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¿Más
energía o más desperdicio?
Por
Adán Salgado Andrade, 13/03/07
Enviado por el autor a Socialismo o Barbarie
En
los años 50’s el símbolo del progreso
lo constituía la continua tala y destrucción de selvas, sobre
todo en África y Latinoamérica, y no había ni instituciones
mundiales, ni organizaciones no gubernamentales que cambiaran esa
infame idea, como puede desprenderse del siguiente párrafo, tomado de
una vieja publicación, en el que se habla de la “creativa” mano
del hombre al haber “transformado” tierra antes virgen, en medio
de la selva localizada en el brasileño estado de Paraná, para
dedicarla a la producción de café: “A causa de los entusiastas
esfuerzos de colonizadores de muchas partes del mundo, pueblos de
15,000 o más personas han surgido de selvas que hace
unos pocos años eran habitadas solamente por jaguares, tapires,
monos, serpientes y pericos. A lo largo de calles sin pavimentar,
que guardan fuerte apariencia con los pueblos estadounidenses del
lejano Oeste, autos, camiones y motos tocan el claxon y rebasan a
carretas jaladas por bueyes y hombres a caballo, en estas ricas
tierras antes salvajes,
transformadas gracias a la creativa
acción del hombre”.
Ese
“desarrollismo” tan típico de entonces,
colocaba por encima de lo considerado “salvaje”, “natural”, al
“deslumbrante progreso”, al que no se consideraba algo destructivo
o negativo, sino que era el inevitable
precio que debían pagar los así llamados países en
vías de desarrollo
para alcanzar el modelo de vida occidental, sí, aquél de las
modernas autopistas, llenas de veloces automóviles, vías férreas
recorridas por trenes bala, cosmopolitas ciudades cruzadas por amplias avenidas, en donde
hacinados complejos multifamiliares
se dan cita al lado de altísimos rascacielos.
Y aunque en muchos países que todavía están actualmente esperando
el tan ansiado desarrollo,
la tendencia a destruir sus preciados recursos naturales a cambio
de “inversiones desarrollistas” sigue vigente, por fortuna, la
nueva, ecologista idea de que es mejor la conservación de los
recursos naturales tal cual, está comenzando a imponerse.
Podríamos
hablar que se trata de ecodesarrollo
o ecoprogreso, como se
quiera, y que, por desgracia, los fuertes intereses económicos de
corporaciones y, especialmente, países
desarrollados, como Estados Unidos, aún desdeñan. Por ejemplo,
por estos días se ha señalado que los efectos al medio ambiente
producidos por tantos contaminantes arrojados a la atmósfera son peor
de lo que se estimaba, sobre todo porque justo en Estados Unidos, uno
de los países que produce casi el 40% de los llamados gases efecto
invernadero, por mandato
gubernamental del gobierno de George Bush, se minimizaron,
criminalmente, considero, las verdaderas consecuencias que aquéllos
tendrían. Ahora se estima que, entre otras, el calentamiento global
se está acelerando, y prueba de ello es que los glaciares y los polos
del planeta se están descongelando más rápido de lo que se pensaba
originalmente. Al Gore
muestra esa tendencia en su ilustrativo documental “Una verdad
inconveniente”, y demuestra cómo las emisiones del más abundante
gas que provoca el llamado efecto invernadero, el bióxido de carbono,
CO2, han aumentado desproporcionadamente desde los años 1850’s,
durante los cuales la producción antropogénica, la producida por la
humanidad, era casi despreciable, hasta la actualidad, que se producen
poco más de ¡7100 millones de toneladas de ese letal gas anualmente!
Imaginemos, de por sí, el volumen tan grande que se requeriría para
que el CO2 pesara una tonelada.
Ahora
traslademos eso a tantos millones de toneladas, ¡es para que la piel
se nos enchine nada más de imaginar los cientos de miles de millones
de metros cúbicos de bióxido de carbono que se requieren para que
pesen tantos millones de toneladas y que están esparcidos en la atmósfera!
La densidad atmosférica, por tanto, se incrementa, y por simple ley
termodinámica, es claro que un cuerpo con mayor masa, guarda más la
temperatura que uno de menor densidad. Pero además el problema
adicional aquí es que la atmósfera es más frágil y sensible a los
cambios en su composición de lo que se creía.
La
capa de la atmósfera respirable, gracias a la que vivimos los
humanos, no rebasa los 30 kilómetros de espesor, y para darnos una
idea de lo que eso significa, concíbase a la tierra como una esfera
de papel, dicha atmósfera apenas representaría el espesor del papel
que la formara. Así que la producción de gases como el bióxido de
carbono está, de cierta forma, digamos que reformulando
el contenido de los gases que conforman las capas atmosféricas, a
pesar de que alguna parte de ellos es absorbida por procesos
naturales, por los bosques, sobre todo, unos 3000 millones de
toneladas, pero la mayoría, como dije, simplemente se están
acumulando en la atmósfera. Eso, evidentemente, está teniendo ya un
costo que no puede ocultarse más, y que es el aumento efectivo de la
temperatura.
El
planeta y todos nosotros nos estamos calentando aceleradamente, a
pesar de los infructuosos intentos de Bush y otras corporaciones, como
las petroleras, que buscan por todos los medios achacar el
calentamiento global a “causas naturales”. Y aunque el CO2 es el
gas más abundante en volumen de los gases productores del llamado
“efecto invernadero”, con un 84%, hay otros igual o más
perniciosos que éste. El metanol monta un 9% y dura sólo diez años
activo en la atmósfera, pero ¡almacena el doble de calor que el CO2!
El otro gas es el óxido de nitrógeno, que asciende a un 5%, y por último
los clorofluorocarbonos y sulfuros forman el 2% restante, éstos también
sumamente perjudiciales, pues a pesar de que es menor su proporción
en la atmósfera, son los causantes de la alarmante disminución del
ozono atmosférico, el gas que nos protege de las letales radiaciones
solares ultravioleta, las que en lugar de significar vida, más bien
matan. A éstos se deben los llamados agujeros de ozono que existen en
los polos del planeta y que últimamente también se han querido
minimizar sus efectos y se ha declarado, incluso, que están
disminuyendo, pero así como los científicos de Bush mintieron sobre
los efectos del calentamiento global, pues habrá que tomar con
escepticismo tales declaraciones.
Y
si ya todo lo dicho hasta este momento es ya
pasmoso – ¡espero que así sea! –, resulta que la producción
sobre todo de CO2 continuará en ascenso. Para los países
desarrollados el incremento se estima en 1.9% anual, de aquí al 2025,
y para los no desarrollados, como el caso de China,
en 2.7%. O sea, que en lugar de haber buscado una verdadera disminución
en la producción industrial, de entre las principales generadoras de
CO2, junto con los automotores – como el ya obsoleto tratado de
Kyoto de 1994 había especificado, que debía situarse a los niveles
existentes en 1990 para que las
cosas no estuvieran tan mal –, no es así, al contrario, en una
cínica actitud, sobre todo de las naciones más desarrolladas, como
EU, se ha seguido a rienda suelta la producción industrial y la
consecuente emisión de gases contaminantes.
Y
aquí retomo lo que en principio había señalado, que en aras de
continuar con el “desarrollismo”, con todas las imposiciones del
sistema capitalista que ello implica, el cual vive gracias al
hiperconsumo al que hemos llegado en la actualidad, los países en
vías de desarrollo, tomando de modelo a los desarrollados, se
siguen proponiendo como estándar a alcanzar el así llamado “estilo
de vida occidental”, llámese sueño americano
o europeo, y en consecuencia abrazan una indiscriminada
industrialización, propia, la menos, o transnacional, la más, destinada a producir
todos los indispensables
satisfactores que les ayuden a materializar ese tan ansiado sueño
americano o europeo. Evidentemente para que ello se logre, tendrá
que acompañarse, como dije, de un constante crecimiento industrial,
emparejado, por supuesto, con un aumento de la energía que permitirá
dicha industrialización, además de la que el tal modelo occidental
exija para su materialización.
Así,
si se impone que todo mundo debe tener un potente SUV (gran vehículo
utilitario) de ocho cilindros, que todos deban contar con calefacción,
aire acondicionado,
casas confortables, TV digital, “centros de entretenimiento”,
computadoras, celulares, Internet, consumir productos desechables,
ropa de telas sintéticas... todo ello requerirá, por supuesto, de
mucho más energía, pero no para actividades que
verdaderamente sean positivas, desde el punto de vista del bienestar
humano, sino que servirán simplemente para la reproducción y
perpetuación del sistema de consumo que nos ha dominado los últimos
300 años.
Lo
que quiero decir es que no viviremos mejor si todos los habitantes del
planeta, tuviéramos, digamos, un potente SUV, un Hummer,
por ejemplo, muy gastador de gasolina, al contrario, tanto por los
contaminantes que tan ineficiente vehículo produjera, así como toda
la enorme energía que fuera destinada a producir 6500 millones de
tales vehículos que también produciría excesiva contaminación,
contribuirían a deteriorar más el medio ambiente, así como nuestra
calidad de vida, a pesar de que pudiéramos todos viajar en un potente, lujoso vehículo como ese. Claro que quien ganaría sería
el sistema, el fabricante de esos vehículos, GM, particularmente,
feliz por las ventas tan fabulosas, sin importarle, por supuesto, los
daños al medio ambiente que tanto fabricación, como empleo de esos
vehículos, produjeran. Por ejemplo, recientemente, en Europa, a propósito
del calentamiento global, se intentó que los fabricantes de vehículos
redujeran los niveles de contaminantes de sus autos, de ¡160 gramos
de CO2 que producen en la actualidad por kilómetro recorrido, a 130
gramos!, pues los autos producen casi el 90% de las emisiones totales
de CO2.
Sin
embargo, los primeros en protestar fueron tales fabricantes, diciendo
que si eso se aceptaba, no iba a
ser posible seguir fabricando potentes SUV’s, los cuales, según
ellos, son muy demandados por la gente, así que si eso se hacía,
prohibir su fabricación, argumentaron, se dejaría sin trabajo a
muchos obreros que los fabricaban, además de que “disminuirá una
parte muy importante de los ingresos que se obtienen por las ventas de
tales vehículos”.
Véase,
pues, como siempre se anteponen intereses fuertemente económicos a
los intereses de la humanidad en su conjunto, en este caso, los ecológicos.
Así, de todo lo que en la actualidad el capitalismo se ufana, de los altísimos
niveles de productividad y producción alcanzados, de lo “baratos”
que muchos productos cuestan, de tanta baratija china que vale menos
que una hamburguesa... bueno, pues todo eso tiene su costo y es que
cada vez se requiere más energía y más fuentes que la proporcionen,
sean éstas renovables o no, para que pueda continuarse no
con la mejoría en las condiciones sociales de vida, sino con la
reproducción del sistema capitalista de consumo.
Prueba
de que la supuesta “mejoría” de la calidad de la vida humana al
contrario, cada vez empeora, es que actualmente se han destruido más
de la mitad de los recursos naturales del planeta y la otra mitad está
en acelerado proceso de contaminación y destrucción. Se arrojan,
como se dijo, millones de toneladas de gases contaminantes a la atmósfera
a diario, se contaminan ríos y mares con los desechos industriales y
los drenajes urbanos. Se acaba, por ejemplo, con un área equivalente
a 40 kilómetros cuadrados de bosques y selvas a diario como
consecuencia de tala inmoderada, incendios provocados, muerte de árboles
por condiciones adversas para su vida o conversión de dichas áreas
verdes a áreas urbanas.
Esos
bosques y selvas constituyen un valioso recurso natural que, entre
otras cosas, absorben parte del CO2 arrojado cada año a la atmósfera,
además de que regulan el calentamiento del planeta, pues las áreas
arboladas disipan también parte del calor generado naturalmente o por
la acción del hombre. Pero, irónicamente, cuando los árboles son
sometidos a factores adversos, como sequías, plagas de insectos o
temperaturas mayores a las que normalmente pueden soportar, comienzan
a morirse, su follaje cae y, en lugar de absorber CO2, sus troncos
secos lo producen, de tal forma que debido a selvas y bosques
enfermos, se generan cerca del 25% de los gases efecto invernadero que
están calentando a la Tierra.
Así
que la tan cacareada “mejoría en la calidad de vida” es una total
falacia. En todo caso, algunos grupos sociales, sólo los
privilegiados, digamos que gozarán de los avances tecnológicos, no
así las tres quintas partes de la población mundial consideradas en
el nivel de la pobreza. Pero de nuevo abordo la cuestión en cuanto a
¿de qué sirve que los grupos medios o acomodados de la población se
ufanen por su gran poder de compra, si finalmente todos habitamos este
mundo y todos respiramos los contaminantes y sufriremos las
consecuencias que éstos nos provoquen? El hecho, como mencioné, de
que se produzca más, implica su obligada contraparte: la generación
de mucho más basura y de ésta, sólo una mínima parte es reciclada.
Las
cifras correspondientes a Estados Unidos, uno de los países más
derrochadores de energía y el más “industrializado”, arrojan que
cada estadounidense produce en promedio poco más de ¡dos kilogramos
diarios de basura!, que en conservadores cálculos montarían a 236
millones de toneladas (mdt) al año. De ese total, un 35 %, 83 mdt, es
papel de oficinas, periódico y cajas de cartón, claro, pues éstas
son las que se usan para envolver cuanto producto se produce, sí, ¡tremendo
desperdicio cuando se compra algo que viene contenido en una caja de
cartón, la que deja de “servir” en cuanto la destapamos y sacamos
el producto contenido! Luego de eso ¡la tiramos, sin más!
Igual
sucede con los millones de periódicos producidos a diario
mundialmente, pues también los leemos y luego los tiramos casi de
inmediato. Y ni se diga el papel de oficina, pues por los millones de
hojas que se emplean y se tiran, salen repletos los botes de basura de
esos lugares. Por ello se explica que papel de oficina, periódico y
cartón sean los “desperdicios” más abundantes, pues en éstos,
sobre todo, se materializa gran parte del dispendio del que ya he
hablado antes. El resto de la “basura” se clasifica como sigue:
12%, 28 mdt, son sobrantes de jardinería;
11.7%, 28 mdt, son sobras de comida – la que se tira y la que no se
puede comer –; 11.3%, 27 mdt, es plástico –¡por tantos empaques,
bolsas y botellas desechables! –; 8%, 19 mdt, son latas de aluminio
y fierro; 7.4%, 17 mdt, son hule, cuero y textiles; 5.3%, 12.5 mdt, es
vidrio y el 3.4% restante, 8 mdt, son materiales clasificados como
“otros”.
Por
desgracia, a pesar de que Estados Unidos se jacta de estar muy
adelantado en tecnologías de reciclaje, sólo se recicla
aproximadamente un 25% de “basura”. Si entonces sumamos todos los
“desechos” industriales, obtendremos casi 159 mdt anuales, de las
cuales, 25%, o sea, 39.6 mdt apenas se reutilizan y el resto, 119 mdt,
simplemente se tira,
prescindiéndose así de materiales que pueden
servir nuevamente si son reciclados en lugar de hacerlos nuevos y
con ello, generar aún más basura. Un muy grave ejemplo de esto es
toda la llamada basura
computacional, dado que los millones de computadoras
“obsoletas” que se desechan cada año (no porque no sirvan, sino
que son menos “potentes”), como resulta “muy caro” deshacerlas
y reciclar el platino, el oro o muchos de los materiales de los que se
hacen, simplemente se van apilando en enormes tiraderos o muchas veces
dichos desperdicios se “exportan” a países subdesarrollados como
China, en donde la baratura de sus trabajadores, combinada con la nula
protección a su salud, posibilita mediante procedimientos muy tóxicos
e insalubres, reciclar los materiales recuperables.
De
acuerdo con el reporte emitido por las organizaciones mundiales Basel
Action Network (Red de acción Basel) y Silicon
Valley Toxic Coalition (Coalición Silicon
Valley contra los tóxicos), alrededor de un 70% de la basura
computacional de Estados Unidos se exporta hacia la ya mencionada
China, además de Pakistán e India. En pueblos chinos como Guiyu, es
muy común la quema a cielo abierto de plásticos y tabletas de silicón,
con tal de recuperar metales mediante ese muy contaminador,
rudimentario proceso, el cual produce un negro y denso humo negro muy
contaminante y sumamente dañino al medio ambiente y a la salud. Baños
de ácido se aplican a esos desechos a las orillas de los ríos para
recuperar oro, contaminándose permanentemente sus aguas.
El
plomo de monitores y de cinescopios de televisores, no es muy
lucrativo, así que éstos simplemente se tiran. Los cartuchos
impresores son abiertos a mano, emitiendo sendas nubes del polvo del
que están hechos al aire, y que los pobres trabajadores que los
desarman respiran, pues ¡ni siquiera sus patrones les proporciona máscaras
protectoras! Todo ello ha generado tan enorme contaminación, no sólo
aérea, sino en los acuíferos de Guiyu, que el agua que se emplea
para beber, tiene que traerse de lejos, de 30 o más kilómetros de
distancia. Eso se hace en China, país que el neoliberalismo ha
querido tomar de ejemplo de industriosidad, claro, si así se le puede
llamar a actividades industriales en las cuales lo que menos importa
son los trabajadores y su salud.
Por otro lado, las sobras de comida o del jardín podría
suponerse que son procesadas para convertirlas en abonos naturales,
pero, también, sólo se hace eso con una cuarta parte más o menos.
El
resto se apila en los llamados rellenos
sanitarios, en donde por el apretujamiento, además de que se
cubre con tierra cada capa que se comprime, la acción bacterial es
casi nula, por lo que tales desperdicios pueden
durar cientos de años sin descomponerse. Y no se recicla toda la
basura no porque no haya la tecnología suficiente, sino porque
resulta, como señalé, “caro”. ¡Claro, aquí se emplea el
principio de los negocios de que se gaste lo menos posible, aunque
ecológicamente no sea lo más adecuado! Sí, saldrá más barato para
las industrias hacer nuevo papel y nuevo cartón cortando más árboles,
además de que el proceso requerido para elaborarlos constituye la
tercera fuente industrial generadora de los gases efecto invernadero.
Se hará nuevo plástico, empleando más polietileno derivado del petróleo.
Se harán nuevas latas de aluminio o fierro obtenidos de minas... ¡sí,
mejor todo nuevo que reciclar! Y que cargue el problema de tanta basura
la sociedad y, sobre todo, el planeta.
Los
tiraderos estarán en todas partes: en los bosques, en las selvas, en
los ríos, en el fondo del mar... Pero además no sólo se trata de
que hay más derroche energético por la innecesaria sobreproducción,
sino que, como señalé, se imponen nuevas necesidades, nuevos estilos
de vida que incrementan nuestro uso energético. Por ejemplo, el
Internet, con toda la infraestructura que requiere, así como las
compañías buscadoras, tales como Google, Yahoo o Ask.com, tiende a
consumir cada vez muchísimo más energía, debido a que las millones
de computadoras, discos duros, memoria RAM y los millones de metros de
fibra óptica de tales compañías, requieren actualmente de alrededor
de 5 gigawatts, o sea, 5000 megawatts, es decir ¡5 millones de
kilowatts!, suficientes para electrificar una ciudad completa como Las
Vegas, con todo y casinos y hoteles, durante la época de más calor,
que es cuando se demanda más energía.
Para
que quede más claro, una casa en México de consumo bajo, demanda
unos 200 kilowatts mensuales, es decir, que toda la energía que
requieren los buscadores equivaldría a la necesitada nada menos que
por 25,000 hogares en un mes. Lo que más consume energía son, irónicamente,
los sistemas de aire acondicionado que se emplean para enfriar a los
servidores y la infraestructura computacional que emplean tales compañías,
que asciende a la mitad de la empleada y entre más velocidad y
capacidad en la transmisión de datos se exija, mayor energía se
requerirá para ello y consecuentemente ¡más energía para el
enfriamiento por aire acondicionado! Y se calcula que en el futuro se
transmitirá nada menos que un petabyte de datos por segundo, lo cual
equivale a un trillón (1000,000,000,000,000) de ¡bytes en cada
segundo!
A
ese paso, dos expertos en energía, Peter Huber y Mark Mills, predicen
que en el futuro la infraestructura computacional que mueva el
Internet ¡requerirá de la mitad de toda la energía producida en el
mundo! Por eso, insisto, de qué servirá que contemos con energías
alternas a las existentes, si vamos a seguir incrementando brutalmente
nuestras necesidades energéticas y que, de todos modos, no podrán
muchas de éstas satisfacer plenamente tales necesidades.
Así
pues, no sólo se trata de hallar más alternativas energéticas, sino
de cambiar nuestros consumistas, desperdiciadores hábitos, para, en
realidad, emplear menos energía. Y vale para nuestro análisis
revisar someramente con qué otras fuentes alternativas energéticas
se cuenta y cuáles realmente son prácticas para su empleo.
Alternativas
energéticas
Últimamente
se han estado revisando todas las posibilidades energéticas de que
disponemos, pero no tanto por prescindir del petróleo o el carbón, o
sea de las energías fósiles, sino porque éstas se están agotando más
rápido de lo que se pensaba, debido al ritmo tan brutalmente
ascendente de su consumo diario (Ver mi artículo en Google: “La
guerra mundial por el petróleo y el gas natural”).
Particularmente
Estados Unidos, además de tales consideraciones, que lo llevaron, cínicamente,
a invadir Irak, so pretexto de que poseía armas de destrucción
masivas, apoderándose así de la segunda reserva mundial probada de
petróleo, también lo hace para ser menos vulnerable y dependiente de
hidrocarburos casi todos importados (Arabia, sobre todo, es uno de sus
principales proveedores), cuya disponibilidad podría verse afectada,
señalan algunos funcionarios estadounidenses, por los conflictos bélicos
o los “atentados terroristas”. Y por ello un energético
relativamente nuevo en ese país, el biocombustible conocido como etanol,
en su reciente “estado de la nación” que pronunció Bush, anunció
que se tenía programado en el futuro aumentar considerablemente su
producción
para depender menos del petróleo importado.
Otra
de las consideraciones para disponer de más energías es el precio
que tome el barril del petróleo, pues por cuestiones económicas más
que ecológicas, claro, no podía ser de otra manera,
serían aquéllas
viables. En el siguiente cuadro resumo los tipos de energía
alternativa, así como cuándo podrían ser explotables
con respecto al precio del barril de petróleo :
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Precio
de entre 20 y 30 dólares
Alternativas energéticas
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Precio de entre 30 y 70 dólares
Alternativas
energéticas
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Precio de 70 dólares o más
Alternativas
energéticas
|
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Se
contemplan aquí los pozos petroleros marinos muy profundos, de
los que se estiman alrededor de 90000 millones de barriles (mdb)
de petróleo a nivel mundial. El precio por barril ronda los 20
dólares.
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El
gas natural, aunque su transporte es muy riesgoso, por su alta
explosividad. Los principales productores son Qatar e Indonesia,
y cuesta 30 dólares por bep. Las reservas globales son de 1.13
bdb equivalentes de petróleo.
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Los
hidratos de metano son el gas natural congelado en el permahielo
del Ártico y se estiman sus reservas en 72 trillones de bep,
pero aún no se han explotado, no hay tecnología. El costo sería
de unos 90 dólares por bep.
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Conversión
del metano que se obtiene secundariamente de la extracción
petrolera a líquido, del que Nigeria y Egipto abundan. Se
estiman reservas mundiales de 450 mdb de petróleo equivalentes
y el precio actual ronda los 25 dólares por barril equivalente
de petróleo (bep).
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El
carbón limpio es un viejo proceso de convertir al carbón primero
a gas y luego licuificarlo, pero continúa siendo muy
contaminante. El precio está entre 35 a 40 dólares por bep y
las reservas globales son de 4.5 bdb equivalentes de petróleo.
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El
hidrógeno contribuiría realmente a un ambiente más limpio,
pero es caro obtenerlo, a menos que se emplearan las plantas
nucleares, la mas peligrosa de las energías. Su costo es de
unos 90 dólares por bep y las reservas ilimitadas: el que
existe en la naturaleza y el agua.
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Arenas
alquitranadas (chapopote), las cuales se deben de calentar para
extraer el petróleo contenido. Las reservas principales (la
mitad de las petroleras) están en Canadá y Venezuela, y son
del orden de 4.3 billones de barriles (bdb) de petróleo. Su
costo actual es de entre 15 a 20 dólares por barril.
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El
biodiesel, extraído de la soya y el coco, aunque más limpio que
el diesel normal, implica destinar granos de un mundo con hambre
para producirlos. El costo actual está entre 45 y 60 dólares
por bep y las reservas son renovables: a más siembra, mayor
producción.
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El
esquisto son rocas metamórficas cristalinas, que se licuifican
y rinden aceite de calidad comparable al petróleo ligero. Su
costo está entre 70 y 95 dólares por bep y las reservas
mundiales rondan los 2.5 bdb de petróleo.
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Pozos
petroleros computarizados, con lo cual se extraería hasta la última
gota de los casi agotados. El costo es de unos 10 dólares por
barril y se estiman reservas mundiales de 1.1 bdb de petróleo.
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El
etanol obtenido del maíz o la caña de azúcar es más limpio
que la gasolina, pero también implica restar alimentos para la
gente y emplearlos como combustible. El costo actual está entre
60 y 75 dólares por bep, y es renovable.
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Las
otras alternativas energéticas son la solar, la hidroeléctrica,
la eólica, la geotérmica y la muy temida nuclear, las cuales
también por el momento requerirían de subsidios
gubernamentales para ser prácticas en su empleo.
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Bien,
pues algunas de las alternativas energéticas citadas en la tabla
anterior aún están en experimentación, como sucede con el esquisto,
obtenido a partir de la fundición de las rocas metamórficas
cristalinas que lo contienen, procedimiento muy costoso. Para los
hidratos de metano, aún se desconoce cómo pudieran explotarse.
Otras, como el “carbón limpio”, no lo es tanto, pues sigue
produciendo de todos modos CO2, bastante, y en todo caso le conviene a
países como EU o China que poseen bastante carbón y que satisfacen
buenas partes de sus necesidades energéticas de éste.
Además,
todas siguen produciendo bióxido de carbono, tanto directa, como
indirectamente, esto porque la energía que se requiere para obtener
algunas de ellas, como el hidrógeno, produce justamente CO2, así
que, de alguna manera, estamos en un círculo vicioso, pues mientras
nuestros métodos para obtener tales alternativas
energéticas sigan siendo los convencionales, de nada servirán
tales energías si de todos modos van a contribuir a la producción de
los gases que provocan el calentamiento global. Por ejemplo, para
producir celdas solares o los gigantescos molinos de viento, se
requiere de métodos de fabricación aún convencionales que generan,
como dije, CO2. Y varias de ellas rinden menos energía que la que se
emplea para producirlas, lo que se conoce como la recuperación de la
inversión energética, esto es, el índice de la energía recuperada
con respecto a la invertida (Energy Return of Investment).
Por
ejemplo, la energía que se requiere para obtener el hidrógeno
empleado en las celdas de combustible que se estén experimentando en
los autos movidos por ese gas, es de tres veces la que el hidrógeno
rinde, lo cual, de momento, lo haría sumamente impráctico.
En cambio, biocombustibles como el biodiesel, rinde tres unidades
energéticas por cada unidad de energía que se emplea para
elaborarlo. Esto porque la soya o la palma de las que se obtiene, por
su actividad fotosintética, que transforma la energía solar a
bioenergía, tienen un alto contenido energético de por sí. Por ello
en este momento los biocombustibles están teniendo tanto auge, porque
rinden bastante contenido energético, digamos que son una especie de
celdas solares naturales.
Sin
embargo, nada es perfecto, por desgracia, pues siguen produciendo bióxido
de carbono, gas inevitable en toda combustión, pero además producen
más óxido de nitrógeno que los combustibles convencionales, gas que
también contribuye al calentamiento. Pero otro problema muy grave que
a mi consideración sería peor que la supuesta solución que se
pretende dar con ellos es que para elaborarlos se están empleando
cereales que en un mundo en donde a diario mueren de 25,000 a 30,000
personas por desnutrición severa, pues resulta de alguna forma
indignante, procesar maíz o soya para hacer etanol o biodiesel si hay
hambre. Y no es que su uso se pretenda hacer restringidamente,
digamos, a unos cuantos vehículos, sino que se generalizaría su
empleo a los millones de vehículos que actualmente circulan por las
carreteras y ciudades del mundo, además de los que se siguieran
fabricando, lo cual se hace a un ritmo de poco más de ¡65 millones
de nuevos automotores anualmente! Uno de los casos más ilustrativos
serían los Estados Unidos.
La
tierra arable que ese país posee es de alrededor de 1,740,765 km², de la cual actualmente se tienen sembrados con
soya para, entre otros usos, el biodiesel, poco menos de un 2.5%, o
sea, unos 42690 km².
Resulta que para que ese país pudiera producir todo el biodiesel
necesario para sustituir el diesel normal, tendría que contar con un
área total de soya cultivada ¡casi 54 veces mayor a la sembrada
actualmente!, es decir, unos 93,501,090 km²,
imposible, dado que el área cultivable de todo el planeta es de
apenas 31,000,000 de km².
Pero además toda la soya sembrada sería exclusivamente para producir
biodiesel, lo que agravaría brutalmente las carencias alimenticias
que, como señalé, ya de por sí tenemos.
El otro caso, el del etanol, también es igualmente
cuestionable. Se requeriría de un 30% de la tierra cultivable que
posee EU sólo para sembrar maíz, o sea, unos 526,436 km². Lo que actualmente se cultiva son alrededor de
59386 km², así
que casi tendría que incrementarse en ¡nueve veces la producción de
maíz, exclusivamente para fabricar etanol!
Un empresario que se está dedicando a la producción
de tal biocombustible, cínicamente ha dicho que basta con que los
Estados Unidos reduzcan las
tierras empleadas para sembrar cultivos de exportación y en lugar de
eso, las empleen para los llamados cultivos energéticos y con eso
podrá producirse suficiente
etanol para sus necesidades normales. ¡Vaya, como si eso fuera
tan sencillo, pues hay que señalar cuántos países dependen, por
desgracia, de los granos y otros alimentos producidos por ese país!,
debido, sobre todo, a que el así llamado “libre comercio” o neoliberalismo
casi ha aniquilado las economías agrícolas de tales naciones,
como en México, a las que les sale más “barato” importar
alimentos, que sembrarlos, pues hacerlo “implica pérdidas”.
Pero la muy grave consecuencia de ello es que ahí
están y seguirán estando, a merced de lo que EU les quiera o no
vender actualmente o en el futuro y si el gobierno estadounidense
considera que es más importante producir etanol para sus crecientes
necesidades aotomotoras, y además si esto resulta más lucrativo,
que lo es, pues entonces reducirá considerablemente sus exportaciones
alimentarias y si ahora hay hambre, ¡pues qué se podrá esperar para
entonces! Sí, claro, que los autos andarán muy bien comiditos
de etanol o biodiesel, pero habrá más hambrientos por todo el
mundo que ya ni siquiera tendrán oportunidad de probar una mazorca de
elote o, como en México, una triste tortilla.
De hecho, la reciente crisis mexicana de la tortilla
cara se debió a que como cada vez se produce menos en el campo,
debido, como dije, a que se he desdeñado este sector de la economía
– y de paso a los pobres campesinos, la mayoría de la población
rural de este país –, el maíz que se debe de importar en
cantidades cada vez mayores de los Estados Unidos se encareció,
justamente porque ya comienza a dedicarse más de su producción
actual a la fabricación de etanol. Y aunque debe señalarse que se
está experimentando con algunas otras formas para hacerlo, como a
partir de la transformación de la celulosa mediante enzimas – éstas
obtenidas genéticamente – en azúcares, la mayoría rinden aún muy
poco etanol, así que el maíz o la caña de azúcar, que es la que se
emplea en Brasil,
serán por muchos años los cultivos preferidos para ser etanolizados.
Y,
repito, el problema es que en Estados Unidos y en el mundo, para el
caso que nos ocupa, la producción de biocombustibles no va acompañada
de programas que redujeran el empleo de vehículos, ni el consumo de
combustible, al contrario, los 532,000 millones de litros de gasolinas
consumidos allí por año y los poco más de 200 millones de autos que
circulan a diario sólo en ese país, van en aumento, así que con ese
ritmo, nunca habrá energía
alternativa más limpia que alcance.
Las
otras energías alternativas son la hidroeléctrica, que apenas monta
su empleo mundialmente a menos del 3%, y la geotérmica.
En
el caso de la hidroeléctrica, que aquí en México se ha empleado
mucho, provoca impactos ambientales mayores que el beneficio que
pudiera acarrear, sobre todo porque la construcción de presas y
embalses sumergen enormes extensiones de bosques, selvas y áreas agrícolas,
cuya consecuencia en el medio ambiente es letal, ya que como dije, los
cientos de miles de árboles que quedan bajo el agua
dejan de cumplir su benéfica función de absorber el CO2 expulsado a
la atmósfera por las actividades del hombre.
Pero
además, los embalses alteran la humedad natural de la región en
donde se construyen, acaban con especies vegetales y animales y
modifican severamente los ciclos y la actividad hidrológicos
naturales de las cuencas en donde se asientan. Y por si fuera poco,
dado que cada vez el calentamiento global está cambiando la
frecuencia de las lluvias, generando sequías en algunos sitios, e
inundaciones en otros, muchas presas ya no tienen el nivel de agua
suficiente para operar las turbinas que la corriente hidráulica mueve
para la generación de fluido eléctrico, así que están cayendo
varias en desuso y realmente en muchos países ya no puede
considerarse una alternativa energética más a la hidroeléctrica.
En
el caso de la energía geotérmica, es una buena opción, pero su uso
también es más restringido, ya que las fuentes generadoras, géiseres,
no implican la producción eléctrica a gran escala, al menos no a los
niveles requeridos nacionalmente en el país de que se trate. Aquí
también en México se ha empleado ese tipo de energía, pero como la
mayoría ha sido para abastecer redes locales, muchas geotérmicas
erigidas en los años 60’s y 70’s han caído en desuso cuando se
han incorporado tales redes eléctricas a una red nacional mayor.
Otras
dos energías alternativas que podrían considerarse, digamos que
amigables y renovables, son la eólica y la
solar, pero, por desgracia, además de estar apenas en pañales
su uso, privando el criterio economicista, son más
caras que los energéticos fósiles, además de que no serían
suficientes para llenar tan crecientes demandas de energía.
En
el caso de la energía solar, no ha habido avances tecnológicos
espectaculares que pudieran ya generalizar su extendido empleo por
todo el mundo, el que no llega ni al 2.5% de la energía empleada, a
pesar de que se calcula que cada hora el sol envía suficientes
electrones como para proveer a toda la humanidad de electricidad ¡durante
un año!.
Esto
porque, de nuevo, no ha habido suficientes “incentivos económicos”
para desarrollarla, por un lado, pero por otro, porque los intereses
de las compañías petroleras han pesado, no sólo sobre este tipo de
energía, sino sobre otras, pues ello implicaría prescindir del
producto que venden, el petróleo. Aún se siguen empleando las celdas
fotovoltaicas cuyo diseño data de los años 70’s y 80’s y por los
mismo, son muy ineficientes en la transformación de los fotones en
electrones. Lo mayor eficiencia lograda en la actualidad es de un 30%,
es decir, de toda la luz solar absorbida por una celda, sólo menos de
la tercera parte es convertida en electricidad. Además, se necesitan
grandes áreas de tierras que, desde el punto
de vista económico también, estarían “improductivas”, sólo
ocupadas de tales celdas.
Claro
que ya hay algunos nuevos diseños interesantes, en experimentación
apenas, como el Sunflower,
concebido por el señor Bill Gross, que a un costo de poco más de 300
dólares, puede generar un kilowatt-hora durante un soleado día
colocado en el techo de un hogar, lo que apenas cubriría una tercera
parte de las modestas necesidades eléctricas de tal hogar.
Por
tanto, el empleo de la energía solar, de momento se está
restringiendo más al ámbito doméstico, mediante costosas celdas
solares que se instalan en los techos de las casas, como se está
haciendo en Estados Unidos, en donde gente de clase media,
principalmente, las
adquiere, junto con generadores de viento domésticos también, para
producir su propia electricidad sin desconectarse de la red local. Y
no lo hacen tanto por ecología, sino porque le pueden vender a la
compañía eléctrica que los surte, la luz generada por esas celdas
solares o generadores de viento que no empleen sus hogares y hacerse
así de un “dinerito extra”.
Los
pocos intentos existentes para generar electricidad a partir del sol
lo hacen, hasta ahora, más caro que los medios tradicionales,
como la Estación Generadora de Energía Solar, de la empresa
PG&E, ubicada en el desierto de Mojave, que genera apenas 350
megawatts, lo cual difícilmente cubre las necesidades de 100,000
hogares. Como puede verse, también gran parte del problema de que no
se empleen otras alternativas energéticas es que económicamente
no resultan viables, aunque lo sean ecológicamente. Y por eso los
partidarios de ellas están exigiendo, con justa razón, que los
gobiernos las subsidien de momento, en lo que las supuestas economías
de escala las vuelvan más baratas, como se hace con otras fuentes
energéticas, como con el mismo petróleo.
Así
pues, ese hecho de que pesa más la economía que la ecología,
complica aún más los problemas que ya he expuesto, pues mientras las
energías ecoamigables, como
la solar, no sean baratas,
pues simplemente no se emplearán.
En
cuanto a la energía eólica, hay también algunos avances. Alemania
es el país que más ha logrado en su desarrollo, con un 15% de dicha
energía cubriendo sus necesidades. Le sigue España, con un 10%,
alrededor de 12,000 megawatts. Y en tercer sitio están los Estados
Unidos, en donde hasta viejas plataformas petroleras marinas se están
reciclando como bases para los gigantescos generadores eólicos, que
en conjunto producen apenas un 3% de las necesidades de esa nación.
Pero,
de nuevo, tanto el criterio económico se impone, pues el kilowatt-hora
producido por el viento es “más caro”, así como el hecho de que
algunas de las llamadas “granjas de viento” ocupan también
grandes áreas de tierras agrícolas que dejan de ser totalmente
productivas para otros fines, que no sea el de cobijar las decenas de
esos gigantescos generadores. Y evidentemente que tampoco se considera
que llenarán las crecientes, derrochadoras necesidades energéticas.
Por ello es que la temible energía nuclear está reconsiderándose de
nueva cuenta en las expectativas del futuro energético, pero aunque
sea más barata y se ponderen sus “bondades” presenta muchos
peligrosísimos inconvenientes, como veremos.
Pareciera,
entre otros aspectos, que ya se han olvidado terribles accidentes como
el de Chernobil o los que por fortuna pudieron controlarse a tiempo,
como el de Three Mile Island, en EU, o el de la central nuclear española
Vandellòs, por mencionar algunos. Pero,
además, no existen alternativas seguras hasta hoy para disponer del
combustible nuclear inservible, ni de las instalaciones caducas, y no
están libres de riesgos los reactores, tales como calentamientos y
sus consecuentes explosiones, las que pueden emitir letales nubes
radioactivas, como la que se esparció desde Chernobil, que alcanzó
Escandinavia y el norte de Europa.
Aún
así, debido a sus altos rendimientos y de que resulta “barata”,
es que se comienza a ver, nuevamente, como una “prometedora” opción.
Como dije, se mide su eficiencia en el número de kilómetros
cuadrados que se requerirían para producir determinada cantidad de
electricidad en relación con otras energías. Así, una central
nuclear que generara 1000 megawatts de fluido eléctrico, necesitaría
solamente 0.85 km², menos de 10000 metros cuadrados, o sea, menos de
una hectárea, para instalarse.
Para que se generara la misma electricidad mediante
energía solar, con paneles solares, se necesitarían 155 km² de terrenos, es decir, un área de casi 13 kilómetros
por lado. Para que los mismos 1000 megawatts se generaran mediante
molinos de viento, se necesitarían 777 km², es decir, un área de casi 28 kilómetros de
lado. Y la peor equivalencia sería con respecto a biomasa, pues se
requeriría sembrar 2560 km² de
tierras con maíz, por ejemplo, para que se generara la misma cantidad
de electricidad, es decir, un área de poco más de 50 kilómetros por
lado. Y como nuestra sociedad está tan materializada y es muy optimizadora, no podría darse el lujo de desperdiciar tanta tierra en energías ecoamigables y renovables.
Además, se alega también que en muchos países que
la emplean de tiempo atrás, no se requeriría aumentarla tanto para
reducir considerablemente las emisiones de CO2 lanzadas a la atmósfera
cada año. Así, para el caso de los Estados Unidos, los expertos
indican que para disminuir en un millón de toneladas la producción
anual de CO2, sólo se necesitaría incrementar la actual capacidad
nuclear cinco veces.
En cambio, para hacerlo mediante viento, se
necesitaría aumentar la producción 300 veces y ni hablar de la
solar, arguyen, pues se requeriría incrementar su producción en ¡6000
veces!, lo que da idea de lo poco que ese país, como ya dije, ha
hecho en cuanto a energías ecoamigables y renovables se refiere. Y
todo parece indicar, si nos atenemos a los recientes foros europeos
que se han hecho sobre calentamiento global y energías alternas, que
la nuclear va que vuela para favorita. Francia, sobre todo, la está
impulsando bastante, pues ese país es el que más la ha desarrollado,
pues obtiene sus requerimientos energéticos en un 60 % de los
reactores nucleares con que cuenta, lo que coloca a ese país en una
potencial bomba nuclear cuando alguna falla se presente en sus
reactores, algunos con varios años de uso.
China, que por ser la maquiladora del mundo,
incrementará brutalmente sus necesidades energéticas
– ¡claro, si el mundo no se acaba antes! –, también está
desarrollando nuevos diseños de reactores que, dicen sus científicos,
son “más seguros”, a base de “pelotitas radiactivas”, por lo
que se les llama “reactores de cama de bolas” (pebble-bed
reactor). Los científicos chinos calculan que con que se instalen ¡200
reactores! de ese tipo se cubrirán las futuras necesidades energéticas
de su país. De todos modos, una vez que las pelotas radiactivas se
desgasten, tendrán que tirarse y...
¡nadie ha dicho en dónde! No considero, pues, a la energía nuclear
como una alternativa viable por todos esos peligros implícitos y
latentes.
Finalmente,
de todo lo relatado antes, puede concluirse que no será posible que
por sí solas las energías alternas, sobre todo las ecoamigables,
como la eólica o la solar, cubran las crecientes,
desperdiciadoras necesidades energéticas de la humanidad, si no se
acompaña ello de un radical cambio en las actividades humanas y en el
derrochador sistema económico en que vivimos. Y quizá por ello, por
lo inevitable del futuro colapso, es que se está pretendiendo dar
“soluciones” que más se asemejan al producto de la mera soberbia
humana, que a verdaderas intenciones para resolver los problemas
mencionados. Una de ellas es la propuesta de que parte del CO2 lanzado
a la atmósfera se “entierre” en el subsuelo. ¡Ya podemos
imaginarnos que llegará el día en que la tierra comience a reventar,
como un bote llenísimo de basura que no pueda contenerla más!
Otra
de tales “soluciones” es lo que se conoce como geoingeniería,
definida como los “esfuerzos para remediar el cambio climático con
experimentación a megaescala de métodos artificiales que reparen el daño hecho”. Entre otras de tales aberraciones
“científicas” se menciona el que se colocaran en órbita
trillones de “espejitos” que reflejaran el sol o que se saturara
la estratosfera con azufre, también con el objeto de reflejar la luz
solar, para que se “enfriara el planeta”, o que se incrementara la
cantidad de bacterias comedoras de CO2, como el plancton, mediante la
“fertilización” de los océanos con hierro o que se
“bombardearan” las nubes con yoduro de
plata para “hacer llover”. Y estas irresponsables “soluciones”
están ya siendo aplicadas, sobre todo lo de esparcir hierro en los océanos,
y apoyadas principalmente por países como, no podía faltar, Estados
Unidos, algunos de la Unión Europea y ¡hasta México!, para que no
se diga que entre el mundo subdesarrollado no se apoyan tan
“loables” adelantos científicos.
¡Vaya
si esto es, como dije, soberbiamente irresponsable, pues pretender la
manipulación a escala planetaria del clima, es evidente que tendrá
consecuencias nunca antes vistas, ni imaginadas, no sólo para la
ecología en general, sino para la salud del hombre, a quien se pretende
beneficiar con esos frankensteinianos
experimentos!
Esto
recuerda, también, los desquiciados intentos hechos a finales de los
años 50’s en Estados Unidos – dónde más –, en las llamadas
“granjas radioactivas”, en las cuales se sometían distintos
cultivos, tanto de cereales, como de árboles frutales, a la radiación
de rayos gamma emitida por
varillas de cobalto, para, decían esos inmorales “científicos”,
obtener “ejemplares mayores, más sanos y saludables que
materializaran el sueño que los granjeros han tenido durante
siglos”. Esas “cosechas atómicas”, como se les llamó, luego
debieron de suspenderse ya que se comprobó la letalidad de los
cultivos que se llegaron a cosechar mediante esos aberrantes métodos.
Así podría suceder con la geoingeniería,
que en lugar de “resolver” nuestros problemas climáticos y los daños
a la salud ambiental y humana que provocan, los empeoraran.
Simplemente
podría pensarse que si se indujera demasiado el crecimiento del
plancton marino, pudiera llegar a una saturación tal, que acabara con
el oxígeno del agua oceánica y que eso aniquilara al resto de las
especies marinas o que se saturara de demasiados “espejitos” o de
muchísimo azufre la atmósfera, que luego ya la luz solar no pudiera
pasar y el planeta comenzara a enfriarse y a morir muchas de sus
plantas y animales, y el hombre, consecuentemente, a falta de la luz
solar. No, de ninguna manera eso es una solución sensata, y más bien
apunta a que se preferirá la continuación del sistema derrochador de
recursos y energía al que estamos tan habituados, el cual seguirá
aumentando incontrolablemente.
En
medio de esa voracidad industrial y consumista, se adoptarán,
seguramente, varias de las alternativas energéticas mencionadas
antes, porque no bastarán o irán agotándose las actuales, pero de
una u otra forma, todas son contaminantes, además de que no podrán,
por sí mismas, satisfacer tan brutal crecimiento del derroche energético.
Seguirán conviviendo, por tanto, con las energías fósiles
tradicionales y eso implicará que se continuará contaminando y
destruyendo los recursos naturales que aún quedan, trastornando el
clima, y calentando irremediablemente
más a nuestro pobre planeta, sin olvidar, por supuesto, todas las
nuevas amenazas implícitas a nuestra frágil, temporal existencia que
con ello iremos creando.
© Derechos reservados, 2007.
Contacto:
studillac@hotmail.com
The Saturday Evening
Post, noviembre
de 1952. El subrayado es mío.
Por desarrollismo me
refiero a la extendida, equivocada idea de que el mundo
subdesarrollado sólo puede desarrollarse
copiando los así llamados modelos
occidentales de progreso, como
el hecho de acabar con selvas para construir autopistas, ciudades,
centros turísticos o plantaciones, idea que, por desgracia, aún
sigue estando vigente. En México, por ejemplo, se siguen
destruyendo manglares y zonas costeras para albergar lujosos
centros turísticos, como en el poblado costero Loreto, en Baja
California, el más reciente de todos.
Como si realmente alguna vez se fueran a desarrollar totalmente. De entonces a la fecha la mayoría de estos
llamados países en
desarrollo, siguen, infructuosamente, esperando a ser totalmente
desarrollados
Esta tendencia, la de hacer altísimos edificios, compitiendo por
ver qué país posea el más alto, sigue estando vigente y lejos
de disminuir, a pesar de terremotos o “atentados terroristas”,
para desgracia de los que allí vayan a vivir o trabajar. Irónicamente,
los hasta ahora más altos proyectados, estarán en países
considerados aún en vías
de desarrollo, como el hotel Lotte World II, ubicado en Seúl,
Corea del Sur, que se espera mida nada menos que ¡800 metros!
Otro, que está por terminarse, será el edificio Burj Dubai, que
se encuentra en Dubai, capital de los Emiratos Árabes Unidos, que
medirá ¡705 metros! Así como van, en el futuro los edificios se
medirán en kilómetros.
Quien fuera candidato presidencial en Estados Unidos durante la contienda del año 2000, por el
partido demócrata, comienza sus conferencias diciendo “Hola,
soy Al Gore, y solía ser el futuro presidente de los Estados
Unidos”, ironizando así el hecho de que le fue robada la elección
por el infame fraude que en su contra cometieron George Bush y sus
secuaces. Actualmente se dedica a una profunda cruzada para
concientizar a la gente en el mundo de la necesidad de cambiar los
hábitos consumistas que tanto daño ocasionan al medio ambiente.
A este país, so pretexto de que está en “vías de
desarrollo”, se le está permitido contaminar brutalmente año
con año la atmósfera con su creciente actividad industrial,
principalmente maquiladora, la que se mueve sobre todo con carbón,
su principal energético, otro de los llamados combustibles fósiles
que produce mucho más CO2 que el mismo petróleo. Claro que eso
tiene un enorme precio, como el hecho de que ciudades industriales
chinas como Beijing estén consideradas como las más contaminadas
del mundo, tanto que incluso hay frecuentes ventiscas de polvo y
otros contaminantes que ocasionan graves daños respiratorios
entre la población local.
¡Y más ahora con el calentamiento global, se dirá, lo que
representaría una cínica “solución” que agravaría más el
problema, pues al haber más aparatos de refrigeración del aire
en el mundo, se requerirá aún de mayor energía!
Para fabricar un auto y sus componentes se requiere una energía
equivalente a 110 gigajoules, suficiente para calentar un hogar
(en EU) durante 18 meses. Ahora, imaginemos el gasto energético
tan enorme, si cada año se fabrican ¡65 millones de autos, uno
cada dos segundos!
Provenientes de los 129,444 km²
de céspedes que hay en los EU, muy desperdiciadora costumbre que,
entre otras cosas, requiere de nada menos que ¡1,216,000,000 de m³ anuales de agua! para mantenerlos tan
verdes. El área que ocupan esos prados equivale a tres veces la
del maíz de riego sembrado allá.
Sí, todo sacrifica China, su gente, su medio ambiente, sus
recursos, su ecología... con tal de mantener contentas a las
corporaciones que han hecho de ese país un “paraíso
industrial” de trabajadores muy baratos y sometidos, de recursos
también baratísimos y de un gobierno laxo con las corporaciones
extranjeras, pero represivo con su gente, con exenciones fiscales
y leyes muy permisivas. A pesar de todo, la espectacular baja en
las cotizaciones accionarias de la bolsa de Shangai recientemente,
demuestra que el “milagro chino” tampoco puede ser permanente.
En EU se subsidia a los madereros, por eso es más barato hacer
papel con madera virgen que reciclarlo.
Por eso aquí en México, se incrementó tanto el precio del
kilogramo de tortilla, pues buena parte del maíz con que se hace
es importado justamente de EU.
Estados Unidos, a pesar de jactarse de sus avances tecnológicos,
sigue dependiendo mucho del carbón, pues más de la mitad de sus
electricidad es generada mediante contaminantes, viejas carboeléctricas.
A menos que se obtuviera mediante reactores nucleares, como
defienden sus partidarios. Los autos movidos por hidrógeno aún
están en experimentación, además de que es un gas muy inestable
y explosivo.
Seguramente varios agricultores de otras partes en vista del
“gran negocio” que implicaría la siembra de maíz para etanol
lo harían, sin importarles si ese maíz fuera muy necesario para
alimentar a la gente de su país.
En este país, es una desgracia que cada vez se empleen más áreas
de sus selvas amazónicas para sembrarlas de caña de azúcar,
dado que aumenta también el consumo de etanol año con año.
Como los miles de árboles sumergidos, a falta de luz y oxígeno,
no se pudren, ya hay varias compañías que se dedican a talarlos
mediante robots submarinos especiales, arguyendo cínicamente que
dado que de todos modos ninguna función ecológica cumplen bajo
el agua, es mejor cortarlos,
y calculan que el valor de sus maderas, muchas preciosas,
como la caoba o el roble, puede ascender a $50,000 millones de dólares,
que capitalistamente hablando, como siempre sucede, constituye un muy
buen negocio.
Entendiéndose por renovables que no corren el peligro de
acabarse.
Un kilowatt-hora generado con energía solar cuesta en ese país
21 centavos de dólar, comparado con el generado con carbón, que
cuesta 4.74 centavos y el generado a partir del gas natural, que
vale 5.15 centavos.
Así como va, se
calcula que en el 2020 China requerirá 300 gigawatts de
electricidad por día, poco menos de los 350 que se generan
actualmente en todo el mundo... ¡ni imaginar cuánta contaminación
generara tanta energía!
Esto ya se practica desde años atrás, pero en la actualidad se
haría a “gran escala”.
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