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África y las
hambrunas del libre mercado
Por Yves Engler
(*)
Argenpress, enero 2006
Las recientes muertes por el hambre en Níger no son producto de la
escasez de alimentos. Durante todo el tiempo de las hambrunas había
comida disponible. Lo que pasa es que, simplemente, los pobres no
tienen el dinero suficiente para afrontar los crecientes precios de
los alimentos, impuestos por los organismos internacionales de
crédito. La mayoría de los países africanos están bajo una presión
inmensa para seguir políticas de que no sigue ningún otro país
industrializado.
Miles de personas murieron de hambre recientemente en Níger. Durante
todo este tiempo había comida disponible. Lo que pasa es que,
simplemente, los pobres no tienen el dinero suficiente para afrontar
los crecientes precios de los alimentos, así que mueren de hambre.
En la primavera, el Fondo Monetario Internacional presionó al
presidente de Níger, Mamadu Tandja, para que implementara un impuesto
del 19 por ciento sobre el valor añadido, también en los alimentos. El
impuesto se añadió incluso a pesar de que se produjo un aumento
superior al 75 por ciento en los precios de los alimentos.
Durante el mismo tiempo, la principal fuente de ingresos de las
poblaciones nómadas del país, el ganado, perdió la cuarta parte de su
precio, dejando a los pobres sin dinero para comprar alimentos
básicos.
Cuando algunos grupos internacionales comenzaron a llamar la atención
sobre la crisis de alimentos, los intereses del 'mercado' primaron
sobre los intereses de los pobres. El London Observer del 7 de agosto
reveló que 'el gobierno de Níger, bajo las instrucciones del FMI y de
la Comunidad Europea, se negó a distribuir comida gratis entre los más
necesitados'.
Los poderes fácticos no quisieron 'deprimir los precios del mercado'
que beneficiaban a mayoristas y a especuladores. Hace dos veranos, la
hambruna azotó a Etiopía poco tiempo después de que instituciones 'de
ayuda humanitaria', controladas por los gobiernos occidentales,
hicieran presión al gobierno del país para que cesase de intervenir en
el sector agrícola.
The Wall Street Journal informó que el gobierno de Níger, bajo presión
de prestamistas y donantes internacionales, se estaba retirando de los
mercados de grano en favor de un sector privado mal financiado y
carente de experiencia. Sin embargo, se tomaron pocas precauciones
para apoyar este libre mercado sin experiencia con almacenes,
transporte o financiamiento (1 de julio 2003).
Al principio, la reducción de la implicación por parte del gobierno no
parecía ser el problema ya que, según el Journal, 'la cosecha de grano
en Etiopía en la última mitad de la década de 1990 ascendía a 11
millones de toneladas anuales, unas cuatro toneladas más que en la
década de 1980.
En los años 2000 y 2001 se consiguió una cosecha extraordinaria que
alcanzó los 13 millones de toneladas'. La mejora de las cosechas
ocultó la naturaleza equivocada de las políticas agrícolas basadas en
el mercado. De hecho, unas cosechas más grandes agravaron la carencia
de comida que se dio por último.
Cuando el Estado redujo su papel como estabilizador de precios, los
agricultores comenzaron a producir menos, ya que las grandes cosechas
producían menos ingresos.
Según el Journal 'por un saco de maíz de 220 libras de peso que
alcanzaba un precio de 10 dólares en los buenos tiempos se podía
conseguir un precio de dos dólares, y eso era la mitad de los costes
medios de producción'. Los agricultores que producían para vender
disminuyeron su producción o se dedicaron a cultivos de subsistencia.
De repente, los alimentos comenzaron a escasear y miles de personas
murieron de hambre.
En 2002, debido a una situación similar a la de Etiopía, se
desencadenó una hambruna en Malawi. El Banco Mundial, el FMI y la
Comunidad Europea habían presionado al gobierno de Malawi para que
redujera sus reservas de grano de 167 mil toneladas a 30 mil
toneladas. Se presionó a Malawi para que redujera sus reservas de
grano por razones ideológicas y para pagar un préstamo de 300 millones
de dólares al Banco Sudafricano.
La venta causó una caída de los precios locales, reduciendo la
capacidad de producción de muchos agricultores. También resultó en una
reserva de emergencia mucho más pequeña. En términos humanos, estas
políticas de 'mercado' dieron por resultado las muertes innecesarias
de miles de personas.
La presión para la reforma de la seguridad agrícola se ha extendido
por toda Africa. 'El banco (mundial) durante mucho tiempo ha instado
gobiernos africanos débiles –según el Journal– a privatizar su
agricultura y a abandonar cualquier tipo de subsidios agrarios.' De la
misma forma, los ideólogos del FMI se oponen a que el Estado sea el
garante para la seguridad alimentaria.
Las juntas de materias primas que fijaban los precios están
prohibiendo y se está encargando esta tarea a un sector privado
incapaz y poco dispuesto. Además, se están recortando los subsidios a
pequeños agricultores.
Sin embargo, el suministro de alimentos es demasiado importante para
dejarlo en manos del mercado, que es por lo que la mayoría de los
países europeos y los Estados Unidos tienen un sistema de gestión de
suministros y planes para seguridad alimentaría. La mayoría de los
países africanos están bajo una presión inmensa para seguir políticas
de alimentos que no sigue ningún otro país industrializado.
Desafortunadamente, no es nada nuevo que por una liberalización
económica forzada se agraven o se causen hambrunas innecesarias. Mike
Davis, en su libro 'El último holocausto victoriano', cuenta las
circunstancias que rodearon a un número de horribles hambrunas en la
India, Brasil y China entre 1870 y 1900.
A finales de las décadas de 1870 y 1890 entre 30 y 60 millones de
personas murieron durante hambrunas en esos tres países. Según Davis,
la razón es que las reformas del 'libre mercado' agravaron la
devastación ecológica.
Los imperialistas británicos minaron la seguridad agrícola local,
destruyendo deliberadamente los sistemas de seguridad alimentaria en
la India y China, de larga raigambre. Según un estadista británico que
analizó las medidas de seguridad alimentaria en la India en los dos
milenios anteriores a 1800, hubo solamente una hambruna importante
cada siglo.
Durante la ocupación británica había una cada cuatro años, además de
los casi 20 millones de indios que murieron de hambre, la economía
india también se estancó. En 1800 la participación de la India en la
producción mundial era cuatro veces mayor que la británica. Para 1900,
ya totalmente bajo control británico, la razón era de ocho a una en
favor de Gran Bretaña. De la misma forma, las economías africanas que
han adoptado las reformas neoliberales se han estancado o están en
declive.
Si los medios norteamericanos permitieran unas pocas palabras a los
niños que están muriendo de hambre en Níger, éstos quizá les dijeran a
los economistas neoliberales 'el mercado libre y los alimentos no se
mezclan, a no ser que estéis intentando matarnos'.
(*) Yves Engler es el autor de 'Canada in Haití –Waging
War on the Poor Majority' (con Anthony Fenton) y 'Playing Left Wing:
From Rink Rat to Student Radical'. |