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¿Qué
nos dejó el Mundial?
Por
Marcelo Colussi
La Entropía / Cubarte, 10/07/06
Terminó
la fiesta futbolística. Ahora, como dijo Antonio Machado, "Vuelve el
pobre a su pobreza, / Vuelve el rico a su riqueza / Y el señor cura a las
misas". Pero ¿qué nos dejó toda esta locura de un mes de duración?
A
los italianos la alegría del triunfo; a los franceses la tristeza de la
derrota. A los alemanes, el amargo sabor de la decepción por no haber
llegado a la final en su propia casa. Y al resto del mundo –aunque también
vale la pregunta para franceses, italianos y alemanes–, a todos: ¿qué
nos queda?
Por
lo pronto, durante estos 30 días en que nuestras vidas se vieron
inundadas de fútbol, murieron 2.419.200 personas de hambre en todo el
mundo, al mismo tiempo que se gastaron 77.760 millones de dólares en
armamentos. Todo ello, en el mismo lapso en que se disputaban estos 64
partidos vistos hasta la saciedad por televisión, de los que se habló,
se escucharon noticias, se llenó la opinión pública global –la final
del 9 de julio, de hecho, fue el evento más visto de la historia por la
mayor cantidad de televidentes simultáneos–. Aunque, claro está que el
Mundial de Fútbol no tiene nada que ver con esas circunstancias trágicas
de la vida social: con Mundial o sin Mundial ni el hambre ni la
parafernalia militarista se detienen. Esos son fenómenos que responden a
otras lógicas, a otras historias. Pero, ahí está el quid de la cuestión:
¿no hay relación entre una cosa y otra?.
Tanto
fútbol, toda esta marea universal de fútbol profesional, toda esta
monstruosa campaña mediática que pone a los campeonatos mundiales de fútbol
como la noticia más importante del planeta ¿no tiene alguna ligazón con
lo que sucede y no se sabe, con lo que no difunden los medios de
comunicación?. Dicho de otra forma: ¿por qué es tan imperiosamente
importante un campeonato mundial de un deporte profesional?. ¿Por qué en
los medios de comunicación no se habla con la misma fruición del hambre
en el mundo, o de las guerras de invasión?.
Dicho
esto pareciera que nos estamos colocando en una posición antipopular, que
nos desligamos de una de las cosas más gustadas por todos los pueblos,
que no nos interesa la fiesta del fútbol. Pues no. Simplemente nos
permitimos un momento de análisis en el medio de los pitos y bocinazos,
entre las banderas y este carnaval que pareciera no dejar rincón del
mundo sin conmocionar. Los seres humanos, todos, absolutamente todos,
necesitamos fiestas, gozamos de ellas; es más: tenemos derecho al
esparcimiento, no podemos vivir sin diversión. Y la fiesta del fútbol
sin ningún lugar a dudas juega como uno de los grandes atractivos de las
sociedades modernas. Pero en todo esto hay "gato encerrado", hay
algo más que una explosión de alegría popular espontánea.
Realmente:
¿qué nos dejó el Mundial?
Por
lo pronto la ratificación de que el fútbol profesional del siglo XXI
seguirá las pautas de aquel jugado en las últimas décadas del XX. Es
decir: defensivo, especulativo, donde el esquema de cinco delanteros quedó
irremediablemente en la historia, y que los partidos con muchos goles
–5, 7 o 10– se fueron para no volver nunca más.
Nos
deja también la ratificación de la supremacía de los mismos equipos de
siempre, así como el triunfo del fútbol europeo sobre el
latinoamericano, y la debilidad del africano que no termina nunca de
despegar.
Este
Mundial nos deja la sensación que están dándose avances en la lucha
contra el racismo; por lo pronto aparecieron en los estadios enormes
pancartas llamando a combatirlo, y muchas de las escuadras europeas
estuvieron integradas en buena parte por jugadores negros. No sabemos si
eso es una buena noticia, si debe tomarse como un paso adelante en la
lucha contra la exclusión, o si habla del triunfo de las actitudes
"políticamente correctas" (en la década del 30 del pasado
siglo esto era impensable). ¿Será que progresamos?. Lo cierto es que, más
allá de muchos negros en los equipos de blancos, eso nos deja la duda
respecto a si no estamos ante el triunfo de lo cosmético, de la imagen
mediática. Si pronto tuviéramos un Mundial de Fútbol Femenino, ¿estaremos
con ello ante la derrota del machismo?.
La
noción de amateurismo ha quedado en la historia
Este
Mundial nos deja la clara evidencia que, tal como van las cosas, el fútbol
es el "circo" moderno más importante, por delante de cualquier
otro tipo de distracción y de cualquier deporte, demostrando también que
la noción de amateurismo ha quedado en la historia. Nos deja también la
evidencia rotunda que todo su circuito mueve fortunas, extendiéndose por
un sinnúmero de negocios, desde ropa deportiva a publicidad, desde
derechos de televisión al internet. Ello evidencia, también, que la FIFA
dispone de un poder fabuloso que no cualquier institución tiene.
Desmontar esto, hoy por hoy –así como desmontar cualquier gran negocio
de las grandes multinacionales capitalistas– se ve una tarea enorme, titánica.
Por lo pronto ya se levantan voces pidiendo la realización de los
mundiales cada dos años en vez de cuatro. ¿Habrá que olvidarse entonces
para siempre del deporte amateur?. ¿Seguirá la arremetida del show
futbolístico?. Si así fuera –y todo indica que hacia eso vamos dentro
del modelo de libre mercado– esto ratifica que hay algo más que simple
euforia popular, pasión de multitudes.
Pero
lo que quizá nos deja este recién terminado campeonato es la rotunda
certeza que todo el circuito del fútbol profesional y su fiesta máxima,
el Mundial, es una perfecta arma mediática de manipulación social.
"Llenar la cabeza de fútbol", que la gente se olvide de todo y
entre en la locura de este carnaval interminable, pareciera ser la
consigna: ricos y pobres hermanados gritando por su bandera nacional
saltando sobre las diferencias de clase. Nunca más oportuna que en este
caso la frase de Einstein: "el nacionalismo es la enfermedad infantil
de la humanidad". Terminada "Alemania 2006" ya empiezan los
preparativos para el nuevo circo: "Sudáfrica 2010", y ya se están
disputando las futuras sedes 2014 y 2018. ¿Es sólo la pasión popular
por el fútbol?.
Cortina
de humo, distractor, "pan y circo" moderno, además de buen
negocio: el poder lo sabe y lo aprovecha perfectamente. A título de
ejemplo veamos lo dicho por Heinz Dieterich en su artículo
"Washington lanza el militarismo alemán y japonés contra el Tercer
Mundo", aparecido en "Rebelión" el 5 de junio pasado, con
motivo de la nueva doctrina militar alemana que permitirá la expansión bélica
de los germanos, incluso por fuera de su territorio, a partir de la
estrategia global de Estados Unidos: "En el nuevo y todavía secreto
"Libro Blanco" militar, que el gobierno [alemán] quiere
ratificar hasta el 12 de julio, se equiparan ciertos atentados con el
"caso de defensa", a fin de poder declarar el estado de
emergencia y usar las Fuerzas Armadas dentro del país. La fecha
gubernamental del 12 de julio pretende, obviamente, aprovechar la histeria
colectiva del Mundial de Fútbol, que terminara en la noche del 9 de
julio, para llevar a cabo la nefasta involución constitucional del país".
Es sólo un ejemplo, pero los mismos se podrían repetir hasta el infinito
(en Italia durante el fascismo, en Argentina durante la última dictadura
militar, etc.) ¿Por qué tanto, pero tanto fútbol?. ¿Se trata realmente
de la fiesta popular, o montándose en un sentimiento espontáneo de los
pueblos hay ahí una sórdida manipulación?. "Piensa mal y acertarás",
dice el refrán.
Como
conclusión, entonces, si algo nos deja el Mundial es la convicción que
"En la sociedad tecnotrónica el rumbo lo marcará la suma de apoyo
individual de millones de ciudadanos incoordinados que caerán fácilmente
en el radio de acción de personalidades magnéticas y atractivas, quienes
explotarán de modo efectivo las técnicas más eficientes para manipular
las emociones y controlar la razón", como dijo sin vergüenza y con
total naturalidad Zbigniew Brzezinsky, asesor presidencial de Ronald
Reagan.
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