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Cinco mitos sobre los agrocombustibles
El costo ecológico y social
Por François Houtart
La Haine, 08/09/07
Los cinco mitos a propósito de los
agrocombustibles son bien ilusorios: los agrocombustibles son limpios
y protegen el medio ambiente; no provocan deforestación; permiten el
desarrollo rural; no provocan el hambre; los de segunda generación
son inminentes. Ponencia presentada el 6 de Agosto 2007, en el
Seminario internacional: Crisis planetaria, Derechos humanos y
Agrocombustibles, diagnósticos, análisis y alternativas, sobre los
Agrocombustibles organizado en Bogotá por la Comisión Intereclesial
Justicia y Paz.
La cuestión de los agrocombustibles explotó
realmente en los últimos años, lo que no cayó del cielo. Se escribe
en una larga historia.
1. La energía como historia del dinamismo humano
La utilización de la energía está a la base de
la actividad agrícola, artesanal e industrial. Los mitos griegos de
Prometeo que encuentra el fuego y de Sísifo que trata de vencer la
ley de la gravedad, indican la vinculación entre la energía y la
vida humana. Las energías naturales fueron utilizadas desde el
principio de la humanidad como mecanismo de sobrevivencia. Es en el
periodo contemporáneo de la historia que se utilizaron energías fósiles
y minerales, del carbón al uranio, como base de la transformación de
los recursos naturales y finalmente de la industrialización.
La filosofía del progreso, del siglo de las
Luces hizo pensar a la posibilidad para la humanidad de un progreso
sin fin, basado sobre una materia energética inagotable. En el campo
económico, el capitalismo, como organización económica de la
producción y de la distribución se construyó sobre la utilización
de energía tanto para producir como para transportar y como la base
fundamental de su lógica es el valor de cambio, es decir la
posibilidad de intercambiar de productos y servicios como base de
ganancia y de acumulación, su desarrollo fue íntimamente vinculado
con las fuentes energéticas.
En su fase neoliberal, que significa liberar las
fuerzas del mercado para resolver la crisis de acumulación, hubo una
verdadera explosión de la utilización de energías. El resultado fue
el aumento espectacular de la producción de CO² en la atmósfera y
finalmente el calentamiento acelerado del clima. Al mismo tiempo,
estamos llegando al fin del ciclo hidrocarburo, con el agotamiento
previsible del petróleo y del gas. Todo eso ha llegado a la
conciencia mundial, alertada por los especialistas de la climatología
y por las consecuencias ya visibles de este tipo de utilización de la
energía y de sus consecuencias. Sin embargo, se trata realmente de
una crisis del modelo de desarrollo, porque es cada vez más claro que
no se puede continuar así, destruyendo la naturaleza por el proceso
mismo de producción, de transporte y finalmente de consumo.
2. La respuesta a la crisis
La toma de conciencia que se nota mundialmente ha
llevado, en el cuadro de las Naciones Unidas, a tomar medidas, como
propuesto en la conferencia de Río de Janeiro en 1992, poniendo en
relieve el concepto de desarrollo sostenible y en la Conferencia de
Kyoto, tratando de disminuir la producción de CO² en la atmósfera,
este último tratado firmado por la mayoría de los países, con
excepción de los Estados Unidos, de Australia y de China. Por otra
parte, la película de Al Gore: Una verdad incómoda, ha alertado
también una gran parte de la opinión pública a la escala mundial
sobre el calentamiento del clima. Sin embargo, Al Gore llega a
conclusiones que no son las más fundamentales, sino centradas sobre
los comportamientos individuales y el aspecto moral y religioso de
estos últimos y no sobre el cambio de sistema de consumo.
De hecho, el modelo capitalista de desarrollo
necesita cada vez más energías. Por eso se piensa ahora a nuevas
energías. Sin embargo, el modelo de consumo y de desarrollo apenas se
cuestiona. Las gasolinas son pintadas de verde. Las empresas
petroleras son presentadas en la publicidad como benefactoras de la
humanidad y protectoras del medio ambiente. Se habla hoy también de
petróleo verde o fresco y de las "bioenergías" como
soluciones. Debemos recordar que bio significa vida y el término está
utilizado para fomentar la idea que este tipo de energías va a
resolver no solamente la necesidad de fuentes nuevas, sino también el
problema climático.
En breve, se trata de un nuevo canto sobre la
solución: todo debe ser sostenible y eso puede realizarse dentro de
la lógica del capitalismo. En abril 2007, el periódico
norteamericano US Today, publicaba una advertencia diciendo: "Cómo
enriquecerse con el calentamiento del planeta?" Pero la realidad
es bien diferente.
3. La realidad
a) El consumo de energía
El consumo de energía según el modelo actual
crece de manera muy rápida. La estimulación del consumo mundial
general entre 2003 y 2030 es de un aumento del 60%. Para la
electricidad, se consumía en el año 2000, 14.767 mil millones de
kilowatios en el mundo. Se prevea para 2025 un consumo de 26.018 mil
millones de kilowatios. Para el petróleo, en 1973, el consumo era de
4.606 Mtoe (millones de toneladas) y en 2003 el consumo era de 7.287
Mtoe. El petróleo se consume en particular en el transporte (el 58%
en 2003, por el 45% en 1971). La industria consume el 20% de la
producción petrolera (Elizabeth Bravo, 2007, 13).
Frente a la crisis petrolera y a la explosión de
los precios, se exploran ahora varias fuentes de energía sostenibles:
la energía solar, la energía del viento, del mar, de los ríos, el
hidrógeno. Sin embargo, a medio plazo, éstas representan un
porcentaje mínimo de las necesidades previsibles. La energía
nuclear, muy discutida en función de los peligros de la producción y
del problema de los deshechos, no va a representar más del 10% del
consumo energético en los países industrializados. En Europa se ha
decidido de utilizar 20% de agrocombustibles para el año 2020, lo que
representará, en el mejor de los casos, el equivalente al crecimiento
del consumo durante el mismo periodo. Todo eso conduce a la conclusión
que la nuevas fuentes de energía no van a poder responder al tipo de
consumo que tenemos actualmente y a la previsiones de aumento para el
futuro.
b) Los agrocombustibles y el clima
Los agrocombustibles son de dos tipos, el etanol,
que es un alcohol producido a partir de la caña de azúcar, del maíz,
del trigo y el biodiesel, que es la producción de aceite a partir de
la soya, del colza o de la palma. Según varias fuentes, el consumo de
estas energías produce menos gases invernaderos que el petróleo o el
gas, es decir que la combustión es algo más limpia. Sin embargo,
este cálculo parece insuficiente para llegar a una conclusión
definitiva. Si se toma el proceso completo de la producción, cada
tonelada de biodiesel producido a partir de la palma aceitera por
ejemplo, emite más CO² que el petróleo. El etanol producido a
partir de la caña sembrada en la selva tropical, produce una vez y
media más de gas a efectos invernaderos que el petróleo. Es decir
que para hacer un cálculo real, debemos tener en cuenta muchos más
elementos que solamente el resultado de la combustión (Eric Holtz
Gimenez, 2007, 26).
Por otra parte, el retorno en términos de
producción de energía es menos alto para estas energías, que el
petróleo. Así, para un resultado de 100 con la utilización de energía
fósil, el etanol producido a partir del maíz llega al 0.78%, y a
partir de la madera, al 0.63%. El diesel producido a partir de la
soya, da solamente el 0.53% de la energía fruto del petróleo.
Significa que se debe utilizar más materia original para producir el
mismo nivel de energía. La palma aceitera es probablemente una de las
soluciones más eficaces porque ésta produce 5 toneladas por hectárea,
lo que es una productividad bastante alta (Elizabeth Bravo, 2007, 33).
Para llegar a estos resultados, en muchos casos,
se destruye los bosques primarios y las selvas. Así, Malasia e
Indonesia han visto sus selvas disminuir de más de 80% en los últimos
veinte años, principalmente en función de la extensión de la palma
aceitera. Evidentemente, este fenómeno no fue principalmente causado
por la utilización de agrocombustibles, sino en función de la
demanda acelerada de las industrias farmacéuticas, alimentarias y
cosméticas. Sin embargo, el futuro y las nuevas extensiones están
vinculadas con la producción de energía. Una situación muy similar
se plantea para la selva amazónica, que está en disminución y tiene
el gran peligro de ser más destruida en los años que vienen, por la
extensión de varios monocultivos, como la soya, el eucalipto y la caña
de azúcar y el desplazamiento de la frontera agrícola que ella
provoca. Todo eso significa también una fuente de cambios climáticos
importantes que al fin de cuenta, son más destructivos para la selva
original, que la extensión misma de los monocultivos.
La utilización de fertilizantes y de pesticidas,
producidos con energía fósil es también un factor de destrucción
ecológica. Los monocultivos los utilizan de manera intensiva, con un
esparcimiento por avionetas, que no hace ninguna distinción dentro de
la biodiversidad existente. Recordamos que actualmente, se utilizan 45
millones de toneladas de estos productos químicos cada año en el
mundo y que se debe disminuir esta cantidad de manera rápida para
salvar los suelos y el agua. También se debe añadir el transporte de
los productos agrícolas originales hasta los ingenios para su
transformación, de los ingenios a los puertos, de los puertos en
barco hasta los lugares de consumo, operaciones que utilizan energías
petroleras y se añaden a la factura ecológica.
c) La destrucción del entorno ecológico
Ya hemos hablado de los bosques, pero se debe añadir
la biodiversidad. Los monocultivos son causas de desaparición de la
fauna y de la flora. En el Chocó colombiano, por ejemplo, en las
inmensas plantaciones de palma aceitera, ya no hay ni pájaros en el
cielo, ni peces en los ríos. Se destruyen también los suelos, por la
utilización de pesticidas, y el agua, por la contaminación que causa
no solamente la extinción de especies de peces, sino provoca un
enorme problema para el consumo humano. Ciertos cultivos utilizan
también un volumen de agua muy importante, que está desviada de
otras producciones naturales, o que se agota (Victor Guitara, 2007).
Los deshechos son importantes y se nota una pérdida
de carbono del suelo, provocado por el monocultivo de ciertas
plantaciones. Finalmente, la utilización de transgénicos empieza a
ser masiva. El presidente Lula habló de "la soya buena y de la
soya mala", la mala, la transgénica será reservada a la
producción de energía y la buena, para el consumo humano. Pero esto
no toma en cuenta el peligro de contaminación entre los dos tipos de
soya que muy a menudo coexisten en el mismo territorio.
d) La destrucción humana
Lo más fundamental en este proyecto de producción
de agro combustibles es que el modelo actual, el monocultivo,
significa la destrucción de la agricultura campesina, lo que
corresponde al proyecto mundial del Banco Mundial, de hacer pasar la
agricultura de la producción campesina a un modelo productivista de
tipo capitalista, lo que significa la desagregación de comunidades
indígenas (en Indonesia, en Papúa Nueva Guinea, en América Latina)
y de afro descendientes y también la destrucción de los pequeños
campesinos, a veces de manera brutal. En el caso de Colombia, eso se
realiza con la ayuda del ejército y de los paramilitares que no dudan
en masacrar la gente. Enfermedades se desarrollan entre la gente
expuesta a los productos químicos. Se nota un número anormal de
casos de cáncer, de anemias, de leucemias dentro de los que viven en
estas regiones (Elizabeth Bravo, 2007, 65).
El resultado es un éxodo urbano enorme, que
amplia las zonas de barrios marginales en las grandes y medianas
ciudades y una migración internacional, por falta de empleo rural.
Cuando la agricultura familiar genera 35 empleos por 100 hectáreas,
las cifras son 10 para la palma aceitera y la caña de azúcar y
solamente medio empleo, por hectárea para la soya (Eric Holtz Gimenez,
2007).
La violencia utilizada para obligar los
campesinos y las comunidades a quitar sus territorios ha provocado la
emergencia de movimientos de resistencia armada en Indonesia y es al
origen de una gran parte del fenómeno de los desplazados en Colombia,
estimados a más de tres millones de personas (Ricardo Carrere, 2006,
13). Este modelo de producción significa también una pérdida de la
soberanía alimentaria de las comunidades locales. El monocultivo no
permite la producción de alimentos diversificados. Cuando se utilizan
para el agrocumbustible, granos básicos que sirven a la alimentación,
se nota también un aumento de los precios. Así, en México, el
precio del maíz aumentó considerablemente, ya que el país es
importador de maíz de los Estados Unidos, donde este producto está
utilizado dentro del plan del presidente Bush para producir etanol. Se
prevee entre 2007 y 2010 un aumento de los precios de los cultivos agrícolas
sirviendo al agrocombustible del 20 al 30% y entre 2007 y 2020 del 26
al 135% (Eric Holtz Gimenez, 2007, 27).
e) La concentración de los poderes económicos
Los monocultivos refuerzan el poder de los
grandes propietarios y también de las multinacionales. Se observa, en
un país como el Brasil, una coalición entre cuatro tipos de
multinacionales. Las petroleras que quieren guardar el control de la
producción energética, como el caso de Epson, Shell, Total, Repsol;
las multinacionales del agrobusiness, con una gran extensión de sus
actividades productivas. Se trata en particular de las empresas
siguientes: ADM (Archer Daniels Midland), Monsanto, Bunge, Cargill.
Las transnacionales de biotecnología como Monsanto y Aventis–Novartis
y finalmente las multinacionales del automóvil, que quieren continuar
su progresión adaptándola progresivamente a los nuevos combustibles.
f) Reproducción de las relaciones Norte–Sur
Como las sociedades energívoras del Norte, no
pueden autoabastecerse, tienen que encargar al Sur la producción
adicional. Sin embargo, el proceso queda principalmente controlado por
los poderes económicos del Norte: procesamiento, fijación de los
precios y comercialización. Son las multinacionales del Norte que
dominan el sector y que hacen las ganancias las más altas. Todo eso,
para conservar el nivel de consumo del Norte y del más o menos el 20%
de la población del Sur, que ha conocido un crecimiento económico
espectacular dentro del modelo neoliberal. Así, se refuerza una
burguesía comprador en el Sur, con su modelo propio de consumo y se
sacrifican en el Sur tierras necesarias para la producción de
alimentos y bosques que son los pulmones de la humanidad.
4. Las políticas actuales
En Europa, la situación es la siguiente: en
2004, cada persona producía 11 toneladas de gases invernaderos por año.
El fenómeno está en aumento en España y en Italia y en diminución
relativa en Alemania, Dinamarca y Finlandia. Los agrocombustibles son
producidos a partir del colza, de la soya, del girasol y de la palma.
El proyecto para 2010 es de llegar al 5.75% de agrocombustibles en los
transportes públicos, lo que significará la utilización de entre el
4 y el 13%, según los países, del total de las tierras agrícolas.
Los acuerdos de Kyoto piden que el 20% del total de consumo de
combustibles sea de tipo sostenible para el año 2020, lo que
significará una utilización todavía más intensiva de las tierras
del Norte para la producción de energías y el recurso al Sur, porque
ellas no bastarán.
La política europea consiste también a dar
subsidios para favorecer este tipo de fuentes de energía. En 2006, la
producción de un barril de biodiesel recibía un subsidio de 72 dólares;
el etanol 100.07, cuando el barril de petróleo costaba más o menos
70 dólares. Por otra parte, los subsidios a la producción agrícola
eran, en 2005, de 45 euros por hectárea, para 500.000 hectáreas de
tierras este mismo año. Finalmente, hay una disminución del 50% de
los impuestos para la importación de agrocarburantes. Para responder
a las aplicaciones de los acuerdos, la necesidad de importar es
grande, Europa necesitaría tantas hectáreas más de sus tierras agrícolas
lo que no será posible. En Holanda, por ejemplo, eso significaría la
utilización de 2.54 más tierras que el total del área agrícola
existente.
En los Estados Unidos la situación es bastante
similar. Ellos importan el 60% de su petróleo y se estima que eso
pasará al 70% en 2010. En 2003, el presidente Bush recomendó la
utilización de agrocombustibles, con la Ley de energías renovables:
de 2.000 millones de galones en el año 2000, tendrían que pasar a
5.000 millones de galones en 2012.
Los Estados Unidos hacen etanol a partir del maíz:
en 2006, 59 millones de toneladas fueron producidas. También se
produce biodiesel, a partir de la soya. La multiplicación de plantas
para el proceso de los agrocombustibles está en carga de las grandes
multinacionales: ADM, Cargill, Bunge, que actúan prácticamente en
cartel. También el Estado da subsidios. La Farm Bill prevee 405
millones de dólares en subsidios, para que la producción sea
rentable. Una parte importante de estos subsidios es absorbida por las
multinacionales.
En América Latina, los principales productores
de agrocombustibles son el Brasil y Argentina. En Brasil, se produce
el etanol a partir de la caña, con una concentración importante de
tierras. Se prevee en los años que vienen, la utilización de 21
millones de hectáreas. Las condiciones de trabajo son actualmente
lamentables y la destrucción de los suelos y de las selvas son
consecuencias inevitables. El biodiesel producido a partir de la soya,
cubre 60 millones de hectáreas en Amazonia y unos pocos millones en
otras zonas (Eric Holtz Gimenez, 2007, 27). Se declaró 200 millones
de "tierras degradadas" significando la posibilidad de
extensión del monocultivo. En Argentina, el biodiesel se produce a
partir de la soya, y el etanol a partir de la caña de azúcar. Todas
estas producciones son dirigidas, no solamente al consumo interno,
sino a la exportación, aprovechando del boom de la economía mundial,
especialmente encabezado por China y que exige siempre más producción
de energía.
La propuesta para el continente latinoamericano
para 2010, es la utilización de 10% de energía con base agrícola.
En casi todo los países, hay incentivos tributarios y se multiplican
los ingenios para producir los agrocombustibles en todo el continente,
en particular en América Central para la exportación hacia los
Estados Unidos.
5.
La soluciones
La crisis de modelo de desarrollo es profunda. No
solamente necesita una adaptación, sino un cambio radical del uso de
la energía. No se trata solamente de comportamientos individuales,
sino también colectivos y por eso existen varias medidas posibles.
A título de ejemplo podemos citar las
siguientes: alargar la vida media de los productos, lo que significaría
menos utilización de materia prima y de energía; producción por el
uso en primer lugar y no por el cambio, lo que provocaría también
una disminución del consumo de energía. Así, por ejemplo, las
bananas exportadas de América Latina a Europa, necesitan transporte,
hacen caer la producción de los frutos europeos y se realizan por
monocultivos destructivos en el Sur: Favorecer el consumo de productos
locales permitiría de ahorrar mucha energía; producir localmente
cuando es posible y cambiar la política del Just on Time, que exige
un enorme gasto de energía para el transporte; transportes colectivos
y menos individuales; control público del sector energético, al fin
de hacerlo escapar a exclusividad de la ley del valor (ganancia);
utilización de formas renovables de energía: solar, marítima, eólico,
hidrogenético, etc.; utilización de la agroenergía, dando la
prioridad a los deshechos vegetales y a plantas de regiones secas,
primero para el uso local, después con una agricultura campesina
respectando la biodiversidad (y con reapropiación de sus tierras para
los expulsados) y finalmente sin monopolio de la transformación y de
la distribución por las multinacionales.
6.
Conclusiones
Podemos afirmar en primer lugar que los cinco
mitos a propósito de los agrocombustibles, en la opinión pública y
denunciados por Eric Holtz en Le Monde Diplomatique de junio 2007 son
bien ilusorios: los agrocombustibles son limpios y protegen el medio
ambiente; no provocan deforestación; permiten el desarrollo rural; no
provocan el hambre; los de segunda generación son inminentes. Este
autor demuestra que se trata de mitos, y lo comprueba con información
sistemática y seria.
En segundo lugar, el enfoque de la producción de
energía a partir de productos agrícolas necesita una transformación
profunda no solamente de tipo práctico, sino también del pensamiento
y de la concepción filosófica. Necesitamos otra filosofía de la
relación entre los seres humanos y la naturaleza, esta última no
siendo simple objeto de explotación para llegar a una relación de
simbiosis. Lo mismo vale para la filosofía de la economía, que debe
definirse no como la simple producción de valor agregado para la
acumulación privada, sino como una actividad destinada a producir la
base de la vida física, cultural y espiritual de todos los seres
humanos en el mundo. Estos dos principios permiten establecer los límites
de la utilización de los agrocombustibles a la vez para asegurar el
equilibrio biológico del planeta y para una economía que corresponde
a las necesidades del género humano.
Eso nos acerca de los principios de un
"Socialismo del siglo 21", significando el predominio del
valor de uso, la utilización renovable de los recursos naturales, la
democracia generalizada y la interculturalidad. La batalla que se
lleva a propósito de los agrocumbustibles forma parte de la defensa
de la humanidad y de la afirmación de la vida.
Principales fuentes bibliográficas:
. BRAVO Elizabeth, Biocombustibles, cultivos
energéticos y soberanía alimentaria en América Latina, Quito, Balli,
Acción ecológica, Aivos, 2007.
. CARRERE Ricardo (coord.), Palma aceitera – De
la cosmética al biodiesel, la colonización continúa, Montevideo,
WRM, UITA, 2006.
. GUITARA Victor, www.ircamericas.org/esp/4463.
. HOLTZ GIMENEZ Eric, Les cinq mythes de la
transition vers les agrocarburants, Le Monde Diplomatique, junio 2007.
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