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Cambio
climático
¿Qué
se nos viene encima?
Por
Mariló Hidalgo
Revista
Fusión, España, febrero 2006
La
Tierra tiembla y se abre con fuerza a nuestros pies. El Agua inunda las
moradas. El Aire huracanado golpea con su puño enfurecido y asola todo lo
que encuentra a su paso. El Fuego despierta de su letargo y busca un lugar
para salir a la luz. La melodía de destrucción parece haber comenzado.
Acabamos de decir adiós a uno de los años más destructivos en lo que a
catástrofes naturales se refiere. Los científicos coinciden en señalar
que en sólo unas décadas, el Planeta habrá cambiado. El reloj está en
marcha. Llegan los tiempos anunciados.
2005,
un año destructivo
El
2004 se despedía con un tsunami en Indonesia que provocó 232.000
muertos. Unos días después, un temporal de lluvias en el norte de Europa
causa 18 muertos y obliga a evacuar a miles de personas. En febrero el
agua cobra de nuevo protagonismo, primero con intensas nevadas en Pakistán
que originan la rotura de tres presas. Luego serán las lluvias
torrenciales las que acaben con la vida de 630 pakistaníes. La tierra
tiembla en Irán y se cobra la vida de 602 personas. Al mes siguiente una
ola de frío sin precedentes deja un reguero de 500 muertos en Afganistán.
Unos días después esa misma zona se ve invadida por el agua y mueren 200
personas. Antes de que acabe marzo, la tierra se estremece con una fuerza
de 8,7 grados Richter en Indonesia y causa más de 2.000 muertos. China,
desgraciadamente es protagonista en el mes de junio. Primero por las
lluvias torrenciales en las que perecen 88 personas y desaparecen 75.
Luego una avalancha de lodo arrasa toda una escuela de niños y sepulta a
más de cien pequeños. Vuelven las aguas a salirse de sus cauces
provocando la muerte a 80 chinos y dejando sin hogar a más de dos
millones.
Empieza
julio y el país de la Gran Muralla sigue padeciendo fuertes lluvias
torrenciales que causan el desbordamiento de varios ríos. Balance, 669
muertos y 167 desaparecidos. El huracán "Dennis" hace un
recorrido por Cuba, Haití y EEUU y deja a su paso 69 víctimas y más de
15.000 afectados. La India padece una de las mayores inundaciones de su
historia y mueren por esta causa 891 personas. En agosto, Katrina se lleva
la vida de 1.206 estadounidenses a su paso por Nueva Orleans y deja más
de 1,5 millones de damnificados. En septiembre los tifones Nabi, Talim y
Khanun visitan Japón y China sembrando la muerte a su paso. A principios
de octubre un seísmo de 7,6 grados Richter rasga la tierra en la región
de Cachemira, entre India y Pakistán, dejando sin hogar a más de tres
millones de personas. Perdieron la vida 91.350. El huracán Stan visita
Guatemala; deja 670 muertos. El huracán Wilma acaba con la vida de 22
personas en el sur de Florida. Y en el penúltimo mes del año las lluvias
torrenciales asolan Colombia y dejan un balance de 80 muertos y más de
180.000 damnificados. La tormenta tropical Gamma a su paso por Honduras
causa 32 muertos y 33.000 personas sin hogar. Como dato resumen hay que añadir
que 2005 –según señalan los expertos– es el año más caluroso del
que se tenga registro y que fotos tomadas este año vía satélite
muestran que el hielo del Ártico se ha reducido en un 20% respecto de
1978. El dato más preocupante es la magnitud y velocidad de este deshielo
que según comentan, carece de precedente.
Todo
esto no hace más que confirmar que "acabamos de dejar atrás uno de
los años más destructivos respecto a desastres naturales y meteorológicos
que hayamos conocido", según anunció en rueda de prensa Michel
Jarraud, Secretario General de la Organización Meteorológica Mundial
(OMM). Los científicos alertan de que el impacto del cambio climático es
mucho más rápido de lo que hace tiempo se pronosticaba. Nos encontramos
ante un período impredecible de la historia que no cuenta con
antecedentes.
¿Por
que cambia el clima?
Que
estamos viviendo un caótico cambio climático no es algo a estas alturas
discutible, a la vista de las evidencias antes señaladas. Pero sí surgen
controversias entre los científicos que estudian el tema, en cuanto al
origen de este cambio y por tanto también, a sus consecuencias.
La
teoría mayoritaria asegura que nuestro planeta sufre un calentamiento
global producido por la mano del hombre, causante principal de este cúmulo
de alteraciones climáticas. Esta teoría es defendida entre otros, por el
científico de la NASA, James Hansen quien ya desde 1988 viene avisando
del peligro del calentamiento que está sufriendo el planeta, así como
del agujero de la capa de ozono de la Antártida.
La
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático emplea
el término cambio climático para referirse sólo a los cambios
producidos por causas humanas.
En
su artículo dice que "por cambio climático se entiende un cambio de
clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera
la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad
natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables".
Greenpeace, en su página web (www.greenpeace.org) apoya también esta
teoría cuando explica que "la mayor parte del calentamiento
observado durante los últimos 50 años es probable que se haya debido a
las actividades humanas, principalmente al aumento en las concentraciones
de gases invernadero –especialmente CO2– procedentes de la quema de
combustibles fósiles como carbón, petróleo y gas; y también a la
destrucción de praderas y bosques que de otro modo podrían absorber
parte de ese CO2". WWF/Adena (www.wwf.es/cambioclimatico/) va más
allá y habla de un cambio climático más rápido de lo esperado:
"El clima siempre ha variado, el problema del cambio climático es
que en el último siglo el ritmo de estas variaciones se ha acelerado
mucho, y la tendencia es que esta aceleración va a ser exponencial si no
se toman medidas. Al buscar la causa de esta aceleración se encontró que
existía una relación directa entre el calentamiento global o cambio climático
y el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI)
provocado por las sociedades humanas industrializadas". Estas
afirmaciones tienen su fundamento en el estudio y posterior evaluación
del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPPC). Este grupo
creado en 1988, dependiente de la ONU y de la Organización Meteorológica
Mundial reúne a cerca de tres mil expertos de 150 países y es la
principal fuente de asesoramiento científico a los gobiernos sobre cambio
climático. Hacia 1990 el IPPC hizo público un informe donde daba a
conocer al mundo los resultados de sus estudios. Todo indicaba que nos
encontrábamos ante un calentamiento consecuencia de un reforzamiento del
efecto invernadero, donde los gases emitidos en los últimos tiempos hacían
la función de cubierta acristalada, de invernadero. ¿En qué se basaban
para asegurarlo? Pues en el calentamiento de la atmósfera de 0,3 a 0,6º
registrado durante los últimos cien años. En que en el Ártico se ha
elevado también la temperatura hasta 2,5º, lo que ha provocado la
desaparición de grandes masas de hielo y la posterior extinción de
especies como los pingüinos, cuya población se ha reducido
considerablemente. Los glaciares de montaña han retrocedido, "habrá
un deshielo masivo de glaciares por debajo de los 5.000 m. en los próximos
veinte años", añaden los expertos.
Por
otra parte, los niveles del mar han experimentado un ascenso global de
entre 0,1 y 0,2 metros a lo largo del último siglo y las temperaturas de
los océanos se han incrementado desde el final de la década de 1950.
Este aumento, que puede parecer insignificante, pone en peligro muchas
cosas. Casi el 60% de los arrecifes coralinos (fuentes de diversidad y
productividad marina) están amenazados; el 70% de los bancos de pesca están
agotados o están siendo explotados de manera insostenible.
El
incremento en la temperatura afecta directamente al delicado equilibrio de
las regiones polares del planeta –auténticas reguladoras del clima–,
lo que está provocando una cadena de fenómenos meteorológicos cada vez
más extremos como acabamos de comprobar a lo largo del pasado año 2005.
El
anunciado calentamiento estaría alterando el régimen de lluvias,
provocando a su vez sequías en unos lugares e inundaciones en otros. Los
ríos se desbordan e inundan las mismas zonas varias veces al año. Las
sequías se incrementan en otros lugares del planeta que ven cómo se
reactivan las dunas, desaparece la escasa vegetación de la zona, y todo
ello genera períodos prolongados de hambruna que está diezmando
poblaciones y provocando un éxodo sin precedentes. La existencia de vida
humana en algunas zonas del planeta ya está siendo casi imposible –como
ya está ocurriendo en algunos lugares de África–, al igual que los
cultivos esenciales como el trigo, centeno o maíz y la cría de animales.
La Universidad de Naciones Unidas a través de un comunicado advierte que
este cambio climático generará más de cincuenta millones de desplazados
en 2010. "En las áreas rurales más pobres, el aumento de los
espacios áridos y la erosión de la tierra suelen ser las principales
causas para que los habitantes busquen otros espacios", asegura el
director del Instituto para el Ambiente y la Seguridad Humana de la ONU,
Janos Bogardi. Hoy, estos desplazados a causa de las catástrofes
naturales superan en número a los desplazados por conflictos bélicos y
además no están contemplados en la ayuda internacional al no tener la
categoría de "refugiados" –no están perseguidos y la mayoría
de ellos permanecen dentro de su propio país–. Naciones Unidas advierte
que este hecho podría derivar en un proceso que afectaría a todo el
planeta ya que el número de "refugiados ambientales" aumenta año
tras año al aumentar también los efectos del cambio climático.
El
Informe Anual de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) acaba de
anunciar que nos encontramos ante la mayor alteración climática de los
últimos cinco mil años, "las temperaturas medias en Europa han
aumentado un 0,95% a lo largo de este siglo", asegura AEMA.
"Europa tiene la obligación –advertía en rueda de prensa la
directora de la Agencia Europea de Medio Ambiente, Jacqueline McGlade–
de mirar más allá de 2012 y de sus fronteras, ya que nos encontramos
ante un problema global". Apoyándose en datos del informe presentado
ante los medios de comunicación, realizó la siguiente sentencia:
"Viviremos en unas condiciones atmosféricas jamás experimentadas
por seres humanos".
Los
hechos están ahí, así como el debate sobre el porqué de este cambio
climático. Frente a estas teorías del calentamiento global y el efecto
invernadero, hay otro sector minoritario de científicos que relacionan el
cambio climático que estamos padeciendo con el inicio de una glaciación.
El periodista científico, Luis Carlos Campos se hace eco de estas tesis
en su libro "Calor Glaciar" y habla de una especie de manifiesto
–Petition Project– firmado en 1998 por 17.800 científicos donde
niegan que el calentamiento del planeta sea debido a la mano del hombre.
Asegura este grupo de expertos que no existe una base científica que lo
demuestre. Tampoco está demostrado que "el caos climático se deba a
un aumento del CO2 industrial en la atmósfera por el llamado efecto
invernadero. De hecho, en épocas prehistóricas –y sobre todo antes de
las glaciaciones– el CO2 aumentó mucho más que en la actualidad".
Campos aporta más datos: "Sir Fred Hoyle y Ruddiman y su equipo
(2005) han establecido que el aumento de CO2 ha sido beneficioso, ya que
ha retrasado la Era Glaciar que debería haber llegado ya". Estaríamos
en puertas de una glaciación, una vez concluida la fase interglacial de
10.000 años y todo este cambio climático sería el aviso de su
proximidad. "Las teorías de vanguardia, señala Campos, relacionan
este cambio climático con los ciclos solares, los rayos cósmicos y la
influencia de los cometas. Añade que lo mismo está ocurriendo en otros
planetas del sistema solar como Marte, Júpiter o Venus. La NASA oculta
datos para no crear alarmismo y sus informes y declaraciones son
censurados". El científico de vanguardia ruso, Víktor Bokov del
Instituto de Investigación Ártica y Antártica de San Petersburgo –único
del mundo que predijo el tsunami del Índico–, asegura que existe una
conexión entre los cambios climáticos y el sistema sísmico. Su sistema
se basa en el registro de la actividad solar, la localización planetaria
de la presión atmosférica, la temperatura del aire, los cambios de
velocidad en la rotación de la Tierra y las condiciones sísmicas
actuales. En la actualidad, sus pronósticos sobre desastres naturales
tienen un porcentaje de acierto de un 75% que puede llegar hasta el
90–95%. Según Bokov "los ciclos comenzarán hacia el 2010
provocando glaciaciones en Europa y otras regiones del hemisferio Norte y
alcanzarán su máximo en 2080–2090".
Para
saber lo que se nos avecina, tendríamos –según estas teorías– que
dirigir nuestra mirada hacia el sistema solar ya que lo que ocurre en la
Tierra podría estar ocurriendo ya en otros lugares. Según Campos,
"los cambios no se dan sólo en nuestro planeta, los desequilibrios
del clima tienen origen astronómico. El Sol tiene más actividad desde
1940 que en 1.150 años. En Venus aumenta el efecto invernadero, disminuye
un 2.500% el brillo de la Aurora y se han producido importantes cambios
globales atmosféricos en los últimos 30 años. En Marte también se está
produciendo un 'leve calentamiento global' acompañado de tormentas
gigantescas y desaparición de capas polares. En Júpiter se ha demostrado
un aumento de la temperatura , además de un incremento de un 200% en el
brillo de las Nubes de plasma".
Un
juego peligroso
Las
alertas de lo que estaba ocurriendo en el planeta siempre estuvieron ahí
y también quienes se encargaron de silenciar, amenazar o desprestigiar a
los distintos "mensajeros". En eso, EEUU se lleva todos los
trofeos. Cuando se estrenó la polémica película de "El día de Mañana"
que hablaba de la llegada de una edad de hielo como consecuencia del
cambio climático, la administración Bush llegó a prohibir a los científicos
de la NASA que realizaran cualquier tipo de declaración al respecto. Ese
mismo año tuvimos conocimiento a través del diario británico The
Observer(*) de la existencia de un informe secreto del Pentágono que había
sido ocultado por la Jefatura de Defensa de EEUU donde se advertía que
importantes ciudades europeas quedarían anegadas por la subida de los
mares mientras que Gran Bretaña quedaría sumida en un clima siberiano
para 2020. El documento en cuestión sobre todo se refiere a la
inestabilidad social y política que todo ello provocaría. "El
cambio climático abrupto podría situar al planeta al borde de la anarquía
mientras las naciones desarrollan amenazas nucleares para defender y
asegurar sus medios de producción de alimentos y sus fuentes de energía
y agua. El peligro que representa para la estabilidad global eclipsa
sobradamente el del terrorismo", dicen confidencialmente los escasos
expertos que han tenido acceso a sus contenidos. "Revueltas y
conflictos serán elementos intrínsecos de la vida", concluye este
análisis. "Una vez más la guerra definirá la forma de vivir
humana". Aprovechando el escándalo provocado por la filtración de
este documento del Pentágono, un numeroso grupo de científicos acusó al
presidente norteamericano de que su administración daba un trato
privilegiado a aquellas teorías que justificaban su agenda política y en
cambio censuraba y silenciaba a todos aquellos estudios que no le convenían.
Jeremy Symons, de la Agencia de Protección Ambiental llegó a comentar
que "la ocultación de ese documento durante cuatro meses había sido
un ejemplo más de cómo la Casa Blanca intenta enterrar los peligros del
Cambio Climático"(*).
¿Consecuencias
de todo ello? Estaríamos hablando –recoge el informe del Pentágono–
del principio de un caos global que podría costar la vida a millones de
personas: guerras por la supervivencia, desórdenes generalizados,
conflictos internos; ciudades inhabitables a causa de las inundaciones,
etc. Un caos para el que ningún país está preparado. "Una amenaza
para la seguridad nacional que es única porque no existe un enemigo al
que apuntar con tus armas y no tenemos control sobre la amenaza",
declaró uno de los autores del informe.
El
periodista Luis Carlos Campos recoge en "Calor Glaciar" un
testimonio en exclusiva del científico Jaworowski, que es curiosamente
asesor del propio Departamento de Defensa de EEUU. El científico asegura
que "Washington usa el asunto climático como arma psicológica en
ambos casos, tanto con el calentamiento como con el enfriamiento (...):
son una excusa conveniente para que los militares USA demanden más dinero
para defender su 'dulce tierra de libertad' de toda suerte de males".
Es
absurdo seguir adoptando la postura del avestruz como intenta hacer la
administración norteamericana y algunos países que siguen su estela. Y
también resulta peligroso ignorar el cambio que ya se está produciendo
en el planeta. Para unos, el proceso que estamos viviendo no tiene vuelta
atrás. Nos encontraríamos ante una evolución natural del planeta por
selección de especies –como ya pasó hace miles de años–, que sería
el detonante de una nueva evolución, una nueva era para la humanidad.
Para otros, la situación actual podría ser reversible si se adoptaran
medidas urgentes que frenen el deterioro ambiental del que el hombre es
responsable en una gran parte.
El
pasado año coincidían dos eventos que vienen a representar las dos caras
de una misma moneda. A primeros de diciembre los líderes políticos se
reunían en Montreal en la Cumbre del Clima para debatir las medidas a
aplicar en los próximos ocho años e intentar frenar el cambio climático.
Mientras, en San Francisco una representación de científicos de todo el
mundo se daban cita en la Conferencia de la Unión Geofísica Americana
(AGU) para hablar de alarmantes predicciones y llegar a una conclusión:
el tiempo se acaba. Los científicos allí reunidos, coincidieron en señalar
por un lado que la humanidad no había tomado conciencia de la velocidad a
la que está ocurriendo todo. Y por otro lado, que existía un grave
problema con los grupos de presión –principalmente la industria
automotriz– que en estos momentos está influyendo en los gobiernos para
bloquear la toma de decisiones encaminadas a frenar el problema.
Los
representantes políticos reunidos la XI Cumbre del Clima de Montreal,
después de enfrentarse a la negativa de EEUU y Federación rusa,
acordaron unir fuerzas para luchar conjunta y decididamente contra el
cambio climático. Para Ecologistas en Acción esta medida es insuficiente
ya que en el fondo "no se han acordado pasos concretos ni tampoco se
ha establecido un plazo para llegar a un acuerdo que permita ir más allá
de 2012". Para Greenpeace esta cumbre fue decepcionante:
"Esperamos, declaraba su portavoz Steve Sawyer, que todos hayan
tomado nota de las tácticas de intimidación y bloqueo de EEUU en estas
negociaciones. Por este motivo, apenas existe un acuerdo que mantenga el
proceso en marcha". Francisco Lozano, Profesor de Medio Ambiente en
la Universidad Ramón Llull de Barcelona y fundador y coordinador del
Centro de Estudios de la Biosfera, recuerda que al final "nos
enfrentamos a dos tipos de catástrofes naturales: en unas interviene el
hombre directa o indirectamente, en las otras el ser humano no tiene
absolutamente nada que ver con la causa pero sí con los efectos y su
prevención".
A
pesar de este juego peligroso que mantienen los poderes. Por encima de la
escasa y manipulada información que le llega al ciudadano. Con
independencia de lo que nos cuentan y lo que nos quieren contar, estamos
siendo testigos de una gran transformación que de la mano del Agua, el
Aire, la Tierra y el Fuego está teniendo lugar en nuestro Planeta Azul.
No sabemos a ciencia cierta hacia dónde nos conducirá, pero sí que algo
está ocurriendo que sin duda obliga al ser humano a cambiar la visión de
su entorno. "El verdadero progreso humano no puede conseguirse
mientras las prioridades de la inversión mundial se limiten a objetivos
militares y económicos a costa del desarrollo humano y la protección del
medio ambiente", asevera en su informe "Signos vitales
2005" el World–Watch Institute.
Todo
lo que ha ocurrido durante 2005 ha demostrado una vez más, la fragilidad
del ser humano frente a las fuerzas de la naturaleza que son quienes están
tomando la iniciativa. ¿Está el hombre preparado para este cambio que se
avecina?
Entrevista
a Fernando Valladares, doctor en Ciencias Biológicas
“Ralentizar
el cambio climático”
Reportaje
de Marta Iglesias
Revista
Fusión, agosto 2006
Cuando
muchos consideran que el cambio climático es cosa de ecologistas
radicales, Fernando Valladares suma su voz a esta cruzada. Investigador
del CSIC y profesor asociado de la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid,
ha publicado más de 150 trabajos científicos y es evaluador habitual de
más de treinta revistas internacionales de ecología y fisiología
vegetal. Su visión sobre el cambio climático es multidisciplinar y
plural, valorando todas las teorías existentes.
Para
este investigador científico no hay duda sobre la intensidad del cambio
climático, pero en él intervienen tanto el hombre como la naturaleza que
le rodea. Imposible detenerlo, su propuesta es ralentizarlo todo lo
posible para dar tiempo a que las especies se adapten y la tecnología
reduzca las emisiones de gases de efecto invernadero. De momento, varios
países han desaparecido bajo las aguas, cientos de especies se extinguen
y los polos se derriten. Las consecuencias son imprevisibles.
–¿Puede
constatarse que el cambio climático depende solamente de la acción
humana?
–No.
El cambio climático actual es resultado de dos cosas y es muy difícil
separar con precisión qué pesa más: por un lado son procesos naturales,
ya que estamos en un período interglaciar y lo normal en ello es que la
temperatura suba. Pero hay otra parte que se debe a la emisión de gases
con efecto invernadero y ahí es donde la especie humana tiene
responsabilidad. Eso se ha demostrado en el último informe del Panel
Intergubernamental de Cambio Climático, mediante una simulación de los
últimos 150 años, para los que hay registro de temperaturas. Sólo
introduciendo los factores humanos y naturales se consigue que la simulación
sea correcta.
–Cuando
hablamos de cambio climático pensamos simplemente en nuestro planeta. ¿Puede
haber influencias de algún otro cuerpo de nuestro sistema solar?
–Hay
ciclos con períodos muy largos que se deben a cambios en la inclinación
del eje de rotación de la Tierra. Hay tres tipos de cambios con períodos
que van de diez mil a cien mil años. La misma órbita de la Tierra pasa
de ser circular a elíptica, y eso lógicamente afecta a la proximidad del
planeta con el sol, que es nuestra fuente de calor, y eso tiene efectos en
la temperatura promedio del planeta. Luego, el sol es una estrella que está
pasando por una fase en la que su luminosidad, su intensidad de radiación
está aumentando. Desde que la Tierra empezó como planeta hace 4.500
millones de años hasta ahora ha aumentado en más de un 40% su
luminosidad. Eso es un proceso natural que tiene una implicación directa
sobre la temperatura del planeta Tierra. Lo que ocurre es que los gases de
efecto invernadero, sobre esos procesos naturales, incrementan muchísimo
la temperatura en la capa en la que vivimos nosotros, en la que está la
biosfera.
–Pérez
Mercader afirma que el misterio está en saber por qué el cambio climático
va a tanta velocidad, superando las previsiones científicas. ¿Cuál es
tu explicación a este aceleramiento?
–Este
cambio climático tiene dos rasgos nuevos. Por un lado, una especie –en
este caso la humana– tiene mucho que ver en el proceso, ya que se ha
interpuesto en los procesos abióticos en los que no intervenía ninguna
especie. El otro factor es la velocidad. No es tanto la magnitud del
cambio, lo que ha subido la temperatura, cómo retroceden los glaciares,
sino la velocidad a la que lo hacen. El aceleramiento se debe a esa
combinación de procesos naturales con el proceso humano. El mensaje
principal que me gusta transmitir es que, como especie responsable de una
parte de este cambio, tenemos que intentar disminuir la velocidad del
mismo. No preocuparnos tanto de que las cosas no cambien, sino de que lo
hagan un poco más despacio. Así podremos ganar al menos tres aspectos:
por un lado los sistemas naturales pueden aclimatarse y evolucionar, las
especies que integran los sistemas naturales también pueden adaptarse, y
por último la tecnología puede ir permitiendo un uso más eficiente de
la energía y por tanto un nivel de emisión de gases con efecto
invernadero proporcionalmente menor. Ahora mismo ganar tiempo para reducir
las emisiones es quizá lo principal.
–Hay
una línea de investigadores que afirma que el cambio climático no nos
conducirá a un calentamiento del planeta sino a un enfriamiento debido a
la detención de la cinta transportadora marina, que actualmente se
encarga de templar el clima. Las mediciones en la salinidad del océano lo
confirman. Sin embargo, también hay muchos científicos reacios a admitir
esta posibilidad ¿por qué?
–Porque
es complicado. En teoría, cuando la temperatura ascienda cuatro grados
por encima de la actual, entonces la célula de transporte de calor
–sobre todo la que más nos afecta a nosotros, que es la del Atlántico
Norte– se desconectará. Así, la célula de latitudes polares no estaría
conectada con las latitudes ecuatoriales, con lo cual las latitudes altas
entrarían en una glaciación. Todo eso es el resultado de muchas
variables geológicas que tienen que ver con el mar y con los continentes,
con lo cual el nivel de incertidumbre de esos modelos es relativamente
alto. Por eso hay científicos más convencidos y otros menos, pero se
baraja como una probabilidad bastante alta aunque no es una certeza
absoluta debido a la complejidad del proceso.
–El
eminente científico norteamericano Andrew W. Marshall ha entregado al
Pentágono un estudio que confirma que estamos a un paso de una glaciación.
¿Es necesario una unión de gobiernos para detener este proceso? ¿La
naturaleza cambiará nuestras prioridades en política exterior?
–Sin
duda. De hecho, Kyoto –del que la mayoría pensamos que es necesario
pero no suficiente– es el primer acuerdo internacional de la especie
humana. A lo largo de sus nueve mil años de historia, es la primera vez
que se ponen de acuerdo países totalmente distintos desde el punto de
vista de religión, geográfico, político... Es una muestra de que hay
una conciencia global, de que la única manera de solucionar este problema
es entre todos. La realidad es que ya están desapareciendo en el Pacífico
islas con muy poca altitud, que están siendo arrasadas por el mar.
Ciudadanos de estas islas han pedido asilo político a algunos países y
no lo han recibido, por lo que han entablado cuestiones jurídicas
complejas de Derecho Internacional. Por ejemplo el país llamado Tuvalu,
que desaparecerá en pocos años bajo las aguas del Pacífico, ha
interpuesto una demanda bien justificada contra EE.UU. por ser el
principal país emisor de gases con efecto invernadero y no estar haciendo
nada para remediarlo.
–Hablemos
de las consecuencias del cambio climático en nuestro país, donde nos
espera una sequía peor que la del pasado año. ¿Hay manera de regular el
agua antes de que cada verano haya discusiones por la misma?
–Realmente
hay todavía mucho margen para utilizar el agua con más eficiencia, tanto
en los regadíos como a nivel individual. Pero es una cuestión política
que es difícil de soportar. España consume seis veces más agua que en
los años 40, y la población no ha aumentado seis veces.
–Cada
verano con sequía, España vive una batalla campal por comunidades. ¿Es
un pequeño ejemplo de lo que podrían ser en un futuro y a nivel
planetario las anunciadas guerras por el agua?
–Es
un escenario que se baraja. De hecho en la denominada Evaluación del
Milenio uno de los futuros previstos es el de los enfrentamientos por el
agua. Las guerras hasta ahora han sido por el petróleo y ya algunas
empiezan a ser por el agua. Sin ir más lejos, lo que vemos en Israel en
parte es una guerra por el agua. Y con el tiempo se va a convertir en un
recurso muy preciado. En los estudios a nivel global de cómo está
utilizada y demandada el agua, Asia sale muy mal parada y Sudamérica muy
bien, en proporción agua por habitante. Con lo cual hay zonas del planeta
que se van a revalorizar mucho.
–Los
ciudadanos de a pie que apuestan por la naturaleza consideran una tomadura
de pelo la compra–venta de emisiones entre países... ¿Hemos convertido
en un negocio el deterioro del planeta?
–Hay
mucho de eso. Efectivamente se cae con facilidad en trivializar aspectos
ambientales que repercuten en nuestra propia salud y bienestar, ponerles
un precio y negociar con ello. Eso da lugar a situaciones muy paradójicas.
Por ejemplo, hay toda una línea de ecólogos y científicos que están
valorando los servicios que nos dan los ecosistemas. El problema es que
cuando se les pone un precio puede haber alguien que lo compre. Ya se han
dado algunos casos catastróficos, como cuando se dijo lo que costaban
unos humedales en EE.UU. y una empresa los compró, con lo cual dejaron de
ser terreno húmedo y con valor naturalístico y se emplearon para
instalar polígonos. Con el mercado de emisiones se está cayendo en eso.
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