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Monsanto
siembra la muerte entre los campesinos hindúes
Por
Vandana Shiva ()
Il Manifesto, 18/03/06
Revista Sin Permiso, 26/03/06
Traducción de Leonor Març
Cuando se celebre en
Curitiba, Brasil, la Octava Conferencia sobre la Convención de la ONU
para la Diversidad Biológica con las reuniones sobre el Protocolo para la
Bioseguridad (20-31 de marzo), estarán en el orden del día las semillas
asesinas de la industria de las biotenologías. Semillas que matan la
biodiversidad, matan a los cultivadores y matan la libertad de las
personas. Entre ellas está el Bt. Cotton de la Monsanto, que ha sumido ya
a millares de agricultores hindúes en la deuda, la desesperación y la
muerte.
Los gobiernos de
Australia, Nueva Zelanda y Canadá, actuando como instrumentos del
gobierno de los EEUU y de la industria biotecnológica, tratan de minar la
moratoria actualmente existente –impuesta por la Unión Europea— sobre
todos los alimentos y semillas genéticamente modificados y sobre la
llamada tecnología Terminator, una tecnología que induce a las plantas
genéticamente modificadas a producir semillas estériles. En contra de la
moratoria de la Unión Europea se ha manifestado el pasado 7 de febrero la
OMC. Y el mensaje es claro: la libertad de los ciudadanos para elegir qué
quieren cultivar y qué quieren comer no tiene carta de ciudadanía en un
mundo regulado por los beneficios de las grandes corporaciones
empresariales.
El Bt. Cotton, un algodón
genéticamente modificado vendido por la Monsanto, ha venido engañando
repetidamente a los agricultores hindúes desde que la empresa comenzara
ilegalmente sus experimentos en 1998.
Y desde que, en 2003, se autorizó la comercialización de sus
semillas. La publicidad de la Monsanto prometía a los campesinos una
producción de 15 quintales por acre y cerca de 226 dólares de beneficios
añadidos. Pero para un gran número de agricultores el Bt, Cotton ha
significado la pérdida de cosechas enteras. Otros muchos han cosechado de
media sólo tres quintales por acre, una quinta parte de lo prometido.
Nuestras investigaciones
sobre los cultivos de estaciones anteriores han mostrado para el
Maharashtra y el Andrhra Pradesh cosechas medias de 1,2 quintales por
acre. Un estudio del Centro para la Agricultura Sostenible probó que
mientras las semillas del Bt. Cotton les cuestan a los campesinos 36 dólares
por acre, las semillas de los cultivadores orgánicos cuestan solamente 10
dólares por acre, es decir, menos de un tercio. El Bt. Cotton ha de ser
rociado tres veces y media con pesticidas, a un coste de 59 dólares por
acre. Los cultivadores orgánicos, en cambio, usan para el control de los
parásitos substancias ecológicas que cuestan menos de 9 dólares por
acre, es decir, una sexta parte del coste del Bt. A causa de los altos
costes del cultivo y de los bajos beneficios de su rendimiento, los
campesinos hindúes hallan atrapados en gravosas deudas, para subvenir a
las cuales se están dejando la vida.
En la última década, en
la India, se han suicidado más de 40.000 agricultores (aunque sería más
exacto hablar de homicidio o de genocidio). Más del 90% de los
agricultores que se han quitado la vida en el Maharashtra y en el Andhra
Pradesh durante la estación algodonera de 2005 habían plantado Bt.
Cotton. Y sin embargo, lobistas de las bioteconologías como Graham
Brookes y Peter Barfoot manipulan los datos para ocultar tal horror. En un
reciente viaje a la India, Brookes ha sostenido que los agricultores hindúes,
cultivando el Bt. Cotton, habrían obtenido 113 millones de dólares, con
un incremento de 45 dólares por hectárea. En realidad, usar las semillas
de Monsanto ha significado para los cultivadores 50 dólares más por
acre, lo que representa más de 226 millones de dólares en pérdidas.
Este es el motivo de que los gobiernos del Andhra Pradesh y del Gujarat
hayan llevado a Monsanto a los tribunales.
La monopolización de las
semillas por parte de las corporaciones globales es una receta segura para
destruir la biodiversidad y a las campesinos. Más del 90% del mercado de
semillas genéticamente modificadas está constituido por sólo cuatro
tipos de cultivo: trigo, soja, colza y algodón. Sólo dos variedades han
sido comercializadas a gran escala: los cultivos resistentes a los
herbicidas y los cultivos de Bt. Cotton. Y más del 90% del mercado de
semillas genéticamente modificadas es controlado por una sola compañía:
la Monsanto.
El estudio de Brookes y
Barfoot no está basado en datos empíricos de primera fuente, sino en
extrapolaciones inferidas de falsos presupuestos y de estudios
manipulados. En lo que toca a los EEUU, los lobistas sostienen que el
algodón resistente a los herbicidas reportaría a los agricultores
norteamericanos 66,59 dólares por hectárea de beneficios añadidos. Sin
embargo, 90 cultivadores texanos del algodón han llevado a Monsanto a los
tribunales por las grandes pérdidas en sus cosechas: la Monsanto no les
había advertido de un defecto de su algodón genéticamente modificado.
Con la causa instruida se proponen obtener reparaciones por lo que definen
como”una larga campaña de engaños”.
El intento de introducir
la teconología Terminator traerá consigo el aumento de la vulnerabilidad
de los agricultores hindúes y la amenaza a la biodiversidad. Cuando en
enero pasado se reunió en Granada el grupo de trabajo sobre el artículo
8(j) de la Convención para la biodiversidad, los EEUU sostuvieron la
falsa tesis, según la cual la tecnología Terminator, una tecnología que
crea esterilidad, haría “aumentar la productividad”.
Las poblaciones indígenas
ven la tecnología Terminator como una amenaza a su libertad y a su
soberanía. Como ha afirmado en Brasil Mariana Marcos Tarine, en nombre
del Forum internacional indígena sobre la biodiversidad, “la tecnología
Terminator representa una amenaza a nuestro bienestar y a nuestra soberanía
alimentaria, y constituye una violación de nuestro derecho a la
autodeterminación”. Y en juego está no sólo la libertad de las
poblaciones indígenas. El pronunciamiento de la OMC sobre la cuestión de
los OGM [organismos genéticamente modificados] amenaza la libertad de
todos nosotros para elegir semillas y modo de alimentarse.
En 2003, cuando el
presidente Bush rompió hostilidades bélicas, nosotros teníamos una
campaña mundial. En la reunión de la OMC de 2005 en Hong Kong, yo y el
agricultor y activista francés José Bové habíamos enviado a la OMC más
de 60 millones de firmas estampadas en una declaración en la que se decía
que estar libres de OGM es parte integrante de nuestro derecho fundamental
a elegir libremente los cultivos que cultivamos y los alimentos que
comemos. No nos dejaremos
reducir a servidumbre por los gigantes de la genética. No permitiremos
que sus semillas asesinas maten a nuestros agricultores y nuestra
libertad. Seguiremos conservando nuestras semillas como un deber con la
creación y con nuestra comunidad. Defenderemos las zonas OGM-free como
zonas de nuestra biodiversidad y de nuestra libertad de alimentación.
Esparciremos semillas de paz, y cegaremos la fuente de difusión de las
semillas de la muerte.
.- Vandana Shiva es una
reputada analista política y activista hindú.
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