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Universidad
de las Américas de Puebla
Instalaciones
de primer mundo, trato a sus profesores como obreros de maquiladora de
tercer mundo
Por
Adán Salgado Andrade
Enviado
por el autor, 09/09/07
Santa
Catarina Mártir, Cholula, Puebla. Tras dos horas y media de viaje desde
la ciudad de México, por fin el autobús arribó a la ciudad de Puebla.
Lo hizo en la CAPU, que es la central de autobuses de dicho lugar. Me
trasladé allí, pues por irónicas y curiosas razones del destino, había
sido invitado a la Universidad de las Américas como sinodal en un examen
profesional. Me pareció muy interesante el asunto, pues ocurría justo
cuando los problemas que esa institución padece, se han hecho públicos
en meses recientes, como los injustificados despidos a algunos de sus
profesores (el 17 de mayo pasado, 13 catedráticos fueron humillantemente
escoltados por guardias de seguridad hacia la salida de la UDLA, luego de
que prácticamente se les echó, dándoles peor trato que a obreros),
algunos de ellos muy renombrados y prestigiosos, así como sanciones a
estudiantes y prohibiciones de que éstos siguieran publicando “La
Catarina”, un periódico escolar interno, en donde se denunciaron dichos
despidos y otras arbitrariedades.
Ya en la terminal, averigüé que para
llegar a la UDLA (las siglas de la universidad en cuestión), debía tomar
allí mismo un autobús suburbano, el Momoxpan-Cuatro caminos, que luego
de más de media hora de espera, arribó. Y debieron transcurrir otros 15
minutos para que saliera del sitio, lo cual lleva a reflexionar cuan
ineficiente es el transporte público poblano (horas más tarde, ya de
regreso, debí esperar también más de 40 minutos para abordar el camión
de regreso a la CAPU). Pagando cuatro pesos, me acomodé en un lugar en
donde no pegara tanto el sol, pues con una temperatura cercana a los 30
grados, no convenía aumentarla más. Y las primeras calles y zonas por
las que inició su recorrido el saltarín, contaminante camión, no son
las mejores de la ciudad, pues se trata de populares colonias formadas por
viejas casas, muy deterioradas, despintadas, con fachadas de grises
ladrillos sin repellar, mal construidas desde un principio, asfalto en mal
estado, baches… todo lo cual ofrece al paseante no acostumbrado a
verlas, desalentador espectáculo, llevándonos a pensar que en dónde
han quedado todos los “avances” de los que se jacta el actual gobierno
de ese estado si en esas colonias, al menos, eso no se ve por ningún
sitio, más preocupado, al parecer, de proteger redes de traficantes
sexuales de mujeres y niños.
Ya luego de unos minutos, el paisaje
cambia, pues entramos a un bulevar en donde las construcciones son
mejores, algunas de ellas negocios, tales como franquicias de fast food, mini supers,
almacenes… otras son unidades habitacionales que, por sus características
constructivas (buenos acabados, planeada arquitectura, amplios jardines,
confinadas por altas bardas, y a las que se accede sólo con identificación
por una única puerta de entrada cuidada por guardias privados), dan idea
de que sus habitantes estarán entre los poblanos más privilegiados del
estado, sí, justamente los que pueden acceder a universidades tan
elitistas y costosas como la de las Américas.
Desde
su origen, esta institución emanó de un colegio dirigido a los sectores
más opulentos y conservadores de la ciudad de México, el Mexico City
College, el cual se creó en 1940, fundado y administrado por
estadounidenses, siguiendo la oleada que por aquel entonces se dio de
escuelas creadas por extranjeros en el país (colegios como el Español,
el Francés, el Inglés, el Alemán, entre otros, surgieron en aquellos años),
dada la tendencia a la marcada occidentalización
que sufrió México en esa época (sí, tendencia cuyo énfasis era
que para que todo país subdesarrollado se considerara moderno, debía de
parecerse lo más posible a las naciones más
adelantadas, como, en nuestro caso, los Estados Unidos, incluida la
educción, desde luego). En 1944 se graduaron los primeros 12 estudiantes,
y la UDLA reivindicó su carácter elitista y extranjerizante al ser
aceptada en 1959 como miembro de la Southern
Association of Colleges and Schools (SACS) de los Estados Unidos.
Luego, bajo iniciativa de la fundación Mary Street Jenkins, lo que dejó muy claro
sus extranjeros orígenes, se buscó trasladarla a la ciudad de Puebla, en
donde en 1967 se iniciaron los trabajos constructivos para establecer
dicha universidad allí. Los terrenos en los que actualmente se halla el campus
de la UDLA pertenecieron en la antigüedad, en el siglo 18, a la hacienda
de Santa Catarina Mártir, ubicada en el municipio de Cholula. Allí se
edificaron la mayoría de los inmuebles, 38 en total, que hoy la
conforman, por aquella fundación, para ser “donados” a la
universidad. Claro que tanto prestigio
tiene su precio, ¡vaya precio! Por ejemplo, los costos para la
licenciatura en este año son de $1740 pesos por unidad, lo cual,
aparentemente, no parecería demasiado.
Sin embargo, cada materia
semestral consta de 6 unidades, así que una sola cuesta en total $10440 y
las materias que normalmente cada estudiante debe inscribir por semestre
son 7, es decir, que un semestre asciende a nada menos que $73080 pesos
que, además, ¡debe cubrirse por adelantado! (¡la casa no pierde!). Eso
no es todo: cada estudiante tiene la obligación “académica” de
inscribirse en un mínimo de 30 unidades, o sea 5 materias. Pero si por
alguna causa, la que sea, un estudiante no puede tomar cinco materias, y sólo
se apunta en cuatro, de todos modos debe de cubrir una “cuota
diferencial”, la cual, muy
casualmente, equivale a las
seis unidades correspondientes a la quinta materia que no se pudo cursar.
Es decir, se trata de un mínimo,
una suerte de cover escolar sin
el cual, la escuela no daría el “servicio educativo” solicitado, lo
que evidencia el profundo carácter mercantilista de tales instituciones,
más inclinadas a actuar como meros negocios, que como verdaderos centros
educativos.
El colmo se da cuando, a pesar de que, digamos, a un estudiante sólo le
faltaran dos materias para concluir su carrera, en cuyo caso ya no tendría
por qué pagar dicha cuota, de todos modos la universidad se la sigue
cobrando por default, intencionadamente, lo que
hace pensar en que sería una especie de cuota
mínima de operación.
Si el estudiante o sus padres no son
suficientemente cuidadosos, y
no revisan el estado de cuenta, lógicamente la universidad no se tomará
la molestia en avisarles que ya pagaron de más – ¡claro que no! – y
se quedará con ese dinerito extra. Pero si aquéllos son cuidadosos y notan el cargo
extra que ya no debieron de haber pagado, pueden, según los reglamentos
internos, solicitar la devolución
de dicha cantidad, ¡pero la burocracia udladiana
hará lo imposible para que esa cantidad no se recupere, mediante una
serie de engorrosos, desesperantes trámites, malos tratos, burlas y, en
todo caso, los estudiantes y sus padres se den por vencidos y declinen
exigir la devolución! Como se ve, antes está el negocio que el servicio
prestado, el cual cada vez se ha deteriorado más, como más adelante
veremos.
Bueno,
y regreso al autobús suburbano que me llevaría, me dijeron, a la parte
trasera de tan prestigiada
universidad. Por el camino subió un joven quien claramente se veía
que era, además de estudiante, estadounidense, tanto por su aspecto sajón
– rubio, ojos azules, delgado, alto –, como porque hablaba inglés americano
a través de un celular, algo con respecto a una tarea que debió haber
hecho, pero que tuvo problemas y no la elaboró, según pude entender.
Portaba una identificadora maleta con las siglas de la UDLA. Eso me
tranquilizó, pues ignoraba cuánto más me llevaría llegar allí, en
vista de que la media hora que alguien me indicó tomaría el viaje, ya
había transcurrido hacía 10 minutos y nada veía.
Sí, estuve seguro de
que aquel joven bajaría en la UDLA... aunque no hubiera sido necesario,
pues realmente sin haber estado antes allí, supuse que ya había llegado
a la universidad al notar que el paisaje mejoraba tan sustancialmente con respecto a todo lo que antes había
visto, que ninguna duda tuve. Sí, entró el camión en una calle
perfectamente trazada, a la derecha de la cual, se ubicaban muy lujosas
construcciones, pertenecientes a restaurantes de lujo, franquicias de fast food – claro que con inmuebles de primer mundo –, otros prestigiados
centros educativos privados y opulentos multicondominios. A la
izquierda estaba la parte trasera de la UDLA, en donde se localizan varios
estacionamientos en los cuales profesores y estudiantes guardan sus autos,
todos modelos muy recientes, muchos de lujo – pude ver varios Mercedes,
Jaguares, BMW’s, Audis, Hummers... uno que otro Chevy.
Están rodeados
de cuidadísimos céspedes y jardines que resaltan el lujo de algunos de
los vehículos allí aparcados. Al fondo de todo eso se ven varios de los
edificios que conforman las instalaciones de la UDLA, todos muy arquitectónicos, estéticos, modernos,
pero con tintes de coloniales... sí, nada que ver con los feos edificios de los que las universidades públicas están
formadas – según declaró muy orgulloso uno de los sinodales con quien
compartí el examen profesional: “La verdad es que esta es la
universidad más preciosa del país... bueno, después de Ciudad
Universitaria... pero sólo de la parte que se declaró patrimonio de la
humanidad, ¿ves?”.
Sí,
como dije, no tuve ya necesidad de ver en dónde se bajaba el gringo,
pues intuí que allí, en medio de tan lujosa urbanización, estaba la
UDLA. Y reflexioné sobre el profundo contraste que había presenciado: de
las casas mal hechas, viejas, deterioradas, a estas superconstrucciones,
insultantemente ostentosas, como si hubiera entrado a otro país, justo
Estados Unidos, a las zonas cool
de allá, claro. Y quizá esa haya sido la intención desde el principio,
que los posibles jóvenes que allí ingresen, noten esa marcada
diferencia, sientan como si estuvieran estudiando en otro país.
Ya
bajé del camión, contrastando el proletario transporte en que había
llegado con tanto dispendio constructivo. Tal y como fui instruido, me
dirigí hacia una de las entradas posteriores de la universidad.
Preparado, como supuse que debía de ser allí, alisté mi identificación
– credencial de académico de la UNAM –, me acerqué a la caseta de
vigilancia y al momento de mostrarla, informé al guardia de seguridad
privada, un tipo de serio, intimidatorio gesto – el clásico adoptado
por todas esas personas a cargo de la vigilancia en las entradas de
edificios públicos, empresas, calles cerradas y exclusivas unidades
habitacionales –, el motivo de mi visita, como ya dije, el de ser
sinodal en un examen profesional.
Tras haber escudriñado minuciosamente
mi credencial, informó por radio a otro guardia sobre mi presencia y que
verificara si en efecto iba a realizarse el examen a nombre de quien yo le
había dicho. Esto me pareció excesivo, pues más que la entrada a una
simple escuela, parecía que estaba yo pidiendo penetrar a una base
militar, no sé, al Pentágono, quizás. Ni cuando he entrado, por
ejemplo, a la Cámara de Diputados – que ya es mucho decir –, se me ha
sometido a tanto rigor. Ni modo, me dije, a soportar ese trato tan
humillante, más cuando casi transcurrió ¡media hora para que el otro
guardia verificara que sí iba a realizarse un examen profesional!
Di pie
a algo de conversación cuando le pregunté al hombre que si eso era
Cholula, y ya me aclaró que allí se llamaba Santa Catarina Mártir, a un
lado de San Andrés, y que si yo deseaba conocer algo, que fuera a una
iglesia cercana (cuyo nombre no pudo él recordar) cuya cúpula es de lámina
de oro, que ha sido saqueada durante muchos años. “Sí, si se fija, va
a ver que le faltan cachitos de oro a la cúpula”. “¿En serio?”,
pregunté, incrédulo. “Sí... fíjese que Cholula es uno de los lugares
del país que más sufre saqueos en su patrimonio colonial”.
Vaya,
reflexioné, un tanto sorprendido de la aparente sapiencia del guardia,
pues eso suavizó un poco mi inicial hostilidad hacia él, en vista de
tanto rigor para dejarme entrar. En efecto, las iglesias poblanas, junto
con las del Distrito Federal, se encuentran entre las más saqueadas del
país, aparte, claro, del saqueo arqueológico que en general se hace por
todo México. Finalmente el radio del guardia sonó, una vez verificado
que sí iba a realizarse un examen profesional de tal persona. Entonces ya
me permitió entrar, luego de que anotara mis datos en una libreta,
retuviera mi credencial – llegó al extremo de pedirme
que la firmara en un espacio en blanco que trae en la parte posterior,
pero le aclaré que mi firma estaba digitalizada al frente, algo que no
había notado aquél – e indicarme, ya un tanto más amable, en dónde
se localizaba el cail 004, que
era el salón en donde se efectuaría el acto.
Ya dentro de las
instalaciones, de nueva cuenta me deslumbró tanto lujo y orden, como
dije, tanto por los edificios, la limpieza, los cuidadísimos jardines...
incluso, entré al baño y en una de las paredes se hallaba un letrero que
decía “¿Encontró sucio el baño? Repórtelo al teléfono tal”... sí,
claro, para que así metieran en cintura a los irresponsables empleados de
intendencia y limpieza que lo dejaran desaseado, reflexioné, a los
cuales, si a los académicos los han estado despidiendo de manera
injustificada, arbitraria, autoritaria e intimidatoria, pues qué se puede
esperar que hagan con simples trabajadores manuales... ¡quizá amenazas y
torturas!
Sí,
eso me llevó a tener presentes los despidos que desde meses atrás la
UDLA cometió contra profesores, varios de ellos muy prestigiados y
distinguidos, quienes tenían varios años de estar laborando en esa
universidad. Todo comenzó porque algunos de ellos cuestionaron la cerrazón
de las autoridades para permitir cierta apertura en los cuerpos
colegiados, para que de esa manera se dieran más libertades académicas.
Para el actual director, el licenciado Pedro Ángel Palou (muy renombrado
también por su trabajo como escritor, que le ha merecido incluso premios
literarios), eso era ir demasiado, “una conjura en mi contra” sentenció,
y sin mediar palabra alguna o advertencia, simplemente se ha empeñado en
ir despidiendo injustificada y arbitrariamente a tan distinguidos académicos,
a quienes les ha notificado “por internet” de sus despidos.
Incluso,
se les han inventado supuestos “complots” contra las institución,
pero esto sólo para no darles ni siquiera liquidación. Y en verdad que
el tipo de “pretextos” para correr a maestros y funcionarios de primer
nivel, parecieran más cobros o ajustes políticos que situaciones académicas,
las que, al menos en el caso de los despedidos, todos eran maestros muy
reconocidos, como dije. Por ejemplo, se cita el caso de la jefa de
departamento de Ciencias de la Comunicación, quien invitó a la
periodista Lidia Cacho a dar una ponencia en la universidad y por ese sólo
hecho, el rector Palou la despidió, pues da la infeliz casualidad de que
Palou es íntimo amigo del así llamado “gober precioso”, el mal
afamado señor Mario Marín, quien se ha visto muy envuelto en escándalos
de tráfico de influencias y protección a redes de pederastas y
sexotraficantes, pero que a pesar de eso, nada le ha sucedido al señor y
sigue tan campante. Incluso, más tarde uno de los sinodales con quien
compartí el examen profesional, al que ya hice alusión (cuyo nombre
omito por razones de seguridad), me contó que mucha gente del gabinete de
Marín, trabaja actualmente en los cuadros directivos de la UDLA –
“son melquiadistas”
dijo –, con lo que se comprenderá el total sometimiento a que se
sujetan sus trabajadores.
Lo hizo muy discretamente, con evidente miedo de
que algo de lo que dijera fuera captado por una cámara de vigilancia,
estratégicamente colocada en una esquina del auditorio en donde se realizó
el examen. “No, en serio – me dijo en voz muy baja –, aquí tienes
que andarte cuidando de todo mundo”. Sí, de hecho, también me platicó
que le está costando bastante cuidar su empleo, a costa incluso de su
dignidad. “Mira, pues a mí si me tratan como esclavo, pues lo aceptaré,
porque pues el salario es bueno y no creo que pueda hallar otro igual en
otra parte”. Él es profesor de tiempo completo del área de relaciones
internacionales, con cuatro materias frente a grupo y ocho horas de
oficina, percibiendo 32,000 pesos, con todo e impuestos, claro, quedándole
libres unos 25,000 pesos. “¿Es
cierto que la universidad les da casa a sus profesores?”, pregunté, a
lo que me contestó, también casi en secreto, “Pues sí, pero fíjate
que las casas de los que han ido corriendo, no las están usando ya, mejor
las dejan vacías, como que ya no han de querer que se habiten. Una que
otra la están habilitando como la oficina de algún funcionario
importante, pero hasta allí. Yo nunca acepté vivir aquí, mejor preferí
recibir un bono de compensación que nos dan a los que no queremos
casa”. Ese bono, me dice, es actualmente de muy modestos 2800 pesos, y
ha ido bajando, de más de 3000 que era antes, tampoco demasiado, consieré.
Él mismo fue víctima de un injustificado despido hace más de un año,
pero dice que recurrió a licenciado y toda la cosa para que se le
reinstalara, pero a qué costo, reflexioné, de andarse ahora cuidando de
todo mundo, sobre todo de supuestos empleados de intendencia y de guardias
del estacionamiento que, me confía, actúan como “orejas”.
Y ante tal
ambiente de campo de concentración, la verdad es que la imagen de
“prestigiada institución” de la UDLA, francamente se pierde, además
que el demérito de la calidad académica de la que gozaba antes, ha ido
en aumento. La estudiante que hizo el examen que atendí, me había
confiado antes que “Pues la verdad que cuando ingresé a esta institución, venía convencida que era la mejor
opción para desarrollar mi carrera y que los beneficios que se ofrecían
eran reales, pero con el paso del tiempo, me he dado cuenta que no fue la
mejor decisión. Los costos de estudiar aquí son bastante altos, ya que
cada vez los precios suben, pero la calidad del servicio baja. Los catedráticos
que conocí al llegar, profesores excelentes con un currículum asombroso,
se han ido de dos en dos, de tres en tres, sin que podamos hacer algo al
respecto y como relevo nos ponen a profesores que carecen de vocación y
ética, gente que realmente no merece percibir el sueldo que les dan.
Todo
esto por la sencilla razón de ahorrar
y prefieren pagar a dos profesores sin experiencia que pagar a uno que
tiene una trayectoria ejemplar, como son los Doctores que laboraban en el
departamento de Relaciones Internacionales, a quienes de un día para otro
despidieron sin explicación alguna forzándolos a firmar su renuncia para
no darles su liquidación, inventando complots y amenazándolos con tomar
represalias en caso de reclamo”.
Creo que por sí mismo lo que me platicó
es muy elocuente e ilustrativo de los problemas tan graves que han ido
transformando a la UDLA en un feudo de poder y han ido acabando con su carácter
de institución educativa y que han frustrado a estudiantes como ella,
quien agrega con amargura: “Si por mí fuera, hubiera preferido estudiar
en una escuela pública, pues
por lo que sucede aquí, la verdad es que no tiene mucha ventaja ya el
estar en universidades privadas, al menos ahora ya no. Vengas de donde
vengas ya no te contratan, y cuando lo hacen, sí, quizás te llamen
porque seas del Tec de
Monterrey, de la Ibero o de la UDLA, pero ¿eso qué, cuánto duran?,
porque es gente que la mayoría es incompetente, gente bonita
y pudiente que sólo porque pagó una misma materia 5 veces, pudo terminar
su carrera, pero no porque en realidad sepan o hayan aprendido algo, no,
sino porque gracias a su dinero se
recibieron. Y qué lástima que esa persona que prácticamente compró
su título, es aquélla que va a estar en puestos dirigiendo a personal
muchas veces mejor capacitado que ella misma, sí, egresados de
escuelas públicas, que tienen el conocimiento del cual ella carece. Pero
a la larga va a cometer alguna estupidez y.. bye
bye”. Ella estudió allí por el generalizado prejuicio social,
compartido por sus padres, de que las escuelas privadas son mejores
que las públicas, pero su testimonio es un
claro indicador de que eso es cuestionable y de que esas escuelas se
preocupan más por la salud de sus finanzas, que por la calidad de su enseñanza.
Volviendo
a los problemas en que ha incurrido la UDLA, no sólo a los profesores los
han reprimido y corrido, sino que también se ha ejercido autoritaria
presión contra los estudiantes que se han atrevido a denunciar las
arbitrariedades cometidas. De hecho, como ya mencioné, se suprimió la
publicación de la “Catarina”, el periódico estudiantil en donde se
expusieron las arbitrariedades. Vale la pena presentar el pliego
estudiantil que denunció las principales anomalías:
Porque los estudiantes no olvidamos el
maltrato que se nos ha dado, porque nuestro único interés es procurar el
renombre y excelencia de nuestra institución, porque tampoco olvidamos
las malas decisiones que tanto han afectado nuestra imagen institucional
tras la llegada de Pedro Ángel Palou a esta universidad como rector,
queremos recordarles las innumerables decisiones que se han tomado, y que
han llevado a la universidad a su estado actual de crisis. Para empezar,
se fusionaron Escuelas: Ciencias Sociales con Artes y Humanidades,
Negocios con Economía, Ciencias con Ingenierías, en demérito de la
calidad académica de cada una.
Se realizaron "reajustes"
(despidos) de administrativos y académicos, además de que culpan a
estudiantes de "hackear" la red, pero que esto se hizo con
autorización del Jefe del Departamento de Ingeniería de Sistemas, David
Sol, quien actualmente está trabajando para el ITESM, campus Puebla.
Arbitrario cobro del estacionamiento,
alegando justificaciones ambientales que resultan incongruentes con las
acciones que se tomaron.
Centralización de todos los sistemas
administrativos en el CACE, lo cual resulta en exceso ineficiente para
nosotros los alumnos.
Cierre de La Catarina, dado su carácter
crítico, coartando con esto el derecho básico de libertad de expresión.
Imposición de jefes de departamento
que no cumplen con el perfil académico requerido, en Derecho y Comunicación.
Imposición del pago del Seguro de
Gastos Médicos Mayores.
Ineficiente sistema de inscripción,
dada la poca planeación y la pobre implementación del mismo.
Estado de Advertencia de la SACS
originado por la falta de correctos sistemas de gobernabilidad académica
y finanzas sanas.
Finalmente, queremos hacer de su
conocimiento los atropellos y abusos cometidos contra los académicos,
administrativos y ESTUDIANTES, que la administración encabezada por Pedro
Ángel Palou ha realizado durante el último mes:
Medidas autoritarias de "nuestro
rector" con respecto a los cambios en el reglamento, supresión de
todo órgano colegiado facultado para participar en la toma de decisiones,
afectando gravemente la gobernabilidad de nuestra institución, despido de
la mitad de la planta docente del Departamento de Economía, así como pérdidas
importantes de los Departamentos de Relaciones Internacionales y Ciencia
Política, Ingeniería Civil, Ingeniería en Sistemas, Ingeniería Mecatrónica,
Contaduría y Finanzas, y Ciencias de la Comunicación. Además, algunos
elementos de seguridad, haciéndose pasar por los cuidadores del
estacionamiento o jardineros, utilizaron métodos intimidatorios hacia
estos profesores y alumnos
preocupados por la grave situación que se vive. Dicha intimidación se
realizó por medio de la toma de fotografías, video, investigación de
nombres e ID de los presentes y persecución de los mismos, así como
amenazas directas a administrativos y profesores para no revelar información.
Eso fue lo que los estudiantes denunciaron y continúan
denunciando. Así que resulta más que evidente por
qué en la pasada graduación, en mayo, los estudiantes que recibieron
sus diplomas, protestaron, junto con sus padres, masivamente contra esa
política represiva y antidemocrática contra el rector Palou, quien,
advertido de que los jóvenes egresados le darían la espalda y corearían
consignas en su contra, prefirió observar todo desde la comodidad de su
lugar y sólo se limitó a entregar los diplomas y medallas a los más
destacados con algunas frías sonrisas, para evitar los anunciados actos
de agravio a su persona. Aún así, Palou no pudo evitar percatarse de las
cruces de papel que varios egresados llevaban en la espalda, con la
consigna “Economía descanse en paz (RIP)”, pues
al pasar frente a él, a propósito se volteaban para mostrársela. Ni
tampoco pudo el afamado escritor del grupo literario del crack,
ex secretario de cultura de Marín, hacer oídos sordos a las consignas
que estudiantes y padres de familia le gritaron de “¡Arriba los
graduados, fuera Palou!” o la de “¡Rata, Palou!”, que otro joven
logró también espetarle. Quizá porque Palou se sentía muy protegido al
estar sentado junto al secretario
de Educación Pública marinista,
Darío Carmona García, de quien también es muy buen amigo, aparte, como
ya dije, de Marín, quienes en todo momento han apoyado incondicionalmente
las acciones represivas de Palou. Al salir del recinto Palou, exclamó
categórico “¡No daré entrevistas!” a los reporteros que lo
cuestionaron por la situación en la UDLA, limitándose a decir que
respetaba a los universitarios. Y algunos días después que se le
entrevistó, simplemente dijo que “buscaría el diálogo” con los
sectores afectados y que se buscaría contratar a “profesores que
igualen o superen el nivel, con el fin de consolidar a la Universidad de
las Américas como una de las mejores del país”.
Veo
muy difícil que Palou logre hacerlo, sobre todo por la situación que en
esos momentos yo mismo constaté, la de mi temeroso colega que prefiere,
dice, “pues que me hagan su esclavo, con tal de seguir aquí”. Sí,
aunque ello vaya en contra de su dignidad y el respeto que una persona de
su nivel merecerían, reflexioné. Él mismo me platicó que si la
universidad sigue sobreviviendo, a pesar del desprestigio sufrido, es
porque todavía mucha gente que no está enterada de lo que está
sucediendo (me pregunto ¿será de plano gente ciega o sorda?, porque eso
me parece que se supo no sólo en Puebla, sino en todo el país y hasta en
el extranjero), continúa inscribiendo a sus hijos allí, a pesar de las
deserciones que se están dando. Tampoco ya está recibiendo la ayuda o el
intercambio académico que sostenía con instituciones privadas, como la
Fundación Jenkins u otras universidades, como la UNAM. “No, de plano
nos han dicho que ni un centavo hasta que esto no se corrija”, me confió
el colega, con un dejo de amargura.
El
examen transcurrió sin contratiempos, versando sobre el tráfico sexual
en el mundo. Resaltaron las diferencias de opiniones entre los otros dos
sinodales, una maestra de la universidad Iberoamericana, la directora de
la tesis, y al que ya me he referido (ambos egresados de la UDLA), pues en
la parte en donde la sustentante culpó a la globalización como la causa
de que el problema del comercio sexual en el mundo haya aumentado, aquéllos
no estuvieron de acuerdo, alegando que gracias
al Internet, las denuncias “ya son más fáciles”, cosa que yo, debido
a mi formación, egresado de la UNAM, negué, apoyando totalmente la tesis
sostenida por la examinada, porque, al contrario, gracias al Internet se
ha facilitado dicho tráfico,
aunado al incontrovertible hecho de que también actualmente han aumentado
brutalmente los millones de desposeídos en el mundo, mujeres entre ellos,
quienes buscan así, engañadas de que trabajaran como secretarias o
meseras, una manera de aliviar la aguda miseria y pobreza en que se hallan
en sus países, pero que terminan en forzadas actividades sexuales. Aunque
en una intervención, la directora de tesis aportó un dato interesante al
comentar que en la ciudad, Puebla, hay un table
dance cuyas bailarinas son todas originarias de Europa del Este, y eso
me hizo reflexionar en que cómo
a pesar de los escándalos de pederastía en que el gober
precioso se ha visto inmiscuido, al parecer todo sigue igual y sin problemas. “Business as usual”, rezaría una conocida
expresión estadounidense, refiriéndose al hecho de que todo sigue viento
en popa.
Terminó
el examen, se le pidió a los presentes y a la sustentante que abandonaran
la sala y deliberamos unos minutos, los cuales aproveché para enterarme
de parte de lo referido arriba, y también de que en algún examen alguien
había dejado a propósito una cámara de video filmando. “No, pues
tuvimos que hacer que el dueño borrara esa parte”, me dijo el colega.
“¿Por qué?”, cuestioné. “¡Es que, imagínate, nadie puede
enterarse de lo que te pongas a deliberar!”, me respondió, enfático.
“¿Será eso?”, reflexioné, o que quizá se hayan hablado de
cuestiones inconvenientes, como
las que me comentó él, y estén todos tan intimidados por ese ambiente cuasi policiaco en que hasta
las paredes oyen y tienen ojos. Y eso lo confirmé cuando, minutos
después, ya cuando caminábamos en medio de los jardines de la
universidad hacia una oficina en la que me darían una copia del acta del
examen, mi colega se cuidaba aún más de lo que iba platicando, no fuera
a ser que lo escucharan ciertos empleados
de intendencia con los que nos cruzamos por el camino. “Es que esos
son espías”, me confió.
“No,
muy terrible”, pensaba minutos después, luego de que mi colega me había
dado un aventón hasta un lugar en donde, me aseguró, el “rojo”, refiriéndose
al autobús que me llevaría de vuelta a la CAPU, pasaría, el cual, luego
de casi 40 minutos de larga espera, se presentó, lleno, por supuesto,
pero por fortuna, muy a tiempo, pues una tormenta estaba a punto de
desatarse. Pero resulta irónico que hasta el momento, al gober precioso todavía no se le haya desatado ninguna tormenta política, ni
siquiera a pesar de tantos escándalos sexuales, problemas urbanos,
educativos (lo que sucede en la UDLA), de transporte, de malos servicios públicos
padecidos por los poblanos en su capital, de cerros que se deslavan y
aplastan camiones de pasajeros, de inundaciones, de ríos que se
desbordan... sí, absurdas cosas de la vida esas.
Contacto:studillac@hotmail.com
The Mary Street Jenkins
Foundation,
como se le conoce internacionalmente a dicha fundación, fue
establecida por William O. Jenkins, un rico hombre de negocios
estadounidense, que vivía por entonces en Puebla, haciendo grandes e
ilimitados negocios, y de quien se dijo que hizo la mayor fortuna poseída
por empresario alguno en el México de la época, sí, y ¡por
supuesto que siguió haciendo sus grandes negocios en México también
como administrador y accionista de la UDLA! Jenkins perteneció a la
generación de “avezados empresarios extranjeros” que aprovecharon
las grandes facilidades que en países subdesarrollados como México,
verdaderos paraísos vírgenes procapitalistas, se les daban ( y que
lamentablemente se siguen dando) a cualquier extranjero que llegara
aquí con una “gran idea”, “muchas ganas” y algo de dinero
para fundar un nuevo negocio. Un siglo atrás, por ejemplo, otro
estadounidense, Thomas Braniff, también se hizo rico construyendo los
ferrocarriles.
Pero además el tipo de educación impartido es totalmente
proempresarial, es decir, siempre pensando en las necesidades de las
empresas y corporaciones, pues las carreras y sus planes de estudios
se centran en los requerimientos de aquéllas y no en servir a la
sociedad. No podía ser de otra manera si, al fin y al cabo, esas escuelas
son, en primer lugar, meros negocios.
Seguramente no han
considerado que la UNAM, universidad pública, esté entre las 70
mejores universidades del mundo.
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