Calamidades
del capitalismo

 

Cambio climático

¿Qué se nos viene encima?

Por Mariló Hidalgo
Revista Fusión, España, febrero 2006

La Tierra tiembla y se abre con fuerza a nuestros pies. El Agua inunda las moradas. El Aire huracanado golpea con su puño enfurecido y asola todo lo que encuentra a su paso. El Fuego despierta de su letargo y busca un lugar para salir a la luz. La melodía de destrucción parece haber comenzado. Acabamos de decir adiós a uno de los años más destructivos en lo que a catástrofes naturales se refiere. Los científicos coinciden en señalar que en sólo unas décadas, el Planeta habrá cambiado. El reloj está en marcha. Llegan los tiempos anunciados.

2005, un año destructivo

El 2004 se despedía con un tsunami en Indonesia que provocó 232.000 muertos. Unos días después, un temporal de lluvias en el norte de Europa causa 18 muertos y obliga a evacuar a miles de personas. En febrero el agua cobra de nuevo protagonismo, primero con intensas nevadas en Pakistán que originan la rotura de tres presas. Luego serán las lluvias torrenciales las que acaben con la vida de 630 pakistaníes. La tierra tiembla en Irán y se cobra la vida de 602 personas. Al mes siguiente una ola de frío sin precedentes deja un reguero de 500 muertos en Afganistán. Unos días después esa misma zona se ve invadida por el agua y mueren 200 personas. Antes de que acabe marzo, la tierra se estremece con una fuerza de 8,7 grados Richter en Indonesia y causa más de 2.000 muertos. China, desgraciadamente es protagonista en el mes de junio. Primero por las lluvias torrenciales en las que perecen 88 personas y desaparecen 75. Luego una avalancha de lodo arrasa toda una escuela de niños y sepulta a más de cien pequeños. Vuelven las aguas a salirse de sus cauces provocando la muerte a 80 chinos y dejando sin hogar a más de dos millones.

Empieza julio y el país de la Gran Muralla sigue padeciendo fuertes lluvias torrenciales que causan el desbordamiento de varios ríos. Balance, 669 muertos y 167 desaparecidos. El huracán "Dennis" hace un recorrido por Cuba, Haití y EEUU y deja a su paso 69 víctimas y más de 15.000 afectados. La India padece una de las mayores inundaciones de su historia y mueren por esta causa 891 personas. En agosto, Katrina se lleva la vida de 1.206 estadounidenses a su paso por Nueva Orleans y deja más de 1,5 millones de damnificados. En septiembre los tifones Nabi, Talim y Khanun visitan Japón y China sembrando la muerte a su paso. A principios de octubre un seísmo de 7,6 grados Richter rasga la tierra en la región de Cachemira, entre India y Pakistán, dejando sin hogar a más de tres millones de personas. Perdieron la vida 91.350. El huracán Stan visita Guatemala; deja 670 muertos. El huracán Wilma acaba con la vida de 22 personas en el sur de Florida. Y en el penúltimo mes del año las lluvias torrenciales asolan Colombia y dejan un balance de 80 muertos y más de 180.000 damnificados. La tormenta tropical Gamma a su paso por Honduras causa 32 muertos y 33.000 personas sin hogar. Como dato resumen hay que añadir que 2005 –según señalan los expertos– es el año más caluroso del que se tenga registro y que fotos tomadas este año vía satélite muestran que el hielo del Ártico se ha reducido en un 20% respecto de 1978. El dato más preocupante es la magnitud y velocidad de este deshielo que según comentan, carece de precedente.

Todo esto no hace más que confirmar que "acabamos de dejar atrás uno de los años más destructivos respecto a desastres naturales y meteorológicos que hayamos conocido", según anunció en rueda de prensa Michel Jarraud, Secretario General de la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Los científicos alertan de que el impacto del cambio climático es mucho más rápido de lo que hace tiempo se pronosticaba. Nos encontramos ante un período impredecible de la historia que no cuenta con antecedentes.

¿Por que cambia el clima?

Que estamos viviendo un caótico cambio climático no es algo a estas alturas discutible, a la vista de las evidencias antes señaladas. Pero sí surgen controversias entre los científicos que estudian el tema, en cuanto al origen de este cambio y por tanto también, a sus consecuencias.

La teoría mayoritaria asegura que nuestro planeta sufre un calentamiento global producido por la mano del hombre, causante principal de este cúmulo de alteraciones climáticas. Esta teoría es defendida entre otros, por el científico de la NASA, James Hansen quien ya desde 1988 viene avisando del peligro del calentamiento que está sufriendo el planeta, así como del agujero de la capa de ozono de la Antártida.

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático emplea el término cambio climático para referirse sólo a los cambios producidos por causas humanas.

En su artículo dice que "por cambio climático se entiende un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables". Greenpeace, en su página web (www.greenpeace.org) apoya también esta teoría cuando explica que "la mayor parte del calentamiento observado durante los últimos 50 años es probable que se haya debido a las actividades humanas, principalmente al aumento en las concentraciones de gases invernadero –especialmente CO2– procedentes de la quema de combustibles fósiles como carbón, petróleo y gas; y también a la destrucción de praderas y bosques que de otro modo podrían absorber parte de ese CO2". WWF/Adena (www.wwf.es/cambioclimatico/) va más allá y habla de un cambio climático más rápido de lo esperado: "El clima siempre ha variado, el problema del cambio climático es que en el último siglo el ritmo de estas variaciones se ha acelerado mucho, y la tendencia es que esta aceleración va a ser exponencial si no se toman medidas. Al buscar la causa de esta aceleración se encontró que existía una relación directa entre el calentamiento global o cambio climático y el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) provocado por las sociedades humanas industrializadas". Estas afirmaciones tienen su fundamento en el estudio y posterior evaluación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPPC). Este grupo creado en 1988, dependiente de la ONU y de la Organización Meteorológica Mundial reúne a cerca de tres mil expertos de 150 países y es la principal fuente de asesoramiento científico a los gobiernos sobre cambio climático. Hacia 1990 el IPPC hizo público un informe donde daba a conocer al mundo los resultados de sus estudios. Todo indicaba que nos encontrábamos ante un calentamiento consecuencia de un reforzamiento del efecto invernadero, donde los gases emitidos en los últimos tiempos hacían la función de cubierta acristalada, de invernadero. ¿En qué se basaban para asegurarlo? Pues en el calentamiento de la atmósfera de 0,3 a 0,6º registrado durante los últimos cien años. En que en el Ártico se ha elevado también la temperatura hasta 2,5º, lo que ha provocado la desaparición de grandes masas de hielo y la posterior extinción de especies como los pingüinos, cuya población se ha reducido considerablemente. Los glaciares de montaña han retrocedido, "habrá un deshielo masivo de glaciares por debajo de los 5.000 m. en los próximos veinte años", añaden los expertos.

Por otra parte, los niveles del mar han experimentado un ascenso global de entre 0,1 y 0,2 metros a lo largo del último siglo y las temperaturas de los océanos se han incrementado desde el final de la década de 1950. Este aumento, que puede parecer insignificante, pone en peligro muchas cosas. Casi el 60% de los arrecifes coralinos (fuentes de diversidad y productividad marina) están amenazados; el 70% de los bancos de pesca están agotados o están siendo explotados de manera insostenible.

El incremento en la temperatura afecta directamente al delicado equilibrio de las regiones polares del planeta –auténticas reguladoras del clima–, lo que está provocando una cadena de fenómenos meteorológicos cada vez más extremos como acabamos de comprobar a lo largo del pasado año 2005.

El anunciado calentamiento estaría alterando el régimen de lluvias, provocando a su vez sequías en unos lugares e inundaciones en otros. Los ríos se desbordan e inundan las mismas zonas varias veces al año. Las sequías se incrementan en otros lugares del planeta que ven cómo se reactivan las dunas, desaparece la escasa vegetación de la zona, y todo ello genera períodos prolongados de hambruna que está diezmando poblaciones y provocando un éxodo sin precedentes. La existencia de vida humana en algunas zonas del planeta ya está siendo casi imposible –como ya está ocurriendo en algunos lugares de África–, al igual que los cultivos esenciales como el trigo, centeno o maíz y la cría de animales. La Universidad de Naciones Unidas a través de un comunicado advierte que este cambio climático generará más de cincuenta millones de desplazados en 2010. "En las áreas rurales más pobres, el aumento de los espacios áridos y la erosión de la tierra suelen ser las principales causas para que los habitantes busquen otros espacios", asegura el director del Instituto para el Ambiente y la Seguridad Humana de la ONU, Janos Bogardi. Hoy, estos desplazados a causa de las catástrofes naturales superan en número a los desplazados por conflictos bélicos y además no están contemplados en la ayuda internacional al no tener la categoría de "refugiados" –no están perseguidos y la mayoría de ellos permanecen dentro de su propio país–. Naciones Unidas advierte que este hecho podría derivar en un proceso que afectaría a todo el planeta ya que el número de "refugiados ambientales" aumenta año tras año al aumentar también los efectos del cambio climático.

El Informe Anual de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) acaba de anunciar que nos encontramos ante la mayor alteración climática de los últimos cinco mil años, "las temperaturas medias en Europa han aumentado un 0,95% a lo largo de este siglo", asegura AEMA. "Europa tiene la obligación –advertía en rueda de prensa la directora de la Agencia Europea de Medio Ambiente, Jacqueline McGlade– de mirar más allá de 2012 y de sus fronteras, ya que nos encontramos ante un problema global". Apoyándose en datos del informe presentado ante los medios de comunicación, realizó la siguiente sentencia: "Viviremos en unas condiciones atmosféricas jamás experimentadas por seres humanos".

Los hechos están ahí, así como el debate sobre el porqué de este cambio climático. Frente a estas teorías del calentamiento global y el efecto invernadero, hay otro sector minoritario de científicos que relacionan el cambio climático que estamos padeciendo con el inicio de una glaciación. El periodista científico, Luis Carlos Campos se hace eco de estas tesis en su libro "Calor Glaciar" y habla de una especie de manifiesto –Petition Project– firmado en 1998 por 17.800 científicos donde niegan que el calentamiento del planeta sea debido a la mano del hombre. Asegura este grupo de expertos que no existe una base científica que lo demuestre. Tampoco está demostrado que "el caos climático se deba a un aumento del CO2 industrial en la atmósfera por el llamado efecto invernadero. De hecho, en épocas prehistóricas –y sobre todo antes de las glaciaciones– el CO2 aumentó mucho más que en la actualidad". Campos aporta más datos: "Sir Fred Hoyle y Ruddiman y su equipo (2005) han establecido que el aumento de CO2 ha sido beneficioso, ya que ha retrasado la Era Glaciar que debería haber llegado ya". Estaríamos en puertas de una glaciación, una vez concluida la fase interglacial de 10.000 años y todo este cambio climático sería el aviso de su proximidad. "Las teorías de vanguardia, señala Campos, relacionan este cambio climático con los ciclos solares, los rayos cósmicos y la influencia de los cometas. Añade que lo mismo está ocurriendo en otros planetas del sistema solar como Marte, Júpiter o Venus. La NASA oculta datos para no crear alarmismo y sus informes y declaraciones son censurados". El científico de vanguardia ruso, Víktor Bokov del Instituto de Investigación Ártica y Antártica de San Petersburgo –único del mundo que predijo el tsunami del Índico–, asegura que existe una conexión entre los cambios climáticos y el sistema sísmico. Su sistema se basa en el registro de la actividad solar, la localización planetaria de la presión atmosférica, la temperatura del aire, los cambios de velocidad en la rotación de la Tierra y las condiciones sísmicas actuales. En la actualidad, sus pronósticos sobre desastres naturales tienen un porcentaje de acierto de un 75% que puede llegar hasta el 90–95%. Según Bokov "los ciclos comenzarán hacia el 2010 provocando glaciaciones en Europa y otras regiones del hemisferio Norte y alcanzarán su máximo en 2080–2090".

Para saber lo que se nos avecina, tendríamos –según estas teorías– que dirigir nuestra mirada hacia el sistema solar ya que lo que ocurre en la Tierra podría estar ocurriendo ya en otros lugares. Según Campos, "los cambios no se dan sólo en nuestro planeta, los desequilibrios del clima tienen origen astronómico. El Sol tiene más actividad desde 1940 que en 1.150 años. En Venus aumenta el efecto invernadero, disminuye un 2.500% el brillo de la Aurora y se han producido importantes cambios globales atmosféricos en los últimos 30 años. En Marte también se está produciendo un 'leve calentamiento global' acompañado de tormentas gigantescas y desaparición de capas polares. En Júpiter se ha demostrado un aumento de la temperatura , además de un incremento de un 200% en el brillo de las Nubes de plasma".

Un juego peligroso

Las alertas de lo que estaba ocurriendo en el planeta siempre estuvieron ahí y también quienes se encargaron de silenciar, amenazar o desprestigiar a los distintos "mensajeros". En eso, EEUU se lleva todos los trofeos. Cuando se estrenó la polémica película de "El día de Mañana" que hablaba de la llegada de una edad de hielo como consecuencia del cambio climático, la administración Bush llegó a prohibir a los científicos de la NASA que realizaran cualquier tipo de declaración al respecto. Ese mismo año tuvimos conocimiento a través del diario británico The Observer(*) de la existencia de un informe secreto del Pentágono que había sido ocultado por la Jefatura de Defensa de EEUU donde se advertía que importantes ciudades europeas quedarían anegadas por la subida de los mares mientras que Gran Bretaña quedaría sumida en un clima siberiano para 2020. El documento en cuestión sobre todo se refiere a la inestabilidad social y política que todo ello provocaría. "El cambio climático abrupto podría situar al planeta al borde de la anarquía mientras las naciones desarrollan amenazas nucleares para defender y asegurar sus medios de producción de alimentos y sus fuentes de energía y agua. El peligro que representa para la estabilidad global eclipsa sobradamente el del terrorismo", dicen confidencialmente los escasos expertos que han tenido acceso a sus contenidos. "Revueltas y conflictos serán elementos intrínsecos de la vida", concluye este análisis. "Una vez más la guerra definirá la forma de vivir humana". Aprovechando el escándalo provocado por la filtración de este documento del Pentágono, un numeroso grupo de científicos acusó al presidente norteamericano de que su administración daba un trato privilegiado a aquellas teorías que justificaban su agenda política y en cambio censuraba y silenciaba a todos aquellos estudios que no le convenían. Jeremy Symons, de la Agencia de Protección Ambiental llegó a comentar que "la ocultación de ese documento durante cuatro meses había sido un ejemplo más de cómo la Casa Blanca intenta enterrar los peligros del Cambio Climático"(*).

¿Consecuencias de todo ello? Estaríamos hablando –recoge el informe del Pentágono– del principio de un caos global que podría costar la vida a millones de personas: guerras por la supervivencia, desórdenes generalizados, conflictos internos; ciudades inhabitables a causa de las inundaciones, etc. Un caos para el que ningún país está preparado. "Una amenaza para la seguridad nacional que es única porque no existe un enemigo al que apuntar con tus armas y no tenemos control sobre la amenaza", declaró uno de los autores del informe.

El periodista Luis Carlos Campos recoge en "Calor Glaciar" un testimonio en exclusiva del científico Jaworowski, que es curiosamente asesor del propio Departamento de Defensa de EEUU. El científico asegura que "Washington usa el asunto climático como arma psicológica en ambos casos, tanto con el calentamiento como con el enfriamiento (...): son una excusa conveniente para que los militares USA demanden más dinero para defender su 'dulce tierra de libertad' de toda suerte de males".

Es absurdo seguir adoptando la postura del avestruz como intenta hacer la administración norteamericana y algunos países que siguen su estela. Y también resulta peligroso ignorar el cambio que ya se está produciendo en el planeta. Para unos, el proceso que estamos viviendo no tiene vuelta atrás. Nos encontraríamos ante una evolución natural del planeta por selección de especies –como ya pasó hace miles de años–, que sería el detonante de una nueva evolución, una nueva era para la humanidad. Para otros, la situación actual podría ser reversible si se adoptaran medidas urgentes que frenen el deterioro ambiental del que el hombre es responsable en una gran parte.

El pasado año coincidían dos eventos que vienen a representar las dos caras de una misma moneda. A primeros de diciembre los líderes políticos se reunían en Montreal en la Cumbre del Clima para debatir las medidas a aplicar en los próximos ocho años e intentar frenar el cambio climático. Mientras, en San Francisco una representación de científicos de todo el mundo se daban cita en la Conferencia de la Unión Geofísica Americana (AGU) para hablar de alarmantes predicciones y llegar a una conclusión: el tiempo se acaba. Los científicos allí reunidos, coincidieron en señalar por un lado que la humanidad no había tomado conciencia de la velocidad a la que está ocurriendo todo. Y por otro lado, que existía un grave problema con los grupos de presión –principalmente la industria automotriz– que en estos momentos está influyendo en los gobiernos para bloquear la toma de decisiones encaminadas a frenar el problema.

Los representantes políticos reunidos la XI Cumbre del Clima de Montreal, después de enfrentarse a la negativa de EEUU y Federación rusa, acordaron unir fuerzas para luchar conjunta y decididamente contra el cambio climático. Para Ecologistas en Acción esta medida es insuficiente ya que en el fondo "no se han acordado pasos concretos ni tampoco se ha establecido un plazo para llegar a un acuerdo que permita ir más allá de 2012". Para Greenpeace esta cumbre fue decepcionante: "Esperamos, declaraba su portavoz Steve Sawyer, que todos hayan tomado nota de las tácticas de intimidación y bloqueo de EEUU en estas negociaciones. Por este motivo, apenas existe un acuerdo que mantenga el proceso en marcha". Francisco Lozano, Profesor de Medio Ambiente en la Universidad Ramón Llull de Barcelona y fundador y coordinador del Centro de Estudios de la Biosfera, recuerda que al final "nos enfrentamos a dos tipos de catástrofes naturales: en unas interviene el hombre directa o indirectamente, en las otras el ser humano no tiene absolutamente nada que ver con la causa pero sí con los efectos y su prevención".

A pesar de este juego peligroso que mantienen los poderes. Por encima de la escasa y manipulada información que le llega al ciudadano. Con independencia de lo que nos cuentan y lo que nos quieren contar, estamos siendo testigos de una gran transformación que de la mano del Agua, el Aire, la Tierra y el Fuego está teniendo lugar en nuestro Planeta Azul. No sabemos a ciencia cierta hacia dónde nos conducirá, pero sí que algo está ocurriendo que sin duda obliga al ser humano a cambiar la visión de su entorno. "El verdadero progreso humano no puede conseguirse mientras las prioridades de la inversión mundial se limiten a objetivos militares y económicos a costa del desarrollo humano y la protección del medio ambiente", asevera en su informe "Signos vitales 2005" el World–Watch Institute.

Todo lo que ha ocurrido durante 2005 ha demostrado una vez más, la fragilidad del ser humano frente a las fuerzas de la naturaleza que son quienes están tomando la iniciativa. ¿Está el hombre preparado para este cambio que se avecina?


Entrevista a Fernando Valladares, doctor en Ciencias Biológicas

“Ralentizar el cambio climático”

Reportaje de Marta Iglesias
Revista Fusión, agosto 2006

Cuando muchos consideran que el cambio climático es cosa de ecologistas radicales, Fernando Valladares suma su voz a esta cruzada. Investigador del CSIC y profesor asociado de la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid, ha publicado más de 150 trabajos científicos y es evaluador habitual de más de treinta revistas internacionales de ecología y fisiología vegetal. Su visión sobre el cambio climático es multidisciplinar y plural, valorando todas las teorías existentes.

Para este investigador científico no hay duda sobre la intensidad del cambio climático, pero en él intervienen tanto el hombre como la naturaleza que le rodea. Imposible detenerlo, su propuesta es ralentizarlo todo lo posible para dar tiempo a que las especies se adapten y la tecnología reduzca las emisiones de gases de efecto invernadero. De momento, varios países han desaparecido bajo las aguas, cientos de especies se extinguen y los polos se derriten. Las consecuencias son imprevisibles.

–¿Puede constatarse que el cambio climático depende solamente de la acción humana?

–No. El cambio climático actual es resultado de dos cosas y es muy difícil separar con precisión qué pesa más: por un lado son procesos naturales, ya que estamos en un período interglaciar y lo normal en ello es que la temperatura suba. Pero hay otra parte que se debe a la emisión de gases con efecto invernadero y ahí es donde la especie humana tiene responsabilidad. Eso se ha demostrado en el último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, mediante una simulación de los últimos 150 años, para los que hay registro de temperaturas. Sólo introduciendo los factores humanos y naturales se consigue que la simulación sea correcta.

–Cuando hablamos de cambio climático pensamos simplemente en nuestro planeta. ¿Puede haber influencias de algún otro cuerpo de nuestro sistema solar?

–Hay ciclos con períodos muy largos que se deben a cambios en la inclinación del eje de rotación de la Tierra. Hay tres tipos de cambios con períodos que van de diez mil a cien mil años. La misma órbita de la Tierra pasa de ser circular a elíptica, y eso lógicamente afecta a la proximidad del planeta con el sol, que es nuestra fuente de calor, y eso tiene efectos en la temperatura promedio del planeta. Luego, el sol es una estrella que está pasando por una fase en la que su luminosidad, su intensidad de radiación está aumentando. Desde que la Tierra empezó como planeta hace 4.500 millones de años hasta ahora ha aumentado en más de un 40% su luminosidad. Eso es un proceso natural que tiene una implicación directa sobre la temperatura del planeta Tierra. Lo que ocurre es que los gases de efecto invernadero, sobre esos procesos naturales, incrementan muchísimo la temperatura en la capa en la que vivimos nosotros, en la que está la biosfera.

–Pérez Mercader afirma que el misterio está en saber por qué el cambio climático va a tanta velocidad, superando las previsiones científicas. ¿Cuál es tu explicación a este aceleramiento?

–Este cambio climático tiene dos rasgos nuevos. Por un lado, una especie –en este caso la humana– tiene mucho que ver en el proceso, ya que se ha interpuesto en los procesos abióticos en los que no intervenía ninguna especie. El otro factor es la velocidad. No es tanto la magnitud del cambio, lo que ha subido la temperatura, cómo retroceden los glaciares, sino la velocidad a la que lo hacen. El aceleramiento se debe a esa combinación de procesos naturales con el proceso humano. El mensaje principal que me gusta transmitir es que, como especie responsable de una parte de este cambio, tenemos que intentar disminuir la velocidad del mismo. No preocuparnos tanto de que las cosas no cambien, sino de que lo hagan un poco más despacio. Así podremos ganar al menos tres aspectos: por un lado los sistemas naturales pueden aclimatarse y evolucionar, las especies que integran los sistemas naturales también pueden adaptarse, y por último la tecnología puede ir permitiendo un uso más eficiente de la energía y por tanto un nivel de emisión de gases con efecto invernadero proporcionalmente menor. Ahora mismo ganar tiempo para reducir las emisiones es quizá lo principal.

–Hay una línea de investigadores que afirma que el cambio climático no nos conducirá a un calentamiento del planeta sino a un enfriamiento debido a la detención de la cinta transportadora marina, que actualmente se encarga de templar el clima. Las mediciones en la salinidad del océano lo confirman. Sin embargo, también hay muchos científicos reacios a admitir esta posibilidad ¿por qué?

–Porque es complicado. En teoría, cuando la temperatura ascienda cuatro grados por encima de la actual, entonces la célula de transporte de calor –sobre todo la que más nos afecta a nosotros, que es la del Atlántico Norte– se desconectará. Así, la célula de latitudes polares no estaría conectada con las latitudes ecuatoriales, con lo cual las latitudes altas entrarían en una glaciación. Todo eso es el resultado de muchas variables geológicas que tienen que ver con el mar y con los continentes, con lo cual el nivel de incertidumbre de esos modelos es relativamente alto. Por eso hay científicos más convencidos y otros menos, pero se baraja como una probabilidad bastante alta aunque no es una certeza absoluta debido a la complejidad del proceso.

–El eminente científico norteamericano Andrew W. Marshall ha entregado al Pentágono un estudio que confirma que estamos a un paso de una glaciación. ¿Es necesario una unión de gobiernos para detener este proceso? ¿La naturaleza cambiará nuestras prioridades en política exterior?

–Sin duda. De hecho, Kyoto –del que la mayoría pensamos que es necesario pero no suficiente– es el primer acuerdo internacional de la especie humana. A lo largo de sus nueve mil años de historia, es la primera vez que se ponen de acuerdo países totalmente distintos desde el punto de vista de religión, geográfico, político... Es una muestra de que hay una conciencia global, de que la única manera de solucionar este problema es entre todos. La realidad es que ya están desapareciendo en el Pacífico islas con muy poca altitud, que están siendo arrasadas por el mar. Ciudadanos de estas islas han pedido asilo político a algunos países y no lo han recibido, por lo que han entablado cuestiones jurídicas complejas de Derecho Internacional. Por ejemplo el país llamado Tuvalu, que desaparecerá en pocos años bajo las aguas del Pacífico, ha interpuesto una demanda bien justificada contra EE.UU. por ser el principal país emisor de gases con efecto invernadero y no estar haciendo nada para remediarlo.

–Hablemos de las consecuencias del cambio climático en nuestro país, donde nos espera una sequía peor que la del pasado año. ¿Hay manera de regular el agua antes de que cada verano haya discusiones por la misma?

–Realmente hay todavía mucho margen para utilizar el agua con más eficiencia, tanto en los regadíos como a nivel individual. Pero es una cuestión política que es difícil de soportar. España consume seis veces más agua que en los años 40, y la población no ha aumentado seis veces.

–Cada verano con sequía, España vive una batalla campal por comunidades. ¿Es un pequeño ejemplo de lo que podrían ser en un futuro y a nivel planetario las anunciadas guerras por el agua?

–Es un escenario que se baraja. De hecho en la denominada Evaluación del Milenio uno de los futuros previstos es el de los enfrentamientos por el agua. Las guerras hasta ahora han sido por el petróleo y ya algunas empiezan a ser por el agua. Sin ir más lejos, lo que vemos en Israel en parte es una guerra por el agua. Y con el tiempo se va a convertir en un recurso muy preciado. En los estudios a nivel global de cómo está utilizada y demandada el agua, Asia sale muy mal parada y Sudamérica muy bien, en proporción agua por habitante. Con lo cual hay zonas del planeta que se van a revalorizar mucho.

–Los ciudadanos de a pie que apuestan por la naturaleza consideran una tomadura de pelo la compra–venta de emisiones entre países... ¿Hemos convertido en un negocio el deterioro del planeta?

–Hay mucho de eso. Efectivamente se cae con facilidad en trivializar aspectos ambientales que repercuten en nuestra propia salud y bienestar, ponerles un precio y negociar con ello. Eso da lugar a situaciones muy paradójicas. Por ejemplo, hay toda una línea de ecólogos y científicos que están valorando los servicios que nos dan los ecosistemas. El problema es que cuando se les pone un precio puede haber alguien que lo compre. Ya se han dado algunos casos catastróficos, como cuando se dijo lo que costaban unos humedales en EE.UU. y una empresa los compró, con lo cual dejaron de ser terreno húmedo y con valor naturalístico y se emplearon para instalar polígonos. Con el mercado de emisiones se está cayendo en eso.