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Especulación
inmobiliaria
Burbuja
capitalista a punto de estallar
Por
Adán Salgado Andrade
Desde
España, para Socialismo o Barbarie, 03/11/06
Valencia, España.- En una parada del bus, mientras espero el
transporte que me llevará de Ribarroja – pueblo que pertenece a la
llamada generalitat valenciana – justamente a Valencia, leo dos
letreros escritos en castellano, no en valenciano como podría
esperarse de esa región, pegados sobre los acrílicos de la estructura,
uno de los cuales informa: “PISO: piso en construcción de 50 m², una
habitación, sin cocina oficce, baño, garaje, espléndidas calidades,
zona muy tranquila. 128,964 euros, abstenerse inmobiliarias”, además de
proporcionarse el teléfono. Uno más señala también: “SE VENDE PISO:
piso en construcción de 67 m², 2 habitaciones, sin cocina office, baño,
balcón, plaza de garaje, trastero, espléndidas calidades, zona muy
tranquila, 168,588 euros, abstenerse inmobiliarias”. Anuncios como los
anteriores son cosa común no sólo en Ribarroja o en Valencia, sino en
toda España, país que, como muchos otros países, ha caído en el boom
de la construcción inmobiliaria que bautizaré como el fenómeno
“Fannie Mae y Freddie Mac”, es decir, en referencia a las empresas
gubernamentales estadounidenses que se dedican a financiar bienes raíces
mediante hipotecas. Dichas empresas pertenecen a la Office of Federal
Housing Enterprise Oversight, OFHEO, otra dependencia gubernamental
estadounidense que “cuida” el buen manejo de los créditos
hipotecarios. En mi artículo “Hacia una nueva recesión estadounidense
y mundial” (disponible bajo ese nombre en Internet) me refiero a la
nueva burbuja capitalista que se ha creado en EU, en vista de la masiva
inversión en construcciones de casas y edificios, o sea, en el negocio de
los llamados bienes raíces, la cual, cuando estalle, repercutirá
en una situación de crisis y recesión más peligrosa aún que la que se
dio durante el frenesí de las empresas .com, aquéllas estrellas
de la economía virtual, allá por el año 2000, puesto que ahora se
trata no de empresas computacionales, que vivan exclusivamente en el cyberespacio,
sino del sustento de la economía estadounidense, ya que la compra y
construcción, sobre todo de casas y edificios departamentales,
constituyen el sector que tradicionalmente ha medido y sigue midiendo la
“fortaleza” de aquélla. Un buen indicio de hasta dónde puede
conducir el estallido de la creciente burbuja inmobiliaria, lo ilustra el
hecho de que la actual crisis económica del Japón, de la que aún no
termina de salir, se originó, justamente, por una irrefrenable sed de
adquirir tanto empresas estadounidenses (por ejemplo, la Columbia Pictures,
adquirida por la empresa Sony), así como edificios completos
pertenecientes a corporaciones que se asociaron o también fueron
compradas por los capitales japoneses, por ese entonces abundantes y muy
ávidos de invertir en todo aquello que los mantuviera activos, no
simplemente acumulados (sí, porque una de las ironías del sistema
capitalista es que los capitales amasados, estando pasivos, sin
trabajar, resultan onerosos, causan gastos, se desvalorizan,
así que hay que buscar en dónde invertirlos). Sin embargo, tanta
fiebre adquisitiva terminó por estallar y una de las consecuencias
desastrosas fue que a mitad de la década de los noventas, el valor de
todos los bienes raíces en Japón decayó un brutal 50%. Mucha de la
gente que había comprado su casa durante el boom, de pronto se vio
enganchada a hipotecas bancarias que le cobraban pagos mensuales, más
intereses que correspondían a una casa cuyo altísimo valor de ese
entonces, de pronto se redujo a la mitad, o sea, ya no era, como se creía,
un seguro negocio el invertir en una casa. Eso es justamente lo que está
repitiéndose en EU y al parecer en todo el mundo, por lo que he podido
apreciar en España, país en donde, como señalé, el fenómeno “Fannie
Mae y Freddie Mac” (o el efecto sol naciente, si se desea), está
tendiendo a repetirse muy peligrosamente.
En
Ribarroja, en la Pobla, en Vetera, en Orihuella... y en muchos otros
poblados valencianos, además de la propia Valencia (y en toda España),
se encuentra uno con muchas obras en construcción que se convertirán en
“fincas de pisos” (edificios de departamentos) que serán destinadas a
familias o parejas que, mediante un crédito hipotecario bancario,
adquieran una de las viviendas que, dependiendo del precio, la ubicación
y, sobre todo, el nivel social específico al que se dirijan, ofrecerá un
mínimo confort, o sea, será al menos habitable, o irá
ascendiendo en las características ofrecidas, pasando por “calidades”
más altas, al semi-lujo o al lujo total, como lo que allí se conocen
como chalets. Y si para lograrlo, los constructores deban de
modificar brutalmente las características arquitectónicas tradicionales
de los lugares en donde se asientan las nuevas fincas, pues lo harán, ya
que gracias al depuesto gobierno de Aznar, se alcanzaron altísimos
niveles de corrupción, que dieron como resultado el facilitar totalmente
la realización de tan masivos proyectos. Y con Zapatero, dicha tendencia
no se ha frenado y, al contrario, sigue con los mismos bríos que durante
su antecesor (estas son cuestiones que, para muchos, ponen en duda las
verdaderas intenciones del PSOE – Partido Socialista Obrero Español –
y de Zapatero en su afán por “corregir” los pasados males, heredados
del Partido Popular y el proestadounidense Aznar), quizá porque desde el
gobierno eso, la masiva construcción de viviendas, se tome como signo de
fortaleza económica. Pero, como ya he señalado antes, nada más alejado
de la realidad.
Y
ese boom constructivo se da en todos lados. Cuando se va llegando
desde Ribarroja o de cualquier otro pueblo aledaño a la ciudad de
Valencia, desde donde se ejerce el gobierno central del llamado país
valenciano, relucen a las afueras decenas de complejos habitacionales,
muchos de ellos asentados en zonas anteriormente protegidas o en terrenos
que antes del descontrolado crecimiento urbano eran tierras agrícolas (en
estos lugares pude notar un creciente desinterés por todo lo agrícola y
las actividades del campo. Mucha gente joven, cuyos padres poseen tierras
de cultivo aún, sólo esperan que éstos mueran y les hereden esas
tierras tan duramente trabajadas por muchos años, para venderlas a una
empresa inmobiliaria que construirá allí unidades habitacionales o
grandes centros comerciales, muy lucrativos también para los intereses
comerciales de aquéllas). Enormes grúas y torres de carga desplazan las
estructuras de acero, las tuberías, el cemento, la arena, la grava, con
los que se hará el hormigón, cargan los tabiques... a las afueras
esperan revolvedoras para vaciar el concreto en fase líquida que formará
los cimientos, pisos, losas de las nuevas fincas. Y me pregunto: ¿habrá
quien pueda comprar tantos nuevos “pisos” que se construyen, a razón
de 400 cada mes, tan sólo por esos lugares? Es una pregunta que planteo a
mi buena amiga Angels Body, consejala de Ribarroja por el PSOE. “¡Hombre,
pues no sé quién vaya a comprar tantos pisos, si ahora mismo, tenemos el
inquietante dato de que nada más en Valencia, hay más de 200,000
nuevos pisos sin haberse vendido!” Sí, es inquietante, porque hay
un generalizado sentimiento, al menos entre la gente que como Angels se
preocupan de la problemática económica y social que aqueja su país, de
que algo no anda bien. “Pues es que eso es como las barras de pan que no
compras, se hacen duras y ya no servirán para comer”.
Otra
amiga, María del Mar, me dice: “Joder, no sé qué van a hacer con
tanto piso que están construyendo, si ahora mismo tú puedes ver muchas
fincas que se terminaron desde hace meses y todavía no se han ocupado”.
Ella, por ejemplo, es el vivo ejemplo de gente que, aunque tiene una
imperiosa necesidad de un piso para vivir, no puede adquirirlo por sus
altos costos. “Pues si quieres comprar algo regular, como este piso que
estoy rentando, necesitas por lo menos 210,000 euros (264,600 dólares)”.
El piso que Mar renta, ubicado en La Pobla, “pueblito” cercano a
Valencia, es de unos 90 metros cuadrados de área, y consta de un
pasillo-recibidor, living, cocina equipada, un pequeño patio
exterior, aseo y tres recámaras, una también con aseo propio, por el
cual debe pagar la nada despreciable cantidad de 450 euros (567 dólares),
sobre todo tomando en cuenta que el salario mensual de Mar (salario
percibido por una buena parte de la población trabajadora española) es
de 1000 euros. “Nada más la renta me pilla casi la mitad de mi
sueldo”, se queja Mar con amargura. Y peor, cuando al hacer números,
resulta que para comprar ese piso, equivaldría a 210 meses de su vida, 17
años y medio. Ella tendría para entonces casi cincuenta años y su pequeño
hijo, Yago, casi 22 años. Por eso, sólo puede rentar. Y en estos días
enfrenta el problema de que el codicioso, arbitrario dueño, ya le pidió
que deje el piso, a pesar de que hicieron un contrato por cuatro años y
que Mar le pagó seis meses por adelantado. “Yo sé que si lo demando,
le gano a ese tío, pero no quiero liarme más problemas”. Sí, y
es que ser madre separada, como ella, tratar de conservar su trabajo (ella
es grafoterapista, aquéllas personas que mejoran los problemas de
comportamiento y salud mental a través del análisis de la escritura),
llevar a su pequeño al “cole”, hacer el quehacer... es ya de por sí muy
problemático, así que entiendo por qué no desea iniciar una acción
legal que sí tendría posibilidades de ganar. El “tío” dueño del
piso, halló finalmente un comprador para su propiedad. Es de las personas
que están en mejores posibilidades que el resto de la gente par comprar
como “inversión” un piso (tienen un mejor salario, de 2500 euros
mensuales o más, o conocidos en el gobierno o en los bancos para
conseguir préstamos hipotecarios más fácilmente), y luego revenderlo más
caro. Por fortuna, Mar halló una vivienda más o menos adecuada a sus
necesidades y 50 euros más barata, algo más pequeña y más antigua,
pero, ni modo, pues no queda más que adaptarse. Tuvo mucha suerte, pues
el problema adicional es que las viviendas para renta son muy escasas en
España, apenas el 18% de la totalidad. Por lo mismo, son actualmente tan
cotizadas las pocas disponibles.
Pero
por otro lado, irónicamente, hay tanta saturación de nuevas viviendas,
que las inmobiliarias de nueva creación tan sólo buscan vender
departamentos que se ofrezcan, cobrando una comisión por hacerlo. Así,
no arriesgan capital, que muchas tampoco tienen por supuesto. Por eso en
casi todos los anuncios, como los que menciono arriba, se aclara
“Inmobiliarias abstenerse”, porque nadie de los vendedores desea tener
problemas con negociaciones que muchas veces resultan fraudulentas. No,
ninguna inmobiliaria compra, sólo buscan ser intermediarias para vender
“pisos”. Sí, y ante lo costoso de éstos, sólo jóvenes matrimonios,
deseosos de acoger cuanto antes el obligado estilo occidental de
vida (más tratándose de España, socio fundamental de ese paneuropeísmo
económico), dispuestos a embarcarse por una buena parte de sus vidas
con una hipoteca bancaria, asumirán la compra a crédito de su “nidito
de amor” (en muchos casos, sí, literalmente se trata de reducidos
“niditos” de 60 m² o menos), y lo harán directamente con la
constructora, mediando el banco, por supuesto. Y si la joven pareja se
enfrentara al problema de que no pudiera pagar la hipoteca, sea
porque se quedaran sin trabajo, se enfermaran o cualquier otro problema
que implicara una falla, el banco nada pierde, pues se quedaría con el
piso, dado que es justamente la prenda que garantizó dicho préstamo
hipotecario. La joven pareja se verá sometida a mayores presiones económicas
porque buscará asumir, además, todo lo que implique la reafirmación del
estatus clasemediero: auto nuevo, lo último en electrodomésticos
(lavadora automática, secadora, lavatrastes, estufa vitriolítica – ésta
trabaja sin gas, por inducción eléctrica –, nevera computarizada),
teléfono, TV por cable, computadora, cuenta de Internet... todo, por
supuesto, adquirido, al igual que el piso, a crédito. “¡Joder, que
ahora los bancos te están liando con contratos de 25 años y hasta de 50
o 100 años, que se supone que heredarán tus hijos o nietos”, me
comenta Angels, con mezcla de enojo y asombro, ante tan descabellados
planes de “financiamiento” de por vida – y post-mortem,
agregaría yo. Le digo que al menos en México, en la vivienda social, el
crédito se salda a la muerte del deudor. “Hombre, eso antes se hacía
aquí, pero los bancos todo lo han cambiado a su favor”. Entonces, de
acuerdo a esa lógica, razono, tal vez en México también se cambien
pronto ese tipo de prerrogativas.
Juango,
otro amigo valenciano, cuya ocupación es la de “inspector fiscal” –
“Yo verifico que la gente pague sus impuestos”, dice muy como si nada,
asumiendo que su labor es esencial para el gobierno –, me da una muy
clara idea de los niveles tan altos a los que ha llegado la especulación
inmobiliaria. “Hace cinco años, en el 2001, podíais comprar un piso de
130 m² por 150,000 euros, pero ahora no lo consigues por menos de medio
millón de euros”. Eso nos da un aumento neto de ¡333%!, cuando que los
salarios en esos mismos cinco años, sólo han subido lo que el Índice de
Precios al Consumidor (IPC) lo ha hecho: 3% anual, es decir, los salarios sólo
han subido 15%. “Además, con lo de la adopción del euro, todo se
encareció más, porque un euro equivale a 166 pesetas y todo lo que valía,
por ejemplo, 100, se redondeó a 166 para que costara un euro”. O sea,
la imposición en toda Europa del euro, sólo ha beneficiado a los países
más productivos industrialmente y con economías más robustas, como
Alemania, pero para aquellos como España, únicamente ha encarecido más
la vida, debido a sus niveles de productividad más bajos y a su menor
fortaleza económica. Así,
por todos esos factores juntos, se entiende aún mejor por qué cada vez
son menos las personas que pueden adquirir pisos, ni siquiera por medio
del banco, porque además los requisitos para obtener un préstamo
hipotecario son arduos y largos, requiriendo, para empezar, que sean sólo
parejas casadas las que puedan solicitarlo. Por ello, para mujeres
solas u hombres solos, es prácticamente imposible solicitar un crédito
así, lo que limita aún más a los adquirientes de vivienda. Mar,
aconsejada por una amiga, acudió al Instituto de atención a la mujer,
para ver si era posible conseguir un apoyo para la compra de una vivienda,
cuestión que ofrece gestionar dicha institución, sólo para decirle que
no, que no era posible ayudarla. “No sé para qué te dicen que te van a
ayudar si a la mera hora te dicen que no”, se queja Mar.
Pero
a pesar de las evidencias de un sobrecalentamiento inmobiliario, la
construcción de nuevas fincas y unidades habitacionales de nivel medio
continúa pujante en toda España, porque los constructores apuestan
a que estadounidenses, alemanes, italianos o ingleses estarán entre
los clientes a quienes se dirijan sus inversiones. Por ejemplo, en la
televisión se anuncia un conjunto residencial que se está construyendo
junto al mar, con pisos “desde 235,000 euros”. Claro, excelente manera
de atraer a pensionados alemanes o estadounidenses, ofreciéndoles “cómodos
departamentos” junto al mar, doble atractivo para los seniors en
busca de clima cálido casi todo el año, mar, confort, tranquilidad... el
problema, como señalé, es que no sólo España está desarrollando ese
tipo de proyectos, llamémosle, turísticos-inmobiliarios, pues muchos
otros países (por ejemplo en México, en el estado de Baja California o
en Cancún, existen proyectos similares. En República Dominicana, la
calidad de sus playas también se está explotando para ofrecer
condominios turísticos) lo están haciendo y con ello contribuyen a
agravar la saturación constructiva que ha comenzado por manifestarse en
Estados Unidos, el país que maneja más de un tercio del Producto Interno
Bruto mundial, en donde ha disminuido la venta de casas nuevas y han
disminuido, en consecuencia, las contrataciones de hipotecas. Repito, el
modelo “Fannie Mae y Freddie Mac”, está generalizándose por el
mundo, lo que agravará el efecto negativo global que de por sí acarreará
la desaceleración estadounidense debida a tal motivo. Sí, porque, como
dije, en todas partes se apuesta a que la construcción de bienes raíces
es el gran negocio, el big money. Por ejemplo, me vienen a
la mente tantos nuevos conjuntos habitacionales que se están construyendo
por todas partes de la ciudad de México, de los cuales, incluso las
mismas autoridades reconocen que ya hay una sobreoferta, y no hay
duda que es lo que está sucediendo en EU y en España o también en
Francia, en Italia, en Inglaterra, en Alemania... en Rusia... en los países
árabes (En Dubai, capital-estado de los Emiratos Árabes Unidos se está
edificando un nuevo complejo que va a costar 30,000 millones de dólares y
sus constructores aseguran que va a contar con un edificio que ¡va
a ser el más alto del mundo, 40% más alto que el más alto de los
que actualmente existen, de unos 142 pisos, y los están haciendo a razón
de uno por semana!)... en China... sí, por allí es donde va a agrietarse
de nueva cuenta el capitalismo y a sufrir un brutal golpe recesivo del que
dudo seriamente que se pueda, ya no digamos salir vivo, sino al
menos recuperar. Bueno, pues por algún lado debe de comenzar a
manifestarse la decadencia de este sistema tan desequilibrado.
Pero
mientras eso sucede, abundan las escenas de obras en construcción en
Valencia y en pueblos aledaños, al frente de las cuales, panorámicos
anuncios invitan a “Vivir tus sueños en Residencial del Bosque”,
tratando de seducir a los posibles compradores mostrando los dibujos
arquitectónicos de las “magníficas residencias” que allí se hacen,
“con espléndidas áreas verdes, todos los servicios, perfectamente
comunicada”... “Un nuevo estilo de vida hallarás en residencial El
parque”, se puede leer en otro panorámico... y así... como que hasta
en eso hay estandarización, pues me recuerda las frases trilladas, casi
similares todas, que se emplean también en México en ese tipo de
proyectos, como que la imaginación de sus promotores no da para más.
Pues ojalá que tengan la suficiente presteza mental para resolver los
graves problemas que su fiebre constructiva provocará en la economía
mundial. Pero al menos se darán cuenta, finalmente, de que tampoco los bienes
raíces resultan ser los seguros negocios que antaño solían ser.
Contacto:
studillac@hotmail.com
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