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Biocombustibles:
Imposición transgénica, no alternativa ecológica
Por Adán Salgado Andrade
Para Socialismo o Barbarie, 30/04/08
Cuando la
empresa estadounidense Monsanto alteró genéticamente una
especie de maíz para, según sus directivos, aumentar su
rendimiento, también se le adicionó un químico (Bt, una
toxina producida por la bacteria Bacillus thunringiensis, el que, en un experimento rápido, un entomólogo,
John Losey, espolvoreó polen de maíz con dicha toxina en
plantas en las que vivían larvas de mariposa Monarca, y el
resultado fue que murieron todas, ya de por sí puestas en
peligro por la deforestación de su santuario, en tierras
michoacanas) para dotarlas de supuestas “propiedades de
resistencia a las plagas”, pero que también destruye las
semillas resultantes de las cosechas de dicho maíz si son
sembradas, para evitar, justifica la empresa, que “piratas
agrarios” se apoderaran de su aberración genética y la
cruzaran con plantas criollas – es decir, naturales –
para que éstas se hicieran también de las “maravillosas
propiedades” del alterado maíz, que se dio en llamar terminator,
pues la planta se autotermina
(un desafortunado granjero canadiense, Percy Schmeiser,
fue demandado por la empresa por “plagio genético”, ¡y
ésta ganó el juicio!, porque la cosecha de canola normal
de aquél se contaminó accidentalmente con el polen de
cultivos transgénicos del maíz de Monsanto que estaban
cerca del sembradío del canadiense. El infeliz hombre fue
condenado a “indemnizar” con miles de dólares a la
“pobre” empresa).
Pero a pesar
de las pretendidas “bondades” del maíz transgénico y
de que ya lleva varios años comercializándose, muchos países,
sobre todo europeos, no están de acuerdo con su consumo, así
que han exigido que las empresas industrializadoras de
alimentos eviten emplearlo o señalen claramente que el
alimento ofrecido lo contiene, pues aún no se sabe con
certeza los daños a la salud que en los humanos ese
engendro vegetal y otros transgénicos vayan a tener (por lo
pronto, se reportan alergias o diarreas en personas
sensibles. Como mencioné antes, la presencia del químico
Bt es también un serio factor de riesgo).
Así, fue
justamente esa resistencia la que llevó a Monsanto,
Aventis, Du pont y a otras empresas productoras de transgénicos
a elaborar una estrategia distinta para lograr la plena
aceptación, sin obstáculos ni pretextos de ninguna índole,
para el maíz alterado e incluso para otros cultivos que ya
están también genéticamente modificados, tales como la
canola, la soya, el jitomate, la calabaza, la caña de azúcar,
la papaya, la papa, el algodón el lino... y de todos
aquellos vegetales en los que actualmente se están
experimentando las modificaciones genéticas.
Fue entonces
que se comenzó a fabricar la “maravillosa idea” de que
para que no se contaminara tanto a la atmósfera con los
combustibles derivados del petróleo, un gran sustituto serían
los llamados biocombustibles. Esto comenzó a hacerse en
Alemania, en donde se logró elaborar diesel a partir de la
colza, una leguminosa variedad del nabo usada comúnmente
como forraje o para extraer aceite lubricante. Al ser
quemada por los autos, ese “biodiesel” producía un olor parecido al de las
papas fritas.
Se decía de
tal gasolina que poseía las mismas propiedades combustibles
de la común, pero que producía sólo una fracción de las
emisiones dañinas que contribuían al calentamiento global.
Sin embargo, recientes estudios han demostrado la falsedad
de tales argumentos, indicando, entre otras cosas, que es mínima
la disminución de emisiones contaminantes producidas por
los biocombustibles, además de que la llamada “eficiencia
energética” (esto mide qué tanta energía producen los
biocombustibles más de la que es empleada para hacerlos),
tampoco es la panacea. Por otro lado, la siembra misma de
los así llamados “cultivos energéticos” incrementa el
uso de agroquímicos, puesto que las modificaciones genéticas
de aquéllos así lo requieren.
Necesitan más
fertilizantes, más herbicidas, incluso más agua. Y al
incrementarse la fabricación de tales agroquímicos, se
aumentan los efectos colaterales, como las emisiones de CO2,
o sea, el bióxido de carbono, uno de los gases
contaminantes que más se produce en la actualidad, ¡alrededor
de 7100 millones de toneladas por año!, lo que está
contribuyendo exponencialmente al calentamiento global y a
los trastornos climáticos que estamos padeciendo cada vez más
frecuentemente. Además, se está llevando a la agricultura
a una peligrosa situación de monocultivos, ya que tienden a
reducirse las variedades genéticas, inclusive de los granos
que se siembran, con el inconveniente adicional de que están
tendiéndose a contaminarse con los genomas de los cultivos
modificados otros vegetales, que pueden heredar las características
de esterilidad que tienen los granos transgénicos.
Por otro lado,
la elaboración de tantos millones de litros de
biocombustibles, irónicamente también está aumentando la
producción de gases contaminantes, pues están implícitos
procesos industriales que emplean tradicionales métodos de
fabricación inherentemente contaminantes. Eso en cuanto a
los problemas que la siembra de transgénicos y la fabricación
de biocombustibles acarrean consigo. El otro problema es
que, como supuesta alternativa energética (que no ecológica,
como ya expliqué), tampoco existe una real viabilidad. Por
ejemplo, Estados Unidos, país que intenta cambiar intensiva
y extensivamente su dependencia de combustibles producidos
por petróleo a biocombustibles es muy ilustrativo de que no
satisfaría sus necesidades energéticas con etanol o
biodiesel.
La tierra
arable que ese país posee es de alrededor de 1,740,765 km²,
de la cual actualmente se tienen sembrados con soya para,
entre otros usos, el biodiesel, poco menos de un 2.5%, o
sea, unos 42690 km². Resulta que para que ese país pudiera
producir todo el biodiesel necesario para sustituir el
diesel normal que emplea actualmente, tendría que contar
con un área total de soya cultivada ¡casi 54 veces mayor a
la sembrada actualmente!, es decir, unos 93,501,090 km²,
imposible, dado que el área cultivable de todo el planeta
es de apenas 31,000,000 de km².
Pero además
toda la soya sembrada sería exclusivamente para producir
biodiesel, lo que agravaría brutalmente las carencias
alimenticias que ya de por sí estamos teniendo. El otro
caso, el del etanol, también es igualmente cuestionable. Se
requeriría de un 30% de la tierra cultivable que posee EU sólo
para sembrar maíz, o sea, unos 526,436 km². Lo que
actualmente se cultiva son alrededor de 59386 km², así que
casi tendría que incrementarse en ¡nueve veces la producción
de maíz, exclusivamente para fabricar etanol! (ver mi artículo
en Internet “¿Más energía o más desperdicio?”)
Pero aún con
los serios argumentos anteriores que se oponen a la
industrialización a gran escala de los biocombustibles (que
actualmente sólo se hace en Brasil, con el etanol producido
de la caña de azúcar), en todos lados se está insistiendo
en que éstos constituyen el “futuro energético”. Y
claro que aquí es donde comienza el gran negocio de los
transgénicos, pues, se arguye, puesto que estos rinden más
cantidad por hectárea (lo cual es también dudoso, pues
varios estudios recientes han demostrado que no existe el
tan mentado “alto rendimiento”) y son más resistentes a
plagas, constituyen el medio ideal para convertirlos en
biocombustibles.
Si, expresarán
los ejecutivos de Monsanto o Aventis, ya no se preocupen de
que con ellos se deba de alimentar a la gente y los efectos
colaterales a la salud que ello conlleve, no. Ahora los
emplearemos a gran escala para hacer etanol o biodiesel, que
al fin que será para consumo de máquinas, no de humanos.
Así, está incrementándose considerablemente la siembra de
transgénicos en muchos países, so pretexto de que se
emplearán no como alimentos, sino como energéticos. En
Brasil, Argentina, China, India, Canadá, Sudáfrica se
siembran desde hace años soya, maíz, algodón, y otras
especies modificadas. Y, en primerísimo lugar, por
supuesto, está Estados Unidos, en donde se calcula que un
75% de los alimentos procesados contienen al menos una
sustancia genéticamente modificada.
En ese país,
89% del área plantada de soya, 83% del algodón, y 61% del
maíz son especies transgénicas. Pero, claro, como el gran
negocio de los organismos genéticamente modificados (OGM)
debe de crecer, que más y más países permitan su cultivo,
pues a la medida queda lo de la fabricación de
biocombustibles, como señalé arriba. En México,
aprovechando la actual polémica sobre la privatización
petrolera (también por una cuestión de la seguridad energética
que debe de buscar Estados Unidos), está por aprobarse la
siembra de maíz transgénico, a pesar de que se ha
demostrado incansablemente que tal medida pondrá en peligro
las alrededor de 200 especies criollas existentes, convirtiéndolas,
incluso, en estériles. Eso será una estupidez, una
insensatez de los actuales mal administradores neoliberales
panistas, pues este país es ¡cuna del maíz!, planta que
los mexicas consideraban mágica, cuya forma en cruz indica
los cuatro elementos esenciales de la vida humana: el
viento, la tierra, el aire y el agua.
Sí, y
entonces como crece día a día el cultivo de maíz y de
soya transgénicos, principalmente, se están dejando de
sembrar las especies criollas de esos granos (no sólo eso,
sino que se están dejando de cultivar muchos otros
alimentos, como verduras, frutas y otros cereales, pues ya
no resultan tan lucrativos comparados con el boom
de los biocombustibles), y la mayor parte de esa
producción se está empleando para la fabricación de
biocombustibles, o sea, deliberadamente
se está ocasionando la escasez de alimentos, pues
aunque se ha incrementando la siembra de granos, ésta no
será dirigida a alimentar a nuestro hambriento mundo, sino
para llenar los tanques de combustibles de millones de
autos, sobre todo estadounidenses, que es hacia donde se
dirigirán la mayor parte de las exportaciones de los países
que ya están viendo el “gran negocio” que es producir
biocombustibles con los granos, en lugar de comida.
Así, la
seguridad energética de EU se está afianzando también por
este nuevo, “novedoso” frente, cuestión que Bush ha señalado
también como una “prioridad nacional”, es decir, la
gradual sustitución de parte de las combustibles derivados
del petróleo por los derivados de vegetales (el otro es el
de asegurarse el petróleo de sus vecinos petroleros, como México,
Canadá y Venezuela.
Ver mi artículo
en Internet “Los pozos petroleros ultraprofundos, otra
manera de seguir garantizando la dominación estadounidense
sobre México”). Como es evidente que EU no podrá
producir todo el etanol y el biodiesel que requerirán sus
planes de sustitución de los combustibles tradicionales,
serán muy bienvenidas las importaciones de países que se
sumen a la “fiebre bioenergética”. Brasil, por ejemplo,
exportará dos y medio millones de litros de etanol a EU
este año, de los aproximadamente 27 millones que piensa
producir
Esto es en
gran medida lo que está generando la actual crisis
alimentaria mundial, pues se están cultivando granos, pero
no con la intención de alimentar a la gente hambrienta,
como ya señalé, sino para hacer los biocombustibles,
dizque para no contaminar tanto el ambiente, pero se está
demostrando, como señalé, que no es así.
Por otro lado,
otro de los factores que están contribuyendo a la carestía
de los productos agrícolas, es también la cuestión de que
muchas de las tierras arables están declinando su producción,
debido a los rendimientos decrecientes, ya que a pesar de
que se abonen en demasía, llega el momento en que tanto
agroquímico las va alterando (“quemando” dicen en México
los campesinos) y ya no producen lo mismo. Por esta razón
muchos agricultores en EU han recurrido de nueva cuenta a la
llamada “agricultura orgánica”, en donde la tierra se
barbecha, para que el desperdicio de anteriores siembras,
revuelto con ésta, se descomponga y cree un humus que la
enriquezca naturalmente, lo que muchos campesinos hacen en México,
por ejemplo.
Además, los
ciclos de cultivo están alterándose también, pues por el
calentamiento global y los severos cambios climáticos que
estamos induciendo, las lluvias, por ejemplo, se atrasan, lo
que afecta a las llamadas tierras de temporal (las que se
siembran sólo con el ciclo pluvial) y cuando llueve, es en
demasía, y arruina los pocos cultivos que logran germinar.
Esto está sucediendo en México, en donde más del 70% de
las tierras cultivables son de temporal. Y las temperaturas
extremas que se están generando, no son soportables ya por
ciertos cultivos en ciertas regiones, así que ya no pueden
seguirse sembrando esos sitios.
Pero también
la carestía y baja en la producción de granos para
alimentos, no para combustibles, se debe a que la tendencia
industrializadora que se sigue desde hace varios años, ha
desalentado la actividad agrícola. Para muchos países,
China entre ellos, es más importante desarrollar parques
industriales, que campos agrícolas, con la consecuencia de
que ha disminuido muchísimo la producción de alimentos. Sí,
en países como la mencionada China, disminuye cada año la
proporción real de los alimentos cultivados (aunque aumente
en forma neta), en relación a los consumidos por sus
habitantes. Ni en algo tan tradicional como es el arroz, ese
país es autosuficiente, como lo fue en el pasado.
Eso sucede a
países como México, que también ha desalentado la
actividad en el campo, en donde más del 25% del maíz que
requerimos, por citar una negativa consecuencia, es
importado de EU (más ahora con la apertura total del TLC),
mucho del cual es transgénico, que ¡incluso en ese país
está prohibido para su consumo humano, y que más bien se
usa como forraje! Una negativa consecuencia del descuido de
la actividad agrícola mexicana es que cada vez más y más
campesinos emigran, irónicamente, hacia EU en busca de una
vida mejor, dejando sus tierras vacías, improductivas
(baste recorrer regiones agrícolas en México y se verá
que están cientos de hectáreas de tierras improductivas,
ociosas.
Ver mi artículo
en Internet “Apertura total del agro mexicano al TLC
estadounidense o de cómo se sigue matando al campo en México”).
Esto genera, por un lado, el peligro de hambrunas porque no
se producen suficientes alimentos internamente, y, por otro
lado, una peligrosa dependencia del exterior para comprar
esos alimentos, que serán, en consecuencia, cada vez más
caros al haber varios países dependientes del exterior para
alimentarse.
En la reciente
conferencia sostenida por la ONU para “analizar” el
problema de la escasez de alimentos y la hambruna que ya
comienza a gestarse en varios lugares, se llegó a la
conclusión de que con algo así como 755 millones de dólares
podría resolverse de momento el problema. Sin embargo, ningún
país de los llamados “ricos” ha atendido tan emotiva
petición. Es el costo de la nueva embajada que EU
piensa construir en Bagdad, capital de Irak, por ejemplo
(por cierto, un insulto ese, en un país en donde el 80% de
la gente vive en situación de miseria extrema gracias a la
invasión yanqui, además de que es una ofensa, pues con eso
pretende el Pentágono materializar el control neocolonial
que está ejerciendo sobre ese devastado país).
También es lo
que cuesta el avión más lujoso del mundo, un Airbus A340,
perteneciente al sultán de Brunei (750 millones de dólares,
justamente)... así que de que habría dinero para sufragar
tan urgente gasto, pues lo hay, pero lo que no hay es la
altruista voluntad de donar dinero en un mundo en donde
todo, absolutamente todo, debe rendir una ganancia, ser un
buen negocio, dar un buen rendimiento. Es ilustrativo que se
señalara también que antes se donaba a la población
hambrienta cinco tasas de cereal en promedio, dos de las
cuales eran aportadas por la FAO y las otras tres, eran
“donativos” de “altruistas” países, sin embargo,
ahora ya no se da ni ¡una tasa en promedio!
Y hay que
agregar el hecho de que la “occidentalización
alimentaria”, la que está imponiendo estilos occidentales
de comer, tales como la “fast food” (Mc Donald’s,
Burger King’s, Kentucky Fried Chicken... entre otras de
esas estadounidenses corporaciones que alientan la
mencionada fast food), con gran contenido de grasas, harinas, carnes
procesadas, frituras... también influye en la carestía y
actual escasez, pues más personas comen muy al estilo “Mc
Donald’s”. En China, por ejemplo, ya se “alarman”
las autoridades locales de que las dietas en las ciudades en
donde la opulencia capitalista debida al aparente “rápido
crecimiento económico” se deja ver, se estén
“occidentalizando” tanto y ya comience a haber entre la
población, incluso, problemas de gordura y de enfermedades
relacionadas con la dieta engordante y basta en grasas y
harinas.
Así, la
imposición de la “dieta occidental”, significa un
brutal aumento en la cría y engorda de todo tipo de
animales, desde pollos, marranos, hasta reses. Una vaca, por
ejemplo, requiere nada menos que 45 kilogramos por día de
maíz para producir su leche, así como 160 litros de agua.
Y el
rendimiento en cuanto a la leche que da o la carne que se
obtiene cuando se le sacrifica es mínimo en comparación a
la cuantía de recursos que se requieren para que crezca y
engorde, aparte de todos los desperdicios que produce (orín,
estiércol y producción de metanol intestinal, gas que
contribuye también al calentamiento global. El estado de
Texas es una cloaca, pues es uno de los lugares en donde más
se cría ganado en el mundo, en los llamados CAFOS – por
sus siglas en inglés, confined-animal feeding operations,
es decir, operaciones para la alimentación de animales
confinados – lo cual ha provocado una grave contaminación
de sus acuíferos con desperdicios y parásitos intestinales
de los animales, de tal forma que ya no es bebible el agua
que contienen muchos de ellos). Multiplíquense esas
cantidades por los millones de reses que son criadas en el
mundo y nos daremos una idea de cuantos millones de
kilogramos de granos y de litros de agua se requieren cada año
para alentar la expansión de esa “dieta occidental”, la
que, por desgracia, es adoptada cada vez por más gente en
el mundo.
Además, otro
grave problema derivado de esto es que para producir tantos
millones de animales, se emplean técnicas que más parecen
de fabricación en serie, que de crianza, pues se somete a
dichos animales a alimentación hormonal, para acelerar su
crecimiento y su engorda, se les confina a reducidos
lugares, lo que incrementa el peligro de que contraigan
enfermedades epidémicas, tales como la fiebre aftosa, se
les somete a condiciones insalubres, conviviendo en todo
momento con sus excrementos y orín... incluso, por la
perniciosa costumbre de los ganaderos estadounidenses de
emplear hasta los desperdicios de los animales sacrificados,
se dio hace algunos años en procesar los restos óseos,
pulverizándolos, enriqueciéndolos y dándoselos de comer
nuevamente a los animales en engorda, lo que provocó una
grave mutación en los organismos de éstos, originándose
el llamado “mal de las vacas locas”, grave alteración
proteínica, que destruye los cerebros de las reses, cuya
carne ni aún cocida pierde sus efectos letales (se han
reportado varios casos de personas que murieron a causa de
ese mal, el que destruyó sus cerebros aceleradamente, tras
la ingestión de carne contaminada).
Súmese a la
larga lista referida también el precio de la
industrialización y transportación de los alimentos, tanto
los naturales, como los procesados, muy relacionados con el
alza actual de los precios del petróleo, los combustibles y
otros energéticos, y se agrega un factor más al
encarecimiento actual. Por ejemplo, el 80% de los
combustibles empleados en la actualidad son derivados del
petróleo.
Pero, claro,
aquí las que ganan son las corporaciones mundiales que
monopolizan la mayor parte de la producción,
industrialización y distribución de alimentos, tales como
Nestlé, Quaker Oats, Unilever, General Mills, General
Foods, Cargill, Arthur Daniels Midland, Conagra... entre
otras, las que deben de estar felices, pues, por un lado,
sus ganancias están elevándose estratosféricamente (así
como las de las petroleras) y, por otro lado, sus acciones
están a la alza, ofreciendo excelentes dividendos a sus
accionistas y atrayendo la atención de ansiosos
inversionistas que buscan la nueva panacea lucrativa, que ya
no está en las empresas del Internet, ni en las
manufactureras, ni en las biotecnológicas, no, el “big
money” está justamente en las corporaciones que producen,
industrializan y distribuyen alimentos (o que exploten
materias primas, como el petróleo).
Tras la crisis
del año 200 en la que quebraron infinidad de las empresas
que veían al Internet como el futuro de la economía (las
llamadas .com), muchos analistas económicos, muy sagazmente recomendaban que
era mejor regresar a las inversiones en las industrias
relacionadas con los alimentos, tendencia que justamente
ahora se está dando (se recomienda en EU, incluso, invertir
en las granjas que cultivan árboles de crecimiento rápido
pues, se dice, éstos seguirán creciendo y tendrán mas
madera de dónde cortar, lo que generará “muchas más
ganancias” para los ávidos inversionistas). Cargill, por
mencionar un caso, controla un tercio del comercio mundial
de granos ha incrementado sus ganancias últimamente en
170%. Ese es, por tanto, el gran negocio que se está
generando gracias a la hambruna mundial, ironías del
capitalismo salvaje.
Así pues,
biocombustibles y las necesidades de aumentar las ganancias
y revertir en algo la actual crisis económica
estadounidense (que ya se convirtió en recesión), son la
combinación perfecta para generar la primera gran hambruna
del orgullosamente tecnificado, robotizado, internetizado
siglo XXI.
Contacto: studillac@hotmail.com
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