Calamidades
del capitalismo

 

¿Se nos ha acabado el tiempo?

La pandemia de la gripe aviar asiática llama a la puerta

Por Mike Davis
corriente[a]lterna, 15/10/05

La mortal gripe asiática ya está volando. La primera bandada de gansos ya ha llegado a su destino invernal cerca del río Cauvery, en el Estado indio meridional de Karnataka. Durante las próximas diez semanas, otros 10.000 gansos, gaviotas y cormoranes abandonarán sus nidos en el lago Qinghai, en el poniente de China, donde han pasado el verano, para dirigirse a India, Bangladesh, Myanmar y, posiblemente, Australia.

Un número indeterminado de estos hermosos pájaros migratorios será portador del H5N1, el subtipo de gripe aviar que ya ha matado a 61 personas en el Sureste asiático, y que la Organización Mundial de la Salud teme que pueda estar a punto de convertirse en una pandemia parecida a la que en otoño del año 1918 acabó con la vida de entre 50 y 100 millones de personas. Cuando los pájaros lleguen a los humedales del Sur asiático excretarán el virus en el agua, con el riesgo que eso supondrá para la difusión de la enfermedad entre las aves acuáticas procedentes de Europa, así como para las aves domésticas. En el peor escenario, esto llevará la gripe aviar hasta las mismísimas puertas de los densos suburbios pobres de Dhaka, Kolkata, Karachi y Mumbai.

El brote de gripe aviar fue identificado por funcionarios de medio ambiente chinos a finales del mes de Abril. Inicialmente, el brote estuvo confinado en una pequeña isla dentro del gran lago de sal, hasta que los gansos empezaron a moverse espasmódicamente para luego caer y morir. A mediados de Mayo ya se había extendido por todo el lago, matando a miles de aves. Un ornitólogo lo describió como "el caso de gripe aviar que ha afectado a más ejemplares y que ha mostrado una capacidad nunca vista de propagarse letalmente entre los pájaros".

Mientras tanto, los científicos chinos se mostraban horrorizados ante la virulencia que exhibía está nueva variedad de virus: cuando se inoculó a ratones de laboratorio, éstos murieron más rápidamente que cuando se les inyectó el "genotipo Z", la temible variante del H5N1 que sigue matando a agricultores y a sus hijos en Vietnam.

Yi Guan, líder de un famoso equipo de investigadores de la gripe aviar que desde el año1997 ha estado luchando contra la amenaza de pandemia, el pasado mes de Julio se quejaba en el periódico británico The Guardian de la respuesta indolente de las autoridades chinas ante el terremoto biológico sin precedentes acaecido en el lago Qinghai.

"No han emprendido acción alguna para atajar este brote. Deberían haber solicitado ayuda internacional. Esos pájaros irán a India y Bangladesh, y allí se encontrarán con pájaros procedentes de Europa". Yi Guan abogaba por la creación de un grupo operativo internacional que siguiera los pasos de la pandemia de pájaros salvajes, y pedía que se relajaran las restricciones para que los científicos extranjeros pudieran acceder libremente a las zonas chinas donde se produjeran brotes.

En un artículo publicado en la revista científica británica Nature, Yi Guan y sus colegas revelaron que la variante del lago Qinshai estaba relacionada con brotes recientes –oficialmente silenciados– de H5N1 en pájaros en el Sur de China. Ésta no sería la primera vez que las autoridades chinas habrían tratado de ocultar un brote. También mintieron sobre la naturaleza y el grado de difusión de la epidemia de SARS del año 2003, que se originó en Guangdong y se extendió como la pólvora a otros 25 países. Como en el caso de los que denunciaron desde dentro la existencia de SARS, ahora la burocracia china está tratando de amordazar a los científicos de la gripe aviar, cerrando uno de los laboratorios de Yi Guan en Shantou y dotando al conservador Ministerio de Agricultura de nuevos poderes en el campo de la investigación.

Mientras tanto, al tiempo que los preocupados científicos indios supervisan los santuarios de pájaros a lo largo de todo el subcontinente, el H5N1 ha llegado ya a los aledaños de Lhasa, capital de Tibet; a la zona occidental de Mongolia; y, lo que es más preocupante si cabe, a las gallinas domésticas y aves de caza próximas a la capital siberiana de Novosibirsk.

A pesar de los esfuerzos denonados para sacar de en medio las aves de corral, el Ministerio de Salud ruso ha mostrado su pesimismo ante la posibilidad de que el brote pueda ser frenado en el lado asiático de los Urales. Las aves de caza siberianas migran cada otoño al Mar Negro y Europa meridional; otra vía migratoria va de Siberia a Alaska y Canadá.

Anticipándose a la nueva, y quizá inevitable, fase del viaje alrededor del mundo de la gripe aviar, en Moscú han empezado a hacerse controles sobre los movimientos de las aves de corral; al mismo tiempo, científicos de Alaska estudian los pájaros que migran por el Estrecho de Bering, e incluso los suizos están siguiendo de cerca los distintos tipos de patos que llegan de Eurasia.

El epicentro humano del H5N1 también se está ampliando: a mediados del mes de Julio, las autoridades indonesias confirmaron que un padre y sus dos hijas habían muerto de gripe aviar en un barrio acomodado de Yakarta. Lo preocupante fue descubrir que no había constancia de que la familia hubiera tenido contacto con aves de corral, y el pánico cundió entre la vecindad cuando la prensa especuló sobre la posibilidad de una transmisión entre humanos.

Mientras tanto, se registraban cinco nuevos brotes en aves domésticas en Tailandia, lo que significó un terrible varapalo para el país que había hecho una campaña más intensa y de mayor alcance para erradicar la enfermedad. Al mismo tiempo, y mientras los funcionarios vietnamitas volvían a hacer peticiones de ayuda internacional, el H5N1 se cobraba más vidas en el país que más preocupa a la OMS.

Lo más seguro es que la gripe aviar sea endémica, y probablemente inerradicable, entre las aves domésticas del Sureste asiático, y parece que hoy se está extendiendo con la velocidad de una pandemia entre las aves migratorias, con capacidad para llegar a colonizar la mayor parte del planeta en el próximo año.

Cada nueva conquista del H5N1 –ya sea entre los patos en Siberia, los cerdos en Indonesia o los humanos en Vietnam– supone para este virus de rápida evolución una nueva oportunidad de adquirir la mutación genética, o simplemente proteínica, que necesita para convertirse en un asesino masivo de seres humanos.

Es por esta multiplicación exponencial de situaciones de riesgo y de portadores silenciosos (como ocurre con los patos infectados asintomáticos) que en los últimos meses ha ido creciendo el clamor de las advertencias de los científicos, profesionales de la salud y, al final, también de gobiernos.

El nuevo Secretario de Salud y Servicios Personales de Estados Unidos, Mike Leavitt, declaró a Associated Press a principios del mes de Agosto que la posibilidad de una pandemia de gripe era hoy una "realidad incuestionable", repitiendo la idea de la Organización Mundia de la Salud que había advertido que era "inevitable". Del mismo modo, la revista Science contó que las probabilidades que los científicos otorgan a que haya un brote global son del "100%".

Siguiendo con este espíritu fatalista, la prensa británica reveló que funcionarios del Gobierno estaban rastreando todo el país con el fin de hallar lugares donde pudieran emplazarse grandes depósitos de cadáveres, puesto que los datos oficiales hablan de que la gripe aviar podría llegar a matar a 700.000 británicos. El gobierno de Blair ya está realizando simulaciones de situaciones de emergencia ante un brote de la pandemia ("Operación Océano Ártico") y se ha informado de que se ha constituido el "Cobra" –un grupo de trabajo interministerial que, desde una estancia secreta en Whitehall, coordinaría la respuesta del Gobierno a emergencias nacionales como las recientes bombas de Londres– para poder actuar ante una crisis de gripe aviar.

En Washington no parece haber nada parecido a esta actitud churchilliana. Mientras en los Institutos Nacionales de Salud hay conciencia de la situación de extrema gravedad y el zar de la planificación sobre pandemias, Dr. Anthony Fauci, advierte de que estamos ante "la madre de todas las emergencias infecciosas", en la Casa Blanca parecen menos preocupados por las plagas migratorias que por la insensible carnicería de Iraq.

Cuando el Presidente estaba haciendo las maletas para pasar unas largas vacaciones en Texas, el Trust para la Salud de América advertía seriamente de que los preparativos internos para hacer frente a una pandemia iban con mucho retraso respecto a las medidas emprendidas en Gran Bretaña y Canadá, y señalaba también que el Gobierno no había logrado "elaborar una estrategia contra la pandemia integrada, rápida y transparente".

El líder de la mayoría Republicana del Senado, Bill Frist, de Tennessee, tomando la iniciativa de un modo más personal, ya criticó al Gobierno en un discurso extraordinario (y poco difundido) pronunciado en Harvard a principios de Junio. Refiriéndose a la incapacidad de haber conseguido reunir unas reservas adecuadas del imprescindible antiviral oseltamivir (o Tamiflu), Frist dijo sarcásticamente que "para adquirir más cantidad del agente antiviral tendremos que ponernos en la cola detrás de Gran Bretaña, Francia, Canadá y otros que ya han encargado cientos de miles de dosis".

El New York Times, en su página editorial del 17 de Julio, el número especial de Nature del 26 de Mayo y el número de Julio/Agosto de Foreign Affaire también han dedicado comentarios de seria condena a la incapacidad de Washington para hacer acopio de antivirales escasos –las cantidades actualmente almacenadas no llegarían al 1% de la población de Estados Unidos– y de modernizar la producción de vacunas. Hay que decir que unos pocos senadores Demócratas también han pasado a la acción, pero ninguno de una forma tan valiente como Frist en Harvard.

Como respuesta, el Departamento de Salud y Servicios Personales ha tratado de acallar las críticas mediante incrementos recientes del gasto en investigación sobre vacunas y en almacenamiento de antivirales. También ha habido mucho ruido gubernamental y mediático en torno al anuncio de una serie de pruebas exitosas de una vacuna contra la gripe aviar realizadas a principios del mes de Agosto.

Pero no hay ninguna garantía de que el prototipo vaccíneo, logrado mediante "ingeniería genética reversa" de una variante del H5N1, llegue a ser efectivo contra una variante pandémica constituida por genes y proteínas distintos. Además, el éxito de la prueba se basó en la administración de dos dosis y una revacunación. Puesto que el Gobierno sólo ha encargado dos millones de dosis de la vacuna al gigante farmacéutico Sanofi Pasteur, éstas sólo darían protección a unas 450.000 personas. Como un investigador declaró a la revista Science, "es una vacuna para unos pocos privilegiados".

En el mejor de los casos, la puesta en marcha de todo el engranaje para la producción a gran escala requerirá muchos meses, y la cantidad a producir está limitada por la anticuada tecnología de producción vaccínea que depende de la provisión frágil y escasa de huevos de gallina fértiles. Además, esto podría suponer un importante recorte en la producción de la vacuna anual de la gripe de invierno que para muchas personas mayores es un auténtico salvavidas.

Asimismo, como predijo el senador Frist, los encargos que Washington quiera hacer de nuevas partidas de antivirales tendrán que ponerse en la cola, detrás de otros clientes del Tamiflu que Roche fabrica en una única planta en Suiza.

En suma, es una buena noticia que las pruebas de la vacuna fueran un éxito, pero esto no ha sido suficiente para cambiar el juicio del New York Times de que "sólo hay una cantidad de vacuna o de antivirales para proteger a un puñado de gente, y no hay capacidad industrial para producir rápidamente grandes cantidades de estas medicinas".

Además, la mayor parte del mundo, incluidos todos los países pobres del Sur de Asia y de África –donde es conocida la virulencia con la que históricamente irrumpen las pandemias–, no tendrá acceso a los antivirales caros ni a las vacunas escasas. E incluso es dudoso que la OMS disponga de los mínimos fármacos necesarios para hacer frente a la primera fase de un brote.

Estudios teóricos recientes realizados por epidemiólogos matemáticos de Atlanta y Londres han calculado que una pandemia podría atajarse en sus inicios si se dispusiera de una cantidad de entre uno y tres millones de dosis de oseltamivir (Tamiflu), las necesarias para sofocar un brote en un radio de seguridad alrededor de los primeros casos detectados.

Después de muchos años de esfuerzos, sin embargo, la OMS sólo ha podido almacenar cerca de 123.000 ciclos de tratamiento con Tamiflu. Aunque Roche ha prometido donar más, los intentos desesperados de los países ricos por acumular Tamiflu amenazan seriamente con socavar las reservas de la Organización Mundial de la Salud.

Llegar a disponer de una "vacuna mundial" de acceso universal seguirá siendo un sueño irrealizable mientras los países ricos, con Estados Unidos a la cabeza, no comprometan nuevas inversiones de cientos de miles de dólares. Y, aun en el caso de que éstas se produjeran, es probable que ya sea demasiado tarde.

"La gente no lo entiende", se quejaba recientemente con toda franqueza el Dr. Michael Osterholm, director del Centro de Investigación y Políticas sobre Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnessota. "Aun en el caso de que esta misma noche empezáramos a planificar una respuesta mediante algo de un alcance parecido al Proyecto Manhatan para conseguir aumentar la producción de la vacuna y otras sustancias, hay que pensar que deberían transcurrir varios años hasta poder disponer de información valiosa sobre la disponibilidad efectiva de estos productos básicos para hacer frente con garantías a una pandemia universal".

"Varios años" es un capital que Washington ya ha dilapidado. La hipótesis más razonable, cuando los gansos ya han enfilado los cielos hacia el Oeste y el Sur, es que ya casi no nos queda tiempo. Como dijo Shigero Omi, el director de la OMS para el Pacífico Oeste, en un encuentro de la ONU a principios del pasado mes de Julio en Kuala Lumpur: "Nos encontramos en el punto en el que está próximo a producirse un cambio de escala".


Traducción para www.sinpermiso.info : Jordi Mundó

(*) Mike Davis es autor del libro de reciente aparición The Monster at Our Door (The New Press, 2005) y del volumen en prensa Planet of Slums (Verso). Mike Davis es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.


Gripe aviar: ¿dónde está la Unión Europea?

Por Mike Davis
sinpermiso.info, 16/10/05
Traducción de Amaranta Süss

"La Unión Europea todavía no se ha enfrentado al hecho de que en su territorio alberga toda la producción de Tamiflu, así como el grueso de la capacidad mundial de producción de vacunas contra la gripe"

La gripe aviar está pidiendo entrada en Europa, y tiene el paso franco. A pesar de las bravas promesas por parte de los veterinarios y los funcionarios de sanidad de que sellarían las fronteras y sofocarían nuevos brotes, el H5N1 es una fuerza casi irresistible.

Resultó desconcertante que el pasado año hubiera tan poca unidad europea o planificación regional seria sobre cómo enfrentarse al espectro de una pandemia de gripe; ahora que el monstruo está literalmente en puertas, Europa puede tener que hacer frente a pruebas sin precedentes de solidaridad interna e internacional.

Ya el año pasado, investigadores con gran experiencia habían avisado de que la gripe aviar se había vuelto inerradicable en los pájaros salvajes y en las aves domésticas. Las esperanzas, anteriormente alimentadas, de que no fuera transmisible por los pájaros salvajes se desvanecieron esta primavera cuando investigadores chinos descubrieron una enorme epidemia en el lago Qinhai, en la China occidental.

Al comienzo, el brote estaba confinado en un pequeño islote del gran lago salado, en donde, de repente, los gansos comenzaron a comportarse espasmódicamente, para luego desvanecerse y morir. A mediados de mayo, sin embargo, toda la población aviar del lago estaba infectada, y miles de pájaros morían. Un ornitólogo dijo que se trataba de "la mayor y más mortífera gripe aviar jamás vista en pájaros salvajes".

Los virólogos chinos, entretanto, quedaron impresionados por la virulencia de la nueva cepa: cuando los ratones se infectaban con el virus de Qinghai, morían incluso antes que cuando se les inyectaba el "genotipo Z", la temible variante del N5N1 que está ahora mismo matando gente en Vietnam y en Indonesia. (Ambas cepas, dicho sea de paso, son ciento por ciento mortales para los ratones.)

Yi Guan, director del mundialmente famoso equipo de investigadores de la gripe aviar en Hong Kong que ha estado combatiendo la amenaza de pandemia desde 1997, se quejó en el periódico londinense The Guardian el pasado julio de la timorata respuesta de las autoridades chinas a la conflagración biológica del lago Qinghai:

"Apenas han tomado medidas para controlar este brote. Tendrían que haber pedido ayuda internacional. Esos pájaros migrarán a la India y a Bangladesh, y allí se encontrarán con pájaros que vienen de Europa."

En un artículo publicado en Nature, Yi Guan y sus colaboradores revelaron también que la cepa de Qinghai derivaba probablemente de recientes incidencias de gripe aviar, oficialmente silenciadas, entre los pájaros de la China meridional. Eso confirmaba las sospechas de que las autoridades chinas continuaban ocultando los brotes de enfermedad al resto del mundo. –En el pasado, llegaron incluso a mentir acerca de la naturaleza y el alcance de la epidemia SARS del 2003.

Como ya ocurrió anteriormente con quienes dieron la voz de alarma en el caso SARS, la burocracia tomó represalias de inmediato contra Yi Guan por su honradez científica: desmanteló uno de los laboratorios en la Universidad de Shantou, y dotó al conservador Ministerio de Agricultura de nuevos poderes de veto sobre la investigación básica.

Mientras Beijing aplicaba la censura a la investigación, el epicentro humano de la gripe aviar se expandía: a mediados de Julio, funcionarios indonesios de sanidad confirmaban que un padre y sus jóvenes hijas habían muerto de gripe aviar en un barrio rico de Yakarta. Resultaba perturbador que la familia no hubiera tenido contacto conocido alguno con aves de corral, y casi estalla el pánico en el vecindario cuando la prensa especuló con una posible transmisión de humano a humano.

Al mismo tiempo, se informaba de cinco nuevos brotes en aves de corral en Tailandia, lo que suponía un embarazoso dardo contra la masiva campaña publicitaria emprendida por esa nación en torno a la erradicación de la enfermedad. Funcionarios vietnamitas, por su parte, renovaban sus peticiones de ayuda internacional cuando el H5N1 se cobraba nuevas víctimas en el país que es el centro de brotes que más preocupación despierta en la OMS.

Entretanto, los pájaros del lago Qinghai estaban emprendiendo vuelo hacia sus destinos invernales, distribuidos por cinco continentes. El H5N1 llegó puntualmente a las afueras de Lhasa, la capital del Tíbet; se detectó en Mongolia y en Kazajistán; y –lo más perturbador de todo— empezó a matar pollos y aves salvajes de caza cerca de la capital siberiana de Novosibirsk (un punto de paso en los vuelos migratorios hacia el Mar Negro y la Europa meridional).

La llegada de la gripe aviar a Irán, Turquía y Rumania no fue, pues, una sorpresa: sus próximos destinos pueden perfectamente ser el valle del Nilo, la India meridional, Bangladesh, Australia, Alaska, el norte de Canadá, y finalmente, el mundo entero.

Aun cuando la gripe aviar no ha constituido todavía hasta ahora una amenaza para la salud humana, es ya un cataclismo ecológico que amenaza no sólo con una devastación incalculable de las poblaciones de aves salvajes, sino con la muerte de miles de millones de pollos que, hoy por hoy, constituyen nuestra segunda fuente de proteínas animales (los cerdos, que están sucumbiendo ahora también a la gripe aviar, son la primera).

Robert Wallace –un científico de la Universidad de California que está ahora estudiando el modo en que la gripe aviar podría difundirse— me dijo que el H5N1 es un "ingenio darwiniano de búsqueda más sofisticado que Google". Sostiene que rebasa nuestra inteligencia previsora de cuatro modos decisivos:

Primero: "el H5N1 está volando por debajo del radar social: no hay todavía humanos infectados, pero la cepa está echando raíces en amplias regiones del planeta. Está cambiando no solo en el nivel molecular, sino también en el nivel epidemiológico".

Segundo: "al difundirse geográficamente, y al infectar más y más pollos, el H5N1 amplía la base de operaciones desde la que puede iniciar una pandemia". La estrategia anunciada por la OMS de saturar un centro de brote –digamos, una región rural de Vietnam o de Tailandia— con Tamiflu "es irrelevante, si el H5N1 opera a escala mundial. Dicho con pocas palabras, al cambiar la escala espacial en la que opera, la gripe altera el paquete de intervenciones necesarias para frenarla".

Tercero: "al difundirse geográficamente, el H5N1 penetra en países que carecen de experiencia en detectar o en combatir tales brotes".

Y cuarto: "si la dispersión guarda relación con el incremento del número de pollos infectados –aumentando el espacio evolutivo en el que puede moverse el H5N1—, entonces se comprime el tiempo que ha de transcurrir para que acabe dándose un brote infeccioso de humano a humano".

En otras palabras: la línea fundamental es que cada nuevo avance del H5N1, ya sea entre pollos en Turquía, entre patos en Siberia, entre cerdos en China o entre humanos en Indonesia, constituye una nueva oportunidad para que un virus que evoluciona muy rápidamente adquiera finalmente el gen –o, más sencillamente aún, los aminoácidos substitutos— que necesita para masacrar humanos vulnerables. Esa multiplicación exponencial de puntos negros y de "reservas silentes" (como entre los infectados por patos asintomáticos)  es la razón principal de que las sirenas de alarma se hayan disparado en los ministerios de sanidad del todo el mundo.

Hay, por supuesto, escépticos (muy pocos entre los virólogos), que arguyen que la gripe aviar es una "amenaza meramente teórica, y que puede haber algún "factor X" que evite que el H5N1 llegue a adquirir una transmisibilidad fácil entre los humanos.

Lo cierto es que muchos investigadores lo que están es perplejos de que no haya aparecido ya una pandemia, pero hay muy pocos indicios de la existencia de un "factor X" que inhiba estructuralmente la mutación que necesita el H5N1 para convertirse en un asesino en masa. Al contrario: un impresionante –y peligroso— experimento científico realizado en agosto pasado confirmó que había unas alarmantes similitudes entre el actual virus aviar y el de la gripe de 1918 que mató entre 40 y 100 millones de personas en la primavera de ese año.

Después de una década de penoso trabajo de laboratorio con muestras de tejido pulmonar recuperadas de cuerpos de las víctimas de 1918, el equipo encabezado por Jeffery Taubenberger, del Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas, con sede en Washington, D.C., logró descifrar este verano la secuencia completa de su genoma.

En un descubrimiento que impresionó a muchos investigadores, hallaron que el virus de 1918 era una cepa puramente aviar que había llegado a adquirir transmisibilidad interhumana a través de una serie de mutaciones sorprendentemente simples, y no a través de una mezcla de genes aviares y humanos en un cerdo o en una persona coinfectados. Eso implica que el H5N1 puede, después de todo, prescindir del mecanismo de "recombinar" genes con un virus humano: puede llegar a adquirir una velocidad pandémica merced a su propia y modesta evolución.

El caso es que ahora mismo podría hallarse ya a medio camino. El grupo de Taubenberger compartió su investigación con otro equipo dirigido por Terrence Tumpey, del Centro estadounidense para el control y prevención (CDC) radicado en Atlanta, el cual se sirvió inmediatamente del mapa genómico completo para recrear el virus de 1918.

Cuando el equipo del CDC, informó la revista Nature a comienzos de este mes de octubre, "usó la cepa para infectar ratones, se reveló extremadamente virulenta, y tras 4 días había generado 39.000 veces más partículas virales en los pulmones de los animales que la cepa gripal moderna". Descubrieron que la virulencia del monstruo resucitado de 1918 era el resultado de una colaboración entre sus únicas proteínas superficiales de hemaglitinina (la 'H' en H5N1) y su complejo polimerásico interno: encimas que catalizan el proceso de replicación viral.

Sólo unas pocas substituciones de aminoácidos parecen diferenciar a las polimerasas hipervirulentas de 1918 del "consenso" de las benignas gripes que de ordinario afectan a las aves salvajes. El H5N1, además, ha adquirido ya la mitad de las mutaciones necesarias. No son buenas noticias.

Así, puesto que el H5N1 –que algunos patos transportan sin padecer síntoma alguno— ronda ya las fronteras de la agricultura de la Unión Europea, hay pocos motives para subestimar las advertencias de la OMS y de un sinnúmero de expertos sobre la "inminencia" de una pandemia. "Inminencia", huelga decirlo, podría significar este invierno, o 2007.

Hasta ahora, los ministros europeos de sanidad han actuado como si la Unión Europea no existiera. Cada gobierno ha hecho estimaciones por su cuenta del peligro y ha respondido del mismo modo. Así, la "Fortaleza británica" se ha tomado lo suficientemente en serio el apocalipsis gripal como para acumular millones de dosis de antivirales, mientras que los italianos ni siquiera se han molestado en encargar suficientes sacos para cadáveres, por no hablar de Tamiflu.

Por lo demás, los gobiernos europeos están trabajando con propósitos encontrados: compiten entre sí en la demanda de una oferta escasa de antivirales y raciocinan sobre si los pollos es mejor tenerlos de puertas adentro o de puertas afuera. Lo más importante: la Unión Europea todavía no se ha enfrentado al hecho de que en su territorio alberga toda la producción de Tamiflu, así como el grueso de la capacidad mundial de producción de vacunas contra la gripe.

Es verdad que la vigilancia de las aves de corral es importante; pero lo que resulta verdaderamente decisivo es el papel de las enormes corporaciones farmacéuticas europeas, o afincadas en Europa. Cuando, en una reunión de la OMS a comienzos de este año, Tailandia y Sudáfrica plantearon la cuestión de la producción de un genérico del Tamiflu (oseltamivir) para el Tercer Mundo, Francia y los EEUU juntaron fuerzas para aplastar ese desafío al actual monopolio de Rocher sobre el fármaco.

Análogamente, cuando visité el Programa para la Gripe de la OMS en Ginebra el pasado agosto, se me dijo que la OMS había abandonado por el momento toda esperanza en una "vacuna mundial" para combatir la gripe aviar, en buena medida porque no creían en la disposición de la Unión Europea a tomar los compromisos necesarios para movilizar plenamente sus líneas de producción de vacunas o de adversarios GM (modificación genética) que permitieran el uso de una "ingeniería genética inversa" (la tecnología que hizo posible la recreación del virus de 1918).

No deberían los europeos solazarse mucho en la situación todavía más terrible de los EEUU, en donde el Estado de la "Seguridad de la Patria" de Bush, luego de derrochar miles de millones de dólares en prevenir imaginarias amenazas bioterroristas y en una prioridad absoluta para la salud pública como es la llamada "educación en la abstinencia", ha fracasado en la acumulación de antivirales no menos que en la reconstrucción de la capacidad de producción de vacunas. Ahora es de esperar que los americanos, sobre todo si son pobres y negros, sean una vez más abandonados por Washington a su suerte náufraga.

Pero Europa –al menos la Europa que desean los socialistas y los verdes— aspira declaradamente a ser un modelo de civilización diferente del tipo de salvajismo neoliberal y descuido negligente que hemos visto recientemente en las calles de Bagdad y Nueva Orleáns. En el contexto de la amenaza de la gripe aviar, eso implica la responsabilidad moral de movilizar las extraordinarias capacidades farmacéuticas y científicas de la Unión Europea en socorro de la humanidad toda.

La migración más peligrosa del H5N1 en las últimas semanas no es su estancia en el Mar Negro, sino su inexorable movimiento hacia las megaciudades de África y del Sur de Asia. Tendríamos que estar superlativamente preocupados por la inminente convergencia explosiva de la pobreza urbana y la gripe aviar.

Aun si la Unión Europea emprendiera una acción colectiva –como debe hacer, y con máxima urgencia—, no serviría de mucho si una pandemia del tipo de la de 1918 hiciera erupción en las villas miseria de Kinshasa o de Mumbai. Todos los pollos europeos podrían dormir a salvo en las jaulas de las factorías del continente, pero si la semilla del diablo del H5N1 llegara a arraigar en la humanidad devastada por el virus del SIDA del África subsahariana, no tardaría en tomar el primer avión para Roma, Londres o Nueva York.

Ni el nacionalismo epidemiológico estilo fortaleza, ni la idiota reverencia a los beneficios de los gigantes farmacéuticos (Roche, en particular) deberían prevalecer sobre el principio de la solidaridad humana frente a la(s) plaga(s) venidera(s). Nuestra común supervivencia exige una adecuada línea vital de vacunas, de antivirales y de antibióticos como un derecho humano. Que centenares de millones de pobres no tengan actualmente ni siquiera acceso a agua potable o a aspirinas es causa de vergüenza, pero no es excusa para abandonar los esfuerzos en favor de la creación, lo antes posible, de una vacuna mundial contra la gripe.


(*) Mike Davis es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Otros artículos de Mike Davis publicados en sinpermiso.info estrechamente relacionados con éste son: Capitalismo contra ecología: la combinación mortal de pobreza urbana y peligros naturales (publicado el 26 09 05);   ¿Se nos ha acabado el tiempo? La pandemia de la gripe aviar asiática llama a la puerta (publicado el 19 08 05); y finalmente, El monstruo en la puerta (publicado el 17 06 05).

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