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Las
naciones pobres serán las más afectadas con el calentamiento global
Por
Andrew C Revkin
The New York Times, 01/04/07
Rebelión, 07/04/07
Traducido por Milay Cabrales y revisado por Nubia Cherician (*)
Los países más ricos
del mundo, los que más han contribuido a los cambios atmosféricos
relacionados con el calentamiento global, ya destinan miles de millones de
dólares a limitar sus propios riesgos para evitar las peores
consecuencias de este fenómeno, como la sequía y el incremento del nivel
del mar.
Sin embargo, a pesar de
compromisos recogidos en tratados establecidos desde hace mucho tiempo
para ayudar a los países pobres a enfrentar el calentamiento global,
estas potencias industriales ciertamente invierten decenas de millones de
dólares en fórmulas para reducir los riesgos climáticos y costeros en
las regiones más vulnerables del mundo, la mayoría, ubicadas en zonas
cercanas al Ecuador y extremadamente pobres.
El próximo viernes, un
nuevo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio
Climático, organismo de las Naciones Unidas que desde 1990 analiza el
calentamiento global, resaltará esta creciente brecha climática, donde
las naciones ricas ubicadas lejos del ecuador, no solo sufren los efectos
en menor escala sino que cuentan con mayores recursos para
contrarrestarlos, afirmaron algunos de los expertos que participaron en su
redacción.
Dos tercios de la
acumulación atmosférica de dióxido de carbono, un gas de efecto
invernadero que atrapa el calor, capaz de persistir en el aire por siglos,
proviene por cantidades prácticamente iguales de Estados Unidos y los países
de Europa Occidental. Estas y otras naciones ricas invierten en plantas
que funcionan con energía eólica que convierten el agua de mar en agua
potable, en barreras contra inundaciones y casas flotantes y en granos y
soyas modificados genéticamente que puedan florecer incluso durante una
sequía.
Por el contrario, África
es responsable de menos del tres por ciento de las emisiones globales de
dióxido de carbono resultante de la quema de combustible desde 1900, aún
así, sus 840 millones de habitantes enfrentan algunos de los mayores
riesgos de sequía y escasos suministros de agua, según nuevas
valoraciones científicas. A medida que los océanos incrementan su nivel
con aguas provenientes de capas de hielo derretidas, los deltas de los ríos
de Asia del Sur y Egipto y los pequeños estados insulares, son los que
corren los mayores riesgos.
“Como el hundimiento
del Titanic, las catástrofes no son democráticas” , declaró Henry I.
Miller, miembro de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford.
“ Una fracción mucho mayor de pasajeros de la cubierta mas barata
fueron los que perdieron sus vidas. El mismo fenómeno ocurrirá con el
calentamiento global”.
Aquellos que se
encuentran en peligro de alguna manera comienzan a hacerse escuchar.
“Tenemos un mensaje que transmitir a esos países, que ustedes nos
agraden al provocar el calentamiento global”. El Presidente de Uganda,
Yoweri Museveni afirmó en la Cumbre de la Unión Africana en Addis Ababa,
Etiopía, en febrero. “ Alaska pudiera convertirse en un terreno
favorable para desarrollar la agricultura, Siberia también, pero donde
queda África?”
Los científicos
consideran que cada vez es más obvio que las precipitaciones en el mundo
se alejan del ecuador y se mueven hacia los polos. Esto beneficiará los
cultivos en regiones que se tornan cálidas como Canadá y Siberia,
mientras que resecará países como Malawi en África sub–sahariana, que
ya son vulnerables a las sequías.
Muchos expertos
concuerdan en que si bien los países ricos, no son inmunes a la sequía y
las inundaciones, sus riquezas en gran medida los aislarán de los daños,
al menos durante la próxima generación e incluso la siguiente.
Por ejemplo, ciudades
como Texas, California y Australia construyen o planean la edificación de
plantas de desalinización. Además, estudios federales han demostrado que
la desalinización puede funcionar lejos del mar, si se purifica el agua
de acuíferos salobres subterráneos profundos en lugares como Nuevo Méjico.
Rajendra K. Pachauri,
presidente del Grupo de Expertos sobre el Clima de Naciones Unidas
considera que es enorme la desigualdad en esta situación si se analiza
quienes son los responsables y quienes sufren las consecuencias. En su más
reciente informe, en febrero, el Grupo de Expertos comunicó que era
inevitable enfrentar décadas de calentamiento e incremento del nivel del
mar con la existente acumulación de gases de efecto invernadero,
independientemente de las medidas que se adopten en aras de la reducción
de las futuras emisiones de gases de efecto invernadero.
Miller, de la institución
Hoover, comentó que el mundo debe centrarse menos en tratar de reducir rápidamente
los gases de efecto invernadero y más en ayudar a las regiones en peligro
a incrementar su capacidad de recuperación.
Muchos expertos insisten
en que no hay elección. Aseguran que la reducción de la vulnerabilidad
de las regiones pobres necesita mayores esfuerzos, pero que a menos que se
ponga freno a las emisiones, nos esperan siglos de calentamiento e
incremento de los niveles del mar que amenazarán los ecosistemas, los
suministros de agua y los recursos desde los polos al ecuador, ocasionando
daños tanto a pobres como a ricos.
Cynthia E. Rosenzweig,
experta de la NASA en clima y agricultura, autora principal del informe
elaborado por el grupo de Expertos de las Naciones Unidas próximo a
publicarse, argumentó que si bien las naciones más ricas del norte
pudieran beneficiarse de manera temporal, “a medida que avanzan las décadas
llegará el momento en que los efectos negativos de los cambios climáticos
se harán sentir en todas las zonas y no sabemos a ciencia cierta cuando
este cambio tendrá lugar”
Existen algunos indicios
de que los países más ricos comienzan a desviar su centro de atención
hacia el fomento de una adaptación al calentamiento fuera de sus propias
fronteras. Organizaciones de ayuda como Oxfam y la Cruz Roja
Internacional, a la luz de la previsión de la agudización de los
desastres naturales provocados por los cambios climáticos, están
dedicando parte de su atención a proyectos como la ampliación de los
campos de mangle que constituyen una barrera natural contra las mareas de
tormenta, la plantación de árboles en las laderas para prevenir los
deslaves o la construcción de refugios en zonas elevadas.
Algunos funcionarios de
los Estados Unidos, Gran Bretaña y Japón señalan que los fondos de
ayuda extranjera pueden destinarse a disminuir los riesgos provocados por
los cambios climáticos. Estados Unidos, por ejemplo, ha promovido su
corporación Millenium Challenge, creada hace tres años para financiar
proyectos en países pobres que contribuyan a elevar su capacidad de
recuperación. Según funcionarios dicha organización ha comenzado a
considerar los beneficios medioambientales de los proyectos.
Los países
industrializados adscritos al protocolo de Kyoto, acuerdo climático
rechazado por el gobierno de Bush, prevén que en virtud de dicho acuerdo
se destinen cientos de millones de dólares a un fondo de adaptación climático.
Pero por ahora, el gasto
real en proyectos de adaptación en las zonas más vulnerables del mundo,
en su totalidad cercano a los 40 millones de dólares al año, “es casi
irrisorio” advirtió Kevin Watkins, director de la Oficina de Informe
sobre Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, que analiza los factores
que afectan la calidad de vida en el mundo.
La falta de ayuda climática
persiste pese a que casi todas las naciones industrializadas del mundo,
incluido los Estados Unidos durante el gobierno de Bush padre, se
comprometieron a ayudar mediante la firma del primer tratado sobre el
calentamiento global, la Convención Marco sobre Cambios Climáticos de
1992. En dicho acuerdo, los países industrializados prometieron brindar
ayuda a otros " que son particularmente vulnerables a los efectos
adversos de los cambios climáticos pues no pueden asumir los costos de
adaptación”. Sin embargo el documento no especifica cuanto deben pagar.
El Fondo para el Medio
Ambiente Mundial ha recaudado 3 mil millones de dólares gracias a las
contribuciones de países desarrollados , de los cuales ha destinado casi
mil millones a proyectos que limitan las emisiones de gases de efecto
invernadero en los países más pobres. Pero los críticos consideran que
dichos proyectos con frecuencia no tienen beneficios locales directos, y
la mayoría tiene lugar en los grandes países en vías de desarrollo que
evidencian una rápida industrialización y no en los más pobres.
James L. Connaughton,
asesor principal del Presidente Bush en temas medioambientales, se mostró
a favor de mayores esfuerzos para el desarrollo. “Sería mucho más
efectivo destinar a la adaptación los miles de millones de dólares que
actualmente se dedican al financiamiento del desarrollo, que andar
mendigando unos pocos millones más para un nuevo fondo climático”,
aseveró James.
Pero está claro que los
países ricos están muy alejados de los pobres en lo concerniente a la
adaptación a los cambios climáticos. Por ejemplo, según Donald Coxe, un
estratega de inversiones en Chicago que analiza el clima, la agricultura y
la energía para el grupo Financiero BMO, los agricultores estadounidenses
sacan provecho de los avances en los cultivos genéticamente modificados
para prosperar en años secos o húmedos. Las nuevas variedades de
semillas pueden compensar en un diez o quince por ciento la disminución
en las precipitaciones, añadió, cifras que coinciden con los pronósticos
en algunas regiones cercanas a los trópicos. Sin embargo, advirtió que
la Unión Europea aun se opone a los esfuerzos por vender dichos granos
modificados en África y otras regiones en vías de desarrollo.
La tecnología también
beneficia a los agricultores en el norte. John Reifstack, un agricultor de
tercera generación en Champaign, Illinois , anunció que pronto plantaría
más de 30 millones de semillas de maíz genéticamente modificadas en
1000 acres. Ello le tomará cerca de cinco días, ritmo que hubiese sido
imposible hace solo cuatro años. (La plantación acelerada implica que el
cultivo es más propenso a polinizar antes de las primeras olas de calor,
manteniendo alto el rendimiento)Comentó que la semilla tiene un costo de
un 30 por ciento más elevado que las variedades estándares, pero el
resultado lo merita. Las precipitaciones siguen siendo vitales, aclaró,
pues sin ellas los cultivos no pueden prosperar. Pero si ocurriese un
desastre, el seguro de los cultivos lo protegerá.
Según Reifstack y
expertos en la agricultura, todos esos factores aumentan la capacidad de
recuperación y ellos probablemente mantendrán saludable la agricultura
del primer mundo para las generaciones venideras.
Robert O. Mendelsohn,
economista en Yale, especializado en temas climáticos, sugirió que con
el calentamiento pudiera ser necesario desechar la antigua idea de que algún
día todos los lugares podrán autoabastecerse de alimentos. Afirmó que
debe exhortarse a las regiones pobres, dependientes de las precipitaciones
impredecibles, a trasladar a los agricultores a zonas urbanas e importar
sus alimentos desde los países del norte.
Según los expertos, otra
opción es ayudar a las regiones pobres a mejorar sus pronósticos del
tiempo. En zonas de la India, los agricultores aún confían más en las
predicciones de los monzones de los astrólogos que en las de los meteorólogos
del gobierno.
Michael H. Glantz,
experto en riesgos climáticos del Centro Nacional para la Investigación
Atmosférica, que ha dedicado veinte años a la promoción de la adaptación
al calentamiento, ha instado a los países ricos a contribuir en el
establecimiento de un centro de vigilancia del clima y el agua en África
dirigido por africanos. Pero por el momento, duda que se pueda hacer
mucho.
Refirió que los países
del tercer mundo han estado solos y seguirán solos por mucho más tiempo.
(*)
Del Equipo de Traductores de Rebelión y Cuba debate.
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