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El
caso Novartis
Danza
de lobos con los medicamentos
Por Norelys Morales Aguilera
InSurGente, 24/02/07
El
cáncer, considerado como "un problema de ricos", está
aumentando en la población de los países en desarrollo a un ritmo
que hace prever que se duplique el número de enfermos en el año
2020, un 60% de los cuales vivirán en países en desarrollo. Al mismo
tiempo, en los últimos 20 años, el número de enfermos de diabetes
ha crecido de 30 a 230 millones de personas, la mayor parte de los
cuales vive en los países pobres. Conforme con los datos de la
Organización Mundial de la Salud, el 74% de las medicinas para
combatir el VIH/sida están controladas por monopolios, el 77% de los
africanos no tienen acceso a un tratamiento y el 30% de la población
mundial sigue sin recibir medicamentos de forma regular. Estas pálidas
estadísticas del problema tienen como causa principal que los países
ricos, especialmente Estados Unidos, acosan a los países en
desarrollo para que acepten reglas más estrictas sobre propiedad
intelectual, que permitan a las empresas farmacéuticas preservar sus
monopolios, ha dicho Intermón Oxfam. Los medicamentos están cada vez
más lejos de los pobres.
El
caso de la multinacional Novartis es ilustrativo. Hace cinco años,
junto a otras 39 farmacéuticas, este emporio de fármacos actuó
contra Sudáfrica para que ese país no produjera sus propios
medicamentos para el VIH/sida. Ahora lleva un juicio contra India para
lograr la exclusividad del medicamento Glivec o Gleevec (imatinib
mesylate) contra el cáncer, vital para quienes padecen algunos tipos
de leucemia. Si Novartis consigue lo que quiere, afectará seriamente
el acceso de los países del Sur a medicamentos contra cáncer, sida y
otros.
Novartis
tiene la patente de Glivec desde 1993. Vende el medicamento
aproximadamente a 27 mil dólares la dosis anual. En la India, el
medicamento lo producen 5 farmacéuticas hindúes como genérico y la
misma dosis cuesta cerca de 2.000 dólares, o sea 13 veces menos.
Novartis, que tiene el monopolio de Glivec en 36 países, quiso
patentarlo también en la India. Pero allí, al igual que en la mayoría
de los países antes que se vieran obligados por la Organización
Mundial de Comercio (OMC), las leyes no permitían patentar medicinas,
por ser artículos básicos de primera necesidad. Lo único que otorga
una patente es exclusividad. Contra lo que se puede creer por la
propaganda engañosa de las farmacéuticas, una "medicina de
patente" no dice nada de su calidad ni eficacia, solamente
informa que es monopolio de una empresa.
La
exclusividad es lo que importa a Novartis que cuestiona el derecho de
la India de rechazar un fármaco porque no agregaba nada nuevo a lo ya
existente en el mercado y por lo tanto no cumple los requisitos para
otorgar patente. A Novartis le interesa la exclusividad porque
realizando algún pequeño cambio en la presentación de la medicina,
o registrando nuevos usos puede alargar otros 20 años el período de
exclusividad con una nueva patente, impidiendo que otros usen el mismo
componente para producir genéricos a un precio mucho menor.
Según
Novartis, no pelea por el mercado de la India, que en mayoría son
"pobres que no pueden pagar", sino para que India no pueda
usar una cláusula nacional, impidiendo así la venta de genéricos
dentro y fuera del país. India es un importante proveedor de genéricos
a otros países del Sur, para tratamientos de sida, cáncer y otros, a
costos que pueden ser de 10 a 20 veces menores que los de las
transnacionales. El juicio de Novartis quiere impedir eso.
Según
la investigadora Silvia Ribeiro, Novartis presenta Glivec como uno de
sus fármacos estrellas, resultado de su investigación, y ejemplo de
porqué necesita patentes para resarcir sus gastos y seguir
"salvando vidas". Los datos de la industria, la investigación
y desarrollo de un fármaco indican que costaría entre 500 y 800
millones de dólares. Desde que Novartis lanzó Glivec al mercado, ha
ganado muchísimo más. Sólo en 2006, las ventas de Glivec superaron
los 2.500 millones de dólares.
Más
repudiable aún es que la principal investigación sobre Glivec no la
hizo Novartis. Fue un investigador público: Brian Druker de la Oregon
Health & Science University. Druker tuvo que rogarle repetidamente
a Novartis que le permitiera experimentar con la sustancia (imatinib)
que la empresa tenía patentada, sin usarla. Druker finalmente pudo
demostrar resultados espectaculares de esa sustancia contra el cáncer.
Aún así, Novartis no quería desarrollar el medicamento porque el fármaco
mostraba algunas reacciones adversas y la eficacia era en cánceres
poco frecuentes, lo que no le daría suficientes ganancias como para
decidirse producirlo. Accedió a ello después de varios años de
investigación en la universidad y en la perspectiva de recibir apoyos
públicos por el medicamento.
Según
un estudio de siete años que hizo la Oficina de Evaluación Tecnológica
de Estados Unidos en 1996, el 97% de las medicinas lanzadas al mercado
eran copias de las que ya existían, con mínimos cambios para obtener
una nueva patente. Médicos Sin Fronteras informa que en un estudio de
la revista La Revue Precrire, 68% de las medicinas que se aprobaron en
Francia del 1981 a 2004 eran copias de las anteriores. British Medical
Journal publicó otro estudio que muestra que de los fármacos
aprobados por la FDA de 1989 al 2000, 75% no agregaban ningún
beneficio terapéutico.
Si
a lo anterior añadimos lo informado por la Organización Mundial de
Aduanas (OMA) quedamos en que litigios, fraudes, falsificaciones,
son una danza de lobos con los medicamentos contra los pobres por el
capital. Sustenta la OMA que entre el 10% y el 30% de las medicinas
utilizadas en los países en vías de desarrollo son falsificaciones y
vaticinó que el mercado mundial de medicamentos falsos crecerá desde
35.000 millones de dólares en 2005 a 75.000 millones en 2010. La
entidad considera que se ha producido una "alarmante"
diversificación en la falsificación de medicamentos, al pasar la
piratería de productos como la Viagra a otros indicados para el
tratamiento de males como la osteoporosis, la hipertensión y el cáncer.
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