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La bebida
de Coca Cola en la mira
Dasani:
¿Agua o veneno?
Por
Carlos Machado
Bolpress, 26/04/07
(Ecoportal).- En marzo de
2004, dos meses después de su lanzamiento en Gran Bretaña, la Coca Cola
debió retirar del mercado alrededor de 500.000 botellas del líquido, el
principio del fin para Dasani al menos en Europa, ya que, tras caer en
desgracia luego de dejar de ser comercializada en todo el Reino Unido, rápidamente
siguió el mismo camino en el resto del continente.
Al iniciarse el siglo
XXI, la empresa Coca Cola encontró una nueva veta para generar más
ingresos a su favor, habida cuenta del descenso en los índices
financieros que le dejaba la que había sido su gran estrella por varias décadas,
la bebida gaseosa homónima, y la deslucida performance de su intento con
la naranjada Fanta. Se trata del agua Dasani en sus dos versiones, sin gas
y gasificada, a las que posteriormente se sumaron las saborizadas –citrus,
durazno y limón- también en las dos versiones: sin gas y “finamente
gasificada”, como se lee en sus etiquetas.
Sin embargo, al comenzar
el año 2004 la transnacional recibió un duro golpe, si bien resultó más
duro el que la firma propinó a los usuarios que habían empezado a
consumir en todo el mundo el nuevo producto, como veremos. En marzo de ese
año, dos meses después de su lanzamiento en Gran Bretaña, la Coca Cola
debió retirar del mercado alrededor de 500.000 botellas del líquido, el
principio del fin para Dasani al menos en Europa, ya que, tras caer en
desgracia luego de dejar de ser comercializada en todo el Reino Unido, rápidamente
siguió el mismo camino en el resto del continente, al prohibir la Unión
Europea su venta en todos los países asociados, generándose un
impresionante impacto social y mediático.
El diario británico The
Independent había denunciado por entonces que esa bebida era simplemente
“agua de grifo proveniente del río Támesis” que la planta de Coca
Cola en la ciudad de Sidcup, al sureste de Inglaterra, se dedicaba a
procesar, embotellar y vender. Concretamente, que la bebida que Coca Cola
comercializaba como agua “pura” no provenía de manantiales ni de
otras fuentes naturales, sino directamente de la canilla.
Esa denuncia, de por sí,
era bastante impactante, pero lo peor llegó dos semanas después de
haberse publicado la misma, al confirmarse además que Dasani tenía el
doble de bromato que lo permitido, conteniendo de esa manera sustancias
cancerígenas, por lo que resultaba especialmente peligrosa si era bebida
en grandes cantidades. Ello como consecuencia del tratamiento que a esa
agua de canilla se le hizo con productos químicos, a fin de hacerla pasar
como “mineralizada” y competir así en el mercado con las verdaderas
aguas minerales. Como se dijo, los planes de Coca Cola para expandirse
hacia otros países europeos fueron cancelados de inmediato, pero las
malas noticias para la multinacional no terminaron allí.
El diario británico The
Guardian publicó, en su edición del 20 de marzo de 2004, que la Inspección
de Agua Potable, organismo que regula el suministro del agua pública en
Inglaterra y Gales, había confirmado que el chequeo del agua que llegaba
del Támesis a la planta de Coca Cola en Sidcup había arrojado que la
misma no contenía bromato. Pero todo quedó claro al revelarse que el
peligroso químico se generaba en alguna parte del proceso de tratamiento
que la empresa le realizaba al agua en su planta procesadora. Explicándole
a sus lectores el “modus operandi” de Coca Cola para crear Dasani, el
diario The Guardian señaló: “Sería algo así: tome agua del río Támesis
de la canilla en la fábrica en Sidcup; sométala a un proceso de
purificación y denomínela ‘pura’; agregue un poco de cloruro de
calcio que contenga bromuro, para darle el ‘sabor’; luego bombee
ozono, oxidando el bromuro, lo cual no es un problema, convirtiéndolo en
bromato, que sí lo es. Por último, envíe a los comercios botellas de
agua que contengan hasta el doble del límite legal de bromato, que es de
10 microgramos por litro”.
Y ésa es la cuestión,
como dijo el trágico Hamlet. El agua de canilla Dasani, a la que se
encubre como “pura”, contiene el doble de bromato permitido para el
consumo humano.
Dasani
que no has de beber...
Antes de ser lanzada en
Gran Bretaña, Dasani se estrenó en 1999 en Estados Unidos y al año
siguiente en Canadá. En América del Sur, apareció en Brasil en el 2003,
en Chile y Colombia en el 2005 y en Argentina y Uruguay a comienzos del
2006, entre otros países latinoamericanos desde el Río Bravo hacia
abajo.
Precisamente, la
respuesta de Coca Cola al desastre de Dasani en el Reino Unido fue
redoblar agresivamente la apuesta y proseguir con sus planes en Latinoamérica
para comercializar su nueva estrella, aprovechando el escaso control técnico
de los organismos estatales de los países de la región sobre los
procesos internos de las grandes compañías multinacionales. Y muy
probablemente también aprovechando la perenne corruptela imperante en los
países latinoamericanos, en especial el hecho de “mirar para otro
lado” cuando hay un buen puñado de dólares al alcance de la mano, además
de otros aspectos innatos de su idiosincrasia, como la desidia y la
indolencia.
Lo cierto también, además
de preocupante, es que los análisis que se realizan difícilmente
reflejan índices de bromato o lo hacen en pequeñas cantidades. Ello se
debe a que el análisis de los valores del bromato requiere de un
sofisticado procedimiento de cromatografía mediante espectrómetros de
plasma y masa, procedimiento que resulta muy caro y que no está
disponible en todos los países.
Así y todo, el efecto
cancerígeno del bromato de potasio fue reconocido por la Agencia
Internacional de Investigación para el Cáncer, en tanto la Organización
Mundial de la Salud (OMS) y la Organización para la Agricultura y la
Alimentación (FAO sus siglas en inglés), entidades de las Naciones
Unidas, declararon a ese aditivo mineral como “genotóxico carcinogénico”
asociado al cáncer. Concretamente el bromato de potasio, que es un
poderoso oxidante, además de muy peligroso de manipular ya que puede
inflamarse, produce cáncer y en consecuencia fue prohibido en la mayoría
de los países donde sus gobiernos protegen, real y efectivamente, a su
población, como es el caso de Gran Bretaña y el resto de la Unión
Europea.
Y el bromato fue
prohibido porque a través de pruebas de laboratorio se comprobó que
tiene acción nefrotóxica, carcinogénica y mutagénica. La prohibición
de su uso se debe a dos razones complementarias: una es la acción de
corto plazo, que puede ocasionar intoxicaciones graves por sobredosis e
incluso causar la muerte; la otra es una acción de largo plazo que puede
causar daños renales irreversibles, cáncer y mutaciones genéticas. Lo más
grave de estas últimas acciones es que son acumulativas, o sea que el
bromato de potasio permanece en los cuerpos acumulándose, sin que pueda
ser eliminado. Por si fuera poco, una intoxicación con ese aditivo puede
afectar también el sistema nervioso periférico, ocasionar graves
polineuritis –dolores intensos en brazos, piernas y hasta imposibilidad
de caminar-, y perjudicar al nervio auditivo ocasionando desde severas
hipoacusias hasta la sordera definitiva, resultando especialmente
sensibles a estos efectos los niños intoxicados.
El
gran negocio
En estos momentos, el
sector de agua embotellada es uno de los que está creciendo más rápidamente
en todo el mundo. En general, las fábricas de bebidas gaseosas y
refrescos toman agua del mismo sistema de donde se abastece la población,
sea municipal, privado u otro. En muchos casos, además del de Coca Cola,
el agua es procesada con químicos, luego se le agrega un “paquete” de
minerales y a ese resultado se le llama “agua mineral”. Gracias a esta
manipulación, las compañías del sector aumentan el precio del agua de
cañería más de mil veces y la venden embotellada.
En muchos países –se
han visto informaciones y blogs provenientes de varias regiones- la
población ha comenzado a resistirse a ese sistema, al que han definido
como “el agua para los ricos”. En este aspecto, fue notorio el amplio
despliegue promocional que Coca Cola para su nueva estrella Dasani realizó
a lo largo del año 2006 en la Argentina, principalmente en ámbitos
sofisticados y “fashion”, donde aparecen personajes del jet-set que,
como insistentes “figurettis”, se muestran en cuanto evento sea
posible para promocionarse ellos mismos y saltar a las revistas
“especializadas” sin importarles en realidad si se trata del
lanzamiento de una línea de ropa, una esponja o una nueva gaseosa, y
menos aún cómo está fabricada la misma. Lo cual captan muy bien las
multinacionales, que algo conocen de la psicología de los utilizables
buscones mediáticos, sabiendo que no van a husmear para nada en lo que
hace a la fabricación del producto.
Es así como vimos a
Dasani presente, entre otros eventos, en la muestra fotográfica de Henry
von Wartenberg en el Buenos Aires Fashion 2006; en la temporada invernal
de Las Leñas, donde instaló dos reductos en distintos puntos de elevación
hacia las pistas de esquí con mesas, sombrillas y espacios cubiertos para
comer y disfrutar del paisaje, la música y, por supuesto, de Dasani; en
la Feria Puro Diseño 2006; en el Fashion Buenos Aires 2006, donde
casualmente se expusieron fotografías de Charlie Mainardi inspiradas en
la temática “El agua y la ciudad” y donde los asistentes podían
informarse sobre “los beneficios que ‘Dasani Active’ y ‘Dasani
Balance’ brindan al organismo”; y en el torneo de Beach Polo realizado
en las exclusivas playas de Pinamar y Cariló.
Dejando el mundo
“fashion” y volviendo al otro extremo del espectro social, pudo
saberse que en abril de 2005 varias organizaciones no gubernamentales
mexicanas denunciaron que Coca Cola, entre otras empresas privadas,
buscaba adueñarse de los recursos hídricos en el estado de Chiapas,
principal zona de recarga de agua del país. Así lo reflejó el diario
mexicano La Jornada, al señalar que “empresas privadas como Coca Cola
buscan controlar las fuentes del líquido y expanden su presencia con
pretextos como la construcción de escuelas para llegar a las comunidades
donde adquieren los predios con cuerpos de agua”.
El mercado del agua
embotellada mueve hoy aproximadamente 22 mil millones de dólares anuales,
y las principales multinacionales que se reparten ese mercado son, además
de Coca Cola, Nestlé y Danone. Un investigador de la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM), Gian Carlo Delgado, sostiene que “Nestlé
opera en 130 países con dos marcas globales, cinco internacionales y
setenta locales, acaparando el 17 por ciento del valor del mercado mundial
de agua envasada, sin incluir las sociedades adquiridas en 2003”.
También los
investigadores canadienses Maude Barlow y Tony Clarke, por su parte,
afirman que una cuarta parte del agua embotellada que se vende es tomada
directamente de la canilla y luego procesada. Los mismos investigadores
citan además a un ex CEO de Perrier –a juicio personal la mejor soda
del mundo durante décadas, hasta que la compró Nestlé-, quien señaló:
“Todo lo que se tiene que hacer es sacar el agua a la superficie y luego
venderla por más de lo que cuesta el vino, la leche o incluso el petróleo”.
Final
con dudas
En la Argentina, además
de haber aparecido Dasani lanzada por Coca Cola, compiten precisamente
aguas embotelladas de las otras multinacionales mencionadas: Villa del Sur
y Villavicencio, de Danone, y Eco de los Andes, Nestlé y Glaciar, de
Nestlé. En varios de esos envases ya no figura, como era costumbre en
otros tiempos, el listado y cantidad de los minerales que contiene; y en
otras (aunque cuesta) solamente se lee –siempre con letra tan empequeñecida
que los consumidores seguramente evitarán observarla- nada más que el párrafo:
“Envasada en su planta embotelladora”, dando como dirección de la
misma un establecimiento ubicado en el Gran Buenos Aires, donde obviamente
no existen manantiales ni fuentes naturales. Sólo agua de la canilla.
Obviamente, Coca Cola ha
publicado solicitadas y su Directora de Comunicaciones para la Argentina,
María Marta Llosa, ha enviado varios correos electrónicos donde, en un
lenguaje convenientemente trabado y enredado -cosa que no explique mucho o
no explique lo inexplicable- trata de desmentir sin poder hacerlo lo de
“agua de la canilla” y, más aún, que Dasani no posee sustancias
cancerígenas, sin fundamentar esto ni informar de dónde obtienen el
agua. Por lo que al menos las dudas se mantienen, máxime cuando han
circulado cada vez más informaciones e investigaciones a través de,
entre otros, medios como los diarios británicos The Independent y The
Guardian, el sitio Democracy Now (EE.UU.), los diarios mexicanos La
Jornada y El Universal, los sitios ElMundoSalud.com (España), la Red
Amigos de la Tierra, las agencias de noticias EFE, Reuters, IBL News, etc.
Por otra parte, uno no
puede dejar de pensar en lo que están pasando desde hace varios meses
miles de habitantes, en el Gran Buenos Aires, de las zonas de Ezeiza y el
partido de Esteban Echeverría en general, donde no pueden consumir el
agua natural por estar aparentemente contaminada con uranio, que supera en
mucho los microgramos tolerados por el cuerpo humano, debido a una fuga
del mineral en los desprolijos vertederos de la cercana Central Atómica
Ezeiza. Esos pobladores, en consecuencia, hace tiempo que se ven obligados
a consumir agua embotellada, con los gastos que ello les origina.
A la luz de lo que
contienen aguas como Dasani y seguramente otras de la competencia, habida
cuenta de su forma de procesar y “mineralizar” agua de canilla, podría
inferirse que los pobladores de esa zona están saltando de la sartén al
fuego.
En cuanto a los
consumidores en general, tanto de la Argentina como de cualquier lugar del
mundo donde Coca Cola logró instalar su nuevo producto, ojalá puedan
llegar a saber a qué atenerse.
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