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Desastre
en la central atómica más grande del mundo
Se acaba
con uno de los mitos de la industria nuclear
Por
Marina Forti (*)
Il Manifesto, 18/07/07
Sin Permiso, 22/07/07
Traducción de Leonor Març
Al menos 1.200 litros de
agua radioactiva vertidos al mar, bidones de escoria desventrados, fugas
de isótopos radioactivos en la zona. Los dirigentes de la central nuclear
más grande del Japón (y del mundo) lo admiten: el terremoto del pasado
lunes ha provocado un desastre. La planta está ahora cerrada, mientras
arrecia la polémica sobre la seguridad.
Muy otra cosa que una
"pequeña fuga" radioactiva, "sin consecuencias"
medioambientales. Los directivos de la central nuclear de
Kashiwazaki-Kariwa, en Japón, han tenido que acabar admitiendo ayer que
son, por mucho, las más graves consecuencias del terremoto acaecido el
lunes en la provincia Niigata, en la isla de Honsu, doscientos kilómetros
al norte de la capital, Tokio.
Admisiones, a
cuentagotas. Primero, el volumen de agua vertida a la bahía situada
frente a la central: son 1.200 litros, no el litro y medio de que se habló
el primer día. Luego, la agencia informativa Kyodo ha divulgado que un
centenar de barriles de escoria de baja radioactividad resultaron
afectados por la sacudida y que otros tantos se han desprecintado. La
noticia fue confirmada ayer al mediodía por un portavoz de TEPCO (Tokyo
Electric Power Company, la empresa que gestiona la planta electronuclear),
quien añadió que sólo la mitad de los 22 mil barriles de escoria
radioactiva almacenados cerca de la central estaba hasta ahora bajo
control. No sólo: admitió que se habían producido emisiones a la atmósfera
de "pequeñas cantidades" de sustancias radioactivas:
cobalto-60, yodo y cromo-51.
Ahora, 12 mil personas
acaban de ser evacuadas de la ciudad de Kashiwazaki, con cerca de 95 mil
habitantes y aledaña a la más grande central nuclear del mundo. Buena
parte de los refugiados han pasado la segunda noche acampados en escuelas
y barracones de fortuna; no será la última. El seísmo, de magnitud 6,8,
ha matado a 9 personas y herido a un millar, ha destruido o dañado casi
800 casas, hecho impracticables vías y puentes, cortado el suministro de
agua, gas y electricidad y averiado diversas instalaciones industriales de
la zona: gravoso balance. Pero seguramente la más grave secuela tiene que
ver con la seguridad nuclear.
"Creo que las
centrales nucleares sólo pueden ser gestionadas contando con la confianza
de los ciudadanos", dijo ayer el primer ministro japonés Shinzo Abe.
"Por eso, si pasa algo, hay que notificarlo de manera clara e
inmediata". Destinatarios de la regañina son los dirigentes de
TEPCO, quienes el lunes habían minimazo las cosas al punto de
esconderlas. Inmediatamente después del seísmo, se declaró un incendio
cerca de un transformador de la central. Las llamas fueron dominadas en
cosa de dos horas: nada grave, conforme a los directivos de la planta,
ningún peligro. Pero no era así, y ahora todos los comentarios se
resumen en una exigencia: ¿cuáles han sido las reales consecuencias del
terremoto que ha sacudido la región de Niigata?
El ministro de industria
ordenó ayer la desactivación de la central Kashiwazi-Kariwa, con sus 7
reactores nucleares, hasta que no esté definitivamente garantizada la
seguridad: un trecho te tiempo todavía por determinar. Hay quien expresa
sus dudas sobre el abastecimiento de Tokio: capaz de generar 8.212
megawatios, la central suministra buena parte de la electricidad consumida
en la capital japonesa, que se halla ahora en el pico de consumo debido a
los calores estivales. Por ahora, los suministros están asegurados, dice
la empresa, cuyas acciones, empero, bajaron ayer un 1,1%, más que el 0,2%
del total de pérdidas registradas en el conjunto del índice Nikkei.
El portavoz de TEPCO que
compareció ayer ante los periodistas dijo que los siete reactores de la
central fueron diseñados para resistir terremotos: pero sólo hasta
cierta intensidad, inferior a la magnitud del seísmo registrada el lunes.
Se ha desplomado así uno de los últimos mitos de la industria nuclear:
que es posible construir plantas de todo punto capaces de resistir hasta
terremotos.
(*)
Marina Forti es una
periodista especializada en problemas ecológicos y mediombientales que
escribe regularmente en el cotidiano comunista italiano Il Manifesto.
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