Calamidades
del capitalismo

 

La trastienda del Mundial

¿Ya está decidido... Brasil y Alemania a la final?

Por Víctor Ego Ducrot
APM, 25/05/06

Que nadie piense mal, los equipos y los jugadores no son actores voluntarios de esta trama. Sucede que para los buenos negocios de algunas transnacionales, ese sería el mejor desenlace.

Este artículo, seguro, les caerá como anillo al dedo tanto a los mal pensados y mal pensadas como a los amantes del fútbol. Para despejar dudas y temores, valga la aclaración de que quien lo escribe se encuentra entre lo segundos, y que, justamente por eso, se anima a plantear la duda del título, duda que podría convertirse en certeza.

Para otras entregas de esta serie que inauguramos en APM, próximos al inicio del evento de masas de mayor alcance global, prometemos algunos tópicos que hacen al fútbol de nuestros días: que está manejado por la única transnacional libre de jurisdicciones legales; que es herramienta de poder; que es una gran oportunidad de maniobras ilícitas para empresarios y bancos; que el fútbol de los mundiales no es todo el fútbol, porque las superestrellas millonarias son una ínfima minoría en comparación con los millones de jóvenes que apenas si pueden jugar por "el sánguche (sandwich o emparedado en el lenguaje de Buenos Aires) y el café con leche", sean o no más talentosos que los tocados por la varita mágica del meganegocio.

Pero arranquemos con la cuestión que nos motiva hoy: dos de las corporaciones empresarias más vinculadas al fútbol y a los deportes estelares –la estadounidense Nike y la alemana Adidas– tienen sobrados intereses para que la final de la justa mundialista 2006 sea protagonizada por la selección del país anfitrión y por la siempre maravillosa escuadra verde y amarilla de Brasil; y en esa dirección están trabajando, con la no poca cooperación de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA).

Según los últimos balances e informes especiales de las dos corporaciones, Adidas factura unos 12.000 millones de dólares al año y a principios del actual festejó con champán del muy caro la adquisición, por 3.800 millones, de la ex competidora Reebok. Nike, por su parte, tiene ventas anuales y globales por 13.700 millones de dólares.

Ambas empresas de indumentaria deportiva son las dueñas del deporte comercializado de alta competencia. Por ahora la alemana es la más importante dentro del mercado del fútbol, mientras que la estadounidense mantiene su liderazgo en el universo baloncesto.

Sin embargo, las piezas parecen estar moviéndose con rapidez sobre el intrincado tablero de los negocios deportivos. La propia Nike reconoció en uno de sus últimos reportes corporativos que ya está cerca de los 1.500 millones de dólares en ventas ligadas al fútbol, algo más del doble de lo que facturó en el Mundial del 2002, y una suma sideral si se la compara con los escasos 40 millones que logró en 1998, cuando la gran justa futbolera se disputó en Estados Unidos.

El miércoles pasado, el diario The Wall Street Journal aseguró que Nike y Adidas se juegan "el otro Mundial", pues ambas empresas consideran que el torneo que comenzará el próximo 9 de junio, en Alemania, será "un plebiscito sobre quién es el número uno, no sólo en el fútbol, sino en la totalidad del mercado mundial de deportes".

En esta puja la FIFA tomó partido. Recurrió a los tribunales de Alemania para que se protejan los derechos de exclusividad de las empresas patrocinadoras y le ha solicitado a los poderes municipales del país anfitrión que privilegie a los auspiciantes oficiales en casos de venta de espacios publicitarios en las ciudades sedes del Mundial y en las cercanía de los estadios.

Adidas figura en la lista de los patrocinadores reconocidos por la FIFA, mientras que Nike quedó fuera de ese millonario círculo áulico.

Esto último no quiere decir que los ejecutivos de Nike sean unos niños de pecho. Por ejemplo, durante los Juego Olímpicos en los que quedó fuera del club de "sponsors", no tuvieron ningún reparo a la hora de desconocer contratos y reglamentaciones, y sin estar habilitados para hacerlo cubrieron con carteles publicitarios de todo tipo los sitios donde se dirimían las justas que nacieron en tiempos de los Antiguos Griegos.

Es en el medio de esta guerra dónde lo equipos y jugadores estrellas comienzan a jugar un papel determinante.

Adidas corre con la ventaja de que millones de espectadores verán por televisión su famoso logotipo de tres rayas en las pelotas oficiales, en los uniformes de los árbitros, en las ropas de todos aquellos que algo tengan que hacer dentro de la organización del Mundial, y en todo espacio al aire libre o bajo techo que a uno se le pueda ocurrir. En Estados Unidos también se aseguró los derechos exclusivos de publicidad durante las transmisiones televisivas de los partidos, a través de los canales ABC y ESPN.

Nike, entonces, apeló al patrocinio individual de las grandes estrellas – entre las que se encuentran todos los jugadores de la selección de Brasil –, y de ocho planteles como tal de los 32 que participarán en el Mundial. Adidas patrocina a Alemania y a otros cinco, entre ellos a Argentina.

"Estamos donde a todos los demás les gustaría estar", dijo Gunter Weigl, director de fútbol de Adidas.

Nike le respondió con la exclusividad en la venta de camisetas de Brasil (la más demanda en todo el mundo) a 75 dólares por unidad y con la apropiación para sus presentaciones publicitarias de la frase preferida por los fanáticos futboleros de todo el planeta: "jogo bonito".

Mientras tanto, lo amantes del fútbol qué debemos hacer. ¿Cómo resolver el tironeo entre la demanda intelectual de decirle "no" a tanta manipulación y la posibilidad de disfrute cuando ante un "caño", una gambeta a toda marcha o un gol de esos que se gritan con todo?.