha llegado a su destino invernal cerca del
río Cauvery, en el Estado indio meridional de Karnataka. Durante las próximas
diez semanas, otros 10.000 gansos, gaviotas y cormoranes abandonarán sus
nidos en el lago Qinghai, en el poniente de China, donde han pasado el
verano, para dirigirse a India, Bangladesh, Myanmar y, posiblemente,
Australia.
Un
número indeterminado de estos hermosos pájaros migratorios será
portador del H5N1, el subtipo de gripe aviar que ya ha matado a 61
personas en el Sureste asiático, y que la Organización Mundial de la
Salud teme que pueda estar a punto de convertirse en una pandemia parecida
a la que en otoño del año 1918 acabó con la vida de entre 50 y 100
millones de personas. Cuando los pájaros lleguen a los humedales del Sur
asiático excretarán el virus en el agua, con el riesgo que eso supondrá
para la difusión de la enfermedad entre las aves acuáticas procedentes
de Europa, así como para las aves domésticas. En el peor escenario, esto
llevará la gripe aviar hasta las mismísimas puertas de los densos
suburbios pobres de Dhaka, Kolkata, Karachi y Mumbai.
El
brote de gripe aviar fue identificado por funcionarios de medio ambiente
chinos a finales del mes de Abril. Inicialmente, el brote estuvo confinado
en una pequeña isla dentro del gran lago de sal, hasta que los gansos
empezaron a moverse espasmódicamente para luego caer y morir. A mediados
de Mayo ya se había extendido por todo el lago, matando a miles de aves.
Un ornitólogo lo describió como "el caso de gripe aviar que ha
afectado a más ejemplares y que ha mostrado una capacidad nunca vista de
propagarse letalmente entre los pájaros".
Mientras
tanto, los científicos chinos se mostraban horrorizados ante la
virulencia que exhibía está nueva variedad de virus: cuando se inoculó
a ratones de laboratorio, éstos murieron más rápidamente que cuando se
les inyectó el "genotipo Z", la temible variante del H5N1 que
sigue matando a agricultores y a sus hijos en Vietnam.
Yi
Guan, líder de un famoso equipo de investigadores de la gripe aviar que
desde el año1997 ha estado luchando contra la amenaza de pandemia, el
pasado mes de Julio se quejaba en el periódico británico The Guardian de
la respuesta indolente de las autoridades chinas ante el terremoto biológico
sin precedentes acaecido en el lago Qinghai.
"No
han emprendido acción alguna para atajar este brote. Deberían haber
solicitado ayuda internacional. Esos pájaros irán a India y Bangladesh,
y allí se encontrarán con pájaros procedentes de Europa". Yi Guan
abogaba por la creación de un grupo operativo internacional que siguiera
los pasos de la pandemia de pájaros salvajes, y pedía que se relajaran
las restricciones para que los científicos extranjeros pudieran acceder
libremente a las zonas chinas donde se produjeran brotes.
En
un artículo publicado en la revista científica británica Nature, Yi
Guan y sus colegas revelaron que la variante del lago Qinshai estaba
relacionada con brotes recientes –oficialmente silenciados– de H5N1 en
pájaros en el Sur de China. Ésta no sería la primera vez que las
autoridades chinas habrían tratado de ocultar un brote. También
mintieron sobre la naturaleza y el grado de difusión de la epidemia de
SARS del año 2003, que se originó en Guangdong y se extendió como la pólvora
a otros 25 países. Como en el caso de los que denunciaron desde dentro la
existencia de SARS, ahora la burocracia china está tratando de amordazar
a los científicos de la gripe aviar, cerrando uno de los laboratorios de
Yi Guan en Shantou y dotando al conservador Ministerio de Agricultura de
nuevos poderes en el campo de la investigación.
Mientras
tanto, al tiempo que los preocupados científicos indios supervisan los
santuarios de pájaros a lo largo de todo el subcontinente, el H5N1 ha
llegado ya a los aledaños de Lhasa, capital de Tibet; a la zona
occidental de Mongolia; y, lo que es más preocupante si cabe, a las
gallinas domésticas y aves de caza próximas a la capital siberiana de
Novosibirsk.
A
pesar de los esfuerzos denonados para sacar de en medio las aves de
corral, el Ministerio de Salud ruso ha mostrado su pesimismo ante la
posibilidad de que el brote pueda ser frenado en el lado asiático de los
Urales. Las aves de caza siberianas migran cada otoño al Mar Negro y
Europa meridional; otra vía migratoria va de Siberia a Alaska y Canadá.
Anticipándose
a la nueva, y quizá inevitable, fase del viaje alrededor del mundo de la
gripe aviar, en Moscú han empezado a hacerse controles sobre los
movimientos de las aves de corral; al mismo tiempo, científicos de Alaska
estudian los pájaros que migran por el Estrecho de Bering, e incluso los
suizos están siguiendo de cerca los distintos tipos de patos que llegan
de Eurasia.
El
epicentro humano del H5N1 también se está ampliando: a mediados del mes
de Julio, las autoridades indonesias confirmaron que un padre y sus dos
hijas habían muerto de gripe aviar en un barrio acomodado de Yakarta. Lo
preocupante fue descubrir que no había constancia de que la familia
hubiera tenido contacto con aves de corral, y el pánico cundió entre la
vecindad cuando la prensa especuló sobre la posibilidad de una transmisión
entre humanos.
Mientras
tanto, se registraban cinco nuevos brotes en aves domésticas en
Tailandia, lo que significó un terrible varapalo para el país que había
hecho una campaña más intensa y de mayor alcance para erradicar la
enfermedad. Al mismo tiempo, y mientras los funcionarios vietnamitas volvían
a hacer peticiones de ayuda internacional, el H5N1 se cobraba más vidas
en el país que más preocupa a la OMS.
Lo
más seguro es que la gripe aviar sea endémica, y probablemente
inerradicable, entre las aves domésticas del Sureste asiático, y parece
que hoy se está extendiendo con la velocidad de una pandemia entre las
aves migratorias, con capacidad para llegar a colonizar la mayor parte del
planeta en el próximo año.
Cada
nueva conquista del H5N1 –ya sea entre los patos en Siberia, los cerdos
en Indonesia o los humanos en Vietnam– supone para este virus de rápida
evolución una nueva oportunidad de adquirir la mutación genética, o
simplemente proteínica, que necesita para convertirse en un asesino
masivo de seres humanos.
Es
por esta multiplicación exponencial de situaciones de riesgo y de
portadores silenciosos (como ocurre con los patos infectados asintomáticos)
que en los últimos meses ha ido creciendo el clamor de las advertencias
de los científicos, profesionales de la salud y, al final, también de
gobiernos.
El
nuevo Secretario de Salud y Servicios Personales de Estados Unidos, Mike
Leavitt, declaró a Associated Press a principios del mes de Agosto que la
posibilidad de una pandemia de gripe era hoy una "realidad
incuestionable", repitiendo la idea de la Organización Mundia de la
Salud que había advertido que era "inevitable". Del mismo modo,
la revista Science contó que las probabilidades que los científicos
otorgan a que haya un brote global son del "100%".
Siguiendo
con este espíritu fatalista, la prensa británica reveló que
funcionarios del Gobierno estaban rastreando todo el país con el fin de
hallar lugares donde pudieran emplazarse grandes depósitos de cadáveres,
puesto que los datos oficiales hablan de que la gripe aviar podría llegar
a matar a 700.000 británicos. El gobierno de Blair ya está realizando
simulaciones de situaciones de emergencia ante un brote de la pandemia
("Operación Océano Ártico") y se ha informado de que se ha
constituido el "Cobra" –un grupo de trabajo interministerial
que, desde una estancia secreta en Whitehall, coordinaría la respuesta
del Gobierno a emergencias nacionales como las recientes bombas de
Londres– para poder actuar ante una crisis de gripe aviar.
En
Washington no parece haber nada parecido a esta actitud churchilliana.
Mientras en los Institutos Nacionales de Salud hay conciencia de la
situación de extrema gravedad y el zar de la planificación sobre
pandemias, Dr. Anthony Fauci, advierte de que estamos ante "la madre
de todas las emergencias infecciosas", en la Casa Blanca parecen
menos preocupados por las plagas migratorias que por la insensible
carnicería de Iraq.
Cuando
el Presidente estaba haciendo las maletas para pasar unas largas
vacaciones en Texas, el Trust para la Salud de América advertía
seriamente de que los preparativos internos para hacer frente a una
pandemia iban con mucho retraso respecto a las medidas emprendidas en Gran
Bretaña y Canadá, y señalaba también que el Gobierno no había logrado
"elaborar una estrategia contra la pandemia integrada, rápida y
transparente".
El
líder de la mayoría Republicana del Senado, Bill Frist, de Tennessee,
tomando la iniciativa de un modo más personal, ya criticó al Gobierno en
un discurso extraordinario (y poco difundido) pronunciado en Harvard a
principios de Junio. Refiriéndose a la incapacidad de haber conseguido
reunir unas reservas adecuadas del imprescindible antiviral oseltamivir (o
Tamiflu), Frist dijo sarcásticamente que "para adquirir más
cantidad del agente antiviral tendremos que ponernos en la cola detrás de
Gran Bretaña, Francia, Canadá y otros que ya han encargado cientos de
miles de dosis".
El
New York Times, en su página editorial del 17 de Julio, el número
especial de Nature del 26 de Mayo y el número de Julio/Agosto de Foreign
Affaire también han dedicado comentarios de seria condena a la
incapacidad de Washington para hacer acopio de antivirales escasos –las
cantidades actualmente almacenadas no llegarían al 1% de la población de
Estados Unidos– y de modernizar la producción de vacunas. Hay que decir
que unos pocos senadores Demócratas también han pasado a la acción,
pero ninguno de una forma tan valiente como Frist en Harvard.
Como
respuesta, el Departamento de Salud y Servicios Personales ha tratado de
acallar las críticas mediante incrementos recientes del gasto en
investigación sobre vacunas y en almacenamiento de antivirales. También
ha habido mucho ruido gubernamental y mediático en torno al anuncio de
una serie de pruebas exitosas de una vacuna contra la gripe aviar
realizadas a principios del mes de Agosto.
Pero
no hay ninguna garantía de que el prototipo vaccíneo, logrado mediante
"ingeniería genética reversa" de una variante del H5N1, llegue
a ser efectivo contra una variante pandémica constituida por genes y
proteínas distintos. Además, el éxito de la prueba se basó en la
administración de dos dosis y una revacunación. Puesto que el Gobierno sólo
ha encargado dos millones de dosis de la vacuna al gigante farmacéutico
Sanofi Pasteur, éstas sólo darían protección a unas 450.000 personas.
Como un investigador declaró a la revista Science, "es una vacuna
para unos pocos privilegiados".
En
el mejor de los casos, la puesta en marcha de todo el engranaje para la
producción a gran escala requerirá muchos meses, y la cantidad a
producir está limitada por la anticuada tecnología de producción vaccínea
que depende de la provisión frágil y escasa de huevos de gallina fértiles.
Además, esto podría suponer un importante recorte en la producción de
la vacuna anual de la gripe de invierno que para muchas personas mayores
es un auténtico salvavidas.
Asimismo,
como predijo el senador Frist, los encargos que Washington quiera hacer de
nuevas partidas de antivirales tendrán que ponerse en la cola, detrás de
otros clientes del Tamiflu que Roche fabrica en una única planta en
Suiza.
En
suma, es una buena noticia que las pruebas de la vacuna fueran un éxito,
pero esto no ha sido suficiente para cambiar el juicio del New York Times
de que "sólo hay una cantidad de vacuna o de antivirales para
proteger a un puñado de gente, y no hay capacidad industrial para
producir rápidamente grandes cantidades de estas medicinas".
Además,
la mayor parte del mundo, incluidos todos los países pobres del Sur de
Asia y de África –donde es conocida la virulencia con la que históricamente
irrumpen las pandemias–, no tendrá acceso a los antivirales caros ni a
las vacunas escasas. E incluso es dudoso que la OMS disponga de los mínimos
fármacos necesarios para hacer frente a la primera fase de un brote.
Estudios
teóricos recientes realizados por epidemiólogos matemáticos de Atlanta
y Londres han calculado que una pandemia podría atajarse en sus inicios
si se dispusiera de una cantidad de entre uno y tres millones de dosis de
oseltamivir (Tamiflu), las necesarias para sofocar un brote en un radio de
seguridad alrededor de los primeros casos detectados.
Después
de muchos años de esfuerzos, sin embargo, la OMS sólo ha podido
almacenar cerca de 123.000 ciclos de tratamiento con Tamiflu. Aunque Roche
ha prometido donar más, los intentos desesperados de los países ricos
por acumular Tamiflu amenazan seriamente con socavar las reservas de la
Organización Mundial de la Salud.
Llegar
a disponer de una "vacuna mundial" de acceso universal seguirá
siendo un sueño irrealizable mientras los países ricos, con Estados
Unidos a la cabeza, no comprometan nuevas inversiones de cientos de miles
de dólares. Y, aun en el caso de que éstas se produjeran, es probable
que ya sea demasiado tarde.
"La
gente no lo entiende", se quejaba recientemente con toda franqueza el
Dr. Michael Osterholm, director del Centro de Investigación y Políticas
sobre Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnessota. "Aun
en el caso de que esta misma noche empezáramos a planificar una respuesta
mediante algo de un alcance parecido al Proyecto Manhatan para conseguir
aumentar la producción de la vacuna y otras sustancias, hay que pensar
que deberían transcurrir varios años hasta poder disponer de información
valiosa sobre la disponibilidad efectiva de estos productos básicos para
hacer frente con garantías a una pandemia universal".
"Varios
años" es un capital que Washington ya ha dilapidado. La hipótesis más
razonable, cuando los gansos ya han enfilado los cielos hacia el Oeste y
el Sur, es que ya casi no nos queda tiempo. Como dijo Shigero Omi, el
director de la OMS para el Pacífico Oeste, en un encuentro de la ONU a
principios del pasado mes de Julio en Kuala Lumpur: "Nos encontramos
en el punto en el que está próximo a producirse un cambio de
escala".
Traducción
para www.sinpermiso.info : Jordi Mundó
(*) Mike Davis es autor del libro de reciente aparición The Monster at
Our Door (The New Press, 2005) y del volumen en prensa Planet of Slums
(Verso). Mike Davis es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.
Gripe
aviar: ¿dónde está la Unión Europea?
Por
Mike Davis
sinpermiso.info, 16/10/05
Traducción de Amaranta Süss
"La
Unión Europea todavía no se ha enfrentado al hecho de que en su
territorio alberga toda la producción de Tamiflu, así como el grueso de
la capacidad mundial de producción de vacunas contra la gripe"
La
gripe aviar está pidiendo entrada en Europa, y tiene el paso franco. A
pesar de las bravas promesas por parte de los veterinarios y los
funcionarios de sanidad de que sellarían las fronteras y sofocarían
nuevos brotes, el H5N1 es una fuerza casi irresistible.
Resultó
desconcertante que el pasado año hubiera tan poca unidad europea o
planificación regional seria sobre cómo enfrentarse al espectro de una
pandemia de gripe; ahora que el monstruo está literalmente en puertas,
Europa puede tener que hacer frente a pruebas sin precedentes de
solidaridad interna e internacional.
Ya
el año pasado, investigadores con gran experiencia habían avisado de que
la gripe aviar se había vuelto inerradicable en los pájaros salvajes y
en las aves domésticas. Las esperanzas, anteriormente alimentadas, de que
no fuera transmisible por los pájaros salvajes se desvanecieron esta
primavera cuando investigadores chinos descubrieron una enorme epidemia en
el lago Qinhai, en la China occidental.
Al
comienzo, el brote estaba confinado en un pequeño islote del gran lago
salado, en donde, de repente, los gansos comenzaron a comportarse espasmódicamente,
para luego desvanecerse y morir. A mediados de mayo, sin embargo, toda la
población aviar del lago estaba infectada, y miles de pájaros morían.
Un ornitólogo dijo que se trataba de "la mayor y más mortífera
gripe aviar jamás vista en pájaros salvajes".
Los
virólogos chinos, entretanto, quedaron impresionados por la virulencia de
la nueva cepa: cuando los ratones se infectaban con el virus de Qinghai,
morían incluso antes que cuando se les inyectaba el "genotipo
Z", la temible variante del N5N1 que está ahora mismo matando gente
en Vietnam y en Indonesia. (Ambas cepas, dicho sea de paso, son ciento por
ciento mortales para los ratones.)
Yi
Guan, director del mundialmente famoso equipo de investigadores de la
gripe aviar en Hong Kong que ha estado combatiendo la amenaza de pandemia
desde 1997, se quejó en el periódico londinense The Guardian el pasado
julio de la timorata respuesta de las autoridades chinas a la conflagración
biológica del lago Qinghai:
"Apenas
han tomado medidas para controlar este brote. Tendrían que haber pedido
ayuda internacional. Esos pájaros migrarán a la India y a Bangladesh, y
allí se encontrarán con pájaros que vienen de Europa."
En
un artículo publicado en Nature, Yi Guan y sus colaboradores revelaron
también que la cepa de Qinghai derivaba probablemente de recientes
incidencias de gripe aviar, oficialmente silenciadas, entre los pájaros
de la China meridional. Eso confirmaba las sospechas de que las
autoridades chinas continuaban ocultando los brotes de enfermedad al resto
del mundo. –En el pasado, llegaron incluso a mentir acerca de la
naturaleza y el alcance de la epidemia SARS del 2003.
Como
ya ocurrió anteriormente con quienes dieron la voz de alarma en el caso
SARS, la burocracia tomó represalias de inmediato contra Yi Guan por su
honradez científica: desmanteló uno de los laboratorios en la
Universidad de Shantou, y dotó al conservador Ministerio de Agricultura
de nuevos poderes de veto sobre la investigación básica.
Mientras
Beijing aplicaba la censura a la investigación, el epicentro humano de la
gripe aviar se expandía: a mediados de Julio, funcionarios indonesios de
sanidad confirmaban que un padre y sus jóvenes hijas habían muerto de
gripe aviar en un barrio rico de Yakarta. Resultaba perturbador que la
familia no hubiera tenido contacto conocido alguno con aves de corral, y
casi estalla el pánico en el vecindario cuando la prensa especuló con
una posible transmisión de humano a humano.
Al
mismo tiempo, se informaba de cinco nuevos brotes en aves de corral en
Tailandia, lo que suponía un embarazoso dardo contra la masiva campaña
publicitaria emprendida por esa nación en torno a la erradicación de la
enfermedad. Funcionarios vietnamitas, por su parte, renovaban sus
peticiones de ayuda internacional cuando el H5N1 se cobraba nuevas víctimas
en el país que es el centro de brotes que más preocupación despierta en
la OMS.
Entretanto,
los pájaros del lago Qinghai estaban emprendiendo vuelo hacia sus
destinos invernales, distribuidos por cinco continentes. El H5N1 llegó
puntualmente a las afueras de Lhasa, la capital del Tíbet; se detectó en
Mongolia y en Kazajistán; y –lo más perturbador de todo— empezó a
matar pollos y aves salvajes de caza cerca de la capital siberiana de
Novosibirsk (un punto de paso en los vuelos migratorios hacia el Mar Negro
y la Europa meridional).
La
llegada de la gripe aviar a Irán, Turquía y Rumania no fue, pues, una
sorpresa: sus próximos destinos pueden perfectamente ser el valle del
Nilo, la India meridional, Bangladesh, Australia, Alaska, el norte de
Canadá, y finalmente, el mundo entero.
Aun
cuando la gripe aviar no ha constituido todavía hasta ahora una amenaza
para la salud humana, es ya un cataclismo ecológico que amenaza no sólo
con una devastación incalculable de las poblaciones de aves salvajes,
sino con la muerte de miles de millones de pollos que, hoy por hoy,
constituyen nuestra segunda fuente de proteínas animales (los cerdos, que
están sucumbiendo ahora también a la gripe aviar, son la primera).
Robert
Wallace –un científico de la Universidad de California que está ahora
estudiando el modo en que la gripe aviar podría difundirse— me dijo que
el H5N1 es un "ingenio darwiniano de búsqueda más sofisticado que
Google". Sostiene que rebasa nuestra inteligencia previsora de cuatro
modos decisivos:
Primero:
"el H5N1 está volando por debajo del radar social: no hay todavía
humanos infectados, pero la cepa está echando raíces en amplias regiones
del planeta. Está cambiando no solo en el nivel molecular, sino también
en el nivel epidemiológico".
Segundo:
"al difundirse geográficamente, y al infectar más y más pollos, el
H5N1 amplía la base de operaciones desde la que puede iniciar una
pandemia". La estrategia anunciada por la OMS de saturar un centro de
brote –digamos, una región rural de Vietnam o de Tailandia— con
Tamiflu "es irrelevante, si el H5N1 opera a escala mundial. Dicho con
pocas palabras, al cambiar la escala espacial en la que opera, la gripe
altera el paquete de intervenciones necesarias para frenarla".
Tercero:
"al difundirse geográficamente, el H5N1 penetra en países que
carecen de experiencia en detectar o en combatir tales brotes".
Y
cuarto: "si la dispersión guarda relación con el incremento del número
de pollos infectados –aumentando el espacio evolutivo en el que puede
moverse el H5N1—, entonces se comprime el tiempo que ha de transcurrir
para que acabe dándose un brote infeccioso de humano a humano".
En
otras palabras: la línea fundamental es que cada nuevo avance del H5N1,
ya sea entre pollos en Turquía, entre patos en Siberia, entre cerdos en
China o entre humanos en Indonesia, constituye una nueva oportunidad para
que un virus que evoluciona muy rápidamente adquiera finalmente el gen
–o, más sencillamente aún, los aminoácidos substitutos— que
necesita para masacrar humanos vulnerables. Esa multiplicación
exponencial de puntos negros y de "reservas silentes" (como
entre los infectados por patos asintomáticos) es la razón principal de que las sirenas de alarma se hayan
disparado en los ministerios de sanidad del todo el mundo.
Hay,
por supuesto, escépticos (muy pocos entre los virólogos), que arguyen
que la gripe aviar es una "amenaza meramente teórica, y que puede
haber algún "factor X" que evite que el H5N1 llegue a adquirir
una transmisibilidad fácil entre los humanos.
Lo
cierto es que muchos investigadores lo que están es perplejos de que no
haya aparecido ya una pandemia, pero hay muy pocos indicios de la
existencia de un "factor X" que inhiba estructuralmente la
mutación que necesita el H5N1 para convertirse en un asesino en masa. Al
contrario: un impresionante –y peligroso— experimento científico
realizado en agosto pasado confirmó que había unas alarmantes
similitudes entre el actual virus aviar y el de la gripe de 1918 que mató
entre 40 y 100 millones de personas en la primavera de ese año.
Después
de una década de penoso trabajo de laboratorio con muestras de tejido
pulmonar recuperadas de cuerpos de las víctimas de 1918, el equipo
encabezado por Jeffery Taubenberger, del Instituto de Patología de las
Fuerzas Armadas, con sede en Washington, D.C., logró descifrar este
verano la secuencia completa de su genoma.
En
un descubrimiento que impresionó a muchos investigadores, hallaron que el
virus de 1918 era una cepa puramente aviar que había llegado a adquirir
transmisibilidad interhumana a través de una serie de mutaciones
sorprendentemente simples, y no a través de una mezcla de genes aviares y
humanos en un cerdo o en una persona coinfectados. Eso implica que el H5N1
puede, después de todo, prescindir del mecanismo de
"recombinar" genes con un virus humano: puede llegar a adquirir
una velocidad pandémica merced a su propia y modesta evolución.
El
caso es que ahora mismo podría hallarse ya a medio camino. El grupo de
Taubenberger compartió su investigación con otro equipo dirigido por
Terrence Tumpey, del Centro estadounidense para el control y prevención
(CDC) radicado en Atlanta, el cual se sirvió inmediatamente del mapa genómico
completo para recrear el virus de 1918.
Cuando
el equipo del CDC, informó la revista Nature a comienzos de este mes de
octubre, "usó la cepa para infectar ratones, se reveló
extremadamente virulenta, y tras 4 días había generado 39.000 veces más
partículas virales en los pulmones de los animales que la cepa gripal
moderna". Descubrieron que la virulencia del monstruo resucitado de
1918 era el resultado de una colaboración entre sus únicas proteínas
superficiales de hemaglitinina (la 'H' en H5N1) y su complejo polimerásico
interno: encimas que catalizan el proceso de replicación viral.
Sólo
unas pocas substituciones de aminoácidos parecen diferenciar a las
polimerasas hipervirulentas de 1918 del "consenso" de las
benignas gripes que de ordinario afectan a las aves salvajes. El H5N1,
además, ha adquirido ya la mitad de las mutaciones necesarias. No son
buenas noticias.
Así,
puesto que el H5N1 –que algunos patos transportan sin padecer síntoma
alguno— ronda ya las fronteras de la agricultura de la Unión Europea,
hay pocos motives para subestimar las advertencias de la OMS y de un sinnúmero
de expertos sobre la "inminencia" de una pandemia.
"Inminencia", huelga decirlo, podría significar este invierno,
o 2007.
Hasta
ahora, los ministros europeos de sanidad han actuado como si la Unión
Europea no existiera. Cada gobierno ha hecho estimaciones por su cuenta
del peligro y ha respondido del mismo modo. Así, la "Fortaleza británica"
se ha tomado lo suficientemente en serio el apocalipsis gripal como para
acumular millones de dosis de antivirales, mientras que los italianos ni
siquiera se han molestado en encargar suficientes sacos para cadáveres,
por no hablar de Tamiflu.
Por
lo demás, los gobiernos europeos están trabajando con propósitos
encontrados: compiten entre sí en la demanda de una oferta escasa de
antivirales y raciocinan sobre si los pollos es mejor tenerlos de puertas
adentro o de puertas afuera. Lo más importante: la Unión Europea todavía
no se ha enfrentado al hecho de que en su territorio alberga toda la
producción de Tamiflu, así como el grueso de la capacidad mundial de
producción de vacunas contra la gripe.
Es
verdad que la vigilancia de las aves de corral es importante; pero lo que
resulta verdaderamente decisivo es el papel de las enormes corporaciones
farmacéuticas europeas, o afincadas en Europa. Cuando, en una reunión de
la OMS a comienzos de este año, Tailandia y Sudáfrica plantearon la
cuestión de la producción de un genérico del Tamiflu (oseltamivir) para
el Tercer Mundo, Francia y los EEUU juntaron fuerzas para aplastar ese
desafío al actual monopolio de Rocher sobre el fármaco.
Análogamente,
cuando visité el Programa para la Gripe de la OMS en Ginebra el pasado
agosto, se me dijo que la OMS había abandonado por el momento toda
esperanza en una "vacuna mundial" para combatir la gripe aviar,
en buena medida porque no creían en la disposición de la Unión Europea
a tomar los compromisos necesarios para movilizar plenamente sus líneas
de producción de vacunas o de adversarios GM (modificación genética)
que permitieran el uso de una "ingeniería genética inversa"
(la tecnología que hizo posible la recreación del virus de 1918).
No
deberían los europeos solazarse mucho en la situación todavía más
terrible de los EEUU, en donde el Estado de la "Seguridad de la
Patria" de Bush, luego de derrochar miles de millones de dólares en
prevenir imaginarias amenazas bioterroristas y en una prioridad absoluta
para la salud pública como es la llamada "educación en la
abstinencia", ha fracasado en la acumulación de antivirales no menos
que en la reconstrucción de la capacidad de producción de vacunas. Ahora
es de esperar que los americanos, sobre todo si son pobres y negros, sean
una vez más abandonados por Washington a su suerte náufraga.
Pero
Europa –al menos la Europa que desean los socialistas y los verdes—
aspira declaradamente a ser un modelo de civilización diferente del tipo
de salvajismo neoliberal y descuido negligente que hemos visto
recientemente en las calles de Bagdad y Nueva Orleáns. En el contexto de
la amenaza de la gripe aviar, eso implica la responsabilidad moral de
movilizar las extraordinarias capacidades farmacéuticas y científicas de
la Unión Europea en socorro de la humanidad toda.
La
migración más peligrosa del H5N1 en las últimas semanas no es su
estancia en el Mar Negro, sino su inexorable movimiento hacia las
megaciudades de África y del Sur de Asia. Tendríamos que estar
superlativamente preocupados por la inminente convergencia explosiva de la
pobreza urbana y la gripe aviar.
Aun
si la Unión Europea emprendiera una acción colectiva –como debe hacer,
y con máxima urgencia—, no serviría de mucho si una pandemia del tipo
de la de 1918 hiciera erupción en las villas miseria de Kinshasa o de
Mumbai. Todos los pollos europeos podrían dormir a salvo en las jaulas de
las factorías del continente, pero si la semilla del diablo del H5N1
llegara a arraigar en la humanidad devastada por el virus del SIDA del África
subsahariana, no tardaría en tomar el primer avión para Roma, Londres o
Nueva York.
Ni
el nacionalismo epidemiológico estilo fortaleza, ni la idiota reverencia
a los beneficios de los gigantes farmacéuticos (Roche, en particular)
deberían prevalecer sobre el principio de la solidaridad humana frente a
la(s) plaga(s) venidera(s). Nuestra común supervivencia exige una
adecuada línea vital de vacunas, de antivirales y de antibióticos como
un derecho humano. Que centenares de millones de pobres no tengan
actualmente ni siquiera acceso a agua potable o a aspirinas es causa de
vergüenza, pero no es excusa para abandonar los esfuerzos en favor de la
creación, lo antes posible, de una vacuna mundial contra la gripe.
(*)
Mike Davis es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Otros artículos
de Mike Davis publicados en sinpermiso.info estrechamente relacionados con
éste son: Capitalismo contra ecología: la combinación mortal de pobreza
urbana y peligros naturales (publicado el 26 09 05);
¿Se nos ha acabado el tiempo? La pandemia de la gripe aviar asiática
llama a la puerta (publicado el 19 08 05); y finalmente, El monstruo en la
puerta (publicado el 17 06 05).
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