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La
cara siniestra de los biocombustibles
Horror
en la “California” Brasileña
Por Raúl Zibechi
InfoMORENO Nº 209,
13/08/07
Brasil
apuesta a convertirse en una gran potencia emergente gracias al liderazgo
que mantiene en la producción de biocombustibles. El precio de esa ambición
lo pagan el medio ambiente y los cortadores de caña, quienes siguen
siendo la parte invisible de esta historia.
'Cuando
el avión pasó echando aquel baño de veneno mi padre quedó todo mojado,
quedó muy mal con el veneno que le echan a la caña. Está acabando con
mucha gente joven', dice una cortadora de caña de la región de
Ribeirao Preto, en el estado de São Paulo.
'La
gente trabaja y ellos les dan un papel para que compre en el supermercado.
La gente no ve dinero, sólo ve la cuenta de lo que debe', asegura un
trabajador de la misma región, donde siete de cada diez cortadores de caña
no terminaron la escuela primaria” (1).
Otros
cortadores aseguran que son engañados por las balanzas que controlan los
patrones, y calculan que tienen que llevar 110 kilos para que la balanza
marque 100. Casi todos fueron arrancados del Nordeste con promesas de que
ganarían salarios muy altos. Las condiciones de trabajo recuerdan a
muchos analistas moderados el período de la esclavitud. Pero el
presidente Lula dijo ante la Cumbre del G–8 que los biocombustibles
tienen 'enorme potencial para generar empleos e ingresos' y que
'ofrecen una verdadera opción de crecimiento sustentable'(2)
Detrás
de un lenguaje 'políticamente correcto' se esconde una realidad que está
llamada a destruir la Amazonia, destruye millones de cuerpos jóvenes y
promete jugosos negocios a los inversionistas. El propio nombre de
biocombustibles parece ser destinado a fomentar la confusión. João Pedro
Stédile, dirigente de los ´Sin Tierra´ de Brasil, apunta que los
defensores del etanol 'utilizan el prefijo bio para dar a
entender que es una cosa buena', por eso ellos prefieren hablar claro y
los llaman 'agrocombustibles', porque se trata de una energía producida
en el agro´ (3).
Volver
cuatro siglos atrás
Según
el ex gobernador del estado de São Paulo, Claudio Lembo, con los
agrocombustibles el monocultivo se extenderá a todo el país. Aunque es
un político conservador miembro del Partido del Frente Liberal (ahora
Partido Demócrata), cree que Brasil 'recorrió quinientos años para
volver al mismo lugar' que tenía cuando era colonia portuguesa. En
su opinión, las tierras dedicadas a la agricultura se perderán al usarse
para caña de azúcar y se repetirá la historia de estos cuatro siglos,
cuando 'millares fueron expulsados de sus comunidades por el Leviatán
del monocultivo, que crea riqueza concentrada´ (4).
Mirando
más de cerca las condiciones de trabajo de los cortadores de caña
aparece un mundo terrible que debería hacer reflexionar a quienes están
entusiasmados con la propuesta de sustituir los combustibles fósiles por
los agrocombustibles. Según varios informes, alrededor de un millón de
personas trabajan en la industria, de las cuales 500 mil están en el
sector agrícola.
Cerca
del 80% de la recolección de caña es manual. A los trabajadores sólo se
les paga si llegan al rendimiento exigido por los patrones, que se sitúa
en la región de Ribeirao Preto en unas 12 toneladas por día, el doble
que en 1980. Si no llegan, no se les paga nada (5).
Para
alcanzar ese rendimiento deben trabajar unas 10 a 12 horas por día, pero
a veces 14, mucha de ellas bajo un sol ardiente. Muchos padres llevan a
sus hijos pequeños para que los ayuden a llegar a esa meta de producción.
Aunque la cantidad de menores que trabajan ha disminuido, en 1993 uno de
cada cuatro cortadores de caña tenían entre siete y 17 años en el
estado de Pernambuco, y muchos no recibían ningún salario. En las dos últimas
zafras murieron 14 personas por exceso de trabajo. Los cortadores son
reclutados en otras regiones y deben vivir en la misma hacienda, en cabañas
sin colchones, sin agua ni cocina; deben cocinar en latas sobre pequeñas
hogueras y los alimentos los tienen que comprar en la propia hacienda a
precios muy por encima de los del mercado.
La
caña se corta luego de ser quemada, lo que facilita la recolección pero
perjudica gravemente el medio ambiente y produce afecciones pulmonares. En
el municipio de Piracicaba, en Sao Paulo, las internaciones de niños con
problemas respiratorios aumentan un 21% durante los períodos de quema de
caña. Por cada diez toneladas el cortador debe dar unos 72 mil golpes con
su machete, hacer 36 mil flexiones de pierna, pierden cerca de diez litros
de agua por día y caminan diez kilómetros diarios mientras realizan su
trabajo. El salario mensual oscila entre 150 y 200 dólares al mes. Según
el sociólogo Francisco de Oliveira, la vida media de los cortadores es
inferior a la de los esclavos de la colonia (6).
El
ministro de Trabajo, Carlos Lupi, confesó ante la Conferencia
Internacional de Trabajo en Ginebra que una parte de la producción de caña
en Brasil se hace con trabajo degradante y en pésimas condiciones: ´Trabajan
sin protección y hasta pierden los dedos´('7).
María Aparecida de Moraes Silva, que viene estudiando desde hace 30 años
el trabajo en los cañaverales, asegura que el 45% de los cortadores
provienen del Nordeste. Los migrantes son preferidos por los empleadores
porque al estar lejos de sus familias soportan las imposiciones sin
protestar y luego de los siete meses que dura la zafra retornan a sus
pueblos, de modo que tienen más dificultades para organizar sindicatos
(8).
Eso
que llaman progreso
Poco
a poco se están introduciendo máquinas cosechadoras que realizan el
trabajo de cien personas. Por ese motivo los hacendados han aumentado las
exigencias de productividad a los cortadores. Les exigen que corten la caña
más cerca del suelo, como hacen las máquinas. El resultado es que ahora
eligen trabajadores cada vez más jóvenes que reciben un dólar por
tonelada.
El
diario económico Jornal do Valor explica cómo caen en la
servidumbre: 'Hay un intermediario de la mano de obra que recorre los
estados más pobres, en especial el Norte y el Nordeste. Escogen a los más
jóvenes. Al entrar al ómnibus para ir hasta la ciudad donde los
contratan, el cortador contrae su primera deuda con el transporte. El
intermediario gana 60 reales (30 dólares) por cada trabajador que lleva.
No es raro que sea también el responsable por la venta de las primeras
mercaderías que necesitan los trabajadores. Se convierten en 'dueños' de
esa mano de obra a medida que las deudas se acumulan' (9).
La
expansión de los cultivos de caña destruye la convivencia social. En la
región donde está la pequeña ciudad de Delta, en el estado de Minas
Gerais, fueron plantadas 300 mil hectáreas en los últimos cuatro años.
La ciudad tiene cinco mil habitantes que se convierten en 10 mil durante
la cosecha. Según un informe del diario Correio Braziliense la
pequeña ciudad comenzó a registrar tasas de homicidio inimaginables
antes de la multiplicación de los cultivos de caña. Muchas niñas y
adolescentes son secuestradas para engordar la prostitución en la región,
a la que llegan unos 20 mil cortadores todos los años. Los cortadores
engrosan las periferias de las pequeñas ciudades donde se multiplica el
alcoholismo y el consumo de crack.
La
expansión y modernización de la industria de la caña desborda pueblos y
municipios. José Eustaquio da Silva, alcalde de Delta, reconoció que 'el
municipio está en colapso. Los puestos de salud, hospitales y escuelas
están abarrotados, y lo peor es que junto con los trabajadores viene toda
clase de gente y bandidos'. En Delta no hay siquiera un hotel, pero
existen 27 burdeles. Los periodistas descubrieron que varias
personalidades del municipio están involucradas en el tráfico de menores
y en casos de pedofilia con hijos de los cortadores de caña. Los
intermediarios (a los que llaman 'gatos') van armados e imponen su ley.
Stédile
suele poner siempre el mismo ejemplo para ilustrar los problemas sociales
que genera el monocultivo. 'El municipio de Ribeirao Preto en el
centro de São Paulo es considerado la 'California brasileña' por su
elevado desarrollo tecnológico en la caña. Hace 30 años, esa ciudad
producía todos los alimentos, tenía campesinado en el interior y, de
hecho, era una región rica y con distribución equitativa de la renta.
Ahora es un inmenso cañaveral, con unas 30 usinas que controlan toda la
tierra. En la ciudad hay 100 mil personas que viven en favelas (de los 540
mil habitantes del municipio). La población carcelaria es de 3,813
personas—sólo adultos—mientras que la población que vive de la
agricultura y tiene trabajo allí es de solamente 2.412 personas contando
los niños. Es el modelo de sociedad del monocultivo de la caña. ¡Hay más
gente en la cárcel que dedicada a la agricultura!' (10).
En
la zafra de 2007 se producirá otro 'avance' tecnológico: por primera vez
se recogerá caña genéticamente modificada. Es más liviana y elimina más
agua por lo que dará grandes ganancias a los empresarios. Pero los
trabajadores tendrán que cortar tres veces más para llegar a las 10
toneladas. En esta región los empresarios despiden cada poco tiempo gran
cantidad de cortadores para quedarse con los mejores. Son los llamados
'campeones de productividad', que pueden cortar hasta 20 toneladas
diarias, con un promedio mensual de 12 a 17 toneladas por día (11).
Como los trabajadores sufren convulsiones, calambres, dolores de columna y
tendinitis, además de los frecuentes cortes, los empresarios encontraron
una 'solución técnica'. Las usinas distribuyen de forma gratuita un
repositor hidroelectrolítico y vitamínico indicado para deportistas o
trabajadores con intensa actividad física. En muchas usinas los
cortadores ingieren ese producto antes de comenzar el trabajo. 'Los
dolores del cuerpo desaparecen, los calambres disminuyen y la
productividad aumenta', dice Pereira Novaes. El problema es que todos
los meses tienen que aumentar la dosis.
'Con
sueros y medicamentos se mantiene la elevada productividad exigida por la
caña. Como en un proceso de 'selección natural',
sobreviven los más fuertes. Pero la pregunta es: ¿cómo y hasta cuándo
sobreviven? Sueros y medicinas pueden ser vistos como expresión de la
paradoja de un tipo de modernización y expansión de los cultivos de caña
que dilapida la mano de obra que los hace florecer', insiste Pereira
Novaes. No hay datos oficiales pero lo cierto es que son muchos los
trabajadores jóvenes que se jubilan por invalidez y son decenas las
muertes por fatiga en la 'California brasileña'.
Los
grandes ganadores
En
Brasil la producción de caña comenzó en 1550, pero su gran expansión
se produjo desde 1970 impulsada por el aumento de los precios del petróleo.
La vegetación de la costa atlántica se redujo a la mitad siendo la más
afectada por esta expansión, pero ahora los cultivos de caña avanzan
hacia el centro–oeste, donde se prevé que el rico bioma de los Cerrados
desaparecerá hacia 2030 a manos de los monocultivos. En los próximos
siete años Brasil duplicará su producción de etanol y deberá producir
casi un 50% más caña, lo que supone construir otras cien usinas para
2010.
No
quedan ahí las cosas. El Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social
(BNDES) pretende que Brasil llegue a controlar el 50% del mercado mundial
de etanol. Esto implica pasar de los 17 mil millones de litros actuales a
110 mil millones anuales para lo que será necesario plantar unas 80
millones de hectáreas. O sea, destruir la Amazonia. El gobierno ha tomado
este sector como su principal estrategia de desarrollo. El BNDES, que
tiene más recursos que cualquier otro banco regional incluyendo al BID,
estima invertir seis mil millones de dólares en usinas y plantaciones de
caña.
Pero
Brasil quiere expandir los agrocombustibles a toda la región. Los planes
inmediatos consisten en llevar la producción a países de América
Central y el Caribe que ya cuentan con tratados de libres comercio con
Estados Unidos (como el CAFTA), para eludir los aranceles a la importación
que mantiene Washington. 'El objetivo es llevar hasta esos países el
producto casi terminado', dice el semanario Peripecias, 'completar
el proceso en esas naciones y desde allí entrar al mercado de Estados
Unidos'. El banco brasileño financia las inversiones en esos países,
pero además está negociando una participación accionaria de hasta el
30% en los proyectos centroamericanos.
En
opinión de Stédile, en el proyecto etanol confluyen tres grandes
sectores: 'Las petroleras (que quieren disminuir la dependencia del
petróleo), las empresas del agro (como Bunge, Cargill, Monsanto) que
quieren seguir monopolizando el mercado mundial de productos agrícolas,'
y ahora los capitales transnacionales que hacen 'una alianza con los
propietarios de tierra en el sur, y en especial en Brasil, para utilizar
grandes extensiones de tierra para la producción de agrocombutisbles'(12).
El
panorama que se avizora no es alentador. En vez de presionar para
modificar el patrón de consumo y la matriz energética, en particular en
el transporte, los grandes inversionistas como George Soros y las grandes
empresas como Cargill se están posicionando en la producción brasileña
de etanol para aumentar sus ganancias. El calentamiento global así como
las condiciones de trabajo de los cortadores de caña no entran dentro de
sus preocupaciones.
Notas:
1) Testimonios recogidos
por la Comisión Pastoral da Terra y reproducidos por Núcleo Amigos da
Terra Brasil, p. 15.
2) Luiz Inácio Lula da
Silva, ob. cit.
3) Carlos Vicente, ob.
cit.
4) Estado de São Paulo,
13 de marzo de 2007, en www.estadao.com.br
5) Todos los datos
provienen del estudio del Núcleo de Amigos da Terra Brasil.
6) Francisco de Oliveira,
en Folha de São Paulo, 27 de mayo de 2007.
7) O Estado de São
Paulo, 11 de junio de 2007.
8) Maria Aparecida de
Moraes Silva, entrevista en revista Instituto Humanitas Unisinos en
www.unisinos.br
9) Jornal do Valor, Sao
Paulo, 17 de mayo de 2007.
10) Carlos Vicente, ob.
cit.
11) José Roberto Pereira
Novaes, ob. cit
12) Carlos Vicente, ob.
cit.
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