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Agrocombustibles:
catalizador del capitalismo global
Por
Maya Rivera M. y Sergio Arispe B. (*)
Eco Portal.net, 09/10/07
Los
agrocombustibles son una vía más para profundizar el antagonismo
entre el ser humano y la Tierra y entre los mismos seres humanos. Son
parte de una ideología que defienden los más acaudalados en el mundo
y que permite hacer más ricos a los menos y más pobres a los más.
Cabe preguntarse ¿cuál es la razón de los agrocombustibles si según
los datos analizados no son rentables ni beneficiosos, sino, más
bien, todo lo contrario?
Agrocombustibles:
catalizador del modelo de libre comercio re–colonizador y parte de
la fórmula de supervivencia del capitalismo global
Los agrocombustibles
son una vía más para profundizar el antagonismo entre el ser humano
y la Tierra y entre los mismos seres humanos. Es una herramienta más
de un sistema que busca la imposición de jerarquías a través de la
colonización de los remanentes de una identidad que se siente la
realidad misma, sin ninguna separación entre todos los seres que la
‘habitan’. Son un medio más para desposeer a la tierra de su
esencia. Son parte de una ideología que defienden los más
acaudalados en el mundo y que permite hacer más ricos a los menos y más
pobres a los más.
Busquemos en nuestro
interior que no está separado del exterior, el sentimiento de unidad
con la tierra y con nosotros mismos, y encontraremos que volver a la
tierra en combustible para la industria en general es un atentado
contra nuestra identidad, es una cara más del modelo recolonizador.
A modo de
introducción
La bioenergía es un
término bastante amplio que abarca a todos los productos energéticos
obtenidos por procesos de conversión de productos o residuos agrícolas
y animales 1. Entre ellos tenemos a los biocombustibles o
agrocombustibles, considerados para atender fundamentalmente la
demanda del parque automotriz de los países desarrollados. Del
alcohol etílico, el biodiesel y el alcohol metílico, el más
utilizado es el primero. El alcohol etílico o etanol se obtiene de
vegetales ricos en azúcares como la caña de azúcar, el maíz, la
yuca y otros; es el combustible vegetal equivalente a la gasolina. El
biodiesel o diesel vegetal se obtiene de oleaginosas o vegetales ricos
en aceites como la palma africana, la jatropha, la linaza, palta y
otros; es el agrocombustible más usado después del etanol.
Los agrocombustibles
son una realidad en varios países en el mundo, incluidos países
latinoamericanos, y se han constituido en una moda de la agroindustria
que pretende insertarse en otros países más. Uno de los pocos países
latinoamericanos en los que aún no han tenido cabida es Bolivia, pero
hay iniciativas que están pujando para que este país se “suba al
tren del agrocombustible” 2 o, en su defecto, deje pasar la gran
oportunidad de este negocio. Si bien la información que ha corrido
por los medios de comunicación es mayormente defensora de esta campaña,
es menester realizar un análisis más profundo del tema a partir de
las experiencias ya vividas en el mundo, las cuáles no muestran
precisamente que el agrocombustible haya sido una gran solución a los
problemas socioeconómicos y culturales que vive Latinoamérica y el
mundo entero.
El presente documento
ha nacido con la intención de mostrar resumidamente todos los
aspectos que atañen a los agrocombustibles para ser considerados por
Bolivia en especial y por todos los países llamados subdesarrollados.
Más allá de mostrar datos técnicos, hemos pretendido realizar un
cotejo sintético, pero lo más completo posible, de lo que significan
los agrocombustibles. Vale resaltar que la mayoría de la información
utilizada proviene de experiencias vividas en diferentes países. No
es preciso especular sobre el tema, ya es una realidad.
Contexto internacional
Como consecuencia de
las alzas de precio del petróleo, ocurridas a fines de los años 70 y
en los años 80, los países altamente dependientes de recursos fósiles
tomaron gran interés en la generación de combustibles a partir de
materia prima orgánica, desde cultivos específicos, entre los cuales
se destacan la caña de azúcar, el maíz, la palma africana y
especies forestales de rápida reproducción como el eucalipto, por
nombrar algunas. Tal previsión tiene como objetivo el de un día
terminar con la dependencia que tienen los grandes consumidores energéticos
hacia los combustibles fósiles que se encuentran en reservas de países
denominados “políticamente inestables” o contrarios a los
intereses imperialistas, como Irán, Venezuela, Nigeria y otros.
Considerando la importancia de la energía a nivel político, económico
y cultural, no podemos dejar de tomar en cuenta que la pugna inter–imperial
entablada para custodiar las regiones ricas en yacimientos petrolíferos,
se agudiza, debido a que los intereses económicos y energéticos de
los países imperialistas son cada vez más difíciles de
“subvencionar”. Asimismo, es de extrema importancia recordar que
no son solamente los recursos petrolíferos los que mueven intereses
internacionales; el quid del asunto radica en que hay una guerra
imperialista por recursos naturales, tierras y territorios en todo el
planeta para solventar la lógica capitalista de consumo.
En este contexto, la
industria de la agroenergía se constituye en una arremetida más del
neo–neoliberalismo 3 para insertarse en las economías de los países
del Tercer Mundo, ya que es en ellas en donde se encuentran las
fuentes de energía y materias primas que necesitan 4. Para lograr
este cometido en la Cumbre de Países G8 realizada en Alemania–Heiligendamm,
por ejemplo, se ha determinado la exigencia de establecer alianzas
estratégicas con las economías emergentes, reforzar su compromiso de
promover y fortalecer el libre comercio para garantizar la libre
inversión y ofrecer colaboración y transferencia de tecnología, a
modo de reducir los puntos de resistencia en el mundo 5. Los
agrocombustibles encajan perfectamente con estos objetivos. Son las
alianzas estratégicas entre los inversores, los Estados y actores
sociales, y la transferencia de a tecnologías importadas, los timones
de esta agroindustria. En cuanto al aspecto tecnológico es
imprescindible tomar en cuenta que éste abre las puertas a los transgénicos,
productos petroquímicos y otras variables que establecen la obligación
de la entrada de megaempresas especializadas en estos rubros,
afianzando la imposición del modelo agroindustrial sobre la
agricultura tradicional específicamente y sobre modelos de soberanía
nacional en general que están emergiendo en algunos países como
Bolivia por ejemplo.
Sobre los aspectos
socioeconómicos importantes
a) La subida de
precios de los alimentos de la canasta familiar
Como prueba de lo
mencionado hasta ahora, uno de los resultados de esta energía
alternativa ya se está avizorando en el mundo entero: varios
productos alimenticios han migrado a la producción de combustibles y
han dejado de abastecer los mercados internos de alimentos. Expertos
declararon que la inflación de los “commodities” (se refieren a
productos agrícolas que, bajo reglas de flexibilización de
comercialización de la OMC, tienen preferencias comerciales) que la
producción de biocombustibles está generando, es una tendencia
global que puede tener consecuencias negativas para los países pobres
y especialmente para aquellos con bajo potencial agropecuario 6. La
soberanía alimentaria de estos países está sucumbiendo ante la
importación de alimentos altamente subsidiados, prueba fehaciente de
que los agrocombustibles son parte de una política internacional para
impedir la consolidación de redes de producción, comercialización y
consumo que no está acorde con la conveniencia de los grandes
capitales.
El Instituto de
Investigación de Políticas de Alimentación Internacional (IFPRI,
siglas en Ingles) en Washington D.C. ha realizado investigaciones que
arrojan datos preocupantes sobre el potencial impacto de los
biocombustibles. Mark Rosegrant, director de una división del IFPRI y
otros colegas, proyectan que dados los incrementos constantes del petróleo,
el rápido incremento global en la producción de biocombustibles
impulsará el aumento del precio del maíz en un 20 por ciento para el
2010 y un 41 por ciento para el 2020. Se estima que los precios de
semillas oleaginosas, incluyendo soya, colza y semillas de girasol,
incrementarán en un 26 por ciento para el 2010 y en un 76 por ciento
para el 2020; lo propio con el precio del trigo: en un 11 por ciento
para el 2010 y en un 30 por ciento para el 2020 7.
De acuerdo a la
correlación de factores, las presiones especulativas han creado lo
que puede denominarse “la fiebre por los biocombustibles”: el
incremento de los precios por especulación. Fondos de inversión están
apostando fuertemente en el maíz, lo que está creando una estampida
del mercado en torno al etanol. La fiebre de biocombustibles está
ocasionando que las reservas estratégicas de granos alimenticios a
nivel global se dispongan mayormente para la agroenergía reforzando
la posibilidad de desabastecer el mercado de alimentos. Aunque el
etanol ha creado enormes oportunidades para formidables ganancias al
sector agroindustrial, al de especulación y algunas granjas, ha
desequilibrado substancialmente el flujo tradicional de commodities y
modelos de comercio y consumo de manera interna y externa en el sector
agrícola 8. La producción de biocombustibles es, a su vez, un enorme
limitante para permitir la consagración de los objetivos del milenio,
los que establecieron en las Naciones Unidas, en el 2000, un
compromiso de reducir, a la mitad, la población que crónicamente
sufre de hambre, del 16% en 1990 a 8% para el año 2015.
Considerando los
factores expuestos veremos que los agrocombustibles exasperarán más
aún el hambre mundial. Varios estudios por economistas del Banco
Mundial sugieren que el consumo calórico alimentario de los pobres
del mundo declina medio por ciento cuando los precios medios de los
alimentos incrementan en un por ciento.
Cuando un alimento
importante se vuelve más caro, la población trata de reemplazarlo
con uno más barato y generalmente menos nutritivo; pero si todos los
alimentos básicos suben no hay alternativa a la cual recurrir. Se
estima que para el año 2025 existirán 1.2 mil millones de personas
crónicamente hambrientas 9, ¿y que fue de los objetivos del milenio?
Un factor
considerativo que tampoco esta siendo apreciado dentro de la ecuación
de los agrocombustibles es el paulatino aumento de precios de las
canastas básicas mundiales debido a que el transporte naviero marítimo
está sufriendo cambios de ruta de las cargas marítimas a puertos
chinos, hindúes y otros, debido la creciente economía asiática,
hecho que: 1) esta aumentando la congestión del canal de Panamá,
subiendo, de por sí, los precios del transporte interoceánico, 2)
esta ocasionando que las flotas marítimas prefieran importar
minerales (carbón, acero y hierro) para la China, solicitando más
espacio en los buques para estos insumos y, por lo tanto, fomentando
el incremento de los precios del transporte de granos alimenticios 10.
Si adicionamos el hecho de que los granos o vegetales para
agrocombustibles son más rentables que los alimenticios, entonces
menos espacio habrá en los navíos para los alimentos.
Finalmente, somos
testigos de una mayor confraternización entre las corporaciones
transnacionales. Empresas del petróleo que quieren reducir su
dependencia con el petróleo, la industria automovilística que quiere
continuar sus ganancias de acuerdo al modelo de transportación
individual, y las industrias agrícolas que quieren seguir adelante
monopolizando el mercado agrícola mundial, se alían para formar
oligopolios que dejan sin oportunidades a los pequeños productores y
pequeños empresarios. Ni mencionar el rol de los países
desarrollados, como EE.UU. y la Unión Europea (U.E.), en su deseo de
mantener su hegemonía sobre la economía global. Ahora que existen países
latinoamericanos grandes productores de petróleo que se han atrevido
a contrariarlos, se esfuerzan por otorgar ímpetu al tema de los
biocombustibles. 11
b)
Sobre la factibilidad económica de los agrocombustibles a partir del
balance energético
Dentro de los
factores más importantes para definir la factibilidad de la producción
de biocombustibles está su balance energético (la comparación entre
la energía utilizada para producir agrocombustibles y la energía
producida). David Pimental y Tadius Patzek, de las universidades de
Cornell y Berkeley, respectivamente, sostienen, según el balance de
energía de todos los cultivos, que con los métodos de procesamiento
actuales se gasta más energía fósil para producir el equivalente
energético en biocombustible.
Producto de sus
estudios se deduce que por cada unidad de energía gastada en energía
fósil el retorno es: 0.778 de energía de metanol de maíz, 0.636
unidades de etanol de madera y, en el peor de los casos, 0.534
unidades de biodiesel de soya. En síntesis, el retorno por unidad es
siempre menor. Si consideramos, además, los costos de investigación,
mejoras productivas, mecanización del agro, el costo ambiental por la
sobreexplotación de las tierras, los monocultivos, etc., entonces es
un proyecto insostenible que ni siquiera ofrece modelos energéticos más
equilibrados con el medio ambiente que los fósiles.
Dichas apreciaciones
realizadas por Pimental y Patzek para definir este balance de energía,
consideran las siguientes variables: la energía usada para la
construcción y funcionamiento de las plantas procesadoras, la
maquinaria agrícola y el trabajo.
Otros científicos
han pronunciado muchas evaluaciones negativas sobre la agroenergía
por las implicaciones mediatas e inmediatas que ésta acarrea. A pesar
de los resultados de estos estudios, se sigue propagando algunas
valoraciones positivas, dejando de lado incluso algunos factores que
ni Pimental y Patzek han incluido dentro de sus informes, como ser:
los costos del tratamiento de desperdicio y desechos, los impactos
ambientales de los cultivos bioenergéticos intensivos –como la pérdida
de suelos–, la contaminación ambiental por el uso de plaguicidas y
fertilizantes. Sin embargo, a pesar de que se ha tratado de sacar
estimaciones positivas (existen seis estimaciones después de la
investigación de Pimental y Patzek), el balance energético positivo
sigue siendo, a lo sumo, modesto (1.130 a 1.340 en la relación
entrada/salida). Asimismo, resaltamos que la reducción de emisiones
de gases con efecto invernadero, estimada, es de cerca del 13%: una
disminución mínima.
Otros resultados
obtenidos por la investigación realizada por Patzek concluyen que las
consecuencias económicas de la excesiva producción de maíz han sido
devastadoras. Por ejemplo, el precio de maíz en Iowa (departamento
Estadounidense), que es el más grande productor de dicho grano,
declinó 10 veces entre los años 1949 y 2005, no obstante que las
cosechas de maíz se triplicaban. Otro efecto considerativo es que los
agricultores de Iowa ganan una tercera parte de lo que ganaban hace 50
años, pero sus costos de producción se han multiplicado, debido a
que queman metano y diesel para producir maíz. El precio de metano se
ha incrementado varias veces en los últimos 3 años. Patzek dice:
“los subsidios a los cultivos de maíz que han suplido los precios
del maíz en el mercado han aumentado hasta en un 50% entre 1995 y el
2004”. A esto Patzek agrega que existirá más concentración en la
producción industrial del maíz en gigantescas fincas operadas por
las grandes corporaciones agrícolas, mientras que a los pequeños
agricultores sólo les resta alquilarles su tierra. 12
c)
Sobre la factibilidad tecnológica
La tecnología es un
aspecto central. En un estudio realizado por Farrel y Colab (2006) se
alerta a los países latinoamericanos que un uso en gran escala de
etanol para combustibles seguramente requerirá tecnologías de
celulosa 13 que amplían el rango de convertibilidad de las materias
primas utilizadas 14; esto quiere decir, por ejemplo, que ya no
necesitaríamos una hectárea de caña para producir 6000 litros de
etanol, sino que podríamos hacerlo a partir de un proceso enzimático,
desde cualquier material orgánico, por ejemplo, el aserrín de la
madera. Esta tecnología aún no está plenamente desarrollada y se
estima que de aquí a diez años, mediante inversiones fuertes e
investigaciones, puede ser alcanzada. Como los procesos de adquisición
de tecnología son caros y requieren de mucha inversión, lo más
probable es que sean detentados por pocas manos con capacidad de
invertir. Esto les quita a los países latinoamericanos todo tipo de
soberanía sobre la producción de agrocombustibles, además de la
comercialización.
Mientras tanto, en
Latinoamérica la tecnología actual utilizada para la producción de
agrocombustibles, que se caracteriza porque requiere de cultivos a
gran escala –hecho que conlleva todo una problemática ambiental y
social– va a seguir invirtiendo grandes montos de dinero para el
aglutinamiento de tierras, préstamos económicos y sistemas de
producción, los cuales pueden ser desestimados en su totalidad el
momento en que se consolide el tipo de tecnología de segunda generación
mencionada en el anterior párrafo, lo cual puede dejar a los países
latinoamericanos no solamente con tecnologías desechadas, sino también
con deudas, con la mayoría de sus tierras mal utilizadas por cultivos
para combustibles y, lo que es peor, con sus tierras apropiadas por
las transnacionales o grandes empresas interesadas en los
agrocombustibles.
Considerando que los
países latinoamericanos que están invirtiendo, como política
nacional, en sistemas de agrocombustibles dan plazos y beneficios
tributarios para incentivar la inversión de capitales entre cinco y
quince años, entonces están dando a los inversores la gran
posibilidad de lucrar con nuestras tierras y recursos sin dejar réditos
tangibles para el futuro. Mientras tanto, esos mismos capitales están
desarrollando tecnologías de segunda generación para que en un
futuro cercano el proceso de acumulación de capital ni siquiera
necesite de esas tierras para producir biocombustibles. Esto implica
que habríamos prácticamente subvencionado las ganancias de las
megaempresas implicadas y nos habríamos perjudicado en términos económicos,
ambientales, sociales y culturales.
d)
Sobre las oportunidades laborales
En el caso de Brasil,
el principal exponente de la agroenergía a partir de biocombustibles
en Latinoamérica, la oferta laboral referida a este rubro es bastante
desalentadora. Existe información respecto a la baja de la PEA en el
área agrícola en un 20%, aproximadamente, desde los años 70,
justamente en la etapa en la que se ha incursionado en la industria de
los agrocombustibles (año 75). En la experiencia de Brasil se rescata
el caso de Ribeiro Preto, municipio de Sao Paolo, paladín de la
industria de la caña de azúcar para producir etanol, en el cual la
situación laboral en los cañaverales es insignificante y, además,
desoladora, ya que hay más gente en la cárcel que trabajando en la
agricultura.
Si bien la campaña
de la agroindustria siempre ha ofrecido grandes oportunidades de
trabajo, su lógica de mecanización y maximización de las ganancias
a partir de la eficiencia y competencia traducidas en mejores
precios=bajos salarios, han constituido grandes problemas laborales,
esclavitud en la zafra y migración del campo a la ciudad. El bajo
rendimiento de conversión y la exigencia de subvenciones traducidas
en maquinaria, sistemas de irrigación, grandísimas extensiones de
tierra, insumos agroquímicos y otros, hacen del agrocombustible en un
producto no rentable que no puede darse el lujo de pagar salarios: la
mecanización a gran escala es la mejor opción y es, precisamente, la
que se está utilizando. Los biocombustibles no dan trabajo.
e)
Agrocombustibles y las cadenas productivas agrícolas
Los agrocombustibles
por su componente agrícola se desenvuelven en las cadenas productivas
agrícolas, las que se caracterizan porque el pequeño productor ocupa
la parte más baja y, por lo tanto, más desventajosa de la misma,
siendo las transnacionales las que dominan las etapas más lucrativas.
El poder de las
transnacionales se traduce en los agrocombustibles a través de joint
ventures, es decir, emprendimientos conjuntos de diferentes
multinacionales para un mismo objetivo, en este caso, los
agrocombustibles. Tenemos a transnacionales de tres sectores
importantes: 1) petrolero, 2) agroindustrial y biotecnológico, y 3)
automotriz. Además, se están dando procesos oligopólicos de control
de todas las etapas de la cadena de producción de agrocombustibles.
La experiencia de los
pequeños productores agrícolas en todo el mundo se caracteriza
porque no se gana nada en la producción, sino en la comercialización.
Vale decir, es el inversor el que va a definir los precios de la
materia prima y del producto final, a través de las negociaciones con
otras redes transnacionales con las cuales el pequeño productor no
tiene oportunidad de tranzar por sus desventajosas condiciones. Éste
hecho ha permitido en algunos casos que los pequeños productores
tengan que alquilar sus tierras a las grandes empresas pues no
contaban con la posibilidad de obtener sistemas de riego y otros
aspectos dominados por las megaempresas (ejemplo de la cadena de la
Okra en México) 15.
Este hecho debe
alarmarnos pues es un primer indicio de la posibilidad de abrir las
puertas a las transnacionales para que ingresen a apoderarse de
tierras, territorios y recursos naturales que renueven la lógica de
consumo capitalista en la que son los países del Primer Mundo los que
consumen y los países del Tercer Mundo los que avalan con sus
recursos, tierras y mano de obra barata esa insostenible costumbre del
sistema capitalista.
Algunas
anotaciones respecto al medio ambiente
a) Sobre la
reducción de Gases Efecto Invernadero
Se dice que los
agrocombustibles serán una opción para reducir los gases de efecto
invernadero y otros daños ambientales relacionados con la cadena del
petróleo, con lo cuál se estaría contribuyendo con el problema del
calentamiento global. La realidad se postra bastante distinta al
discurso ya que no es la forestación una de las intenciones de la
agroenergía, sino, más bien, la deforestación traducida en
monocultivos extensos. Son varios los científicos que abogan porque
para una verdadera reducción de CO2 se debe reforestar y no así
“deforestar para cultivar”.
La
producción de agroenergía no va a reemplazar al combustible fósil
en más que un 10 o 15% para el 2030 más o menos. La capacidad de
conversión de los cultivos no es eficiente y requiere de grandes
extensiones de tierra y del uso de agroquímicos y biotecnología para
maximizar la producción, con lo que se destruye la tierra. Asimismo,
la capacidad de recorrido en distancia que tiene un auto que funciona
con diesel es mayor a aquel que funciona con biodiesel, hecho que
implica que se requiere de mayor cantidad de explotación de tierras y
cultivos para mantener los estándares de consumo del parque
automotriz. En este sentido, la contaminación que deviene intrínsecamente
del combustible fósil no va a desaparecer con la energía vegetal.
Por otra parte, si
consideramos que: 1) el gobierno de EE.UU. prevé que el consumo
mundial de energía aumentará en un 71% entre 2003 y 2030, la mayor
parte del cuál tendrá como fuente una mayor demanda de petróleo,
hulla y gas natural, y 2) se estima que, para el final de ese periodo
(2030), toda la energía renovable (incluidos los agrocombustibles)
será un 9% del consumo mundial de energía, entonces es relativo y
peligroso considerar como cierto el supuesto de que los
agrocombustibles tendrán un papel importante en la lucha contra el
calentamiento global. 16
Además, es preciso
anotar que EE.UU. y otras potencias como parte de su “discursos”
de apoyo a la reducción de gases de efecto invernadero, ha optado por
dejar libre a sus países de industrias contaminantes 17. Al mismo
tiempo, como parte de sus “discursos” de cooperación al
desarrollo de los países del tercer mundo, han desarrollado procesos
de traspaso de las industrias electrointensivas y ambientalmente
contaminantes del medio ambiente a los países en desarrollo. Tal
contradicción no es casual. A los países desarrollados les resulta
mucho más barato instalar sus industrias en estos países debido a
los bajos costos de producción traducidos en: mano de obra barata,
ahorro en transporte de materias primas y la predisposición de
gobiernos fácilmente doblegables en materia ambiental.
Desde un punto de
vista medioambiental, los biocombustibles no necesariamente contribuirán
a disminuir la problemática de la polución, y, en algunos casos, muy
por el contrario, exacerbarán el calentamiento global. De acuerdo
Monbiot (2007), cada tonelada de aceite de palma que es convertido en
biocombustible dispersa 33 toneladas de emisiones de carbono dióxido
(CO2); 10 veces más que las emisiones dispersadas por combustibles fósiles.
18
Además, “los
agrocombustibles industriales requieren amplias aplicaciones de
fertilizantes petroquímicos, cuyo uso global (actualmente a una
relación de 45 millones de toneladas por año) tiene más que el
doble de la disponibilidad biológica de nitrógeno en el mundo,
contribuyendo intensamente a la emisión de óxido nitroso, un gas de
efecto invernadero 300 veces más potente que el CO2”. 19
En caso que la
actividad de producción de agrocombustibles se esfuerce en no
deforestar, según estudios realizados pro la FAO, el tipo de
agricultura que deberá sustentar esta actividad son los monocultivos
para producir eficientemente, es decir, mayor cantidad de producto por
hectárea y en el menor tiempo posible. Para esto es un requisito
indispensable el mayor uso de irrigación y fertilizantes de origen fósil,
los cuales tienen un alto contenido de óxido nitroso (N2O), el tercer
gas de efecto invernadero más importante en el mundo para el
calentamiento global. 20
La Agencia de
Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, siglas en inglés) dice
que las emisiones de óxido nitroso por año son equivalentes a 3.114
mil millones de toneladas de dióxido de carbono anual. Sólo la
agricultura emite un equivalente a 2.616 mil millones de toneladas de
dióxido de carbono. 21
Según Mosier y Zhu,
las emisiones de óxido nitroso se han incrementado en un 250%. Desde
la revolución industrial, las concentraciones de óxido nitroso se
han incrementado en un 17% y, en total, los humanos han duplicado la
cantidad de nitrógeno biológico de manera global, cuyos efectos son
desastrosos sobre la biodiversidad. A pesar de que este hecho es
extremadamente, preocupante, aún no se conoce totalmente sus
consecuencias, pero sí es sabido por los científicos que un aumento
en la utilización de productos petroquímicos implica el aumento de
óxido nitroso, el cuál, por efectos de evaporización de las aguas
es trasladado a otros cultivos, con lo que cultivos y bosques que no
están acostumbrados a altos contenidos de nitrógeno pueden
desaparecer. 22
Este hecho es muy
preocupante debido a que los lugares óptimos para una mejor producción
de agrocombustibles son aquellos que convierten el carbón en oxígeno,
como por ejemplo, el Amazonas o las selvas tropicales del sureste asiático.
b)
Sobre la deforestación y recuperación de suelos
Otro aditivo del
maquillaje discursivo que pretende hacer presentable a los
agrocombustibles, se sustenta en que permite la recuperación de
suelos y que no alimenta el proceso de deforestación.
Son varias
experiencias que han demostrado que los agrocombustibles significan un
avance de la frontera agrícola y ganadera, a costa de la destrucción
de los bosques primarios. Incluso se ha venido a denominarle el
“biodiesel de la deforestación” por Eric Holt–Giménez. El caso
de Brasil, nada más, es alarmante. La industria del azúcar y el
alcohol tiene la pretensión de alcanzar en Brasil el record de 110
mil millones de litros de etanol anuales; es decir, abastecer el 5%,
únicamente, del mercado mundial de etanol, lo que equivale a aumentar
su producción actual en seis veces. En esta perspectiva, manteniéndose
los actuales niveles medianos de productividad de la caña de azúcar
y de los rendimientos en la fabricación del etanol, los cañaverales
tendrán que ocupar 28 millones de hectáreas, casi la mitad de los
aproximadamente 60 millones que conforman toda el área usada hoy por
la agricultura nacional. 23
En toda la bibliografía
consultada, no se han encontrado experiencias que hayan cooperado en
la reforestación y recuperación de suelos. Muy por el contrario se
encuentran casos extremos de deforestación como en Brasil, Indonesia
y otros.
Aquellos que
defienden el hecho de que la agroenergía no significa deforestación
en sí misma, olvidan que utilizar tierras para la producción de
agrocombustible además de las tierras que se necesitan para producir
alimentos, implica un aumento de actividades que requieren de más
extensiones de tierra. Vale decir, la producción de agrocombustible
empuja a otras actividades agrícolas a buscar más tierras, con lo
que la deforestación se convierte en una realidad más difícil de
paliar.
Conclusiones
Cabe preguntarse ¿cuál
es la razón de los agrocombustibles si según los datos analizados no
son rentables ni beneficiosos, sino, más bien, todo lo contrario?
Como ya hemos anticipado someramente, los agrocombustibles tienen una
razón de ser, y esta no es, precisamente, de orden ecologista, social
o cultural. Los agrocombustibles son la punta de lanza de un modelo de
libre comercio que posibilite a las transnacionales de EE.UU., y
otras, mantener a flote su sistema financiero y político.
En este sentido, es
urgente ser concientes de que los agrocombustibles son parte de un
contexto internacional caracterizado por importantes acaecimientos
económicos que preceden a un gran colapso del modelo capitalista
global reflejado en el escenario económico que acontece en EE.UU.
actualmente. El precio del petróleo se mantiene en ascenso. Los
indicadores no mienten: la marca de $us 80 por barril de petróleo ya
se superó, y se prevé alcanzar $us 100 por barril prontamente.
Asimismo, el precio de otros “commodities” también sube. Esta
subida coincide con un dólar cada vez más débil y el aumento de la
liquidez del sector financiero estadounidense (corporaciones del
complejo energético–industrial–militar, bancos y fondos
financieros). Es posible que esta bonanza termine dirigiéndose hacia
créditos de alto riesgo. Y es en esta parte de la ecuación que
encajan los agrocombustibles: su bajo rendimiento y su alta exigencia
de subvenciones caen como anillo al dedo a la necesidad de mantener en
movimiento, mediante créditos, esos capitales que son, en realidad,
espejismos, pues los precios de las materias primas están subiendo
por especulación y la inflación del dólar está creciendo. 24
Este espejismo
resulta muy atractivo para los países exportadores de materias primas
los cuáles caen en el discurso de los grandes capitales que hacen
creer que con el incentivo de la producción agropecuaria, mediante créditos,
van a hacer crecer las economías del Tercer Mundo. La historia es la
portadora de la verdad y refleja en su seno el fracaso del modelo de
desarrollo (llámese este “desarrollo sostenible” o de otra
manera, pero siempre “desarrollo”) y sus falsas promesas.
Recordemos a América Latina en la década de los ´80 cuando Estados
Unidos saneó su inflación dando ingentes cantidades de créditos,
los cuales se tradujeron solamente en la deuda externa insostenible.
25
El caso de los
agrocombustibles hace venia a aquella realidad no lejana debido a que
por su infactibilidad social, cultural, económica y tecnológica, va
a terminar endeudando, sin salida, a los países del llamado Tercer
Mundo. Las experiencias en Colombia, por ejemplo, ya muestran que los
pequeños productores se han endeudado hasta el cuello para comprar
tierras que les permitan producir ya que, no olvidemos, son muchas
tierras las que se necesitan para producir algo de biocombustible. Por
otro lado, hay casos en los que los pequeños productores no tienen más
que alquilar sus tierras, porque es lo único que tienen, para acceder
a los famosos créditos. Gracias a esto, las megaempresas se están
adueñando de tierras y, por lo tanto, de recursos naturales
(incluidos recursos humanos).
Estamos en una etapa
en la que los agrocombustibles viabilizan la supervivencia del sistema
financiero y político capitalista, cada vez más cruel. Una etapa que
a diferencia de otras refleja un creciente rechazo a las políticas
internacionales de ingerencia en los países denominados
tercermundistas. El rechazo al ALCA y a los TLC es una prueba de ello.
Pero hay que tener cautela debido a que los agrocombustibles se
posicionan como parte de la salida del ciclo de crisis que caracteriza
al capitalismo actual, mediante la apertura a la inversión extranjera
y a la ingerencia sobre tierras, territorios y recursos, medios
fundamentales para la supervivencia de este sistema.
El modelo de libre
comercio tan resistido en algunos países se camufla muy ágilmente en
diferentes iniciativas como los agrocombustibles, la Iniciativa de
Integración Regional Sud Americana (IIRSA) y las cuencas del río
Madera 26, las cuales están integradas en un modelo de recolonización
que, evidentemente, no vela por las exigencias de los países
denominados subdesarrollados, sino por la supervivencia del sistema
capitalista global.
* Maya Rivera
Mazorco y Sergio Arispe Barrientos trabajan en la Comisión de
Agricultura, Campesinado, Comunidades Originarias y Etnias del Senado
Nacional de Bolivia.
Notas:
1– Es importante
mencionar que esta definición de bioenergía considera únicamente la
visión filosófica occidental que se sustenta en la dicotomía energía–materia,
así como en la partición vivo–no vivo, entre otras separaciones.
Debido a que el tema de la definición requiere de un análisis
profundo, hemos decidido hacerlo en otra ocasión y en otro artículo.
De todos modos, es importantísimo mencionar que esta definición de
bioenergía es colonizadora y no asume aquellas visiones para las
cuales no hay separación entre el ser y la realidad y, por lo tanto,
entre la materia y la energía ni entre lo vivo y lo muerto.
2– Dicho
publicitario utilizado en seminarios y foros a favor de la producción
de agrocombustibles.
3– “Ante el
fracaso del modelo, la economía neoliberal ha echado mano al
componente ideológico como recurso estabilizador y ha creado un
sentimiento, fuertemente apuntalado por el discurso, de que no hay
alternativa al capitalismo de libre mercado. Concomitantemente, y a
partir del 11 de septiembre de 2001, ha reforzado el componente político–militar,
con lo que reconfigura el neoliberalismo en un neo–neoliberalismo
armado e intervencionista, fuertemente anti–democrático, disfrazado
de humanismo anti–terrorista, que pretende desarmar los sistemas de
defensa de todos los países del sur y el este que representan un obstáculo
a las pretensiones norteamericanas de dominio del planeta” (Graciela
Mazorco, “De la competencia a la complementación”, documento inédito).
4– Esto lo ha sido
reconocido en la Cumbre de Países G8 en Heligendamm–Alemania el 7
de junio de 2007.
5– Maria Luisa
Ramos. Cumbre de Países G8 realizada en Alemania–Heiligendamm.
Breve Análisis sobres su Declaración emitida el 7 de junio de 2007.
Bolpress. 13/06/2007. Sección Opinión.
6– Ego Ducrot,
Victor. Agencia Periodística MERCOSUR (APM). Suba creciente de
precios a la hora de comer. 10/08/2007.www.prensamercosur.com.ar/apm/nota_print.php?idnota=3497–
C. Ford Runge y Benjamín Senauer. (Foreign Affairs). How
Biofuels Could Starve the Poor (Como los biosombustibles podran hacer
morir de hambre al pobre). mayo/junio 2007. http://www.foreignaffairs.org/20070501faessay86305–p0
. Traducciones realizadas por nosotros.
8–
C. Ford Runge y Benjamín Senauer. (Foreign Affairs). How
Biofuels Could Starve the Poor (Como los biosombustibles podran hacer
morir de hambre al pobre). mayo/junio 2007. http://www.foreignaffairs.org/20070501faessay86305–p0
. Traducciones realizadas por nosotros.
9– Ibíd.
10– APM. De cómo
el Tercer Mundo no controla lo que producen Corporaciones,
especuladores y Agrocombustibles. www.rebelion.org/noticia.php?id=56164.
14–09–2007
11– Saragih, Henry.
Vía Campesina. It´s cars versus humans (Son autos contra humanos).
Traducciones realizadas por nosotros. 03/08/07. Saragih Henry es
Secretario General de la Federación de Uniones de Granjeros de
Indonesia (FSPI). http://www.thejakarta.com/yesterdaydetail.asp?fileid=20070726.E03
12– Ibid.
13– Según, Martins
de Carvalho, Horacio. (Alainet) en: La expansión de la oferta del
etanol. 13/08/2007. (http://alainet.org/active/19020&lang=es),
existe la posibilidad de hacer etanol celulósico a partir del 2012,
en Estados Unidos, y en Brasil en los próximos 10 años. Éste tipo
de etanol se produce a partir de residuos agrícolas y forestales.
Considerando que el proceso se basa en la hidrólisis enzimática del
bagazo de caña, el principal problema actualmente es la producción y
aplicación de enzimas en gran escala.
14– Gerardo Honty y
Eduardo Gudynas. Agrocombustibles y desarrollo sostenible en América
Latina y el Caribe. Situación, desafíos y opciones de acción.
PROBIOMA (Productividad, Biosfera y Medio Ambiente). Santa Cruz. 2007.
15– Sánchez, Kim
(México), “Tierra y trabajo para forjar una cadena de productos
frescos en una región agrícola de México”, en Teoría y práctica
del enfoque Cadenas Globales de Mercancías en América
16– Martins de
Carvalho, Horacio. (Alainet) La expansión de la oferta del etanol.
13/08/2007. http://alainet.org/active/19020&lang=es
17–
Ibíd.
18–
Saragih, Henry. Vía Campesina. It´s cars versus humans (Son
autos contra humanos). Traducciones realizadas por nosotros. 03/08/07.
Saragih Henry es Secretario General de la Federación de Uniones de
Granjeros de Indonesia (FSPI). http://www.thejakarta.com/yesterdaydetail.asp?fileid=20070726.E03
19–
Eric Holt–Giménez. Phd. Director Ejecutivo, Food First/Institute
for Food and Development Policy, Oakland–California. “Biocombustibles:
mitos de la transición de los agrocombustibles”. Artículo
publicado en Ecoportal.net. 4/09/07.
20– Biofuelwatch.
“Agrofuel threaten to acelérate global warming” (Los
Agrocombustibles amenazan con acelerar el calentamiento global). Mayo,
2007. www.biofuelwatch.org.uk. Citas traducidas para este texto por
los propios autores.
21–
Íbid.
22–
Íbid.
23–
Ibíd.
24– Víctor Ego
Ducrot. “Inflación y crisis: cuidado con las grandes mentiras. Petróleo,
dólar y ´commodities´ a favor de EE.UU”.
En:www.prensamercosur.com.ar/apm/nota_print.php?idnota=3649
25– Ibíd.
26– Como importante
referencia sobre la relación entre los agrocombustibles, el IIRSA y
las cuencas del río Madera, el investigador boliviano Pablo Villegas
ha trabajado de forma inédita, especialmente sobre el tema del río
Madera.
Corporaciones,
agrocombustibles y transgénicos
Por Silvia Ribeiro
(*)
Eco Portal.net,
08/09/07
La ola de los
agrocombustibles sigue avanzando, no porque sea buena para el ambiente
ni aporte solución alguna al cambio climático global –de hecho lo
va a empeorar– sino porque las industrias más poderosas del planeta
lo ven como una fuente de jugosas ganancias y encima consiguen que
muchos gobiernos las apoyen con leyes y subsidios.
La ola de los
agrocombustibles sigue avanzando, no porque sea buena para el ambiente
ni aporte solución alguna al cambio climático global –de hecho lo
va a empeorar– sino porque las industrias más poderosas del planeta
lo ven como una fuente de jugosas ganancias y encima consiguen que
muchos gobiernos las apoyen con leyes y subsidios. Las principales
interesadas son las compañías de automóviles (esperan que con el
nuevo combustible la gente se vea obligada a cambiar de carro), las
petroleras (controlan el sistema de distribución de combustibles),
las que controlan el comercio mundial de granos (ganarán tanto con el
aumento de la demanda de agrocombustibles, como con el aumento de
precio de los alimentos que deberán competir con éstos) y las
trasnacionales de transgénicos agrícolas.
Otros sectores que
avizoran negocios con los combustibles agroindustriales son las
grandes trasnacionales forestales y de plantas de celulosa (Stora Enso,
Aracruz, Arauco, Botnia, Ence y otras), que ahora producen para la
industria del papel, pero que con mínimos cambios tecnológicos se
pueden convertir en plantas de procesamiento de etanol. Igualmente,
fabricantes industriales de alimentos para engorde de pollos y ganado,
como Tyson Foods, han hecho alianzas con petroleras (en el caso de
Tyson con Conoco–Phillips) para la fabricación de biodiesel a
partir de grasa animal.
¿Por qué el interés
de las trasnacionales de transgénicos? Para empezar, porque son prácticamente
las mismas que controlan la mayoría de la venta de todas las semillas
comerciales. Actualmente, todas las semillas transgénicas que se
plantan comercialmente en el mundo son controladas por Monsanto (casi
90 por ciento), Syngenta, Dupont, Bayer, Dow y Basf. Al mismo tiempo,
las tres primeras, o sea Monsanto, Syngenta y Dupont, tienen juntas 44
por ciento de la venta de semillas patentadas en el mundo. Si
consiguen consolidar nuevos nichos de venta que "necesiten"
sus semillas patentadas, aumentarán sus ganancias y su control sobre
las semillas –llave de toda la cadena alimentaria humana y animal–
con el desembarco en otro sector clave: los combustibles.
Todas las
trasnacionales que controlan los transgénicos ya tienen inversiones
en investigación y desarrollo sobre combustibles agroindustriales. La
mayoría en cultivos transgénicos con mayor contenido oleaginoso, de
azúcar o almidón, pero también en enzimas y bacterias transgénicas,
que serían incorporadas a los cultivos o árboles, para acelerar el
procesamiento poscosecha.
Esas transnacionales
ya ganan mucho con la expansión de los agrocombustibles, por ejemplo
con el aumento devastador del área de soja transgénica en el Cono
Sur y todo Brasil, y con el aumento de maíz transgénico en Estados
Unidos. Con la presentación de que serán para agrocombustibles o en
algunos casos combinando forraje y combustibles, esperan introducir al
mercado nuevas semillas manipuladas genéticamente. Semillas que, por
cierto, no podrían lograr aprobación de las agencias reguladoras si
fueran para alimentación humana, introduciendo así nuevos riesgos
con la contaminación de cultivos y granos usados para consumo humano.
Pero sobre todo, este
puñado de trasnacionales que domina el mercado global de semillas,
apunta a adueñarse de más porciones del mercado ya existente, al
tiempo que expandirse a los agricultores chicos que actualmente usan
poco o nada de semillas comerciales, pero que con el anzuelo de
sembrar por contrato para la producción de agrocombustibles, comenzarían
a hacerlo.
Todo esto está dando
lugar a nuevas y poderosas alianzas corporativas. Por ejemplo,
Monsanto y Dow acaban de firmar un acuerdo para crear semillas transgénicas
de maíz que combinarán en la misma planta la resistencia a ocho
herbicidas y además serán insecticidas. Esto refleja en parte su
reconocimiento de que las semillas transgénicas generan resistencia a
los herbicidas y por tanto cada vez hay que usar más. Y si no son
para alimentación humana, se le podrán echar herbicidas más tóxicos
y en mayor cantidad. Monsanto también se alió con Basf, con una
inversión de mil 500 millones de dólares, para crear nuevos transgénicos
en maíz, soja, algodón y cánola. Junto con Cargill creó la empresa
Renessen, dedicada a maíz y soja transgénica para agrocombustibles y
forraje. Para Monsanto significa, además, avanzar en su monopolio,
intentando desplazar a sus competidores más cercanos, Syngenta y
DuPont, del mercado de agrocombustibles.
Por su parte, DuPont
creó con Bunge (una de las cerealeras más grandes del mundo), la
compañía Treus dedicada a híbridos de maíz y soja para
agrocombustibles, y también hizo alianza con British Petroleum (BP)
para producir etanol de trigo y biobutanol. Syngenta firmó un acuerdo
de colaboración de 10 años con Diversa Corporation (biopirata de
microorganismos de todo el mundo), para desarrollar enzimas transgénicas
para producir etanol, a ser incorporadas directamente en las semillas
o en el procesamiento. Syngenta trabaja con productores de caña de azúcar
en Brasil en este sentido, y es la primera de los gigantes de transgénicos,
que solicitó aprobación en Estados Unidos para un maíz con una
enzima especialmente diseñada para agrocombustibles.
El paso siguiente en
esta escalada de poner en riesgo los bienes comunes de la humanidad y
el planeta, para conseguir lucros privados, es la biología sintética,
que pretende crear seres vivos construidos desde cero. Por ejemplo,
Synthetic Genomics, la compañía que creó el controvertido genetista
Craig Venter, trabaja en la creación de organismos vivos totalmente
artificiales para producir energía.
Junto con los planes
de las trasnacionales y los científicos al servicio del lucro
inescrupuloso, crece también la conciencia y la resistencia a escala
global. Por todo lo que está en juego es, sin duda, una batalla dura.
* Investigadora del
Grupo ETC.
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