|
El
pringoso mundo de McDonald’s
Por
José Steinsleger
La Jornada, 19/09/07
Las varias acepciones
del poco empleado verbo “pringar” se ajustan didácticamente al
contenido de este artículo. Pringar se deriva de “pringor” (jugo,
sustancia) y de “pringue”, grasa que suelta el tocino u otra cosa
sometida a la acción del fuego.
El amasijo mezclado
en la olla con carne, tocino y chorizo se llama “pringote”.
Ejemplos de alimentos pringosos serían los engullidos por 46 millones
de personas que en el mundo concurren a diario a los 30 mil
restaurantes de McDonald’s, la cadena de hamburguesas más grande
del planeta (Fortune, 2002).
En sentido figurado
(y curioso) el diccionario reconoce que pringar es tomar parte en un
negocio o dependencia. Sería el caso de Ángel Lastra Martínez, médico
veterinario zootecnista por la UNAM, uno de los dos especialistas
mexicanos que emplean la tecnología de bipartición de embriones de
ganado vacuno, avanzado método de reproducción de animales en serie.
Con posgrados en
microbiología por la Universidad de Manchester y el Colegio Real de
Medicina Veterinaria de Londres (Proceso No. 1240, agosto 2000), el
doctor Lastra Martínez ha recibido varios reconocimientos
internacionales. Entre éstos, el que le otorgó la reina Isabel de
Inglaterra por haber descubierto la enfermedad conocida como
phyelonefritis (cistitis en los cerdos). O sea, un total desconocido
para la candidata presidencial Paty Chapoy y otros genios de la
cultura nacional.
El caso es que en
1991, decenio en que México ingresó al primer mundo por la puerta de
la cocina, Lastra Martínez organizó una empresa y obtuvo en el
centro de la ciudad de Monterrey, Nuevo León, dos de las 130
franquicias que McDonald’s tenía en el país (casi el doble, hoy).
A finales de la década, el doctor estaba en quiebra. Y no
precisamente por falta de “talento empresarial”.
Lastra Martínez
cometió un “error”: se negaba, en sus restaurantes, a preparar
alimentos con carne, verdura, pan y lácteos en estado de descomposición,
suministrados por la empresa Apelco SA de CV. “Las lechugas venían
con mucha basura, incluidas piezas metálicas, como tornillos o
tuercas… el pan llegaba con vidrios de hielo y se descomponía en
los hornos”, declaró a Proceso.
En 1998 el caso llegó
a los tribunales. La Secretaría de Agricultura, Ganadería y
Desarrollo Rural (Sagar) verificó la introducción de carne de pollo
y puerco sin los registros sanitarios de ley y con fecha de caducidad
hacia las franquicias en los estados de Coahuila y Nuevo León.
“Interesante”, dijeron las autoridades de la Sagar. Ronald
McDonald’s, el pringoso y siniestro payaso de la trasnacional,
destruyó al científico metido a empresario.
“Macdonalización”
y otros términos similares (“cocalización”, “walmartización”)
se han convertido en los favoritos de quienes con imaginación los han
convertido en sinónimo de “imperialismo yanqui”: explotación,
ruina, saqueo, desnutrición, muerte.
En abril de 2005, la
firma fue demandada por dos familias del popular barrio Bronx, Nueva
York, a causa de los problemas de salud que presentaban sus hijos. Los
padres de Jazlyn Bradley y Ashley Pelman denunciaron que sus hijos
desarrollaron diabetes, obesidad, problemas cardiacos y altos niveles
de colesterol.
Aquí es importante
señalar que 90 por ciento de los niños de Estados Unidos consumen
productos de McDonald’s entre tres y cinco veces por semana, durante
años. Según el escritor Eric Schlosser, autor de Fast Food America,
los estadunidenses gastaron en 2000 unos 110 mil millones de dólares
en comida rápida, más que en la enseñanza universitaria o los automóviles.
En 2002, las
investigaciones de Schlosser y otros especialistas obligaron a
McDonald’s al retiro progresivo de los aceites hidrogenados en la
elaboración de las papas fritas, con alto contenido innecesario de ácidos
transgrasos, “potentes promotores de enfermedades cardiacas”.
En febrero de 2006,
la trasnacional aceptó pagar 8.5 millones de dólares para evitar un
juicio por una demanda presentada por la organización Ban Trans Fat,
de California, misma que en 2005 logró que la firma Kraft Foods
retirara las grasas insaturadas de sus snacks, entre ellos las
populares galletas Oreo.
Por otro lado, la
revista especializada Food Magazine lanzó el mes pasado una campaña
advirtiendo acerca de la falsa publicidad de McDonald’s con respecto
al uso de aceite de cocina hidrogenado. La campaña advierte que en
Estados Unidos la sustitución en la alimentación de grasa
parcialmente hidrogenada evitaría unas 30 mil muertes anuales
prematuras por enfermedades coronarias.
Según Food Magazine,
en 2003 Dinamarca fue el primer país que introdujo restricciones en
el uso de aceites transgrasos que contengan más de 2 por ciento de
aceite y productos transgrasos, como los que se consumen masivamente
en México.
¿La Organización
Mundial de la Salud dispone ya de cifras aproximadas de personas
fallecidas o que padecen de obesidad y trastornos cardiovasculares por
ingerir los alimentos diseñados por McDonald’s en su cuartel
general de Oak Brook, Illinois? Y en México… ¿quién le pone el
cascabel al gato?
|