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Trámite de la visa estadounidense:
Un robo adelantado
Por Adán Salgado Andrade
Para Socialismo o Barbarie, 18/02/08
La brutal polarización que ha creado
el proceso globalizador, en el que unos cuantos países, los
desarrollados, junto con sus corporaciones, han concentrado
la mayor parte de las actividades económicas mundiales, ha
llevado a una generalizada desindustrialización en los
llamados países “emergentes”, cuyas consecuencias han
sido, entre otras, un fuerte aumento del desempleo, debido
al cierre de las empresas y negocios locales.
Los trabajadores despedidos tienen
muy pocas posibilidades de volver a recontratarse en el
corto plazo y para muchos la única alternativa real es
emigrar a aquellos países a quienes deben precisamente el
ser despedidos. Tal es el caso de México, en donde las
impuestas, equivocadas políticas neoliberales seguidas dócilmente
por los gobiernos priístas y ahora panistas, no sólo han
afectado la actividad industrial, sino también al campo
(Ver mi artículo en Internet “Apertura total del TLC… o
de cómo se sigue matando al campo en México), dejando un
creciente ejército de obreros desempleados, campesinos míseros,
profesionistas inactivos… y así, siendo para muchos de
ellos la única, verdadera “alternativa”, viajar a los
Estados Unidos, con tal de obtener un empleo que alivie sus
fuertes necesidades económicas.
Y como ese país ha endurecido cada vez más la frontera que
comparte con México (muros metálicos, más policías
fronterizos, tolerados grupos civiles caza-ilegales, leyes más
severas por entrar ilegalmente…), muchos de los
potenciales inmigrantes tratan de obtener una visa legal con
tal de minimizar los riesgos de una captura y una deportación
que podrían sufrir si se fueran como ilegales, además de
que tendrían que cruzar un desierto en donde varios de los
que lo intentan mueren, alrededor de 400 por año. Y es
cuando otro vía crucis comienza, pues aunque el
solicitar una visa como turista, la más común, (noninmigrant
visa, según se aclara en la página de la embajada
estadounidense), no pone en peligro la existencia de los
peticionarios, sí constituye un trámite que en la mayoría
de los casos es humillante, indigno y, además, un
velado negocio que más se asemeja a un robo que al pago por
un “trámite legal”.
En la página electrónica de EU que indica cómo tramitar
un visado, se define que una visa “puede permitir” al
portador el libre paso hacia ese país (no siempre, porque,
ya estando allá, se le puede ocurrir al oficial de
inmigración que el portador del visado no es confiable y
simplemente se le niegue la entrada), el cual puede ser
permanente, si el visado que se pide es de tal categoría (inmigrant
visa) o temporal, si el visado es turístico o por
tiempo limitado. Este es el que se solicita en la mayoría
de los países en donde existen embajadas estadounidenses,
ya que al entrar como turista, se facilita encontrar un
trabajo y permanecer allí aún cuando el permiso de
estancia haya vencido (el problema será a la salida del país,
pues el infractor queda vetado para siempre de entrar de
nuevo a EU).
Los trámites son tardados, además de onerosos y costosos
para muchos países con ingresos mensuales bajos, pero además
se rechaza a la mayoría de los solicitantes, más del
ochenta por ciento.
Se debe, primero, obtener el pasaporte, el cual tiene un
costo, en México, de alrededor de 80 dólares (con una
nueva, absurda modalidad ahora, de que el mínimo obtenible
es para tres años, en lugar de un año, como en el 2007 aún
se expedía), que además, cada año es más oneroso de
tramitar (también se debe de concertar una cita).
Ya con el pasaporte en mano, se debe de hacer una cita telefónica
a la embajada, la cual tiene su costo, alrededor de cinco dólares,
para cuya asignación de la fecha, no parece haber un orden
claro, sino que aparentemente es aleatoria (a decir de los
entrevistados que consulté para este artículo), quienes
hablaban el mismo día y a unos les era asignada una semana
después de la llamada, en tanto que a otros, dos semanas,
un mes, dos meses después… sí, se necesita, sobre todo,
mucha paciencia.
En seguida, debe de accederse a la página electrónica que
contiene la forma DS-156, un cuestionario cuya versión en
inglés es la más accesible, así que quien no sepa ese
idioma, pues tendrá problemas, sobre todo porque muchas de
las preguntas francamente o son capciosas o, de plano,
evidencian la doble personalidad que poseen los
estadounidenses, quienes o pueden ser muy prepotentes y
autoritarios o pueden pecar de ingenuos, pensando que los
solicitantes puedan contestar preguntas como las siguientes:
-
Do you seek to enter the United States to engage
in export control violations, subversive or terrorist
activities, or any other unlawful purpose?
-
2. Are you a member or representative of a
terrorist organization as currently designated by the
U.S. Secretary of State? 3. Have you ever participated
in persecutions directed by the Nazi government of
Germany; or have you ever participated in genocide?
Estas preguntas traducidas significan lo siguiente: 1. ¿Está
usted tratando de entrar a los Estados Unidos para
inmiscuirse en violaciones a los controles de exportaciones,
en actividades subversivas o terroristas?, 2. ¿Pertenece
usted a una organización terrorista de las que así ha
catalogado el Departamento de Estado?, 3. ¿Ha participado
alguna vez en persecuciones llevadas a cabo por el gobierno
nazi de Alemania o ha usted alguna vez participado en
genocidios?
Como se ve, el problema es que si el solicitante no entiende
inglés, difícilmente sabrá qué contestar. Así, en la
primera, la referente a las actividades terroristas, por
ejemplo, pudiera pensar el solicitante que desconoce el
idioma que se le está preguntando si está en contra de los
terroristas, pues, como dije antes, estas tres preguntas o
son capciosas o son estúpidamente ingenuas. Y si contesta sí,
pues ya no será elegible, de entrada, para obtener la visa,
pues habrá caído en la trampa y estará afirmando que sí
piensa inmiscuirse en actividades ilegales o terroristas. La
segunda pregunta, es de plano para dar risa, ya que nadie, aún
siéndolo, contestaría que es miembro de Al-qaeda, por
ejemplo. Y la tercera, pues hace mucho que Alemania dejó de
ser nazi, cuando finalizó la segunda guerra mundial, lo que
evidencia el anacronismo de muchas de las cosas que
pretenden defender los estadounidenses (su pasión por las
armas, por ejemplo, derecho constitucional inalienable),
además de que en este caso, el mayor genocida de la
historia reciente ha sido justamente EU, como puede
comprobarse en la invasión hecha a Irak, en donde han sido
asesinadas más de 1,600,000 personas desde el 2003 que
comenzó ese infame conflicto, así que esta pregunta muy
bien sería aplicable a los militares y funcionarios
estadounidenses que han contribuido al ingerente belicismo
yanqui.
Respondido ese capcioso o ingenuo cuestionario, ya se avanzó
otro paso, pero antes de acudir a la cita, el solicitante
debe de pagar el derecho por trámite que en todo el
mundo cuesta actualmente ¡131 dólares!, tal y como se
indica en el sitio citado.
Se estima, conservadoramente hablando, que cada día son
solicitadas en el mundo entre 700,000 y un millón de visas
estadounidenses de todo tipo, las cuales, a ese costo,
rendirían ¡entre 91,000,000 y 131,000,000 de dólares
diarios!, que para un país en recesión, como EU, con
fuertes deudas inmobiliarias y alto déficit fiscal y
comercial, pues son muy buenos, sobre todo con tantos gastos
militares, como la invasión a Irak, la cual le cuesta ¡87
millones de dólares por día! (mil dólares cada segundo).
Así que con lo que obtienen mañosamente las embajadas y
los consulados estadounidenses diariamente de las visas, se
pagaría dicha invasión, las que, como señalé antes, son
otorgadas a menos del 20% de los solicitantes.
En las “justificaciones” que se dan para tan alto,
fraudulento cobro, se cita la siguiente: “El Departamento
de Estado incrementó el valor del costo de los trámites
del visado de 100 dólares a 131, debido a los costos que
implican las medidas de seguridad, así como las tecnologías
informáticas empleadas”, justificativo que, sinceramente,
es muy pobre y absurdo, dado que de antemano dichas
embajadas y consulados, así como las “tecnologías informáticas
empleadas”, cuentan con un presupuesto anual para sus
labores, que de ninguna forma se paga con lo obtenido por
la venta de visas, dinero que es, en todo caso, un
ingreso adicional, bastante importante, como se señala
arriba. Así pues, ese pago es meramente mercantilista, un método
fácil de obtener “easy money”, disfrazado de “trámite
serio”.
Como dije, se deben de pagar antes de la cita, de lo
contrario no se atiende al solicitante. En México, ese pago
se debe hacer a Banamex, antiguo banco mexicano que hace
unos años adquirió Citicorp, quebrado banco estadounidense
que, se rumora, participa en el blanqueo de dinero obtenido
de la venta de droga colombiana y que por eso adquirió al
citado Banamex, para ejercer un control más firme de las
narcooperaciones que se llevan a cabo en México.
Hace poco, en octubre del año pasado, la analista económica
estadounidense Meredith Whitney calificó de institución
financiera insegura a Citicorp, degradando sus funciones,
luego de lo cual, el banco precipitó pérdidas (que no
pudieron ocultarse más) por $15,000 millones de dólares,
así que, de paso, el dinero obtenido por las visas, es
bueno también para dicho banco, que podrá siempre
“jinetearlo” un poco y quedarse con algo (por eso de los
manejos operativos), más en ese momento que está en
crisis, antes de que llegue a las arcas estadounidenses.
Además, el pago de la visa turística es el más bajo, pues
otros pagos son más caros. Las visas para inmigrantes van
de los 355 a los 500 dólares, según se pretenda estudiar o
trabajar en EU. En estos casos, la sola petición cuesta 190
dólares, el procesarla, 335, “otros cargos”, 45, costos
de envío, 165, el gafete, 265, el costo por expedición, si
es concedida, 375… amén de gastos “notariales”, otros
100 dólares. Sí, el tesoro estadounidense se embolsa ¡$1475
dólares por cada solicitud aceptada para trabajar o
estudiar allí! No cabe duda que este alto costo parece, más
bien, que se está solicitando la entrada a un caro
concierto o espectáculo público, más que a un país, y
que sólo los verdaderamente pudientes podrán “comprar la
entrada”.
Por ello, no es de extrañar que se pida a los solicitantes
de visa que posean cuentas bancarias, tarjetas de crédito,
comprobantes de empleo… como si con eso se midiera su
capacidad económica, como diciendo ¿cuanto dinero posee
usted para consumir cuanta cosa se le ponga enfrente?
No importan papeles que comprueben los estudios realizados,
menciones honoríficas, diplomas… eso, por ejemplo, le
sucedió a Miguel, quien obtuvo el título de la
licenciatura de guitarrista concertista en la escuela de música
de la UNAM. Estaba invitado a un concurso en Brownsville.
Aunque no tiene actualmente un trabajo estable, mostró al
oficial consular que lo “entrevistó” su título, sus
menciones honoríficas, sus diplomas, que avalan su buena,
notable educación (requisito que se estipula en un boletín
que se entrega al final a los solicitantes a quienes no se
les concede la visa).
Más que entrevistarlo, el oficial, un latino, dice Miguel,
lo humilló, haciendo a un lado sus documentos con profundo,
marcado desprecio, diciéndole que eso no le importaba, que
dónde estaban las cuentas, las tarjetas, el comprobante de
trabajo. Sólo cuando Miguel le mostró la invitación
formal para el concurso (de la Universidad de Brownsville),
el tipo se “dignó” a concederle, no una visa, sino únicamente
un permiso temporal por tres meses, pues es sólo “para lo
que usted puede calificar”, le sentenció, en apochado
español.
José Luis, amigo de Miguel, quien igualmente debía de ir
al concurso de cuartetos de guitarra, nos platica que antes
de estar enfrente del oficial consular, a todos los tratan
como si fueran convictos ingresando a un penal, pues son
despojados absolutamente de todos los objetos considerados
“peligrosos”: monedas, llaves, cortaúñas, cinturones,
celulares, aretes, pulseras, cadenas… luego de lo cual
pasan a un lugar en donde les son tomadas sus huellas
digitales (claro, así se hace EU muy fácilmente de un
inmenso banco de huellas, con lo que, arbitrariamente, estará
apoderándose de información confidencial que podrá
manejar a su entero antojo, es decir, así conforma sus
propios “antecedentes penales” de los millones de
solicitantes de visas estadounidenses.
Por supuesto que se justifica para hacerlo que ello es en
bien de la “lucha contra el terrorismo”). De allí, sus
ropas son escaneadas en una máquina de visión de rayos
“X”, a pesar de que antes ya los han revisado minuciosa
y manualmente policías mexicanos de seguridad y se les
obliga a pasar por un arco electrónico (máquina que puede
detectar objetos “peligrosos” que estén escondidos
dentro del cuerpo).
No es todo, una vez más, dice José Luis, a quien cada rato
se le estaban cayendo casi los pantalones por la falta del
cinturón (“Deveras que te sientes bien humillado”,
platica), los obligan de nuevo a imprimir sus huellas
digitales en escáners… y ya, habiéndose comprobado
fehacientemente que no son “terroristas”, se les permite
el paso a una amplia sala, en donde hay unas quinientas
sillas, dice, todas ocupadas, al final de la cual están las
ventanillas de los oficiales consulares, y encima de éstas,
un gran tablero electrónico en donde se muestra el turno de
ese instante, la ficha que le corresponde, el nombre del
poseedor y la ventanilla que le toca para efectuar la
entrevista-humillación.
José Luis nos cuenta, todavía con mucho coraje: “Pues a
mí, ese cabrón me dijo que no le importaban mis papeles de
la escuela, que le demostrara en dónde trabajaba yo… ni
siquiera cuando le enseñé la invitación para el concurso
(hecha por un tal Michael Quantz, profesor asociado de la
Universidad de Texas en Brownsville), se ablandó, pero ya
se puso a leerla”.
Como antes José Luis había ido a otro concurso a España,
el oficial, un chicano, aclara el joven, “me preguntó, así,
muy despectivo, que quién me había pagado ese viaje,
porque como soy músico y sin trabajo, pues no creía que me
hubiera pagado yo el viaje, y yo le dije que yo mero, que
nadie me lo había pagado… ¡me daban ganas de decirle que
qué chingados le importaba al cabrón!”.
Aquí puede notarse una discriminatoria, racista actitud por
parte de ese hombre, en el sentido de que, obtusos en
mentalidad como son la mayoría de los estadounidenses o sus
sucedáneos, le parecía increíble que un “pobre músico
mexicano” ya hubiera ido antes a un lejano país, a donde,
quizá, ese tipo nunca había ido en su cuadrada, rutinaria
vida. También, a duras penas, a José Luis le concedieron sólo
un permiso de tres meses, al igual que Miguel. “No
necesitas más tiempo”, dice que sentenció el oficial
consular. “¡Con trabajos me la dieron, pero a muchos no
se las daban, yo creo que como a unos siete de cada diez.
Uno que iba delante de mí, les comprobó que tenía
trabajo, que ganaba como cien mil pesos al mes, que tenía
cuentas en el banco, y ni así se la dieron!”, agrega José
Luis, enojado.
El caso de Ricardo, quien también iba a asistir al mismo
concurso, es más emblemático. Él ya hace años había
obtenido una visa, pero como estaba vencida, pues era sólo
cuestión de renovarla, pensó muy lógicamente. Sin
embargo, cuando todo parecía ir bien con la mujer que lo
atendió, una estadounidense de unos 35 años, le pidió un
momento, el cual se extendió a unos diez minutos, cuenta
Ricardo.
Cuando regresó, la amabilidad dibujada hacía unos minutos
en su rostro, se había transformado en consternación. “¿Nunca
antes ha estado en Estados Unidos, no ha tenido problemas
con la justicia?”, le pregunto con inglesado, mal
pronunciado español. Ricardo, un tanto turbado, recordó el
infame caso ocurrido veinte años antes. Sucede que en ese
entonces él y unos amigos pretendían entrar a Estados
Unidos para comprar instrumentos, razón por la cual no
consideraron necesario obtener un visado, imaginando que
habría formas más fáciles de ingresar, pues sólo estarían
unas horas.
A Ricardo, por su aspecto físico (es blanco, ojiverde),
alguien le dijo que le sería fácil pasar la aduana
estadounidense diciendo que era “american citizen”…
grave error, que le costó a Ricardo, aparte de
humillaciones, golpes, amenazas y un fuerte daño psicológico,
pues todavía tiembla al recordar el desdichado evento, que
lo encarcelaran una tarde y una noche en un penal de “alta
seguridad” en Brownsville, por el imputado delito de
“suplantación de ciudadanía”. Fue llevado allí en una
camioneta de la “migra”, oyendo todo el tiempo que duró
el traslado al par de agentes que lo arrestaron, burlarse
todo el tiempo de él y profiriendo falsas amenazas de que
le iba a ir muy mal, lo que, por fortuna, no pasaron de ser
simples amedrantamientos para espantarlo.
Al día siguiente de su detención, fue llevado a un condado
cercano, en donde fue obligado a pedir perdón de rodillas a
“un pendejo juez que tenía peluca blanca”, refiere con
avivado rencor Ricardo, quien, luego de concederle el perdón
por su “horrible crimen”, lo sentencio a no pisar
territorio estadounidense, ni a solicitar visa los
siguientes tres años. Tan seguro estaba Ricardo de que su
delito ya había prescrito, que por eso, pensó, le habían
concedido una visa hace unos 12 años, luego del incidente,
así que no tendría problema en renovarla, razonó. Pero en
esta ocasión, no fue así. Como la mujer insistiera,
Ricardo confesó su “felonía” (¡Como si eso hubiera
sido un gran delito, el tratar de ingresar a EU sólo para
comprar instrumentos, acción totalmente conveniente para
tan mercantilista país!), pero aclarando que la condena ya
había prescrito y que por eso no lo había apuntado en la
forma DS-156.
A partir de ese lamentable instante, ningún argumento valió
para la cerrada mentalidad de la mujer (consecuencia, claro
está, de la cerrazón de su sistema político), la que no
dejó de señalarle su “grave falta” y que estaba vetado
“de por vida” para entrar a EU, a pesar de que Ricardo
le enseñó cuanto papel tenía a su favor para demostrarle
que sólo estaría allá quince días, principalmente para
concursar en el evento universitario. En este caso, se
comprueba la falta de ética y seriedad de las leyes
estadounidenses, que cambian a su antojo sus legaloides
argumentos, con tal de clasificar como non gratos al
mayor número de extranjeros posibles, no así el dinero que
previamente pagaron por tan tramposo, mañoso trámite, ¡esos
131 dólares son welcome!
“¡Lo que más me duele es que me hayan vuelto a humillar
y que me echaron a perder un proyecto que venía preparando
desde hace seis meses, ya tenía mis boletos de avión y
todo listo, son chingaderas!”, exclama Ricardo, denotando
todo el rencor que la nueva afrenta le ha provocado, además,
claro, de que “¡les regalé a esos cabrones 131 dólares!”.
Lo mismo le sucedió a otro de los entrevistados, Carlos,
ingeniero en computación, quien también debía ir allá
por un curso. “¡No me la dieron, el tipo ese me alegó
que de dónde era, y le dije que del Estado de México, y
estaba necio en que ese estado no existía, que de dónde
era, hazme favor, pinche ignorante, y que no, que no me la
daba porque había falseado de dónde era!”. Sí, Carlos,
a pesar de tener un negocio propio, un café-internet, y
haber comprobado sus estudios, no obtuvo tampoco el
“permiso” para viajar a EU.
“¡Yo le grité que qué lástima que siendo mexicano,
porque a leguas se le veía lo naco, que no supiera que había
el estado de México!”, agrega Carlos, también muy
enojado. Sí, se siente el rencor de él y de decenas que
son rechazados a diario, pues además pagaron por la
humillación, aunado al que ya, de por sí, se ha ido
forjando con el correr del tiempo, de carácter histórico,
incluso, remontándose al siglo 19, cuando nuestro
territorio sufrió los primeros embates del expansionismo
yanqui, al perder el estado de Texas y poco tiempo después
California y el resto de lo que por entonces era México,
que significó más de la mitad de su extensión territorial
arrebatada por la superior fuerza militar (encima de la
invasión que los marines llevaron a cabo en varias
ocasiones).
A quienes sin problemas les es concedida la visa, los menos,
se ufanan de su “buena suerte”. Uno de ellos es Agustín,
de unos 60 años, ferrocarrilero jubilado, quien está
contento de haber recibido el permiso. “Pues yo quiero ir
a Nueva Orleáns, porque quiero llevar allá a mi vieja y
comprarme una camionetita, pero necesito traérmela antes
del primero de marzo, para que así no me cobren el doble
por legalizármela”, dice, muy contento.
Se refiere a una nueva ley que recientemente se expidió en
el congreso mexicano, tratando de proteger a la “industria
automotriz mexicana” (sí así se le puede llamar a las
ensambladoras de empresas automovilísticas extranjeras que
sólo aprovechan nuestras mano de obra y materias primas
baratas para reducir sus costos de fabricación), que gravará
a partir de marzo con cien por ciento a todos los autos
usados que se compren en EU y se pretendan legalizar aquí,
para evitar la “competencia desleal” de unidades que
salen relativamente más baratas en comparación con los
autos “mexicanos”.
Pero, por otro lado, mentalidades consumistas como las de
Agustín, acríticas y permisivas de los abusos referidos,
por desgracia contribuyen a seguir estimulando el criterio
mercantilista empleado por EU para establecer quién puede
ir a su país, que solamente será aquella persona que
demuestre tener mucho dinero para comprar cuanto le ofrezcan
los aparadores de los muy surtidos malls, esos
megacentros comerciales en donde puede adquirirse de todo,
desde hot dogs, hasta autos...
Dentro de mi propia experiencia, de las veces que he
visitado EU, puedo afirmar que sin muchos dólares en el
bolsillo, uno será siempre mal visto. Si, en cambio, se
compra de todo y bastante, será considerado uno todo un
“Mister Money” y las puertas de cuanto negocio haya
estarán siempre abiertas (de hecho hay aquí tours especiales
de fin de semana, en donde se lleva a pudientes turistas
mexicanos, en cortos viajes organizados por agencias turísticas,
de compras a, por ejemplo, megaplazas comerciales a Miami o
Nueva York, quienes muy fácilmente obtienen su visado
gracias a que tienen fastuosas cuentas bancarias en dólares).
Cabe aquí hacer la reflexión siguiente, que los países
que hoy en día se consideran “ricos y desarrollados”,
como EU, deben buena parte de su existencia a toda la
historia de robo y latrocinio que practicaron en el pasado
contra naciones que antes fueron sus colonias y que debido a
dolorosas imposiciones imperialistas, se mantuvieron
estancadas y atrofiadas económica, política y socialmente
hasta la fecha, razones que en gran medida explican el
actual éxodo de tantos desposeídos que buscan el tan
cacareado “modelo occidental de vida”.
En el “documento” que se entrega a todos los
solicitantes de visa rechazados (un simple, mal redactado
machote fotocopiado que se les da a todos por igual), puede
leerse que el motivo por el cual no se otorgó el permiso se
debe a que no pudo demostrarse que “se tienen lazos
sociales, económicos y/o familiares sólidos en el país en
que se reside y que no se pretende abandonarlo.
Los aplicantes que cumplen con este requisito, lo hacen
mostrando lazos fuertes que los unan a su país y aseguren
su regreso a éste mismo al finalizar su visita a los
Estados Unidos. Otros aspectos que se consideran son: tener
un trabajo estable y una buena educación. Lamentablemente
usted no los demostró durante la entrevista” (corregí
los errores de redacción y de puntuación de los que
adolece el “documento” referido). Pero desgraciadamente,
con los modernos controles neocolonialistas que EU y sus
compinches (el resto de los “países desarrollados”)
siguen ejerciendo
en el mundo subdesarrollado, dependiente de los caprichos
económicos y militares de aquellos, esos “lazos
fuertes” que unan a los desposeídos del mundo con sus
empobrecidos países cada vez se irán debilitando más y más.
Contacto:
studillac@hotmail.com
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