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Cambio ambiental global
¿Nuevos desafíos
a viejos problemas?
Por Patricia Romero Lankao
Política y Cultura, UAM-Xochimilco
Revista Globalización, octubre 2006
1. Introducción
El cambio ambiental global es un componente
fundamental de la actual reestructuración del capitalismo. Un
componente marcado por la modificación irreversible de procesos y
estructuras fundamentales para la existencia del hombre como especie,
tales como los ciclos biogeoquímicos y la biodiversidad). Un
componente predominantemente analizado por científicos naturales,
cuando menos en los círculos internacionales (Grymes y Kentor 2003).
Un componente que incide en la re-configuración de los esquemas de
dominio. Lo que demanda de nosotros responder a cuando menos dos
retos: dar cuenta del por qué social, económico e institucional de
tal cambio; analizar las implicaciones de éste en la reestructuración
de la vida social.
Mi presentación es un intento de responder al reto,
sustentada en una tesis: la actual reestructuración de la vida social
que acompaña al nuevo modelo de organización del capitalismo,
incorpora al cambio ambiental global como dimensión que consolida
desigualdades, contradicciones y paradojas, al tiempo que plantea
nuevas formas de dominio, novedosos desafíos. Para lograr mi
cometido, analizaré tres componentes esenciales de las relaciones
entre cambio ambiental global y actual modelo de desarrollo, entre
"naturaleza" y "sociedad".
El primero se refiere al carácter inédito de las
transformaciones ambientales. Caracterizaré los rasgos fundamentales
de éstas y destacaré los factores por los cuales plantean una
situación nueva y peligrosa: la de estar conduciendo al sistema
terrestre a un estado de no retorno, un estado que pone en peligro la
sobre vivencia de la humanidad como especie (Crutzen y Ramanathan
2003, Cox y Nacicenovic 2003). Las modificaciones del modelo de
desarrollo marcan la entrada a un nuevo modelo de relación sociedad
naturaleza, caracterizado por cambios en los esquemas de dominio; en
la constelación de sectores-regiones causantes y afectados, ganadores
y perdedores (sección 3). La transformación en marcha incluye, además,
y se ve determinada por modificaciones en las instituciones
tradicionales y formas de gobierno de la sociedad moderna, que
destacaré brevemente en la sección 4.
Presentaré recurrentemente algunas reflexiones en
torno a los retos conceptuales y normativos que ese nuevo modelo
plantea a la construcción de una política crítica alternativa. Me
centraré en dos ejes: el desarrollo de herramientas que den cuenta
del carácter complejo – no lineal – de las actuales
transformaciones; el impulso a estrategias de lucha que rompan con
abordajes tecnócratas y conservadores de una tal complejidad.
2. Cambio ambiental global: un proceso inédito
Hasta hace unos cuantos siglos, las sociedades
humanas fueron un factor insignificante en las dinámicas de cambio
ambiental del planeta. Con la excepción de la desaparición de
mega-fauna durante el Cuaternario o de los efectos de la colonización
en la biota (Steffen et al 2004; Crosby 1986), el impacto de
los cambios ambientales inducidos por la sociedad había sido local y
regional. A partir del siglo XVI se registró una serie de
transformaciones, tales como esquemas positivistas e instrumentales de
pensamiento, innovaciones tecnológicas, y nuevos mecanismos de
apropiación de recursos naturales y humanos. Los cambios
cristalizaron en la Revolución Industrial; estimularon una lógica de
incremento constante y desigual en la producción y en el consumo;
facilitaron un aumento notable de la población mundial e impulsaron
el inexorable proceso de urbanización del planeta.(1) Los cambios
introdujeron el modo industrial de transformación ambiental que
contempla actividades mecanizadas y automatizadas, sustentadas en el
uso de combustibles fósiles; Indujeron el desarrollo desigual de países,
regiones y sectores, así como de una de sus palancas: las eras
socio-tecnológicas en las economías de mercado (y socialistas
durante algunas décadas).(2) Acrecentaron la capacidad humana de
extraer, producir y consumir recursos; de transformar el ambiente y
deteriorarlo.
Como resultado de esto ha crecido exponencialmente
la demanda total y per cápita de recursos naturales. Se ha acabado en
los últimos 50 años con 40% de las reservas de petróleo del
planeta. Alrededor de 47-50% de los recursos pesqueros conocidos está
completamente agotado. La humanidad se ha apropiado de más de la
mitad del agua accesible (Steffen et al 2004). Y se han emitido
contaminantes como los gases de efecto invernadero, que de haber
promediado alrededor de 280 ppm (partes por millón) entre 1000-1750,
ascendieron a 368 ppm en el año 2000 (IPCC 2001). La magnitud e
intensidad en los ritmos de extracción de recursos, emisión de
desechos y alteración de la diversidad biológica del planeta se
ilustra en el Cuadro 1.
Cuadro
1. Formas selectas de transformación social de componentes
ambientales: cronologías del cambio
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Porcentajes de cambio desde el 10,000 a.c.
hasta mediados de 1980 Fechas de Porcentajes 1
|
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Carácter de la transformación
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25%
|
50%
|
75%
|
|
Área deforestada
|
1700
|
1850
|
1915
|
|
Diversidad de vertebrados terrestres2
|
1790
|
1880
|
1910
|
|
Extracción de agua3
|
1925
|
1955
|
1975
|
|
Tamaño de la población
|
1850
|
1950
|
1970
|
|
Emisiones de carbono4
|
1815
|
1920
|
1960
|
|
Emisiones de sulfuro5
|
1940
|
1960
|
1970
|
|
Emisiones de fósforo6
|
1955
|
1975
|
1980
|
|
Emisiones de nitrógeno4
|
1970
|
1975
|
1980
|
|
Emisiones de plomo4
|
1920
|
1950
|
1965
|
|
Producción de tetraclorido de carbono4
|
1950
|
1960
|
1970
|
Fuente: Kates. et.al (1990, Cuadro 1-3A,
traducción de la autora).
"1. Los cálculos
asumen una base o biosfera prístina correspondiente a alrededor de
10,000 años a.c. y un cambio de 100% correspondiente a mediados de
1980. Los porcentajes de los cuartiles se refieren a este cambio. 2. Número
de especies vertebradas que se extinguieron desde 1600 como resultado
de la acción humana. No incluye las posibles oleadas de extinciones
del pleistoceno y el holoceno temprano inducidas por el hombre, debido
a la permanente controversia en torno a su naturaleza y magnitud. 3.
Cantidad total de agua para uso humano actualmente extraída por año.
4. Masa total movilizada para la actividad humana. 5. Cantidad de fósforo
extraída como roca de fosfato.
Se ha registrado por tanto una transformación tal
en la estructura y funcionamiento del sistema terrestre, que se están
amenazando los procesos y componentes bióticos y abióticos en que se
sustenta la viabilidad de la humanidad como especie. Aquí aparece el
primer y gran reto conceptual y político con cuando menos tres
componentes:
a. entender el alcance de la actual y transformación
del sistema terrestre y reconocer que los cambios son irreversibles en
ámbitos fundamentales para la existencia humana, tales como la pérdida
de diversidad biológica,(3) o la transformación del sistema climático
terrestre;
b. aceptar que estamos ante un proceso inédito en
varios sentidos. Incidimos globalmente en casi todos los ciclos
biogeoquímicos de que dependemos para nuestras actividades económicas
y para nuestra existencia (del agua, del carbono, del nitrógeno). Al
emitir sustancias como los gases de efecto invernadero (GEI) por
ejemplo, generamos modificaciones en el cambio y la variabilidad climáticos
que interactúan de manera no lineal; se constituyen en presiones
tales en los sistemas ambientales y sociales que, superado un umbral,
los conducen a nuevos estados (IPCC 2001, Steffen et al 2004). El
cambio y la variabilidad climáticos están permitiendo por ejemplo,
que insectos que necesitan calor (anofeles) o dos estaciones calurosas
para completar su ciclo de vida (garrapatas transmisoras de
encefalitis), puedan extenderse a zonas otrora frías, o completar su
ciclo de vida en una estación. Los cambios inciden ya, entre otras,
en la salud de la población.
c. Las referidas transformaciones nos plantean
infinidad de incertidumbres. No sabemos por ejemplo como interactúan
todos los cambios que estamos generando; si conducimos ya a la tierra
a un nuevo estado en que la permanencia de la humanidad no es posible
(Steffen et al 2004, Crutzen y Ramanathan 2003, Cox y Nacicenovic
2003). La pregunta obligada es la de si no tendríamos que, incluso en
medio de la incertidumbre, buscar estrategias para cuando menos
detener los cambios.
3. Ambiente y reestructuración de las
formas de dominio
Aunque útiles, los datos promedio son insuficientes
para dar cuenta de dos caras de la misma moneda de la relación entre
sociedad y naturaleza: los variados patrones de desarrollo e inserción
de países, regiones y sectores sociales en la economía mundo. La
primera cara es la histórica y actual apropiación, transformación,
deterioro y venta in-equitativa de los recursos naturales y ambientes
del globo; la segunda, el desigual impacto socio-ambiental de las
transformaciones ambientales que como humanidad estamos generando.
En cuanto a la apropiación de recursos naturales y
ambientes, la información promedio no ilustra las muchas veces
irreversibles consecuencias en las comunidades humanas, vida silvestre
y ecosistemas del proceso histórico de expansión europea sobre el
resto del mundo; de extracción y rapiña de minerales, animales y
flora; de conquista y colonización biológica (Galeano 1978, Crosby
1986 y Ponting 1991).
Los datos tampoco dan cuenta de la coincidencia
entre la desigual apropiación de recursos naturales y la disímil
inserción de países, regiones y sectores en la economía mundo. Como
ha ocurrido históricamente (Braudel 1984), un puñado de países
concentra actualmente la inversión extranjera directa, la producción
y venta internacional de bienes y servicios de mayor valor agregado,
el PIB y los ingresos del planeta (Wade 2005). Con 15% de la población,
las ocho naciones más ricas por ejemplo generan 50% del PIB mundial.
La desigualdad se ha acentuado. Después de haber sido de 30:1 la
proporción de ingreso entre el 20% más rico y el 20% más pobre
aumentó a 78:1 en 1994 (Banco Mundial citado en Wade 2005).
Ese mismo grupo selecto de países, regiones y
sectores consume gran parte de los recursos y emite importante
proporción de contaminantes que conducen al planeta a una situación
de no retorno. Con 5.2% de la población mundial, Estados Unidos y
Canadá consumen por ejemplo 28.1% de la energía y emiten 26.8% de
los GEI. Mientras que contando con 13.1% de la población total África
consume 2.9% de la energía y emite 3.7% de los GEI (ONU 2003, EIA
2002).
En promedio la población de países
industrializados –y los privilegiados del "Sur"–
consumen el doble de granos, el doble de pescado, tres veces más
carne, nueve veces más papel y once veces más gasolina que la
población de países en desarrollo (Steffen et al 2004). Las
diferencias en los patrones de producción y consumo de países,
regiones y sectores se plasman en la máxima: "todos somos
responsables, pero unos más que otros", que algunos países,
académicos y grupos civiles defienden en los debates en torno al
Protocolo de Kyoto (Klaussen y Mcneilly 1998). Las discrepancias
consolidan formas de exclusión existentes y configuran nuevos
mecanismos de diferenciación a nivel mundial.
Algunos estudiosos señalan que, distinto a la tesis
que discuto, la opulencia se vincula a una mayor eficiencia en la
producción y en la emisión de desechos por unidad de producto.
Sugieren que a niveles bajos de ingreso el crecimiento económico
degrada el ambiente. Pero que al aumentar los niveles de ingreso y
consumo se presentan mejoras en diversos indicadores ambientales
(niveles de SO2 y de partículas, por ejemplo). Captan
matemáticamente la relación mediante una curva con la forma de U
invertida, (hipótesis EKC o Environmental Kuznets Hipótesis
por sus siglas en inglés). Y plantean basados en evidencia empírica
la posibilidad de desacoplar ("decoupling") o
desmaterializar las economías de sus efectos ambientales; de utilizar
la innovación tecnológica y una intervención estatal que posibilite
y garantice industrias y mercados dinámicos, como principales
mecanismos para el logro de tal objetivo.(4) Llevada al extremo la hipótesis
conduce a algunos a sugerir que el crecimiento económico no es una
amenaza para la sustentabilidad ambiental.
Yo sometería a cuidadosa crítica la idea de que es
posible desacoplar el "crecimiento económico" de sus
impactos ambientales. Factores como los procesos de cambio estructural
sí permiten que el crecimiento económico de países desarrollados y
los patrones de consumo de sectores privilegiados se acompañe de un
decrecimiento relativo en los insumos que utilizan y en la emisión de
algunos contaminantes por unidad de producto/consumo, no del CO2
(Fisher Kowalsky y Amann 2001); sí facilitan en otras palabras un
"desacoplamiento relativo", pero no un "desacoplamiento
absoluto" entre crecimiento económico y protección ambiental.
No sólo porque siguen creciendo el consumo global de recursos
naturales y la emisión total de contaminantes (Steffen et al 2004:
84). También –y esto es lo más importante para los objetivos de la
presentación– porque como documentan estudios que aplican "análisis
metabólicos" y de "huellas ecológicas",(5) el
crecimiento de las economías industrializadas tendió a beneficiar su
situación ambiental local. Al mismo tiempo contribuyó a tornar más
problemáticas las condiciones ambientales globales y del Tercer
Mundo.
¿Cómo se ha logrado lo anterior? Parte de la
respuesta se encuentra en los recientes cambios en la división
internacional del trabajo, en la re-localización hacia países y
regiones periféricos, de procesos productivos con dos rasgos
contraproducentes para países y regiones en desarrollo:
a. son de bajo valor agregado. No obstante se han
trasladado a nuestros países algunos procesos manufactureros que
demandan mano de obra barata, se han quedado en las naciones
industrializadas los dos componentes de la cadena productiva que
agregan mayor valor al producto: investigación y desarrollo, y diseño
por un lado; venta, publicidad y servicios al cliente por el otro.(6)
La implicación de esto es que se mantiene un deterioro en los términos
de intercambio para nuestras naciones, quienes cuentan con muy pocos
recursos financieros y posibilidades económicas como para crear círculos
virtuosos de desarrollo.
b. incluyen actividades de extracción de recursos
naturales y de producción manufacturera que resultan relativamente más
intensos en términos ambientales (industria petroquímica, producción
de aluminio, madera, etc.). Muradian y Martínez Alier (2001)
analizaron los flujos comerciales Norte-Sur y encontraron crecimientos
notables en las importaciones de recursos naturales por parte de los
países industrializados durante 1968-1996. Las de aluminio por
ejemplo crecieron siete veces; los productos del petróleo entre 3 y 4
veces. Japón ha podido aumentar sus superficies forestales durante
los últimos 20 años gracias a las altas tasas de deforestación
registradas en Indonesia.
La nueva división internacional del trabajo ha
implicado en otras palabras un proceso de externalización de daños
ambientales y sociales hacia la periferia y hacia el planeta todo. El
proceso se plasma tanto en indicadores que dejan mal parados a
nuestros países (nuestra relativamente menor eficiencia productiva
por ejemplo), como en fenómenos globales de deterioro (efecto
invernadero). Por cierto que la emisión de Gases de Efecto
Invernadero es uno de los pocos ámbitos donde sí se puede
documentar la responsabilidad histórica y actual del Norte, ver
Figura 1.
Figura
1: Emisiones de CO2 por grupos de países
(Millones
de toneladas métricas de equivalentes de carbono)
Fuente: EIA (2002) en Romero Lankao (2004),
quien siguiendo la terminología de los estudiosos de la economía
mundo, se refiere a "core" como países industrializados;
"rim" países semi-periféricos o de desarrollo medio, y
"peri", como países periféricos. China e India forman un
grupo especial de países.
El proceso de externalización de daños ambientales
y sociales incluye la otra cara de la moneda a la que me referí líneas
arriba. No son iguales para todos los sectores, regiones y países las
implicaciones sociales del cambio ambiental global. Éste no impacta
por igual el sistema alimentario, los recursos hidráulicos, la
calidad del aire y otros bienes y servicios de los distintos países,
regiones y sectores. La nociones de presiones múltiples ("multiple
stresses"), vulnerabilidad y capacidad de adaptación son útiles
para dar cuenta analítica de las diferencias (O’Brien y Leichenko
2003, Adger et al 2001, IPCC 2001, Steffen et al 2004).
De acuerdo a la noción de presiones múltiples,
grupos, sectores y regiones como los campesinos, habitantes de "favelas",
o los sectores acomodados de ciudades costeras, se enfrentan no a una
sino a múltiples presiones. Ejemplos de éstos son los cambios en los
precios de insumos y bienes, el mercado inmobiliario, las
insuficiencias en la operación de infraestructura y servicios públicos,
la mayor intensidad de inundaciones y otros desastres, y las
deficiencias en la gestión gubernamental de desastres (Adger et al
2001, O’Brien y Leichenko 2003).
La "vulnerabilidad", definida como
la propensión a sufrir daño ante esas presiones, es una función de
la exposición, la sensibilidad y la capacidad de adaptarse. La
vulnerabilidad depende del contexto socioeconómico, institucional y
ambiental en que se desenvuelven grupos, sectores y regiones. La
"capacidad de adaptarse", que es la habilidad de éstos de
acoplarse y de expandir el rango de impactos que pueden resistir, es
un vector de recursos, bienes y ventajas a los que recurrir para
enfrentar presiones. Todos los grupos sociales, sectores y ambientes
tienen cierta capacidad de adaptarse ante las presiones. Pero esa
habilidad se encuentra desigualmente distribuida; lo que se vincula
entre otros factores, a la disímil distribución de recursos, bienes
y ventajas dentro de una comunidad o país, a las instituciones que
median el proceso de exponerse a y adaptarse (IPCC 2001, Adger et
al 2005). Diversos estudios corroboran esas diferencias.
Documentan por ejemplo que ha sido y proseguirá siendo relativamente
más difícil para:
a. La agricultura de países en desarrollo
satisfacer sus requerimientos alimentarios ante la previsión de cada
vez más difíciles condiciones climáticas (IPCC 2001). Tal
dificultad no sólo se explica por el cambio climático en sí. Más
bien porque los agricultores enfrentan además presiones como precios
"dumping" de los productos con que países como Estados
Unidos inundan los mercados de las naciones de aquellos, desfavorables
condiciones de intercambio insumos/productos, y retiro del apoyo
gubernamental a la producción, la salud y la educación en el campo.
b. Los pobres sobre todo de ciudades del Tercer
Mundo, pero también de países industrializados (como Nueva Orleáns
acaba de mostrar) suelen ser más vulnerables a consecuencias del
cambio ambiental global como "islas de calor", huracanes,
inundaciones y sequías. Estos sectores, muchos de los cuales
construyen sus casas en áreas de riesgo, tienen bajos ingresos,
enfrentan problemas de saneamiento y deficiencias en la operación de
servicios públicos. Sus condiciones se han agravado como consecuencia
de los programas de ajuste estructural aplicados en las últimas dos décadas,
y a los que me referiré más adelante (sección 4). Les resulta más
difícil por lo mismo enfrentar huracanes, inundaciones, sequías y
otras implicaciones del cambio ambiental global.
Lo anterior no significa que los países
industrializados y los sectores pudientes de las naciones en vías de
desarrollo –el "Norte" del planeta– no se lleguen a ver
afectados por las implicaciones sociales del cambio ambiental global
en concatenación con otras presiones. Sí sufren daños, sobre todo
si las múltiples presiones van más allá de cierto umbral (situación
que por desgracia para la humanidad será cada vez más frecuente); o
si son de una naturaleza distinta a aquellas situaciones de riesgo que
venían enfrentando.
El huracán Andrew (1992), que forma parte de una
tendencia a la aparición de tormentas tropicales más poderosas, es
un ejemplo de que el "Norte" también se ve afectado. El
meteoro devastó Homestead, Florida y partes de Miami; cobró la vida
de 25 personas; dejó sin casa a 250 mil; destruyó 82 mil negocios y
dañó diversos ecosistemas regionales. Los perjuicios ascendieron a
30 billones de dólares, implicaron pérdidas de 15.5 billones para la
industria de seguros, y condujeron a la quiebra de 12 compañías
aseguradoras (www.sptimes.com/2002/webspecials02/andrew, 19-09-2004).
Las presiones que enfrentó la zona no quedaron ahí. No obstante la
industria aprendió de la experiencia, y re-expandió su rol; a pesar
de que se introdujeron cambios institucionales –como reglamentos de
construcción más estrictos– Florida enfrentó una situación inédita
12 años después. Cuatro poderosos huracanes categoría 3 y 4 dañaron
20% de las casas, mataron a 124 personas y ocasionaron perjuicios con
un costo total de 21.5 billones de pesos.
De acuerdo a cálculos del IPCC (2001), cada uno de
los desastres de este tipo cuesta a países desarrollados alrededor de
318 millones de dólares, monto 11 veces más alto que los 28 millones
de costos para un país en desarrollo. Tales datos conducen a muchos
estudiosos a señalar que fenómenos como los señalados cuestan más
económicamente a los países desarrollados; que tienen más
implicaciones en términos de pérdidas de vida y de las condiciones
vitales de existencia de los países en desarrollo. Pero estas estadísticas
no dan cuenta del devastador impacto que estos desastres pueden tener
en la economía (PIB) de los países pobres; en las condiciones
productivas y de vida de su población. Considérese el caso de Jeanne,
uno de los cuatro huracanes que afectó a Florida; el meteoro costó
la vida de 1,600 personas en Haití, no obstante todavía poseía al
pasar por ahí el nivel 2 de una tormenta tropical. Son severas las
implicaciones económicas de estos daños. El impacto del huracán
Mitch para la economía de Centro América asciende, por ejemplo, a
entre 0.9% y 9% del PIB regional (ECLAC 2002). Inundaciones asociadas
al fenómeno ENSO (El Niño) en 1997-98 costaron a Kenya el
correspondiente al 11% de su PIB durante los tres siguientes meses.
Mientras que la sequía causada por la Niña de 1998-99 le implicó
costos de alrededor de 16% del PIB durante esos y los dos siguientes años
fiscales (Grey y Sadoff, 2005).(7)
Los distintos patrones de desarrollo regional e
inserción en la economía mundo inciden por tanto en dos fenómenos
que demandan más detallado estudio y reflexión, nuevas estrategias
de movilización y presión política. Nos enfrentamos por un lado a
que se ha acrecentado la desigual apropiación, transformación y
deterioro de recursos naturales y ambientes. Confrontamos por el otro,
una distribución diferenciada de los costos ambientales, económicos
y sociales de esos impactos. Las dos caras de la actual relación
sociedad naturaleza nos plantean diversos desafíos de análisis y
movilización. Necesitamos:
a. entender y señalar en diversos foros académicos
y políticos que los disímiles patrones de inserción en la economía
mundo, las desiguales pautas de desarrollo, son los determinantes
esenciales de las distintas características de esas dos caras de la
relación sociedad naturaleza;
b. romper con la tendencia a la especialización
disciplinaria y programática, que lo único que hace es conducir a
perder de vista la relación entre fenómenos puntuales y locales
(deforestación) y procesos que los determinan y que operan en escalas
nacionales y globales (demanda internacional de maderas preciosas, por
ejemplo). Ésta tendencia se manifiesta en la división del trabajo,
la discusión y la movilización dentro y alrededor de la arena política
del Protocolo de Kyoto. El grupo III dentro del Panel Internacional
del Cambio Climático (IPCC) analiza los determinantes de las
trayectorias de emisiones de GEI, es decir, el dinamismo demográfico,
las innovaciones tecnológicas, las dinámicas económicas y el marco
institucional. Mientras que el Grupo II, centrado en vulnerabilidad y
adaptación al cambio climático, estudia las múltiples presiones que
inciden en la vulnerabilidad. Ambos pierden de vista que determinantes
y presiones forman parte de los mismos procesos. Olvidan por ejemplo
que las dinámicas del mercado inmobiliario que inciden junto con la
de-regulación inmobiliaria en las pautas de crecimiento urbano
incluso de ciudades como Nueva Orleáns, son las mismas que explican
por qué la ciudad creció en zonas de riesgo. Nuestro reto es
entonces impulsar una visión integral de estos fenómenos.
4. Ambiente y reestructuración
institucional
Hasta ahora me he referido a los componentes
estructurales de las transformaciones en marcha; a los procesos que
como tales imponen restricciones o favorecen decisiones y acciones de
los agentes. Pero los agentes también inciden en las estructuras.
Crean las reglas del juego y organizaciones, las estructuras que les
permiten dominar. Generan las estrategias de resistencia y lucha
contra estas estructuras. A continuación me referiré a esa dimensión;
a aquellos cambios institucionales de implicaciones ambientales y en
los que incide el cambio ambiental global. No sin antes señalar que
tales transformaciones se sustentan entre otras, en una noción de
"buen gobierno".(8) Noción que enmarca diversos y
contradictorios esfuerzos institucionales por parte de organismos
internacionales, gobiernos, académicos y organizaciones civiles, por
promover el "desarrollo" de países, regiones y sectores
periféricos principalmente. Los cuales conforman un "Sur"
localizado no sólo en países en desarrollo también en naciones
industrializadas.
EL primer grupo de transformaciones institucionales
giran en torno al comercio y el crecimiento económico. Son impulsadas
por organismos como la Organización Mundial de Comercio (OMC), el
Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional, y por países
desarrollados principalmente. Han incidido decididamente en la creación
de tratados comerciales globales, regionales y bilaterales para
promover el comercio internacional, proteger patentes y derechos de
autor. Han sido determinantes en la reducción y eliminación de
tarifas, subsidios y regulaciones, sobre todo por parte de países en
desarrollo. Han incluido reformas estructurales para países semi-periféricos
y periféricos (Harris 2000 y Schaefer 2003). Éstas han implicado el
retiro del estado de su anterior papel como desarrollador y
benefactor, la apertura de mercados y la reducción de inversiones en
salud, educación e infraestructura. Se tradujeron para nuestros países
en la reducción de los de por sí pírricos gastos en protección
ambiental, el debilitamiento de las de por sí relativamente endebles
regulaciones en la materia, y en políticas que fomentan una mayor
presión sobre los recursos naturales. De ahí que sea más atractivo
para corporaciones internacionales localizar en nuestras naciones
actividades más intensas en el uso de recursos y la emisión de
desechos.
Claro que los más variados círculos oficiales
promotores de estos regímenes económicos se percatan de sus
negativas consecuencias, al igual que grupos civiles y académicos, o
tal vez como consecuencia de las protestas y hallazgos de éstos. Por
supuesto que aquellos son conscientes de la incidencia de las
transformaciones institucionales en el acrecentamiento de las
desigualdades ambientales y sociales del planeta (Batterbury 2005).
Buscando "enverdecerse", el Banco Mundial, por
ejemplo, exige desde la década de 1980 que, para recibir
financiamiento, todo proyecto presente una evaluación de impacto
ambiental y cumpla con ciertos requisitos: claros derechos de
propiedad, más estrictas regulaciones ambientales. Pero estos
proyectos, lucrativos como son, generan situaciones paradójicas.(9)
Los programas forestales y áreas naturales protegidas por ejemplo
suelen acompañarse de zonificaciones ecológicas cuya aplicación
implica la expulsión de agricultores y comunidades locales, o cuando
menos su conversión en ilegales. De ahí que se pueda argüir que el
análisis del cambio ambiental se debe de ligar al del poder, pues la
lucha por los recursos o –en su defecto– por decidir quien paga
por el deterioro y la contaminación ambiental es una lucha de poder.
El segundo grupo de cambios institucionales se han
impulsado con el fin de gestionar los problemas ambientales globales.
Los gobiernos han firmado tratados y regímenes internacionales y
trans-fronterizos, que han permitido gestionar, con distintos niveles
de efectividad, asuntos variados: contaminación de ríos, hoyo en la
capa de ozono, desechos peligrosos, calentamiento global.(10)
Distintas razones que van desde la movilización y presión social
hasta la convicción, pasando por la obligación de cumplir tratados
internacionales, han incidido en el impulso a políticas ambientales a
nivel nacional, regional y local (Bulkely y Betsill 2003).(11)
Se ha logrado con los regímenes y políticas
ambientales inducir algunos cambios positivos, como mayor eficiencia
en el uso de recursos y la emisión de desechos, la regeneración de ríos
de países desarrollados principalmente, o la reducción en las
emisiones de fluoroclorocarbonos (FCC). Ambos se enfrentan sin
embargo, a diversas limitaciones estructurales que les impiden ser
efectivos en la gestión de las referidas dos caras sociales de la
moneda del cambio ambiental (apropiación desigual de recursos y
ambientes; diferentes impactos sociales de los fenómenos
ambientales). La más importante restricción radica en que los
promotores de regímenes y políticas ambientales, los perdedores del
cambio ambiental global y quienes se movilizan contra las
consecuencias sociales de éste, tienen relativamente menores recursos
económicos y poder que los impulsores de los regímenes económicos,
quienes por cierto son los ganadores de la relación sociedad
naturaleza.
Dentro de los sectores insertos en la arena política
del Protocolo de Kyoto por ejemplo, los países en desarrollo tienen
una mucho menor responsabilidad como emisores y tienden a verse más
afectados por el cambio ambiental global (IPCC 2001). Sin embargo,
enfrentan recurrentemente diversas formas de presión y veto de
gobiernos del grupo JUSCANZ y de algunas corporaciones industriales.
Conforman al grupo JUZCANZ, Japón, Estados Unidos, Canadá, Australia
y Nueva Zelanda, quienes han logrado introducir en el Protocolo de
Kyoto decisiones que les son favorables. Tal es el caso del mandato de
"reducir" más que realmente "estabilizar" las
emisiones de GEI, a fin de impedir que interfieran con el sistema
clima terrestre; de la insistencia de Estados Unidos en que los países
en desarrollo también se comprometan a reducir sus emisiones, y de
instrumentos como el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL). Con MDL,
los países desarrollados adquieren certificados de reducción de
emisiones, no a través de acciones que reduzcan sus trayectorias de
emisión; antes bien, mediante inversiones en actividades de mitigación
(reforestación tendiente a capturar carbono, por ejemplo) dentro de
países en desarrollo (Bulkely y Betsill 2003).
México ofrece otro ejemplo del poco poder del
sector y de los perdedores en el terreno del cambio ambiental. No sólo
porque ni siquiera son compensados los afectados por presas, obras de
abastecimiento y otros proyectos de negativas consecuencias
ambientales.(12) También porque la secretaría mexicana del ambiente
(SEMARNAT) tiene prácticamente nulo poder de incidencia ante
decisiones económicas de otras secretarías y de grupos de poder económico,
como el de la construcción de infraestructura y la promoción de
centros turísticos. La secretaría apenas recibe 1.1% del presupuesto
federal para gestionar los más variados asuntos ambientales, desde
control de la contaminación industrial hasta gestión de áreas
naturales protegidas; desde cambio ambiental global hasta control de
la contaminación atmosférica local.
5. Retos a paradigmas positivo normativos
convencionales
La reestructuración de la vida social característica
del nuevo modelo de organización capitalista contempla al cambio
ambiental global como componente que refuerza desigualdades; que
bosqueja nuevos mecanismos de dominación, distintos desafíos. El
cambio ambiental es tan viejo como el hombre mismo. Pero la humanidad
ha generado a partir de la Revolución Industrial una transformación
tal de la estructura y funcionamiento del sistema terrestre que lo está
conduciendo a una nueva situación, de no retorno. En tal situación
se atenta la viabilidad del hombre mismo como especie. La tal situación
plantea retos conceptuales y políticos sin precedentes. Necesitamos
comprender el alcance de los cambios; reconocer que éstos son inéditos
en muchos sentidos, que por ejemplo plantean incertidumbres incluso a
los científicos naturales. Requerimos plantearnos el reto de buscar
en medio de la incertidumbre, estrategias para cuando menos frenar los
cambios.
Es esencial que entendamos a cabalidad que no todos
somos igualmente responsables; tampoco sufrimos en igual proporción
las consecuencias del cambio ambiental global. Existe una coincidencia
entre la histórica y actual inserción desigual de países, regiones
y sectores en la economía mundo y la disímil apropiación,
transformación y deterioro de recursos naturales y ambientes. Un
selecto grupo de países, regiones y sectores que conforma el Norte
del planeta, consume directa a indirectamente –vía su huella ecológica–
gran parte de los recursos naturales; emite importante proporción de
los contaminantes que conducen al planeta a una situación de no
retorno.
Ese es el grupo que plantea la posibilidad de
desmaterializar su economía y formas de consumo. El que defiende y
promueve entre nuestros países soluciones al cambio ambiental global
como la de la modernización ecológica. El que olvida que incluso el
"Norte", aquél que se presenta como el modelo a seguir, sólo
ha logrado desacoplar relativamente producción y consumo de sus
consecuencias ambientales. ¿Cómo? No sólo mediante el cambio tecnológico,
sino también a través de la localización hacia países y regiones
en desarrollo de procesos productivos ambientalmente más intensos; a
través de la externalización de daños ambientales y sociales hacia
la periferia y hacia el planeta todo. La externalización se vincula
con la otra cara de la moneda: la de la desigual distribución entre
países, regiones y sectores de los costos ambientales, económicos y
sociales del cambio ambiental global.
Pero no todo se reduce a estructuras. Los agentes
inciden en éstas; generan las reglas del juego que les permiten
dominar; se movilizan y luchan contra esas reglas. El análisis del
cambio ambiental global es por lo mismo el estudio de la lucha por los
recursos naturales y ambientes; por decidir quien asume los costos del
deterioro y la contaminación ambiental; por el poder. En la
presentación destaqué algunos de los cambios institucionales de
incidencia en la consolidación de los actuales mecanismos de dominio.
Un ejemplo es el debilitamiento de políticas sociales y ambientales.
El cual no sólo contribuye a que sea poco atractivo establecer en
nuestros países actividades que agregan mayor valor al producto, con
el argumento cierto de que nuestra fuerza de trabajo no está
capacitada. Argumento con el que se olvida que uno de los componentes
de la reforma del estado es el de la reducción de la inversión en
educación. El debilitamiento incide también –entre otras por la
carencia de regulaciones estrictas– en la localización en nuestros
países de actividades ambientalmente más intensas.
Destaqué además que los perdedores del cambio
ambiental global, quienes se movilizan contra las consecuencias
sociales de éste y quienes promueven políticas ambientales enfrentan
una restricción fundamental, a saber: poseen relativamente menores
recursos económicos y poder que los impulsores de los regímenes económicos,
que los ganadores de la relación sociedad naturaleza. Es fundamental
entender esta restricción y promover estrategias que permitan
transformarla.
6.
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Notas:
1) Después de haber
registrado tasas anuales de crecimiento de 0.25% en la primera mitad
del siglo XVII, la población se incrementó en un 1.8% entre 1950-85.
Lo que significó un paso de 679 millones de personas en 1700 a 6,057
en el 2000. Gran parte del crecimiento poblacional se registra en
ciudades, y en centros urbanos de países en desarrollo (Demeny 1990,
Montgomery et al 2004).
2) Destacan entre las
eras: textil (1750-1820), del vapor (1800-1870), ingeniería pesada
(1850-1940), producción/consumo masivo (1920-2000) y calidad total
(1980-¿?)- Grübel (1994). Hablo de desarrollo desigual, sustentada
en una visión de economía mundo, porque lo más avanzado de éstas
eras se ha concentrado en ciudades y regiones de los países
centrales.
3) La pérdida de
biodiversidad torna a ambientes de que depende el hombre (bosques por
ejemplo) más vulnerables ante cambios bruscos (sequías) y plagas.
4) En esta perspectiva se
insertan estudios como el de "factor 4" de Weizäcker et al
(1997) y perspectivas de análisis como la "modernización ecológica".
De acuerdo a las cuales, la superindustrialización implica enfrentar
los problemas ambientales transformando los sistemas productivos
mediante el desarrollo y aplicación de tecnologías más
sofisticadas; mediante estrategias de desarrollo basadas en una mínima
intervención del estado (Jänicke et al 1997 y Murphy 2000).
5) La noción de
"huella ecológica" se refiere a los efectos ambientales de
poblaciones de ciudades y países que van más allá de las áreas que
ocupan, y que resultan de dos fenómenos: las enormes demandas urbanas
de alimento, energía, agua, entre otros recursos provenientes de
zonas externas; el envío de grandes cantidades de desechos producto
de actividades productivas y cotidianas urbanas. Véase Rees, W.E.
(1992). El análisis de contabilidad de flujos concibe a los
sistemas urbanos como metabolismos urbanos, que transforman insumos en
energía útil, estructuras físicas y desechos. La medición de estos
procesos es otra forma de dar cuenta de la "huella ecológica"
de una unidad territorial; las cantidades totales de recursos
naturales que requiere y desechos que emite.
6) "Entre 1960 y 1998
el índice de industrialización de países en desarrollo /empleo
manufacturero entre empleo total/ creció de 75% al 118%" (Wade
2005: 22).
7) Existen además de
distintas vulnerabilidades vinculadas con niveles diferentes de
desarrollo, vulnerabilidades relacionadas con:
a) la localización (en
costas, en riberas de ríos) de sectores y grupos que sufren daños;
b) la dependencia de estos
grupos y sectores de recursos a los que afectan las implicaciones del
cambio ambiental. Tal es el caso del sector turístico, o el de
seguros contra desastres, a los que afectan especialmente el cambio y
la variabilidad climáticos.
c) el nivel de los
impactos, el que por ejemplo éstos sobrepasan un cierto umbral.
8) La noción de
"buen gobierno" (good governance) subyace a estos cambios.
El gobierno, se refiere "a la formación y gestión de las reglas
formales e informales que regulan la vida pública, la arena en que
interactúan el estado y los actores económicos y sociales para tomar
decisiones" (Batterbury 2005: 5). Diversos principios constituyen
la noción de "buen gobierno" que permea la vida de
instituciones gubernamentales, no gubernamentales y corporativas en
los niveles internacional, regional, nacional y local, a saber:
apertura, participación, rendición de cuentas, efectividad y
coherencia.
9) Del total invertido por
el Banco Mundial en estos proyectos durante 1990, 84% se aplicó a los
sectores de energía, bosques, construcción y transporte,
sobrepasando con mucho el porcentaje restante dedicado a educación,
salud y servicios públicos.
10) Mitchell (2003)
documenta en un estudio comparativo de estos regímenes que aquellos
centrados en el hoyo en la capa de ozono, la limpieza de ríos
transfronterizos y el manejo multinacional de desechos peligrosos han
sido relativamente más exitosos que tratados que buscan gestionar
patrimonios naturales de la humanidad, pesquerías y bosques.
11) Siguiendo una
tendencia presente en diversos países industrializados y en
desarrollo, y en menor grado respondiendo a presión de grupos y
sectores sociales nacionales y locales, desde la década de 1980 el
gobierno mexicano por ejemplo, diseñó leyes, reglamentos y normas
ambientales; creó organismos de gestión e incluso una secretaría
del ambiente (SEMARNAP) en 1994; aplicó recursos financieros y
humanos e instrumentó programas y acciones para gestionar asuntos
ambientales tan variados como la contaminación atmosférica, la gestión
del agua y de áreas naturales protegidas, la regulación del
territorio y el cambio climático (Romero Lankao 2001).
12) Piénsese en las
comunidades indígenas chinantecas desplazadas de sus hogares por la
construcción de la Presa Cerro de Oro en Veracruz; o en las
comunidades indígenas de Cutzamala, quienes ni siquiera tienen agua
potable, no obstante se extrae de la zona que habitan el agua que
sacia la sed de la ciudad.
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