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Uranio
empobrecido
Una
amenaza escondida y un desastre mundial
Por Stephen Lendman (*)
GlobalResearch.ca
/ Rebelión, 03/03/06
Traducido
del inglés para Rebelión y Tlaxcala por Paloma Valverde
Olvidaos
de la gripe aviar. La amenaza de que se convierta en una pandemia es más
una táctica de terror político y una bonanza potencial para los
beneficios de las empresas farmacéuticas y de su red de accionistas
importantes (incluido Gilead Sciences, que desarrolló el medicamento
Tamiflú, y su ex presidente y mayor accionista Donald Rumsfeld) que algo
parecido a una crisis de salud pública – a menos que vivamos al lado de
pollos infectados o nos inyecten una vacuna no experimentada. Hay muchas más
probabilidades de que nos maten otras bacterias o amenazas víricas que la
aviar y que no llaman la atención. No hay que preocuparse por las
posibles o improbables amenazas. Hay que preocuparse por las reales:
bacterias y virus, para los que no existe tratamiento con antibióticos,
son buenos ejemplos. Así hay un calentamiento global y muchas otras
cosas. Pero hay posiblemente una amenaza que supera a todas las demás por
su gravedad y porque sed ha ocultado deliberadamente al público – nunca
se ha discutido, explicado o se ha tomado alguna medida para remediarlo.
Es la amenaza global de los efectos tóxicos del uranio empobrecido y la
amenaza global del uranio empobrecido tiene el potencial de destruir toda
la vida del planeta. ¿Cómo algo tan potencialmente destructivo puede
ocultarse, ignorarse y por qué?
La
arrogancia del poder
No
hay discusión sobre el hecho de que Estados Unidos [EE.UU.] es hoy el
poder mundial preeminente y distinto de cualquier otro precedente. Ahora
admite ser un imperio. De hecho, es el primer imperio global del mundo. En
la actualidad, para expandir su alcance e influencia, gasta en su ejército
casi lo mismo que todas las naciones juntas y ha construido y mantiene una
capacidad militar que ninguna nación del mundo se atreve a enfrentar.
Además, conserva para sí mismo el derecho a desarrollar y utilizar las
armas más peligrosas y destructivas, incluso aquellas cuyo uso prohíben
las leyes internacionales o la costumbre. Alguno de los que ahora están
en los más altos niveles creen que tienen el derecho divino a usarlas,
incluso la obligación. George Bush podría ser uno de ellos. Un nacido
–y autoproclamado– autodenominado renacido cristiano que dice que sus
designios provienen del Altísimo. Esto es auténtica arrogancia, la clase
suprema que solo un poder incontestable y sus líderes se atreven a
arrogarse.
Hasta
ahora, EE.UU. ha utilizado su poder de forma efectiva para dominar a otras
naciones ya sea mediante la persuasión, el aislamiento económico o la
conquista. Afirmamos ser un modelo de democracia pero nuestras políticas
y actos demuestran otra cosa. En EE.UU. somos una democracia para unos
pocos –los privilegiados y los poderosos. Son ellos quienes gobiernan y
dirigen nuestras instituciones, que incluyen a las más poderosas: las
multinacionales gigantes a cuyos intereses sirven todos los gobiernos, lo
que incluye el emprender guerras para su beneficio. Las guerras son buenas
para los negocios – mientras sean fáciles de ganar, el público las
apoya y no ocasionan problemas económicos que puedan afectar a la economía,
en cuyo caso son malas para los negocios.
Existe
un término curioso utilizado con frecuencia en plural y en el contexto de
los negocios que también resulta apropiado en un contexto más amplio. El
término es "efectos secundarios". En el mundo de los negocios
hace referencia a los desafortunados efectos colaterales o consecuencias
de las acciones de una empresa que puedan tener un efecto perjudicial
sobre terceros. Un ejemplo típico es una planta industrial que genera una
sustancia peligrosa en su propio proceso de producción, tal y como un
subproducto invendible. Para evitar el coste de eliminación,
almacenamiento o tratamiento, la fábrica lo vierte a los ríos, a zonas
no habitadas o [al aire] por las chimeneas. Con esta acción daña el
medioambiente. Las guerras también tienen "efectos
colaterales"– con consecuencias bastante más graves; los mejores
ejemplos, sobretodo, son la muerte, la enfermedad y la destrucción. Pero
también lo son los residuos peligrosos y sus efectos secundarios
derivados del uso de armas como tóxicos químicos, agentes biológicos y
todo tipo de municiones nucleares. Todos somos conscientes del peligro
derivado de las dos primeras categorías, a pesar de que cuando se
utilizan afectan a no sólo pequeñas zonas, no son "armas de
destrucción masiva". También hemos visto la capacidad destructiva
de una bomba nuclear y tenemos información sobre el uranio empobrecido.
Pero la gente tiene un conocimiento escaso o nulo sobre el peligro real y
la amenaza del uso de cualquier sustancia o artefacto nuclear. Esa
información ha sido eliminada intencionada y deliberadamente porque el daño
potencial es demasiado grande e irreversible. Incluso cuando hay pruebas
evidentes de la generalización de los problemas, como fue el caso de los
efectos del Gas Naranja en los veteranos de Vietnam y el "síndrome
de la guerra del Golfo" en los ejércitos de ese conflicto, nuestro
gobierno ha negado cualquier conexión y ha impedido el trabajo para
ayudar a quienes lo necesitaban –hasta que ya no pudieron ocultar más
la verdad y tuvieron que actuar.
El
uranio empobrecido es un "metal denso" que aumenta su potencial
como arma para penetrar en un objetivo, aumentando así su capacidad
destructiva. La propaganda del Pentágono y la desinformación describen
con falsedad las armas de uranio empobrecido diciendo que sólo van
recubiertas. En realidad son misiles sólidos, bombas, obuses y balas que
pesan hasta 5.000 libras [aprox. 2,7 toneladas] en una simple "bomba
antibúnker". Todas esas armas contienen proyectiles sólidos de
uranio empobrecido o cabezas nucleares y su utilización en combate, como
ha hecho el ejército estadounidense en las cuatro guerras y ahora lo está
haciendo a diario en Iraq, es el uso "de hecho" de bombas
nucleares. Desde Nagasaki en 1945 hasta la [Primera] guerra del Golfo en
1991, esas armas han estado prohibidas completamente por un acuerdo común
(y por el sentido común) y jamás se utilizaron, excepto una vez en la
guerra del Yom Kippur de 1973. Nunca más .
Arriba
me preguntaba por qué se utilizan esas armas, si son tan mortíferas y
peligrosas, mucho más allá de las zonas objetivo. La respuesta es fácil
– porque funcionan muy bien y las fuerzas enemigas atacadas no las
tienen por lo que no pueden contraatacar con ellas. El hecho de que
comprendamos el peligro de su utilización y los "efectos
colaterales" que dejan con su estela es un problema que otros tendrán
que solucionar. Al igual que una empresa pública, que solo se preocupa de
converger con lo que Wall Street considera las próximas ganancias de un
cuarto de punto, nuestro gobierno y el ejército solo se preocupan de
ganar la próxima batalla y la próxima guerra – muy peligroso si en el
proceso se irradia [todo] el planeta y se amenaza toda la vida futura
sobre él. Después será el problema de otros. Así es como el piensa
gran mercado y además cómo también lo hacen nuestros dirigentes políticos
y militares.
Nuestro
valioso planeta y cómo lo maltratamos
Hoy
estamos amenazados por muchos desastres, naturales y provocados, que podríamos
evitar pero que no lo hacemos. Además de los mencionados más arriba hay
que añadir la contaminación del aire, del agua y de la tierra, que
incluye la comida insana que comemos debido a los contaminantes químicos
y a otro tipo de contaminantes y aditivos insalubres, sin ignorar el daño
a la capa de ozono, la deforestación, la destrucción del valioso hábitat
natural y el peligro de extinción de las especies, las insensatas formas
de desarrollo y la utilización de nuestros recursos naturales, que
incluye el despilfarro de unos recursos de agua potable finitos que podrían
agotarse y que son irremplazables. Y no nos olvidemos de las guerras que
traen de modo temerario más destrucción, unido a las nuevas tecnologías
y armas que se están desarrollando para luchar y las naciones poderosas
que las poseen [y] que no muestran ninguna restricción a la hora de
usarlas.
En
noviembre de 2005, esta nación perdió a un gran hombre lamentablemente
desconocido para la mayoría de la gente. Su nombre era Vine Deloria Jr.,
un renombrado intelectual estadounidense, historiador, autor, investigador
y activista. Con gran elocuencia, Deloria habló y escribió sobre cómo,
durante toda su existencia, el planeta había estado bien conservado por
quienes vivían en él hasta que alrededor de unos 200 años atrás cuando
comenzó el desarrollo tecnológico occidental y todo cambió. Fue
entonces cuando se transformó de prístino en envenenado. [Deloria]
Expresaba tal grado de sabiduría en sus escritos y conferencias que
merece la pena citarle. A continuación van algunos ejemplos:
"El
progreso es la destrucción absoluta del mundo real a favor de una
tecnología que crea un modo de vida cómodo para unos pocos privilegiados
y afortunados. Durante nuestra época, las diferencias entre la utilización
de la tierra por los indios y por los blancos se hará evidente. El indio
vivía con su tierra. El blanco destruyó su tierra, destruyó el planeta
tierra."
Deloria
dijo una vez que los misioneros cristianos "se habían puesto de
rodillas y rezado por los indios" antes de levantarse para
"poner de rodillas a los indios y desposeerlos de su tierra."
Además, afirmó que la destrucción acarreada por los valores
corporativos y su tecnología era tan dañina que el regreso a la forma y
la cultura tribal americana podría verse como la salvación. Fue testigo
de una sociedad corporativa depredadora como EE.UU., como un "Adolph
Eichmann de los aviones", cuyos soldados fueron herramientas "no
defensores de la civilización; ellos aplastaban otra sociedad."
Deloria
escribió 20 libros, editó algunos otros, publicó sus memorias y dos volúmenes
de los tratados entre EE.UU. y los nativos americanos [indios], todos
ellos sobre los devastadores resultados de la doble moral de EE.UU. que,
hasta la fecha, ha roto, ignorado y pisoteado intencionadamente todos y
cada uno de los tratados firmados, así como los derechos de nuestros
nativos con todo tipo de mentiras, falsedades y engaños. Sólo el último
ejemplo de esto lo tenemos en una de las acusaciones del escándalo de
corrupción política y financiera de Jack Abramoff que ahora aparece a
diario en las cabeceras de los periódicos. Abramoff, su socio, y otros
republicanos bien conocidos han sido acusados de estafar al Casino Indio
unos suculentos intereses estimados en alrededor de 85 millones de dólares.
Además, en sus ahora públicos correos electrónicos, se refirió a los
indios como "monos, trogloditas (gente de naturaleza sub–humana) e
idiotas."
Deloria,
además, escribió que contrariamente a los afroamericanos, los indios no
quisieron igualarse en la sociedad estadounidense. No quisieron ser parte
de ella. Vine Víctor Deloria, Jr., historiador, investigador, activista y
muchas otras cosas, nació el 26 de marzo de 1933 y murió el 13 de
noviembre de 2005. Le echaremos de menos.
La
revolución industrial y su único objetivo de [obtener] beneficios (lo
que Veblen denominó "la maximización de los intereses
pecuniarios") era el objetivo de Deloria. [La revolución industrial]
generó consigo un gran arsenal de tóxicos que han hecho un daño ecológico
indecible. La alarma sonó con fuerza en el libro, pieza clave, de Rachel
Carson Primavera Sin Voz [Silent Spring] publicado en 1962 que obligó a
la prohibición del DDT, influenció al Presidente Jack Kennedy y afectó
a la legislación sobre el aire, el agua y la tierra. Además, impulsó un
movimiento ecologista que está creciendo en grupos muy diversos que
presionan y luchan por la salubridad y la justicia medioambiental.
Desde
la época de Carson, sabemos mucho más acerca de los peligros a los que
nos enfrentamos, y nos enfrentamos a muchos más. Pero pese a nuestros
conocimientos, a la influencia de muchos científicos preocupados [por el
tema] y a un público que apoya la necesidad de un medioambiente
saludable, nuestros dirigentes políticos [estadounidenses] de ambos
partidos, al servicio de los intereses a los que las multinacionales
dominantes sirven, poco han hecho salvo flacos favores al tema más
importante junto al de la guerra y la paz Aunque el Congreso
[estadounidense] aprobó más de una docena de decretos fundamentales y
leyes medioambientales, desde la Ley de la Política Nacional
Medioambiental de 1969, que incluye las Leyes del Aire y del Agua Puras,
la Ley Integral de Compensación, Respuesta y Responsabilidad (CERCLA en
sus siglas en inglés) que establece el Superfondo para financiar la
limpieza de los vertidos tóxicos, la Ley de especies en peligro de
extinción y otras más, esas leyes han sido, desde entonces, ignoradas o
despreciadas. Como resultado, las condiciones [medioambientales] hoy son
mucho peores que hace 40 años y los peligros derivados de ellas amenazan
nuestra supervivencia. En su libro publicado en 2003, Hegemonía o
Supervivencia (Hegemony or Survival), Noam Chomsky citaba las reflexiones
de un eminente biólogo, Ernst Mayr. Mayr observó que otras especies eran
más proclives a sobrevivir que los humanos y que el promedio de vida de
una especie es de alrededor de 100.000 años. Es creencia común que la
especie humana está ahora a punto de alcanzar ese límite y que podría
estar cerca la extinción. Si tal es así, y a la luz de nuestro
comportamiento más reciente, podríamos, como señala Chomsky,
convertirnos en la única especie capaz de destruirse a sí misma y junto
a ella todo el entorno al mismo tiempo.
La
era nuclear lo cambió todo
Desde
que se produjo por primera vez la escisión del átomo en un laboratorio
de Berlín en 1938, el mundo no ha vuelto a ser el mismo. La Teoría de la
Relatividad del gran científico Albert Einstein fue decisiva en el
desarrollo nuclear que siguió a la creación de la bomba atómica. Pero
su máxima influencia fue la carta que [Einstein] envió a Franklin
Roosvelt en 1939 apremiándolo a crear la bomba atómica. Einstein tenía
miedo de que los Nazis la pudieran construir antes con consecuencias
desastrosas. Más tarde lamentó este hecho y dijo: "Cometí un gran
error en mi vida cuando firmé la carta al Presidente Roosvelt recomendándole
que se construyera la bomba atómica..."
También
afirmó "nuestro mundo se enfrenta a una crisis todavía
imperceptible para aquellos que tienen el poder de tomar grandes
decisiones para el bien y para el mal. La energía liberada del átomo ha
cambiado todo menos nuestra manera de pensar y, por lo tanto, vamos hacia
una catástrofe sin parangón". Si hoy estuviera vivo, ¿qué podría
decir Einstein sobre la amenaza del uranio empobrecido, que convertido en
arma es posiblemente el arma de destrucción masiva definitiva?. Pero
incluso si lo dijera, ¿se le permitiría a la gente escucharle? Y más
importante aún, ¿cambiarían algo sus palabras?
El
uranio empobrecido: qué es y cómo se usa
Para
poder utilizar el uranio como combustible para aviones comerciales o como
arma nuclear hay que enriquecerlo. El proceso de enriquecimiento continúa
después con la difusión de los gases en dos vías – una se enriquece y
la otra se empobrece. Antes de que se le encontrara un uso, el uranio
empobrecido simplemente se almacenaba en enormes montones como un producto
derivado. Sin embargo, cuando se descubrió que los proyectiles del sólido
"metal denso" de uranio empobrecido en todas sus formas
(misiles, bombas, obuses y balas) aumentaba enormemente la capacidad para
penetrar y destruir un objetivo, el Pentágono obtuvo una nueva tecnología
que esperaba utilizar en combate y que ahora posee desde hace 15 años.
El
primer sistema de armas de uranio empobrecido se desarrolló para la
Marina en 1968 y las armas con uranio empobrecido se entregaron en primer
lugar a Israel para que las utilizara en la guerra del Yom Kippur, en
1973, bajo supervisión estadounidense. Esas armas se vendieron
posteriormente a 29 países pero hasta la [Primera] Guerra del Golfo de
1991 –cuando EE.UU. violó el tabú que las prohibía–, no se usaron
nunca. Desde entonces, EE.UU. ha combatido en las guerras de Yugoslavia,
Afganistán y nuevamente de Iraq. En todos esos conflictos, se han usado
miles de toneladas de armas con uranio empobrecido sólido causando
bastante más devastación con su radiación y toxinas químicas que la
que [pudieran causar] los objetivos destruidos o las personas asesinadas
en las zonas objetivo militar. Lo peor de todo: la persistencia y la
expansión de la contaminación con uranio empobrecido en las zonas
afectadas –que no tiene límite– lo que implica que todos aquellos que
han estado expuestos, junto con sus seres cercanos con quienes tienen un
contacto íntimo y su descendencia, tengan la posibilidad de padecer
cualquier enfermedad, dolencia o minusvalía inimaginable, que a menudo
terminan en una pronta muerte o, al menos, en una vida de sufrimientos y
enormes gastos. En lenguaje orweliano, el uranio empobrecido es el regalo
(mortal y no deseado) que nos siguen regalando y [nos sigue] matando.
La
utilización del uranio empobrecido como arma es ilegal al amparo de la
legislación internacional
El
gas venenoso en sus múltiples formas se utilizó por primera vez como
arma en la Primera Guerra Mundial por ambos bandos. Sus mortíferos
efectos causaron muy por encima del millón de heridos y cerca de 100.000
muertos. Tras al guerra, el rechazo contra su uso llevó al Protocolo de
Ginebra de 1925 y a otra famosa Convención de Ginebra sobre Armas que
específicamente prohibió el uso de agentes químicos y biológicos en la
guerra, en cualquier forma y por cualquier razón. El Protocolo sobre el
Gas de la Convención de Ginebra de 1925, prohíbe concretamente el uso de
armas de gas venenoso. A pesar de que ninguna Convención de Ginebra ni
otro tratado prohíbe el uso de uranio radioactivo en las armas, lo que
incluye las armas de uranio empobrecido, estas armas son en realidad
ilegales –de hecho y de derecho– bajo las premisas de la Convención
de La Haya de 1907, que prohíbe el uso de cualquier "tóxico o armas
tóxicas". Las armas de uranio empobrecido, en todas sus formas y
usos, son radioactivas y químicamente tóxicas y, por tanto, se ajustan
palmariamente a la definición de armas tóxicas prohibidas por la
Convención de La Haya. EE.UU. es un país firmante de las Convenciones de
La Haya y de Ginebra (que son tratados vinculantes de acuerdo con la
legislación internacional). EE.UU. ha violado las sagradas obligaciones
del tratado con la utilización de armas de uranio empobrecido en combate
o en cualquier situación y es culpable de un crimen de guerra. Además,
todas las armas de uranio empobrecido se ajustan también a la definición
del Código federal estadounidense que divide las "armas de destrucción
masiva" en dos o tres categorías. El Código estadounidense, Título
50, Capítulo 40, Sección 2302 define arma de destrucción masiva como
sigue: "El término 'arma de destrucción masiva' implica cualquier
arma o mecanismo con el que se pretenda o se pueda causar la muerte o
heridas de gravedad a un número significativo de personas mediante la
liberación, la diseminación o el impacto de: a) productos químicos tóxicos
o venenosos o sus derivados, b) un organismo nocivo y c) radiación o
radioactividad". Puesto que EE.UU. es firmante de las Convenciones de
la Haya y de Ginebra, el ejército estadounidense está violando su propio
código militar. Mediante la utilización en combate –en cuatro
guerras–, del uranio empobrecido (que claramente es un arma de destrucción
masiva y, por tanto, ilegal) EE.UU. es, sin paliativos, culpable del
crimen por antonomasia sobre el que EE.UU. basó su derecho a iniciar la
guerra contra Iraq para prevenirlo.
Además,
según varias Convenciones y Acuerdos de Naciones Unidas, vinculantes para
sus signatarios de acuerdo con el derecho internacional, la utilización
de armas que causen daño tras la batalla, lo que incluye zonas lejanas al
campo de batalla, daño al medio ambiente, o asesinen, hieran o causen daño
de forma inhumana son ilegales y están prohibidas. Las armas de uranio
empobrecido son nocivas según la legislación internacional y violan todo
citado anteriormente. Incluso la imprescindible Declaración de Derechos
Humanos, que legalmente no es vinculante para su signatarios, implica una
obligación moral de no utilizar jamás cualquier arma tan potencialmente
dañina como el uranio empobrecido.
Efectos
conocidos del uranio empobrecido hasta la fecha: lo peor está por venir
Estoy
en deuda con Leuren Moret por los datos aportados a lo largo de este artículo
y los que aparecen más abajo. Leuren es una científica independiente y
experta reconocido internacionalmente en temas de radiación, uranio
empobrecido y salud pública. Ha realizado investigaciones exhaustivas
sobre los efectos de la radiación atmosférica de bajo nivel en el
medioambiente y en la salud pública, investigando las lluvias
radioactivas, las centrales nucleares y la radiación de las armas de
uranio empobrecido en 42 países; ha escrito detallados informes y artículos
sobre sus importantes descubrimientos, atestiguando los efectos dañinos
de la contaminación por uranio empobrecido y es una abierta opositora al
uso del uranio empobrecido. En un artículo de julio de 2004 escribió:
"La utilización de armamento con uranio empobrecido por parte de
EE.UU. desafiando todos los tratados internacionales, aniquilará
lentamente todas las especies de la tierra, incluida la humana y, sin
embargo, este país continúa utilizándolas con pleno conocimiento de su
potencial destructivo".
El
trabajo de Leuren ha revelado algunos hechos sorprendentes. Desde que el
ejército estadounidense utilizó por primera vez armas con uranio
empobrecido en la [Primera] Guerra del Golfo, en 1991, se ha liberado a la
atmósfera la radioactividad atómica equivalente a 400.000 bombas
nucleares de Nagasaki, (esta [cifra] no es una errata) lo que causa una
contaminación permanente [radioactiva] de una vida media de 4,5 billones
de años. Además, esa radiación de uranio empobrecido es diez veces el
total liberado en la atmósfera en todas las pruebas [nucleares] que en
total equivalen a 40.000 bombas como la de Hiroshima (de nuevo [la cifra]
no es una error de imprenta). Las dos bombas atómicas utilizadas contra
los japoneses mataron a 300.000 personas o más, [contabilizando] desde el
inicio de la explosión hasta las muertes causadas por las subsiguientes
radiaciones y contaminación química. Aún hoy, se sigue informando de
muertes atribuidas a las bombas [nucleares]. Imagínense ahora la amenaza
potencial que suponen para la vida de todo el planeta las armas de uranio
empobrecido utilizadas desde 1991 y su uso continuado en Iraq y Afganistán
–el equivalente a 400.000 bombardeos como el de Nagasaki, diariamente en
aumento, al tiempo que el ejército estadounidense bombardea, con bombas
de uranio empobrecido, entre 4 y 6 veces diarias objetivos sólo en Iraq .
Leuren
llama al uranio empobrecido "el caballo de Troya" de la guerra
nuclear [porque ] sigue emitiendo y sigue matando. No hay forma de
eliminarlo y no hay forma de anularlo porque se desintegra en otros isótopos
radiactivos... "Mientras se desintegra, sigue emitiendo más radiación.
Cuando el uranio empobrecido se utilizó como arma en la guerra, como ha
hecho EE.UU. cuatro veces (sigue haciéndolo en Iraq y Afganistán y
pretende seguir haciéndolo), convirtió en real la máquina imaginaria
Doomsday de Stanley Kubrick (en su película de 1964, Dr.
Strangelove)". El uranio empobrecido podría ser el arma definitiva
de aniquilación masiva. A menos que haya un público masivo en todo el
mudo consciente de esta amenaza para exigir de forma inmediata el fin de
su uso, sea cual sea la finalidad, nos quedamos con poco más que el
mensaje del subtítulo de la película de Kubrick – deja de preocuparte
y acepta la bomba– y seguramente prepárate para morir.
El
daño mayor del uranio empobrecido proviene de los residuos radiactivos
[que emite] tras su uso. Cuando un proyectil de uranio empobrecido alcanza
un objetivo penetra profundamente y se convierte en un aerosol de fino
spray que entonces contamina el aire y la tierra en los alrededores de la
zona del objetivo. El residuo es permanente, y sus partículas microscópicas
y submicroscópicas quedan suspendidas en el aire, o son barridas al aire
desde el suelo contaminado y transportadas por el viento por toda la
tierra como un componente radiactivo del polvo atmosférico. Ese polvo cae
a la tierra de forma indiscriminada, por todas partes, causando
contaminación radiactiva que afecta a cada ser viviente y que no se puede
evitar. La contaminación causa virtualmente cada una de las enfermedades
y afecciones conocidas, desde dolores de cabeza intensos, dolores
musculares y astenia, hasta importantes malformaciones de nacimiento,
infecciones, depresión, enfermedades cardiovasculares, muchos tipos de cáncer
y tumores cerebrales. También provoca invalidez permanente y la muerte.
En junio de 2003, la Organización Mundial de la Salud [OMS], sin hacer
una referencia específica al uranio empobrecido, anunció en una rueda de
prensa que las cifras globales de cáncer se incrementarán en un 50% en
2020. La OMS es normalmente conservadora en sus estimaciones. ¿Considerarían
que las cosas van a peor?, y ¿están investigando en profundidad los
efectos del uranio empobrecido en aquellas zonas de combate donde se han
utilizado y todavía se utilizan esas armas?
Las
personas (civiles y militares) en zonas–o cerca de– alcanzadas [por
armas con uranio empobrecido] quedan, de forma inmediata, contaminadas por
el uranio empobrecido, sobretodo si permanecen en el lugar durante mucho
tiempo. Durante las seis semanas de la [Primera] Guerra del Golfo de 1991,
solo 467 personas al servicio de EE.UU. fueron heridas y unos 150
resultaron muertos. De los 580.000 efectivos militares que participaron en
esa guerra se sabe que, en el año 2000, 325.000 efectivos estaban en
situación de baja médica por invalidez permanente. También se supo
entonces que el número aumentaba cada año en 43.000 [efectivos]. De
hecho, el incremento anual era incluso mayor y, en 2004, el Departamento
de Asuntos de Veteranos informó que alrededor de 518.000 veteranos del
Golfo eran bajas médicas permanentes. También se supo que alrededor de
500.000 veteranos eran sin techo. Además, se realizaron estudios sobre
los veteranos cuyas esposas tuvieron niños sanos antes de la guerra. Se
informó de que dos tercios de los niños nacidos tras la guerra padecían
graves defectos de nacimiento, tales como ausencia de masa encefálica
[anencefalia], ojos, piernas y brazos, así como enfermedades de la
sangre.
Ya
hay tempranos, aunque escasos, informes sobre los problemas de salud
causados por el uranio empobrecido en el conflicto actual en Iraq (y
probablemente en Afganistán) y, al igual que se ha citado antes, sobre la
media de suicidios de los que aún están en servicio militar activo, de
los veteranos y de la violencia familiar. Como los despliegues [de tropas]
en el actual conflicto son mucho más largos que en la breve [primera]
Guerra del Golfo y la mayoría de los que han servido vuelven una segunda,
e incluso una tercera vez de servicio, es fácil imaginar un literal
holocausto que, finalmente, aniquilará a todo el ejército y al personal
que ha servido o está sirviendo ahora en Iraq y en la región, y
probablemente tenga un efecto similar entre las esposas y maridos de los
veteranos y su descendencia tras el servicio en el ejército. Conviene
subrayar una vez más [que] el gobierno estadounidense anterior a 1991 tenía
un conocimiento absoluto sobre los devastadores efectos que el uranio
empobrecido causaría [pero] se siguió usando, aún se sigue utilizando,
y todavía se utilizará. ¿Supera la realidad? Si alguien escribiera esto
como un trabajo de ficción o de ciencia ficción, nadie lo creería y
probablemente nadie lo publicaría.
El
uranio empobrecido utilizado como arma: un acto deliberado de genocidio
Desde
su utilización, ya en cuatro guerras, el uso de armas de uranio
empobrecido es un acto de locura así como posiblemente el mayor crimen
contra la humanidad (y contra todas las demás especies vivas) y un crimen
de guerra. Los responsables, incluidos tres presidentes, van desde altos
cargos del gobierno y del Alto Mando del Pentágono hasta muchos generales
y almirantes. Esas personas son criminales. Son culpables de asesinatos
masivos que se siguen perpetrando. Todos ellos deben responder por sus crímenes
con denuncias y juicios, tanto en los tribunales nacionales como en la
Corte Penal Internacional en La Haya que se estableció en 2002 para
juzgar a individuos acusados de crímenes de guerra, de crímenes contra
la humanidad y de genocidio. Esas personas, o al menos la mayoría de
ellas, son culpables de esos tres crímenes y deben pagar, sin piedad, el
precio más alto. Sus condenas deben servir, de una vez por todas, como
recordatorio para todos los futuros dirigentes de que este tipo de
comportamiento temerario nunca jamás volverá a tolerarse.
El
premio Nóbel Harol Pinter, un autor distinguido y hombre de honor, pasión
y elocuencia, en el discurso de 2005 de aceptación del Nóbel hizo esas
observaciones sobre la actual guerra de Iraq. También enfermo de cáncer,
no pudo viajar a Oslo para la ceremonia de entrega de los premios y en su
lugar leyó su discurso en un vídeo. Pinter es un afilado crítico contra
la guerra de Iraq, EE.UU. y del papel que juega el gobierno británico en
ella. En su discurso del Nóbel, definió la invasión de Iraq como
"un acto delictivo, un acto descarado de terrorismo de Estado que
demuestra el desprecio absoluto por el concepto de legalidad
internacional". Señaló que "EE.UU. ya no se preocupa de sus
conflictos de baja intensidad. Ya no ve la necesidad de ser reticente o
incluso utilizar artimañas... simplemente le importa muy poco Naciones
Unidas, la legalidad internacional o los disidentes críticos, a quienes
considera impotentes e irrelevantes."
Pinter
tiene razón, y dijo mucho más en sus 46 minutos de discurso de aceptación
del Nóbel. Podría haber añadido que desde el 11 de septiembre de 2001
la Administración Bush ha gobernado temeraria y arrogantemente. Con
secretismo obsesivo y desprecio a la Constitución, al Congreso, a los
tribunales y al pueblo estadounidense, George Bush ha gobernado con Órdenes
ejecutivas o Decretos, una herramienta de tiranos cuando se utiliza para
rebasar el poder otorgado, como hace este presidente. Lo ha hecho para
lograr una política de guerra imperial permanente con la finalidad del
dominio estadounidense global. Dejando de lado la tragedia del 11 de
septiembre, la Administración Bush creó una fingida amenaza terrorista
mundial para inducir el miedo para poder guerrear durante las décadas
venideras contra la llamada "guerra global contra el
terrorismo". También creó un estado semipolicial con redadas
masivas sin fundamento, detenciones ilegales y deportaciones como parte de
una guerra racista contra los inmigrantes de piel oscura, espionajes
nacionales ilegales y sin garantías, el uso sistemático de la tortura
con los detenidos y con los encarcelados en el extranjero y "puestas
en escena" para la mayoría de los países innombrables que toleran
esta práctica. La Administración Bush hizo todo esto basándose en los
pilares de la mentira, la falsedad, el engaño deliberado, una trama de
mentiras sin fin y un posterior desprecio del imperio de la ley para la
política, la economía y la justicia social en EE.UU. y en el extranjero.
Hasta
hace pocos meses, Bush se libraba de todo. Ahora, con las cifras de las
encuestas cayendo, la guerra de Iraq un atolladero sin esperanza (a pesar
de la desinformación en contra), la posibilidad de que, además, de que
se acuse a altos responsables de la Administración junto a Lewis Lobby,
[y] todo ello unido al potencialmente gran escándalo de corrupción política
y financiera de Jack Abramoff, con los Demócratas y algunos Republicanos
finalmente conmovidos y expresando su irritación, la Administración
[Bush] podría estar cerca de su propio [escándalo] Waterloo. Como muchos
otros regímenes del pasado culpables de "arrogancia imperial" y
de ambición (como el último juzgado– los Nazis– y aunque [los
imperios] pensaron gobernar durante 1.000 años, sin embargo, el último
duró 12 años), esta Administración y su temeraria e inclemente agenda
podría enfrentarse a un destino similar.
Grandes
pensadores y observadores perspicaces se han aventurado a imaginar lo que
nuestro destino podría convertirse como resultado de nuestras acciones.
Sin anunciarlo, Noam Chomsky en una reciente conferencia mencionó el peor
de los resultados posibles: un holocausto nuclear, la destrucción
medioambiental o el final de una democracia nominal.
El
experto investigador de [la Universidad de] Yale, Immanuel Wallerstein, en
su libro trascendental de 2003, La Decadencia del Poder Estadounidense
(The Decline of American Power) cree que EE.UU. "ha sido un poder
global en decadencia desde la década de los 70 y la respuesta
estadounidense a los ataques terroristas del 11S simplemente ha acelerado
esta decadencia". [El autor] Continúa diciendo: "los factores
económicos, políticos y militares que contribuyeron a la hegemonía
estadounidense son los mismos factores que, inexorablemente, producirán
el declive venidero de EE.UU. "Posteriormente escribió que no podía
predecir el resultado de esta crisis de nuestro sistema mundial
capitalista", pero el intento estadounidense para detenerla fracasará.
Como máximo solo podrán retrasarla como están intentando hacer.
Wallerstein vislumbra un futuro que se desarrollará en dos direcciones
(si sobrevivimos), bien una tendencia basada en valores progresistas o
bien todo lo contrario.
El
profesor jubilado Chalmers Johnson, en su libro de 2004, Las Adversidades
del Imperio (The Sorrows of Empire), también predice la disolución del
imperio estadounidense si la tendencia actual continúa. Contrariamente al
Imperio romano que tardó cientos de años antes de que llegara su caída,
él ve las adversidades de EE.UU. llegando "a la velocidad del
rayo". Si la actual tendencia continúa, predice cuatro adversidades
que darán pie a una lamentable alternativa a nuestra actual forma de
gobierno constitucional: ambición imperial con un "estado de guerra
perpetua" que nos llevará a más contraofensiva terrorista contra
nosotros, una pérdida de democracia y de nuestros derechos
constitucionales, el fin de la verdad [que será] reemplazada por "un
sistema de propaganda, desinformación y glorificación de la guerra, del
poder y de las legiones militares".
Para
terminar, [el autor] ve a la nación [EE.UU] yendo a la bancarrota por su
incapacidad para continuar con sus "grandiosos proyectos
militares". La deuda nacional de EE.UU. sobrepasa ahora los 8,2
billones de dólares y aumenta de forma insostenible en unos 400 mil
millones de dólares al año, de forma que el déficit actual podrá
llegar en 2006 al billón de dólares anuales. Ambos déficit [la deuda
actual y el crecimiento de la deuda] confían en la "amabilidad de
los extranjeros" para mantenernos (gobiernos extranjeros e inversores
deseosos de seguir comprando nuestras atesoradas seguridades e invertir en
nuestra equidad y en nuestros mercados de ganancias seguras). Lo harán sólo
mientras crean que están haciendo buenas inversiones. Johnson no cree que
la tendencia actual sea irreversible. Todavía hay tiempo suficiente para
cambiarla, pero considera que más adelante ni siquiera lo intentaremos.
Así, cree que la única esperanza para nosotros y para el planeta es que
la comunicad mundial de naciones actúe unida para darnos el "jaque
mate". Si no lo hace, o no quiere, o no puede hacerlo, la guerra
nuclear podría finalmente tener lugar y la civilización desaparecerá".
Para
evitar que ocurra lo descrito, la comunidad mundial de naciones debe
unirse pronto y tener como objetivo el "jaque mate". Y deberá
exigir que ninguna nación tolere jamás este tipo de conducta. [La
comunidad de naciones] Debe ahora reforzar lo suficiente la legalidad
internacional, en lugar de debilitarla, exigir que cada nación sea
signataria y obligar a las naciones a acatar esas leyes vinculantes con
graves consecuencias para aquellos que no las cumplan. Pero incluso si
todo esto ocurriera, el daño ya hecho es inmenso y se extiende; ya podría
ser demasiado tarde. Sólo en EE.UU., 42 estados están contaminados con
el uranio empobrecido de sus fábricas, pruebas [nucleares] y desarrollo
[tecnológico] Además, la fabricación de millones de bombas de uranio
empobrecido y su desarrollo en bases militares en todo el mundo, continúa.
Leuren
Moret acaba de saber por un documento desclasificado que el grupo Quaker
con baase en de Hawai supo, mediante la Ley de Libertad de Información
(Freedom of Information Act, FOIA en sus siglas en inglés), que el ejército
estadounidense tenía todavía 2, 7 millones de bombas de uranio
empobrecido en Corea del Sur (50 años después del final de la guerra de
Corea). [Moret] afirma que no es de extrañar que Corea del Norte quiera
armas nucleares. Considera que esas bombas se trasladaron allí en la década
de 1990 desde la todavía ocupada [por EE.UU.] Okinawa (Japón) 60 años
después de la Segunda Guerra Mundial porque los japoneses (que abominan
las armas nucleares) rechazaron alojarlas [en su territorio] por más
tiempo. Y [Moret] especula además que es muy probable que haya muchos
millones más de bombas de uranio empobrecido en otros países donde
EE.UU. haya tenido bases. Eso podría significar muchas más, según
Chalmer Johnson. En Las Penalidades del Imperio, Chalmer Johnson
mencionaba la existencia de, al menos, 725 bases estadounidenses conocidas
en 153 países, además de cientos más en este país [EE.UU.] También
cree que tenemos bases secretas de forma que el total real podría ser
mucho más alto y ahora es más que probable con todas las bases nuevas
que estamos construyendo en Iraq, Asia Central, Europa del Este, Hispanoamérica,
y las previstas para África. Incluso sin que esas armas se utilicen, hay
que imaginar el peligro potencial al que sometemos a las gentes de esos países
(y también a nuestros ciudadanos ) simplemente porque las armas están
allí (y aquí). Podría haber accidentes, el ejército realiza ejercicios
en los que es muy probable que esas armas se prueben y, desde luego, las
pueden robar o incluso vender militares sin escrúpulos u otro personal en
busca de dinero fácil.
Imaginemos
por un momento la situación contraria. ¿Qué pasaría si Reino Unido,
Francia, Rusia o China tuvieran bases en este país (eso ya sería
suficientemente terrible) y además almacenaran millones de bombas con
uranio empobrecido u otro tipo de armas nucleares en nuestro suelo? ¿Toleraríamos
los ciudadanos simplemente las bases, por no hablar de las bombas de
uranio empobrecido? Difícilmente. Imaginemos, además, lo que pasaría si
la gente supiera que miles o millones de esas armas estuvieran almacenadas
en bases estadounidenses aquí, cerca de donde viven.
Además,
podrían considerar las 104 operaciones comerciales actuales de centrales
nucleares en EE.UU. [Las centrales nucleares] Todas son muy peligrosas,
pero especialmente las más viejas. Cada una de ellas es una bomba nuclear
potencialmente inestable y una posible catástrofe a punto de ocurrir bien
por un accidente inevitable, bien por un sabotaje. Expertos responsables
creen que es sólo una cuestión de tiempo el que ocurra una gran catástrofe
nuclear en alguna parte del mundo, posiblemente, o incluso muy
probablemente, una fusión accidental del núcleo del reactor –el peor
tipo de catástrofe nuclear distinta a una explosión nuclear o
termonuclear o al uso masivo de armas con uranio empobrecido–.
Si
ocurre una fusión accidental del núcleo del reactor, una vasta zona podría
quedar contaminada y quedar inhabitable para siempre. Donde yo vivía en
Chicago, estaba rodeado de 11 centrales nucleares, muchas de ellas viejas
y todas con un historial de violaciones de las condiciones de seguridad
provocadas por la antigüedad y el pobre mantenimiento. Incluso sin [que
ocurra] un accidente, esas instalaciones (y las de otros lugares) emiten a
diario en sus actividades normales la suficiente radiación para
contaminar la comida que comemos (incluidos los alimentos ecológicos), el
agua que bebemos y el aire que introducimos en nuestros pulmones. Si una
de esas centrales sufriera una fusión accidental del núcleo del reactor,
el área metropolitana de Chicago y la periferia con el viento de la
lluvia radioactiva se convertirían en inhabitables para siempre y [sus
habitantes] tendrían que ser evacuados rápidamente con lo puesto,
abandonando hogares y pertenencias.
Todo
el mundo, por tanto, se hace la pregunta obvia, ¿merece la pena esta
especie de "ruleta rusa nuclear insalubre"? Hay alternativas
disponibles más limpias –o se pueden desarrollar–, alternativas
seguras [pero] sólo si existe el deseo de invertir lo suficiente en
fuentes de energía alternativas distintas a la opción nuclear y a los
combustibles fósiles. Hay, además, formas de prácticas de conservación
dictadas por el sentido común, que apenas modificarían nuestro estilo de
vida occidental. Hasta ahora, nuestros dirigentes han sido irresponsables
y han cometido dejación en sus obligaciones de informarnos sobre el
riesgo, han actuado irresponsablemente en la eliminación de los riegos
para protegernos del daño potencial. Además, no han mostrado freno en
sus actos o respeto por la gente de los países que pretenden dominar.
Esos países nunca son los [países] desarrollados del Norte con poder de
respuesta. Son siempre [países] débiles, subdesarrollados y
sobreexplotados; normalmente pueblos con población de piel oscura y
religión no judeo–cristiana. En este país [EE.UU.], especialmente para
los pobres y los necesitados sin un futuro y con pocas oportunidades de
mejorar, el servicio militar, con la promesa de educación y otros
incentivos (que normalmente no llegan a conseguir nunca), se convierte en
la elección de profesión temporal adecuada.
Los
ricos y privilegiados sólo empiezan las guerras, no van a ellas. Por el
contrario, envían a los pobres a luchar y a morir por ellos para ser aún
más ricos. Cuando nuestros soldados regresaron de Vietnam, enfermos y
moribundos por los efectos tóxicos del Agente Naranja (una dioxina
altamente tóxica), Henry Kissenger, un premio Nóbel de la Paz y criminal
de guerra acusado, les insultó a todos ellos arrogantemente diciendo:
" [son] simplemente animales tontos y estúpidos que sirven como
peones de la política exterior". [Los veteranos ] Han sido
utilizados, maltratados y eliminados como manchas en los zapatos. El
pasado de Kissinger ha vuelto para darle caza. Antes de poder salir del país
tiene que asegurarse en el Departamento de Estado que no hay órdenes de
arresto contra él extranjero.
Hoy
el mundo está más cerca que nunca del final. De hecho, tendríamos que
haberlo evitado, y ahora es demasiado tarde. El precio que hemos pagado
por nuestros avances tecnológicos ha aumentado proporcionalmente a la
amenaza sobre nuestra supervivencia. Hasta ahora, no hemos encontrado la
manera de acabar con este camino destructivo. Vamos contrarreloj y, a
menos que hagamos algo pronto, no tendremos otra oportunidad. EE.UU. hoy
es como el gigante Gulliver Agonistes y el resto del mundo los
liliputienses –en la sátira clásica de Jonathan Swift–. A pesar del
desequilibrio, los liliputienses (que medían escasos diez centímetros)
fueron capaces de derribar a este gigante y evitar que destruyera sus
hogares. Al final, pudieron obligar a Gulliver a que se marchara y volver
a vivir sus vidas. La moraleja está clara. La gente de todo el mundo
tiene que comprender el gran peligro al que nos enfrentamos: nuestra
supervivencia. Entonces, como los liliputienses, tenemos que atar de pies
y manos a este Gulliver depredador y fuera de control para salvarnos a
nosotros mismos.
Dos
cuestiones finales a considerar. La primera, de la Dra. Helen Caldicott,
presidenta del Instituto de Investigaciones de Política Nuclear, experta
en riesgos sanitarios relacionados con la energía nuclear, escritora,
activista y nominada para el Premio Nóbel de la Paz por su libro de 1978
La Locura Nuclear (Nuclear Madnes, revisado en 1994): "Como médica,
lucho contra la amenaza de extinción de la vida de nuestro planeta
[provocada] por la tecnología nuclear (militar y comercial). Si la
tendencia actual continúa (y cada vez va a peor) el aire que respiramos,
la comida que comemos y el agua que bebemos pronto estará tan contaminada
con tantos contaminantes radioactivos que supondrá un potencial riesgo
sanitario para la salud bastante mayor que cualquier plaga que hasta hoy
haya experimentado la humanidad." La segunda [cuestión], del
periodista británico Robert Fisk, [extraida] de su columna de finales de
año [2005] en el London Independent titulada "Guerra sin final"
("War without end"): "Sólo la justicia, no las bombas,
pueden hacer de nuestro peligroso mundo, un lugar más seguro."
(*)
Stephen Lendman vive en Chicago.
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