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Biocarburantes:
un peligro para el planeta
Por
Marina Forti Sin Permiso, 12/11/06
Traducción de Leonor Març
La llaman “gasolina
verde”, pero es el apodo menos a propósito que imaginar quepa. La
definición puede aludir al “biodiesel” (biocombustible líquido
obtenido de aceites vegetales como la colza, el girasol u otros), al
“bioetanol” (etanol obtenido de la destilación de masas vegetales
como la caña de azúcar o el maíz), o combustibles de biomasa. El
prefijo “bio”, el adjetivo “verde” dan a entender algo bueno y
limpio: y en tiempos de crisis ambiental galopante se comprende bien que
resulte atractivo para el público. Se comprende menos cuando es la FAO,
la organización de las Naciones Unidas para la agricultura, quien
promueve los biocarburantes. Y sin embargo, es lo que ha hecho el
representante de la FAO en la Conferencia sobre el Clima comenzada ayer en
Nairobi, Kenia: Castro Pulido Camarada ha dicho que “los próximos 50 años
verán un desplazamiento significativo hacia los biocarburantes, con el
sector forestal y el agrícola entre las fuentes principales de
combustibles sólidos y líquidos”; ha evocado la conversión en
combustible de los residuos forestales y agrícolas (paja, ramas del
sotobosque) “para suministrar abundante energía limpia a bajo costo y
estimular el desarrollo rural”.
¡Qué error! Porque una
cosa es transformar en etanol los residuos vegetales, y otra muy distinta
cultivar caña de azúcar, maíz o colza sólo para obtener
biocombustibles. Para tener una producción significativa de
biocarburantes bastaría expandir el cultivo intensivo de caña, maíz,
colza, etc. Y sería una operación bien poco ecológica, y de todo punto
desastrosa para la seguridad alimentaria, que es la razón de ser de la
FAO. Lo explica bien Lester Brown, fundador del Herat Policy Institute de
Washington (filial del WorldWatch Institute, fundado por él mismo en los
años 70). En una nota del 3 de noviembre (“Exploding U.S. Grain Demand
for Automotive Fuel Threatens World Food Security and Political Stability”,
www.earth-policy.org), Brown avanza algunos datos. El primero es la
producción mundial de cereales: este año montaba 1.967 millones de
toneladas, pero el consumo ha llegado a 2.040 millones de toneladas: de
manera que el planeta ha producido 73 millones de toneladas menos de lo
que ha comido, y este déficit de un 4% es un déficit récord. Peor aún:
en los últimos 7 años se ha registrado un déficit en la producción de
cereales, con el resultado de que las reservas mundiales han descendido al
nivel más bajo de los últimos 34 años (“la última vez que eso sucedió,
los precios del grano y del arroz se multiplicaron por dos”). El consumo
de cereales ha crecido, sin embargo, al ritmo de 31 millones de toneladas
cada año entre el 2.000 y hoy, 24 millones de las cuales han sido
consumidos como pienso o comida para los animales (finalmente, pues, han
ido a parar al consumo humano en forma de carne, leche, huevos, quesos o
embutidos).
Al mismo tiempo, empero,
ha explotado el uso de los cereales para producir combustibles. Aquí el
análisis de Brown se refiere a los EEUU: habla de 54 nuevas destilerías
de etanol establecidas en EEUU entre octubre de 2005 y octubre de 2006.
Todas estarán en condiciones de producir a finales del año próximo, y
transformarán 39 millones de toneladas anuales de grano (casi todo maíz)
en cerca de 4 mil millones de galones de etanol.
Añádanse a los 41 millones de toneladas de toneladas ya
transformadas en etanol en 2005 en las refinerías existentes, y significa
que a fines de 2007 los EEUU transformarán maíz en carburante a un ritmo
de 80 millones de toneladas al año. Brown observa que es el “mercado”
quien ha empujado en esa dirección: con el precio del petróleo a los
niveles actuales, producir etanol como carburante para automóviles se ha
convertido en una inversión rentable.
Pero entonces, se
pregunta Brown, “¿en cuánto tendríamos que aumentar las cosechas de
maíz para evitar un posterior desplome de as reservas?”. Considerando
los datos globales, el planeta tiene ya un déficit de producción de
cereales, tanto más si se tienen en cuenta el previsible aumento del
consumo alimentario. “Los precios del grano y del maíz han aumentado al
menos un tercio en los últimos meses, los futuros de esos dos productos
se cambiaban a los niveles más altos de los últimos 10 años”, observa
Brown. Es evidente “la concurrencia entre los 800 millones de
propietarios de automóviles y los 2 mil millones de pobres del mundo”.
Gasolina contra
alimentos, carburantes contra piensos: “si el precio de los cereales
sube a niveles récord”, advierte Brown, hay que esperar “motines de
subsistencia e inestabilidad política en los países de renta baja que
importan cereales, como Indonesia, Nigeria o México, y muchos otros”.
Pero en el fondo, ¿qué necesidad hay de meter tanto maíz en las refinerías?
El etanol apenas cubre hoy el 3% del consumo de carburante de automóviles
en los EEUU, y se podría obtener mucho más (y a costes parecidos, si no
más bajos) aumentando un simple 20% la eficiencia de los automóviles...
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Marina Forti es una periodista especializada en problemas ecológicos
y mediombientales que escribe regularmente en el cotidiano comunista
italiano Il Manifesto.
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