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Estudios
sobre cambio climático, censurados por el gobierno estadounidense
Cuando la
ciencia incomoda a Bush
Por
Stephen Leahy (*)
Tierramérica, abril 2007
Científicos denuncian
intentos obsesivos de la Casa Blanca por amordazarlos y eliminar estudios
que no le gustan. Los intentos sin precedentes de la administración del
presidente George W. Bush de silenciar y suprimir resultados de
investigaciones que no le gustan, está poniendo en peligro la ciencia en
Estados Unidos, denuncian especialistas.
El caso de James Hansen,
experto en cambio climático de la Administración Nacional de Aeronáutica
y el Espacio (NASA) quien reveló en enero que fue censurado por el
gobierno, es la más reciente evidencia de la incomodidad de la Casa
Blanca con científicos que discrepan de sus posturas en temas
ambientales.
Ya en 2004 un prominente
grupo de científicos, que incluyó 20 premios Nobel y 19 galardonados con
la Medalla Nacional de la Ciencia, firmaron una carta abierta que acusó
al gobierno de Bush de tergiversar deliberadamente hechos científicos con
"fines político–partidarios".
La prestigiosa Academia
Nacional de Ciencias de Estados Unidos también exigió en 2004 dejar de
preguntar a los especialistas si apoyan a Bush cuando son entrevistados
para integrar comités de asesoramiento científico.
En 2002, el biólogo Mike
Kelly, del Servicio Nacional de Pesquerías Marinas, dimitió tras las
presiones que recibió para habilitar un mayor bombeo de agua para
irrigación desde el río Klamath, en el estado de Washington, que
beneficiaría a los partidarios locales de Bush y a contribuyentes de
agronegocios.
El análisis de Kelly
mostró claramente que reducir el agua del río dañaría al amenazado
salmón coho (Oncorhynchus kisutch), protegido por las leyes
estadounidenses. "Querían que hiciera algo ilegal y renuncié",
dijo Kelly a Tierramérica.
Figuras políticas, entre
ellas el consejero político de la Casa Blanca Karl Rove, reemplazaron el
análisis de Kelly y el agua fue desviada del río. Al año siguiente, más
de 30 mil salmones coho adultos y cientos de miles jóvenes murieron a
causa de los bajos niveles del agua, según el especialista.
"Cuando el gobierno
de Bush obtiene una respuesta científica que no le gusta, la elimina o la
cambia", aseguró Kelly, quien trabajó 10 años en la dependencia
pesquera de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmósférica
(NOAA, son sus siglas en inglés).
"Hay un intento
sistemático y obsesivo de controlar información, sin importar lo que la
ciencia encuentre", afirmó Jeff Ruch, director ejecutivo de Public
Employees for Environmental Responsibility (Empleados Públicos para la
Responsabilidad Ambiental).
"Cientos de
importantes estudios científicos e informes de campo locales son
cuestionados por razones extra–científicas", como cuando los
hallazgos científicos contradicen intereses políticos o
corporativo–empresariales, dijo Ruch a Tierramérica.
Los torpes intentos del
gobierno de Bush por eliminar las evidencias científicas en torno al
cambio climático, provocado por el calentamiento global, son los más
conocidos.
En septiembre de 2002,
funcionarios políticos, incluyendo a figuras que antes presionaron a
favor de compañías petroleras, eliminaron una sección sobre
calentamiento global del informe anual de la Agencia de Protección
Ambiental (EPA).
En junio de 2003, las
demandas de cambios extensivos en una sección sobre calentamiento global
de otro informe de la EPA obligaron a esa agencia a suprimir la sección
completa.
En el otoño (boreal)
pasado, funcionarios del gobierno ordenaron al prominente especialista
James Hansen de la NASA, que eliminara datos de Internet que sugerían que
2005 podría ser el año más cálido del que se tuviera registro.
Pronto se demostró que
Hansen tenía razón y acudió en enero a los medios de comunicación para
denunciar los muchos intentos de impedirle hablar sobre el cambio climático.
"A Hansen no se le
permitía hablar con periodistas sin permiso, y el permiso le fue denegado
varias veces", afirmó Tom Devine, director legal del no
gubernamental Government Accountability Project (GAP, Proyecto para la
Responsabilidad del Gobierno).
"Y cuando se le
permitía hablar, se suponía que debía presentar la otra cara (del
asunto) o enfrentar severas consecuencias", dijo Devine a Tierramérica.
"Es una intimidación sin precedentes y diferente a todo (lo que he
visto) en mis 27 años en el GAP".
También es ilegal bajo
las leyes estadounidenses que protegen a denunciantes de prácticas
corruptas dentro de su organización e impiden que los gobiernos silencien
a sus empleados. Sin embargo, la mayoría de los científicos no conocen
las leyes y rara vez luchan contra los intentos de amordazarlos, dijo.
"Nunca vi nada que
se acercara al grado de control sobre la información que fluye de los
científicos al público como el que hay ahora", afirmó
recientemente Hansen, que ahora es uno de los clientes de GAP.
Las consecuencias de este
abuso son funestas, según Michael Halpern, quien preside el Programa de
Integridad Científica de la estadounidense Union of Concerned Scientists
(Unión de Científicos Comprometidos). "Esta tergiversación de la
ciencia está debilitando lo que ha sido una parte enorme del éxito económico
de Estados Unidos", dijo Halpern a Tierramérica.
Esto también está
generando muertes innecesarias, dijo. Funcionarios políticos de la EPA, a
menudo provenientes del mundo de la industria, han ignorado
recomendaciones formuladas por científicos al establecer nuevas reglas de
contaminación del aire en relación a emisiones de mercurio y hollín.
También en la
Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA),
empleados eliminaron investigaciones que revelaban que el popular analgésico
Vioxx estaba vinculado a 139 mil ataques cardiacos y derrames cerebrales.
Funcionarios designados
por Bush no sólo han implementado reglas favorables a los negocios, sino
que también las elaboraron con base en su conservadurismo religioso,
aseguró Halpern.
En la FDA invalidaron
comisiones científicas y denegaron el acceso público a un anticonceptivo
de emergencia llamado "Plan B". Y en el gubernamental Instituto
Nacional del Cáncer han sugerido que existen vínculos entre el aborto y
el cáncer de mama, pese a que no hay una conexión científica, afirmó.
"Los políticos
necesitan acceder a información científica precisa e imparcial",
opinó Halpern. "Estamos enfrentando un problema sin precedentes que
amenaza a la democracia estadounidense", puntualizó.
(*)
Colaborador de Tierramérica.
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