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Opina
el historiador Eric Hobsbawm
La
Copa del Mundo y sus pasiones
Entrevista
de Verena Glass, Brasil
Rebelión, 27/06/06
¿Qué fenómeno es ese
que paraliza a un país entero en día laborable, que reúne a las gentes
por millares, ricos y pobres, izquierda y derecha, en las calles, en las
plazas y en los bares, tiñendo todo y a todos de verde y amarillo? ¿Qué
es ese acontecimiento en el que multinacionales como Coca Cola o Aracruz
presumen de ser los más fervorosos patriotas brasileños? ¿Qué es ese fútbol,
máquina de hacer dinero para algunos y alegría de las multitudes?
Para hablar de la Copa
del Mundo hemos buscado la opinión, no especializada en deportes o fútbol,
de uno de los más importantes pensadores vivos. A sus 89 años, Eric
Hobsbawm vivió y analizó la esencia del siglo pasado en obras como La
era de las revoluciones (1789–1848), La era del capital (1848–1875),
La era de los imperios (1875–1914) y La era de los extremos
(1914–1991). Y en su último trabajo, aparecido en 2000, el historiador,
uno de los últimos grandes pensadores marxistas en el mundo, mira al
futuro con la misma lucidez con que explicó el pasado. La periodista
brasileña Verónica Glass le entrevistó sobre la fiebre del momento: el
Mundial de Fútbol.
Verena Glass: Durante
un acontecimiento como la Copa del Mundo, sobre todo en el Brasil, el
patriotismo aflora con una enorme fuerza, el país entero se viste con los
colores de la selección, las banderas brasileñas se hallan por doquier,
y las diferencias sociales y políticas parecen esfumarse por algunas
semanas. ¿Qué piensa Ud. de este tipo de patriotismo?
Eric Hobsbawm: La
capacidad del fútbol para convertirse en un símbolo de identidad
nacional es harto conocida desde hace mucho tiempo. En mi libro sobre el
nacionalismo escribí que "la comunidad imaginaria de millones parece
ser más realista que la de un equipo de once personas". No cabe duda
de que, actualmente, esto es más importante que nunca antes en la
historia, porque los grandes jugadores son reclutados de casi todos los
rincones del planeta. El participar en una Copa del Mundo es lo que hace
que personas que viven en Togo o Camerún se percaten de que son
ciudadanos de sus países. Puedo entender el atractivo de este tipo de
patriotismo, pero yo no tengo el menor entusiasmo por ningún tipo de
nacionalismo.
VG: En la jornada de
apertura de la Copa, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, escribió
un artículo en donde decía envidiar el acontecimiento, empezando por el
hecho de que la FIFA cuenta con 207 miembros, contra 191 las Naciones
Unidas. Para él, la Copa es "es un acontecimiento en el que todos
conocen a sus equipos y lo que hicieron para llegar allí. Me gustaría
que tuviéramos más competiciones de este tipo en la familia de naciones.
Países compitiendo por la mejor posición en la escala del respeto a los
derechos humanos, por superar unos a otros en las tasas de supervivencia
infantil o de ingresos en la enseñanza media. Estados compitiendo para
asistir a todo el mundo. Gobiernos alabados por acciones que llevaran a
esos resultados". ¿Qué piensa Ud. de este discurso?
Hobsbawm: Yo puedo
entender por qué Kofi Annan quiere usar la Copa del Mundo en beneficio de
la ONU, pero obviamente él no puede creer que los países vayan a
competir por los derechos humanos como compiten por la victoria en un
campo de fútbol. Por lo demás, la victoria de un país sobre otro no es
el objetivo de las Naciones Unidas.
VG: Grandes
corporaciones transnacionales, como Nike o Coca Cola, ganan mucho dinero
con la Copa. En los vestuarios, Nike, que patrocina a algunos de los más
famosos jugadores, como Ronaldo, llegó a ser acusada de influir en la
decisión del cuerpo técnico de los equipos a la hora de alinear
jugadores. ¿Cómo analiza Ud. el poder de estas empresas y la implicación
de las mismas en la organización de un acontecimiento deportivo de esta
importancia?
Hobsbawm: Yo no sé hasta
qué punto las grandes transnacionales que patrocinan la copa influyen de
hecho ne las alineaciones, así que no tengo opinión sobre el asunto.
Ciertamente, estas empresas tienen gran influencia en el diseño y el
formato de la competición, los horarios de los partidos, etc., y, claro
es, en la visualización de sus logotipos y productos. Por ejemplo, la
FIFA forzó de hecho a los holandeses a cambiar de pantalones, porque los
que llevaban tenían el logo de una cerveza holandesa que compite con la
Budweiser, patrocinadora oficial de la Copa. Pero la relación de la Copa
con el moderno capitalismo globalizado es más compleja que eso. La
industria, actualmente, está supremamente globalizada, y no podría
subsistir en su presente escala sin la existencia de un capitalismo mediático
global.
Pero el fútbol, en
general, está dominado por un puñado de equipos europeos, como el
Manchester United, el Real Madrid, el Milán, etc., que, desde los años
80, reclutan a sus jugadores en todos los rincones del mundo. Algunos
otros equipos europeos ganan dinero descubriendo talentos en el exterior,
comprándolos baratos y revendiéndolos a los grandes. Eso viene
ocurriendo con frecuencia con jugadores brasileños y argentinos, por
ejemplo. Pero lo paradójico de esa situación es que el atractivo global
del fútbol, que genera un enorme público del que trasnacionales como la
Nike sacan beneficio, se funda en el atractivo nacional del juego. La Copa
del Mundo es el ejemplo más espectacular de eso. Aquí está la
contradicción. Las implicaciones políticas, económicas y sociales de
esa situación no han sido suficientemente analizadas.
VG: ¿Cree Ud. que la
Copa del Mundo tiene algún carácter político, bueno o malo?
Hobsbawm: La Copa, en sí
misma, probablemente no tenga ningún fondo político particular, pero, lo
mismo que las Olimpíadas, es con seguridad vulnerable a las presiones y
promesas diplomáticas o de otra naturaleza de los países poderosos.
Desgraciadamente, ganar la Copa tiene que favorecer al régimen del país,
como ocurrió en la Argentina durante la dictadura militar, incluso con
independencia de las posiciones políticas de sus jugadores. Sólo puede
esperarse que los ganadores de la Copa del Mundo tengan regímenes
aceptables. También existe la posibilidad de que, en países pequeños y
periféricos, jugadores destacados se conviertan en importantes figura públicas;
como en el caso de Liberia, en donde un jugador fue candidato a presidente
de la República.
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