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Algunas verdades incomodas sobre Al Gore
Por Nazanin Amirian
(*)
Kaos en la Red, 13/10/07
El ex vicepresidente de EEUU, Al Gore ha sido uno de
los ganadores del Premio Nobel de la Paz 2007, "por sus esfuerzos por
construir y divulgar un mayor conocimiento sobre el cambio climático".
Al Comité Nobel le habrá pasado dos males para cometer tal decisión. El
no encontrar en su lista de candidatos a ningún verdadero defensor de la
paz, y desconocer el currículo del ex vicepresindente. Pues, Al Gore no
es ni hombre de Paz ni un aspirante a salvar la tierra con su visión
ecologista.
En cuanto pacifista, solo hay que recordar que la
administración Clinton-Gore bombardeó Yugoslavia, Albania, Sudán,
Afganistán, Irak, Haití, Zaire, y Liberia, utilizó toda clase de
municiones destructivas incluidos proyectiles que contenían uranio
empobrecido, causando la muerte de decenas de miles de civiles y de paso
provoco irreparables daños ambientales cuyos efectos perduraran cientos
de años en sus tierras, aires, y aguas.
El honorable Comité debería saber , por otro lado,
que el actual héroe del ecologismo cuando entre 1993 y 2000 era
vicepresidente del país más contaminador del mundo, a la vez que se había
hecho cargo de todos los asuntos ambientales, domésticos e
internacionales de su país, se negó a firmar el Protocolo de Kyoto,
acuerdo internacional para reducir las emisiones de gases que causan el
calentamiento del planeta.
En su documental, oculta la verdad cuando afirma que
'Somos todos responsables'. No dice que en realidad el 20 por ciento de la
humanidad, principalmente las multinacionales, comete el 80 por ciento de
las agresiones contra el medio ambiente, o que el consumo de energía de
un ciudadano medio del Primero Mundo es 70 veces más que uno en los países
en desarrollo. ¡En la propia casa de Al Gore se consume 20 veces más
energía que en la de una familia media norteamericana!.
Otro de las perlas de la batalla del ex
vicepresidente es su defensa de los agrocombustibles, o cultivos energéticos
como medida para reducir la contaminación de la atmósfera. Que el maíz
y la soya sustituyan a los cultivos de patatas y arroz alimentos básicos
de cientos de millones de pobres del planeta, y pro consiguiente poniendo
fin a la seguridad alimentaria.
La actual campaña por producción de los
monocultivos de materia prima para biocombustible ya está causando
desertificación de grandes superficies, destruyendo bosques, pastizales y
tierra de cultivos tradicionales en Latinoamérica (Argentina, en Brasil y
Bolivia), Asia y África para alimentar a los "eco" coches. Una
deforestación que aumentará las emisiones de gases de invernadero por el
drenaje de suelos y la agricultura intensiva, y justamente acelerará el
calentamiento global.
Detrás de todo se esconden los intereses de las
multinacionales del agronegocio de biocombustibles.
(*) Nazanín
Amirian, escritora y politóloga iraní, reside en España desde 1983. Es
profesora-tutora de Ciencias Políticas en la UNED y en la Universidad de
Barcelona, e imparte cursos y conferencias sobre su país Irán, el Islam
político, la situación de la mujer en el mundo musulmán, además de
darnos a conocer las complejas circunstancias en las que el pueblo kurdo
libra su batalla por la liberación.
Premio al «alarmismo» climático de Al Gore y
olvido a su pasado bélico
Por Joseba Vivanco
GARA / Kaos en la Red, 13/10/07
Quien fuera vicepresidente de EEUU durante la
era Clinton, Al Gore, y el comité del clima de Naciones Unidas fueron
reconocidos ayer con el Premio Nobel de la Paz 2007 de manera conjunta por
su impulso a la advertencia sobre los riesgos del cambio climático. La
Academia noruega premia así lo que estaba cantado, la lucha contra el
calentamiento planetario. Sin embargo, no son pocas las dudas que se
ciernen sobre Al Gore, un Nobel «incómodo».
Un Nobel de la Paz condensado en 90 minutos, los
mismos que dura la oscarizada. “Una verdad incómoda''. Escribía el
rotativo alemán “Suddeutsche Zeitung'' que el galardón que ayer se
entregó bien pudiera haber recaído de nuevo en la laureada con el de
Literatura, la simpática británica Doris Lessing, porque si el elegido
era -como nadie dudaba- Al Gore, sería por su contribución a divulgar su
particular visión del cambio climático, pero no seguramente por sus muy
discutidas intervenciones bélicas como ex presidente de EEUU en lugares
como la antigua Yugoslavia, Haití o Somalia.
«Por sus esfuerzos de recogida y difusión de
informaciones sobre los cambios climáticos provocados por el hombre y por
haber puesto las bases para tomar medidas necesarias a la lucha contra
estos cambios», fueron los argumentos esgrimidos ayer en Oslo por el
presidente del comité Nobel noruego, Ole Danbolt Mjoes. Al Gore y el
Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas
en inglés), dependiente de la ONU y que agrupa a unos 2.500 científicos
de todo el mundo, son los nuevos homenajeados por la Paz.
La lucha contra las potenciales consecuencias del
cambio climático ha sido la gran reconocida por la Academia noruega, que
se suma así a la corriente internacional que abandera desde hace apenas
un par de años el propio Al Gore, a quien muchos consideran ya el `apóstol'
de esta contienda, lo mismo que Bill Gates hace lo propio en la batalla
contra el sida.
Primero fueron sus 328 páginas de “Una verdad incómoda''
a 26,90 euros cada libro; luego, su oscarizado documental con el mismo título
e imágenes y afirmaciones a las que, precisamente un día antes de
saberse ganador, un juez británico sacaba los colores hasta en nueve
ocasiones por considerarlas alarmistas y subjetivas.
Una decisión cómoda, la de los académicos del
Nobel, pero incómoda por la propia biografía del premiado. En 1988
intentó obtener por primera vez la candidatura presidencial demócrata,
pero no tuvo éxito. Su gran oportunidad llegó de la mano del carismático
Bill Clinton -otra personalidad venida a filántropo en la lucha contra el
hambre y otras desgracias humanas-, con quien alcanzó la vicepresidencia
entre 1993 y 2000. El `príncipe Al', como le llaman sus colegas del
elitista colegio washingtoniano donde cursó estudios, lo intentó después
frente a George W.Bush, pero las carencias democráticas del sistema
electoral estadounidense le impidieron alcanzar la Casa Blanca.
Sus críticos aseguran que Gore fue el toque
ambientalista que Clinton -con un récord negativo en esta materia en su
estado de Arkansas- necesitaba para ganar las elecciones en 1993. Gore se
había ganado fama como senador por Tennessee de preocuparse por la ecología.
Ya en 1991, publicó “Earth in the Balance: Ecology and Human Spirit'»,
en el que planteaba grandes cambios ecológicos necesarios para afrontar
el siglo XXI. También en 1992 adquirió protagonismo en su comparecencia
en la Cumbre de la Tierra de 1992. Pero llegado al Gobierno de EEUU, ¿qué
hizo para combatir el ya entonces en ciernes debate sobre el cambio
global? «Nada», contesta tajante Ruiz Marrero, periodista y educador
ambiental puertorriqueño, habitual columnista de publicaciones
alternativas.
Y es que, como recuerda este articulista, la
Administración Clinton arrastra el lastre de haberse negado a firmar el
Protocolo de Kyoto para reducir las emisiones de gases de efecto
invernadero que causarían el recalentamiento del planeta. «En su película,
Gore no menciona nada de eso y encima tiene el atrevimiento de exhortarle
a los políticos de su país que apoyen el Protocolo», le reprocha. Es
cierto que Gore acudió a Kyoto para firmar el acuerdo, pero EEUU nunca lo
ratificó.
Yugoslavia, Somalia, Haití...
Un tachón que pesa mucho en la biografía ecologista
y ambientalista de Al Gore, pero que no es ni mucho menos su peor verdad
incómoda. Seguramente, muchos analistas recordarán hoy que también
Jimmy Carter (en 2002) o Henry Kissinger (en 1973), fueron galardonados
con el Nobel de la Paz. Y es que Al Gore, como ellos, tiene tras de sí
una cuestionable política militar a bordo de la Administración Clinton.
Su bélica campaña exterior arrancó con el
bombardeo de Irak, que duró hasta 2001, y prosiguió con intervenciones
armadas en Somalia en 1993 y la invasión de Haití ese mismo año, sin
obviar actuaciones de guerra en Sudán, Liberia, y su decisiva implicación
en la cruenta contienda de la antigua Yugoslavia.
Tras su fallido asalto a la Casa Blanca, Gore
recondujo su papel en la esfera mundial hacia el medio ambiente y en
apenas sólo dos años, su «verdad incómoda» le ha catapultado en todo
el planeta hasta convertirle en el abanderado mediático de la lucha
contra el cambio climático. Quien fuera director general de la Unesco,
Federico Mayor Zaragoza, reconoce en él que ha logrado lo que ningún
informe ni declaración internacional, ni cumbre de la tierra había
podido hacer con anterioridad, «que todos vieran: gobernantes,
parlamentarios, medios de comunicación, ciudadanos, estudiantes... Ojos
que ven, corazón que siente».
Y todo gracias a un libro, pero sobre todo a un
documental que en sólo cuatro meses recaudó 23 millones de dólares en
EEUU. Una exposición en exceso alarmista y no del todo sujeta a la
realidad y los datos -pone como ejemplo los daños del huracán Katrina en
Nueva Orleans, cuando la culpable fue la ausencia de planes de emergencia
del Gobierno Bush-, pero sumamente efectiva para llegar al público de
todo el mundo y presionar de paso a sus gobernantes.
En este 2007, Al Gore ha liderado, además, la
iniciativa de organizar siete macroconciertos, bajo la denominación de
Live Earth y el eslogan “Un clima en peligro'9», que se celebró el 7
de julio en Londres, Nueva York, Johannesburgo, Río de Janeiro, Shanghai,
Sidney y Tokio, con la participación de un centenar de artistas
internacionales. También presentó “The Assault on Reason'' (Asalto a
la razón), un nuevo libro en el que describe la falta de voluntad política
para resolver la crisis climática.
El director ejecutivo de Greenpeace-España, Juan López
de Uralde, mostró ayer su «satisfacción» por la concesión de este
Nobel de la y confió en que sirva para reforzar la lucha contra el cambio
climático y para reducir las emisiones de gases contaminantes. «Entendemos
que es un premio a la lucha contra el cambio climático», dijo. También
grupos como Ecologistas en Acción aplaudieron el fallo de la Academia
noruega.
Pero no todo son parabienes para Al Gore y su bandera
ambientalista. Hay quienes le cuestionan, precisamente, su alarmismo o
quienes le achacan que su discurso sólo se basa en culpar del todo al
CO2, cuando no es ni mucho menos el único culpable. De igual modo, su
apoyo a la política en favor de los biocombustibles, impulsada por George
W. Bush, a partir de cereales le está granjeando muchas críticas en
lugares como Sudamérica. En Argentina, este año, una docena de
organizaciones rurales del país le catalogaron de «nuevo colonizador y
publicista del negocio global» y acusaron a su película de «desnudar
verdades a medias para no incomodar a sus financistas: las petroleras, las
semilleras y las automotrices».
Al Gore, ¿un Nobel `incómodo' para la Paz?
El IPCC, comité del clima de la ONU, comparte el
galardón. «Estoy encantado de compartir este premio con usted, y estoy
deseando trabajar con usted para cambiar la forma de pensar del mundo»,
le respondió ayer el científico indio Rajendra Pachauri, presidente del
Grupo Intergubernamental de la onU sobre el Cambio Climático (IPCC), al
felicitarse mutuamente con Al Gore a través del teléfono por compartir
el Nobel de la Paz 2007. Ambos se encontrarán en Washington el próximo día
20.
El IPCC, unas siglas que se han popularizado en los
medios de comunicación por sus informes sobre el cambio climático, fue
creado en 1988 a propuesta de la Organización Meteorológica Mundial
(OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Su misión consiste en evaluar la información científica disponible
sobre el cambio climático, estimar sus impactos ambientales y socioeconómicos
y trazar estrategias para dar respuestas adecuadas a este fenómeno. Sus
primeras aportaciones condujeron al Protocolo de Kyoto.
Está formado por unos 2.000 científicos de todo el
mundo y pertenecientes a distintas disciplinas.
Desde 1988 el IPCC ha publicado tres informes de
Evaluación, en 1990, 1995 y 2001. En unas semanas, la ciudad catalana de
València acogerá el Plenario del IPCC que adoptará el cuarto Informe de
Evaluación del Panel Intergubernamental. Su último informe, presentado
en 2001, representa el primer consenso científico global, según el cual
la acción del hombre es la responsable de la alteración del clima
mundial.
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