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Pobres,
niños e inmigrantes utilizados para experimentos mortíferos
Seres
humanos, no conejillos de Indias
Por
Vicky Peláez
El Diario-La Prensa, Nueva York, 20/06/06
“Los
hombres convertidos en conejillos de Indias. Estrechando contra sí a los
niños, las madres vigilan el cielo con terror a que aparezcan en él los
descubrimientos de los sabios.” (Bertolt Brecht)
El
ser humano globalizado ha sobrepasado los límites de la crueldad. Ha
institucionalizado la tortura bajo supervisión médica en nombre de la
humanidad y democracia, aniquilando cínicamente los preceptos de ambos.
Convirtió a cada ser humano en un posible conejillo de Indias bajo la
‘premisa científica’ de encontrar curas eficientes para enfermedades.
Nadie se salva, ni siquiera los bebés.
De
acuerdo a Andrew Friedman (Counterpunch, el 19 de mayo, 2005), los niños
y los bebes huérfanos bajo el cuidado del estado en Illinois, New York,
Maryland y Texas fueron utilizados para experimentar con las nuevas
medicinas contra el SIDA, con el permiso del Instituto Nacional de Salud,
lo cual depende del departamento estatal de los Health and Human Services.
Durante
los años 1990 el estado otorgó el permiso a los científicos, según
Counterpunch, para seleccionar niños con H.I.V. positivo y administrarles
medicina experimentada. Si los resultados eran positivos, entonces la
medicina fue recomendada para el uso general; en el caso que la salud de
niños empeoraba o morían, se descartaba el uso y se declaraba “neumonía”
o “envenenamiento de la sangre” como causantes de la muerte. Por
supuesto que la mayoría de ellos eran latinos, afroamericanos o blancos
de familias pobres. Es decir la raza, el color y el estatuto social se
convirtieron en determinantes para seleccionar los conejillos humanos.
Estos
niños son elegidos para el calvario en nombre de la ciencia y la
humanidad. Los doctores esgrimían el mismo argumento que usaban los científicos
nazis para justificar sus experimentos. El primero hacía pruebas con niños
y adultos judíos, mientras que el segundo hacía su investigación
“científica” con los chinos y coreanos llegando inclusive a
disecarlos, estando vivos y sin anestesia, a más de 3,000 seres humanos.
Ahora,
el Perú la noticia sobre la utilización de niños como experimento ha
causado conmoción. El vocero de la Asociación Médica, Herbert Cuba García,
denunció a Telesur, que la corporación farmacéutica norteamericana
Ventria Bioscience está experimentando con 140 niños lactantes en
hospitales públicos de Lima y Trujillo para evaluar la efectividad de un
tipo de arroz transgénico para parar la diarrea.
“Todo
esto se está realizando sin ningún conocimiento del Ministerio de la
Salud”, aclaró la ministra Pilar Mazzeti, pero el Instituto de
Investigación Nutricional que hizo el experimento dijo que el “estudio
se realizó respetando la normativa internacional y nacional sobre
investigación en humanos y bioética”.
Si
no hay piedad para los niños, ya podemos imaginar lo que pasa con los
adultos. Europa sigue el mismo camino, teniendo para sus pruebas a los
inmigrantes pobres. El caso de la pintora chilena Magdalena Escudillo es
digno de una película de terror. Ella salió de su país en los
convulsionados años 70 para refugiarse en Suecia. De acuerdo a su
denuncia a un diario chileno, en 1994 fue elegida sin previo aviso por los
médicos suecos del hospital estatal en Estocolmo, a donde acudió para un
chequeo médico.
Los
médicos la convencieron que tenía una alergia fuerte a Nikel–Cobalto y
necesitaba una intervención quirúrgica. Sin ella saber, allí le
insertaron 38 grapas de cobalto de 5 cm de grosor. Desde aquel instante se
convirtió en una enferma crónica con gran sufrimiento. Ella se enteró
lo de los metales gracias al descuido de una enfermera sueca que creyó
que se los habían implantado en Chile.
Aunque
Magdalena, ya acudió a diferentes organizaciones y autoridades, nadie
hace nada por ella. Espera la muerte pero denunciando a sus torturadores.
Su correo electrónico es magamagarte@hotmail.com
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