Calamidades
del capitalismo

 

La Cumbre del Clima en París – La Tierra se calentará este siglo entre 1,8 y 4 grados, según un informe elaborado por 2.000 científicos – El estudio reduce el margen de error en los cálculos y predice que el mar subirá hasta 58 centímetros

La ONU confirma el calentamiento global

Por Antonio Madridejos y Manuel Vilaseró
El Periódico, 02/02/07

El calentamiento no es una amenaza a la que se enfrenta la Tierra en las próximas décadas, sino una evidencia científica que ya está en marcha y cuyas consecuencias, aun siendo difíciles de precisar, pueden ser catastróficas. Las dudas se han disipado: el hombre, y no las causas naturales, es el gran responsable del desastre y el único que puede mitigarlo. Esta es la principal conclusión a la que han llegado tras seis años de trabajo los miembros del IPCC, el grupo internacional de más de 2.000 expertos en clima a las órdenes de la ONU. Los especialistas que han participado esta semana en París en la redacción final del informe harán públicas sus conclusiones esta mañana en la sede de la Unesco.

Se desconocen los detalles exactos del nuevo informe del IPCC, que será el cuarto desde 1990, pero los resultados avanzados ayer insisten en que, en caso de que no cambien las cosas, la temperatura aumentará de aquí al año 2100 entre 1,8 y 4 grados, con una estimación media de 3, una situación que no se registraba en la Tierra desde hace muchos miles de años. Durante los últimos 100 años, la superficie terrestre se ha calentado 0,72 grados.

Mucho más fino

Pero ¿esto no se sabía ya? No exactamente. El tercer informe del IPCC, publicado en el 2001, era extremadamente cuidadoso con las fórmulas. Al referirse a la responsabilidad humana, al prever el deshielo o a la hora de cuantificar los récords de calor del siglo XX, el informe empleaba expresiones como "es muy probable, con una fiabilidad de entre el 66% y 90%". El cuarto informe va más allá. Menudean los porcentajes en torno al 90%.

La razón de ello es que en los pocos años transcurridos desde entonces se ha acumulado infinidad de evidencias y se han perfeccionado los métodos de análisis. Por ejemplo, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), los cinco años posteriores al 2001 han entrado a formar parte de los seis más cálidos desde al menos 1850, que es cuando empiezan en todo el mundo las mediciones sistemáticas con termómetro, y además con una desviación enorme sobre la media. Ciertamente hay excepciones, como algunas zonas de la Antártida, pero en gran parte del planeta se está ya por encima de un grado con respecto al periodo de referencia 1960–1990.

Fenómenos sintomáticos como el deshielo de los glaciares de montaña y de la banquisa boreal, ya apreciados en el 2001, se han acelerado, según han confirmado numerosos estudios publicados por los mejores grupos de investigación. En el caso del Ártico, la cubierta de hielo permanente se ha reducido un 3% en la última década. Sin embargo, cómo influirá todo ello en el nivel de los océanos es aún motivo de controversia, hasta el punto de que el informe habla de un margen de entre 19 y 58 centímetros de aumento (en el 2001 era de 9 a 95). En cualquier caso, un estudio que publica hoy la revista Science sostiene que el nivel está subiendo a razón de 3,3 milímetros por año, frente a los 2 citados por el IPCC del 2001.

La mayor recurrencia de los fenómenos extremos, también prevista hace seis años, muestra ejemplos discrepantes, aunque parece ser que aumentan las olas de calor en ciertas zonas (Mediterráneo, buena parte de África, sur de Asia) y las lluvias y las inundaciones en otras (Asia central, Europa oriental. El número de ciclones no se ha incrementado en las últimas dos décadas, pero un reciente estudio norteamericano ha precisado que ahora son más violentos (con independencia del daño generado, un factor muy vinculado a la mala urbanización y la superpoblación).

El análisis de los hielos subterráneos de la Antártida –los sondeos cilíndricos llegan ahora a 900.000 años de antigüedad, frente a los 250.000 del 2001– ha confirmado que nunca desde entonces ha habido en la atmósfera una concentración tan elevada de CO2. El estudio de los anillos de los árboles, de documentos conservados en monasterios y de conchas acumuladas en los lechos marinos, entre otros indicios indirectos, se han repetido por todo el mundo hasta concluir que no había habido en los dos últimos milenios un periodo tan cálido como el actual. Ni siquiera durante el llamado Óptimo Climático Medieval (siglos X–XIII), cuando las viñas crecían incluso en Gran Bretaña.

Menos discrepancias

Sigamos. Los modelos climáticos, complejos sistemas informáticos dedicados al cálculo a largo plazo, se han perfeccionado hasta el punto de que los programas desarrollados en Alemania, Gran Bretaña y EEUU, entre otros países, ofrecen resultados concordantes. También han mejorado las técnicas de modelización para discernir qué porcentaje del aumento de la temperatura es atribuible a causas antrópicas, que es la mayoría, y qué porcentaje corresponde a dinámicas naturales. Este detalle es clave porque en el 2001 aún se discutía si se debía fundamentalmente a la acción del hombre.

Otros estudios recientes han demostrado que el papel de los bosques como sumideros (absorbedores de carbono) tiene un límite y que no puede ser la única opción contra el calentamiento. Los bosques maduros, por ejemplo, se encuentran en equilibrio con la atmósfera y no consumen más CO2 del que respiran.

En definitiva, todas estas evidencias han permitido limitar el margen de incertidumbre. Si antes se consideraba que el aumento de la temperatura terrestre sería de entre 1,4 y 5,8 grados, ahora se afina a entre 2 y 4,5. Menos de 1,4 se antoja imposible: si de repente se interrumpieran todas las emisiones de CO2, la dinámica atmosférica elevaría la temperatura al menos ocho décimas más, según estudios de la NASA. Para estabilizar los niveles de dióxido de carbono sería necesario emitir un 60% menos que en 1990.


Algunas consecuencias

El Periódico, 02/02/07

El deshielo se acelera

El deshielo de los polos no solo es el efecto más directo del calentamiento global, sino también el más visible. El pasado mes de septiembre, llegó en el Ártico a su máximo nivel. De hecho, allí el incremento de las temperaturas alcanzó cotas incluso superiores a los del resto del planeta. En enero, la isla ártica de Spitsbergen registró unas temperaturas máximas superiores en 12,6 grados a las más altas consignadas hasta entonces. En el resto del mundo, los glaciares están también en un más que visible retroceso. Se calcula que, a finales de siglo XXI, el 90% podrían llegar a desaparecer. El deshielo ofrece también espectaculares imágenes, como la del iceberg desgajado de la Antártida que se acercó a Nueva Zelanda el pasado mes de noviembre.

El nivel del mar sube

La expansión térmica del agua debido al aumento de temperatura y el deshielo de los polos y de los glaciares de montaña harán inevitable un aumento del nivel del mar. Quienes mejor pueden atestiguarlo son los atolones del Pacífico, como Tuvalu, cuya cota más alta no supera los cinco metros. Pero la amenaza también se extiende a Bangladés, Holanda, todos los grandes deltas del mundo e incluso España, que podría sufrir graves afectaciones turísticas al perder parte de sus playas. Las autoridades de Tuvalu han elaborado un plan de evacuación para trasladar a Nueva Zelanda a sus 10.200 habitantes. El vecino Kiribati , que es un poco más alto, ya ha empezado a perder sus playas de postal y a ver salinizada su agua potable.

Lluvias y huracanes

El aumento de la temperatura se traduce también en una mayor frecuencia de los fenómenos climatológicos extremos. Aunque ningún ciclón ni ninguna lluvia torrencial pueden atribuirse directamente al cambio climático, los científicos que participan en el informe de la ONU que se presenta en París sí vinculan su mayor frecuencia o violencia al calentamiento global.

La desolación que dejó a su paso en Nueva Orleans el huracán Katrina, la llegada por vez primera de huracanes a Canarias y las inundaciones que a mediados del pasado mes de enero asolaron la zona desértica del centro de Australia no son por sí solas una señal determinante del deterioro del clima, pero sí síntomas de un planeta que empieza a enfermar.

El Sáhara avanza

Los modelos climáticos prevén para las próximas décadas un aumento general de las precipitaciones en el mundo, del orden del 3%, debido a la mayor evaporación y a la aceleración del ciclo del agua. Sin embargo, en el área mediterránea podría suceder al revés puesto que la circulación atmosférica que actualmente cubre los dos trópicos de desiertos (Sáhara, Kalahari, Australia, Arabia) tiende a potenciarse y a avanzar hacia el norte. Paradójicamente, y pese a la creencia, en España aún no se aprecia una reducción de las precipitaciones, pero sí otro fenómeno también vinculado al cambio climático: quizá llueva la misma cantidad, pero en menos días, lo que se traduce en más sequías e inundaciones.

La vida se altera

Animales y plantas ya están viendo trastocado su ciclo vital. La floración de muchas especies se adelanta, los osos reintroducidos en el Pirineo duermen en invierno mucho menos que sus antepasados y las cigüeñas, que eran aves migratorias hasta hace 20 años, se quedan ahora en España y ya no prosiguen su vuelo a África. Les basta con las buenas temperaturas invernales de la Península. Otros, como el cormorán grande, se quedan en Alemania o Francia cuando los lagos allí no se hielan. Pero la situación más angustiante es la que viven los osos polares. El hielo es su hábitat natural y en él encuentra su medio de vida. Más de 10.000 ejemplares están actualmente amenazados de muerte en el Ártico.


Publicado en 'The Times of India'

Los glaciares del Himalaya han perdido el 21% de su superficie desde 1962

Agencia EFE, 02/02/07

Nueva Delhi.– Los glaciares del Himalaya han perdido un 21% de su superficie desde el año 1962, hasta quedar reducidos a un área de 1.628 kilómetros cuadrados, ha asegurado el glaciólogo, Anil Kulkarni, en una entrevista publicada hoy en la prensa india.

Según el experto, hay informes del retroceso en la cordillera de 466 glaciares, cuya sostenibilidad está amenazada por "la fragmentación de los más grandes, la desaparición de los más pequeños y el cambio climático". La pérdida de masa glaciar es aún más evidente entre los 127 glaciares menores de un kilómetro cuadrado estudiados en el Himalaya por el experto, que han perdido un 38% de su superficie desde 1962.

Expediciones arriesgadas

Para llevar a cabo su estudio, Kulkarni, investigador del Centro de Aplicación Espacial de Ahmedabad, en el estado occidental indio de Gujarat, ha tenido que realizar con su equipo expediciones a más de 4.000 metros de altura en condiciones climáticas extremas.

En la entrevista, publicada en el periódico The Times of India, Kulkarni ha descartado sin embargo una posible desaparición de los glaciares del Himalaya en el año 2035, gracias a que están situados a una "gran altitud" y a que "tardan en responder al calentamiento ambiental".

El 64% de los glaciares chinos se derretirán

Por su parte, el IPCC –el grupo de científicos de la ONU que ha elaborado el informe sobre el cambio climático– ha afirmado que, según los cálculos más pesimistas, el 64% de los glaciares chinos se habrán derretido en el año 2050.

No obstante, el comité también ha explicado que un equipo de científicos chinos enviados al Himalaya han asegurado que el ritmo no es tan rápido como parece.