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Farsa
trágica en Bali
Por
Alejandro Nadal
La Haine, 21/12/07
Al
amparo del esquema de asignación de cuotas, el sistema
europeo de transacciones de bonos de carbono (ETS) se ha
convertido en uno de los negocios más lucrativos en materia
de especulación financiera
La
conferencia de Bali sobre cambio climático terminó en gran
farsa. Claro, muchos diplomáticos y críticos dóciles
presentarán los resultados de Bali como algo positivo y
parte de un proceso en construcción. Hasta la aceptación
de Estados Unidos del plan de negociaciones futuras ha sido
descrita como muestra de flexibilidad y anuncio de una
actitud constructiva para el futuro. Lo cierto es que lo único
que se está construyendo es una gran tragedia. Y si alguien
lo duda, veamos los resultados.
En
Bali se tenía que definir un plan para el futuro inmediato
de las negociaciones sobre cambio climático. Había un
sentido de emergencia. La cantidad de bióxido de carbono
que hoy existe en la atmósfera rebasa el rango natural de
los últimos 650 mil años. El cuarto informe del Panel
Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) señala
con toda claridad que si se quiere mantener el aumento de
temperatura promedio global alrededor de los dos grados centígrados
en las décadas siguientes, los países más
industrializados deben recortar drásticamente sus emisiones
de gases de efecto invernadero (GEI) para el año 2020.
Esas
reducciones deben ser entre 25 por ciento y 40 por ciento
inferiores a los niveles de emisiones que tenían en 1990.
El mensaje científico es directo: sin esas reducciones se
rebasará el umbral de los dos grados con gravísimas
consecuencias. Lo triste es que el mensaje no ha sido
escuchado.
La
conferencia de Bali estuvo dominada por las divisiones entre
bloques de naciones. Estados Unidos, Australia, Japón y
Canadá rechazaron desde el principio la inclusión de metas
cuantitativas para la reducción de emisiones de GEI. Por su
parte, la Unión Europea, China, India y otros países
apoyaron la inclusión de esas metas cuantitativas como
parte del texto final. En respuesta, Washington siguió
exigiendo que las economías emergentes adopten compromisos
firmes de reducciones de GEI. Estos estados exigen cooperación
técnica real y asistencia financiera para comprometerse.
Al
final, el plan negociado en Bali es una desaliñada
mescolanza de planteamientos vagos sobre todos estos puntos.
Su retórica reconoce que se necesitan reducciones profundas
de GEI para las economías desarrolladas, pero sin
calendarios o metas. El máximo logro fue incluir una
referencia de pie de página al documento técnico del IPCC
en el que se explicitan las reducciones de 25 por
ciento–40 por ciento en GEI. Gran victoria, un asterisco
contra el cambio climático.
Por
otra parte, el plan habla de la necesidad de recortes de
emisiones en China, India y otros países, pero sin siquiera
señalar las grandes orientaciones de las estrategias a
seguir. La retórica sobre ayuda técnica y financiera también
está presente, pero con vaguedades y sin compromisos
reales. En suma, el resultado de Bali es un alarde de retórica
vacía y llena de ambigüedades. El rasgo dominante para el
futuro inmediato será la incertidumbre.
A
unas cuantas horas de concluida la conferencia de Bali, la
Casa Blanca emitió un comunicado aclarando que el texto
aprobado no cambia en nada la posición de los
estadunidenses. Bush continúa comprometido con el lobby
petrolero. Y esa posición cae como anillo al dedo a la Unión
Europea. En efecto, frente a la terquedad estadunidense, la
UE proyecta una imagen de lucidez y seriedad en el tema
ambiental. Sin embargo, Europa está tan dominada como
Washington por intereses comerciales mezquinos y de corto
plazo. En especial, lo que más le importa a la UE es
mantener los lucrativos negocios del mercado de bonos de
carbono.
El
mercado de bonos de carbono descansa sobre la base de
asignar cuotas a las empresas. Si una empresa no agota su
cuota, puede vender ese sobrante a las empresas que sí
rebasaron el cupo que les fue asignado. Al amparo de este
esquema de asignación de cuotas, el sistema europeo de
transacciones de bonos de carbono (ETS) se ha convertido en
uno de los negocios más lucrativos en materia de especulación
financiera. Casi todos los bancos europeos importantes, y la
mayoría de las grandes corporaciones multinacionales de la
UE, están involucrados en la especulación con bonos de
carbono.
Por
su dinamismo, el mercado de bonos de carbono se está
convirtiendo en uno de los espacios de especulación más
grandes del mundo. Por eso no sorprende que la Asociación
Internacional de Transacciones de Emisiones, el lobby
principal de los especuladores en el mercado mundial de
bonos de carbono, haya sido uno de los organismos con mayor
presencia en la conferencia de Bali.
Este
año se intercambiaron bonos de carbono por 30 mil millones
de dólares en el ETS. Pero el sistema de mercado de bonos
de carbono ha sido un fracaso: entre 2001 y 2004 las
emisiones de GEI en Europa crecieron 3 por ciento y en 2006
el aumento fue de 1.5 por ciento. Definitivamente los países
europeos no tienen autoridad para dar lecciones al mundo
sobre responsabilidad ambiental.
Lo
más importante es que en esta conferencia sobre cambio climático
se desperdició la oportunidad de aprovechar las enseñanzas
de los últimos 10 años. Todos ambicionaron lo suyo en
Bali, y todos perdimos.
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