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Gotcha
o de cómo se convirtió a la indeseada guerra
en un
“divertido” juego dominical
Por
Adán Salgado Andrade
Para
Socialismo o Barbarie, 13/06/08
Parque
del Ajusco, México.
Son varios los letreros que anuncian la “diversión” bélica
conocida en todo el mundo como “Gotcha” (forma escrita
de la onomatopeya de la deformación idiomática inglesa
“I got you”: “¡Te atrapé!”) a lo largo de la
carretera que va desde el periférico hacia el parque
nacional “El Ajusco”, sobre todo porque los
“escenarios” de ese juego de origen estadounidense,
tratan los dueños de tales sitios que sean lo más
naturales posible. En uno puede leerse “Visita el nuevo
concepto de aventuras extremas”.
En
otro, bajo un jeep de utilería, el espectacular dice “¡Escenarios
realistas, como en Vietnam!”. Uno más indica “Adventure
park, siéntete como en la guerra”... y así, todos
invitando a sentirse de vez en cuando un “avezado”
soldado o, mejor aún, un miliciano en busca del enemigo a
quien patearle el trasero y matar en acción... bueno, lo de
patearle o matar es un decir, puesto que en este caso las
balas son sustituidas por esferas plásticas rellenas de
pintura de agua y algo de aceite que permita fijarla, en
tanto que fusiles o metralletas ceden su sitio a lo que se
llama aquí “marcadoras”, que son una especie de rifles
que emplean aire comprimido para arrojar con cada disparo, ¡a 84 metros por segundo!, cada
una de las esferas de vivos colores – las que tienen un
alcance de unos 200 metros – contra el “feroz
enemigo”, quien igualmente contraatacará con ráfagas
también de esferas, esperando que sus manchones de pintura,
producidos por aquéllas al reventarse, peguen en la cabeza,
en el pecho o en la espalda del contrincante, para ser
considerados “mortales”.
Hacemos
alto en uno que, por si no fuera poca la ya de por sí
marcada influencia estadounidense de estos juegos bélicos,
se presenta totalmente en inglés como “Planet Gotcha
Paintball, field franchise. Adventure park”, sí, quizá
para ambientar mucho más ese agringado ambiente ofrecido al
ávido “miliciano” en potencia. A bordo casi de la
carretera, está primero el obligado estacionamiento, rústico,
empastado, sobre todo porque sólo en auto es la única
manera de llegar a esos alejados sitios, pero también
porque al ser una diversión cara, se ofrecen a cierto público
y no a aquél que pudiera solamente acceder en transporte público.
Los límites del sitio están señalados con malla metálica.
Ya luego se accede por un reja abierta y se camina entre dos
hileras de anuncios plásticos que forman una especie de
improvisado corredor, los cuales publicitan distintos
productos destinados a jugar a “la guerra”, tal y como
debe de ser: ropa especial, sofisticado “armamento”,
municiones, máscaras, zapatos... y así, cuanta
parafernalia “gotchera” sea requerida.
Al
final del corredor publicitario está la construcción,
digamos que también rústica (de ladrillo y losa, pero sin
acabados) que funciona como la oficina y el recibidor de los
visitantes. En éste se alberga todo el equipo que los
jugadores requieren, justamente ofrecido como parte del
paquete promocional. Pueden verse anaqueles y estantes en
donde, muy bien ordenados, están los objetos “bélicos”.
En el equipo que se provee, se incluye, además de la
marcadora, o sea, el “letal rifle” lanzabolas, ropa
especial, tal como chalecos u overoles “camuflajeados”,
la indispensable máscara y, por supuesto, las
“mortales” municiones, que en la “oferta”
promocional, de $200 pesos (20 US dls.) por persona, se
incluyen 200 esferas. Ya, si al avezado jugador se le acaba
el parque y desea seguir “matando” a sus contrincantes,
se le ofrecen municiones adicionales, “recharge”, desde
100, por “sólo” $70 pesos (7 US dls.), hasta una caja
completa de 2000 esferas de pintura de agua aceitosa por
$800 pesos (80 US dls.), suficientes, según los más
veteranos del juego, “¡para que te la pases jugando todo
el día!”. Y también si el aire se agota, ningún
problema, pues se ofrecen las recargas a la marcadora que
sean necesarias por otros módicos $50 pesos (5 US dls.)
Ya
una vez cubierta la cuota de entrada, puestos overoles (éstos,
generalmente para las mujeres) o chalecos, colocadas las máscaras
(indispensables, pues por la fuerza con que son lanzadas las
bolas plásticas, pueden incluso dañar gravemente los ojos
o reventarlos y causar graves heridas en el rostro), probada
el arma... los impostados soldados están listos entonces
para enfrentar a sus fieros enemigos, que pueden ser de
entre el grupo de amigos con quienes se llegue (se hacen dos
bandos) o pueden confrontarse a las improvisadas “retas”
que otros jugadores ofrezcan. Eso se hace en los “campos
de batalla” acondicionados para eso como parte de la “bélica”
acción, los cuales son áreas rodeadas con mallas plásticas
(para evitar que se salgan las “balas” y pueda
“herirse” a alguien fuera de ellas), que cuentan, como
es natural, con montículos de tierra para esconderse,
trincheras, escondrijos... sí, y por ello, muchos de los
parques del “Gotcha” ofrecen escenarios realistas, “¡como
si estuvieras en Vietnam!”, presumen, pues así es más
“emocionante la acción”.
Claro
que esa batalla no llega a tener los alcances que ese
juego bélico tiene en Estados Unidos, país que, como dije
antes, fue el creador de tan “creativo” entretenimiento.
Hacia 1970, la compañía Crossman, fabricante de rifles y
pistolas de aire, patentó la primera marcadora, cuyo fin
era el de marcar árboles y ganado con pintura. Después, la
compañía Daisy, patentó a partir de esa marcadora el
primer, digamos, “rifle marcador”, el llamado “007”,
que se empleó en 1981 por un grupo de amigos que “jugaron
a la guerrita” en los bosques de New Hampshire y que lo
llamaron simplemente “gotcha” (otra versión alude que
fue a partir de la cinta “Gotcha” de 1984, estelarizada
por el actor Anthony Edwards, en la cual parte de la acción
alude al “paintball”, que dicho nombre se generalizó).
Ese “juego” de los “alegres amigos” se derivó de
las prácticas militares que las llamadas “milicias
populares”, armadas con rifles y pistolas cargadas con
salvas, aún
hacen en los bosques de algunas partes de los Estados Unidos
(por ejemplo en Montana y Arizona, en donde hay varias de
esas milicias “populares”).
Se
trata de anacrónicos grupos de enajenados estadounidenses
que, apoyados en la también anacrónica constitución
estadounidense (la cual establece la figura constitucional
de las “milicias populares”, creadas para defender la,
en ese tiempo, recién lograda independencia de Inglaterra,
lo cual, hace más de 230 años, tenía sentido, ¡pero no
ahora!), se caracterizan por predicar la “superioridad
racial” de la raza blanca (el llamado “supremacismo
blanco”), así como la defensa de su “inalienable
derecho” al empleo de armas (apoyado dicho derecho por
asociaciones tales como la belicosa NRA, la “asociación
nacional del rifle”). Su principal cometido, expresan
algunos de esos grupos, es “defender a América ( es
decir, EU), de cualquier invasión extranjera y de razas
inferiores que pongan en extremo peligro la seguridad de
nuestra nación”. En este extremo de enajenación están
grupos tales como el MOAR (Militia of Arizona Republic) o el
TASDOL (The Arizona sons and daughters of liberty) o los
extremadamente racistas “Minute man project” (que se
dedican a “cazar” a ilegales cerca de la frontera
mexicana), quienes han clamado, incluso, que Arizona debe de
independizarse de EU, dado que el gobierno no ofrece
“suficiente protección” contra los peligros externos,
tales como las constantes “invasiones de peligrosos
indocumentados”.
Por
tal razón, dichas reminiscencias han llevado al juego del
“gotcha” en EU a extremos de “realismo” tales como
el practicado en el campo militar Blanding, en el estado de
Florida, en donde emprendedores empresarios alquilan por
nada despreciables sumas de dinero al ejército su “Joint
Training Center for Military Operations on Urban Terrain”,
o sea, sus campos de entrenamiento militar, para que tanto
hombres y mujeres de todas las edades practiquen muy
“alegremente” sus habilidades bélicas, las que,
incluso, son efectuadas mediante auténticos “plots”, sí,
como si estuvieran en una película de guerra, diseñados
por tan entusiastas empresarios. Se llega a la exageración
de emplear “tanques” (éstos, hechos de los pequeños
tractores que jalan podadoras), equipados con “potentes
metralletas”, que son tubos de PVC electro-neumáticos
capaces de disparar hasta 30 municiones por minuto.
Y
como el negocio ya es bastante lucrativo, se dan cita en ese
lugar tanto empresarios, empresas fabricantes de
“armamento”, de ropa, de calzado, de todo tipo de
accesorios... y por supuesto, los valientes jugadores,
quienes no tendrán empacho en pagar 75 dólares sólo por
el derecho a la entrada, ni por el resto de los debidos
gastos, pues todo lo demás es extra: las armas, la ropa, el
“plot” que seguirán, el empleo de los “tanques”, el
uso de instalaciones adicionales, tales como las
construcciones militares que también se ofrecen, con tal de
dar más “realismo” a los participantes. “Sí, uno se
siente como si estuviera en Vietnam o en Irak”, afirman
ex-soldados que juegan al “gotcha”, felices de que,
aunque sea de a “mentiritas”, otra vez se pongan en acción.
No,
el “gotcha” mexicano no llega a tales extremos de
“sofisticación”, en el cual los contrincantes
simplemente tratan de esconderse y localizar al otro bando,
pero sí se genera la suficiente tensión entre los
participantes, como para que se entreguen, cual verdaderos
“soldados”, a “matar” cuantas veces sea necesario a
sus enemigos y a no “dejarse matar”. Todos se ocupan en
apuntar a las partes consideradas mortales – el pecho, la
espalda, la cara o la cabeza, como menciono arriba – y a
disfrutar victoriosos cuando le “atinan” al
contrincante.
Y
así se desarrolla esta “sana diversión”, practicada en
infinidad de países (como rezan los fliers informativos
de varias agrupaciones de “gotcha”), tales como China,
Rusia, Corea, Japón, Turquía, Arabia Saudita, Sudáfrica,
Malasia, toda Sudamérica, Europa... sí, de todo hay ya,
naciones desarrolladas, no tanto, occidentales, orientales.
Así es, digamos que es “muy civilizado” jugar a la
guerra, la cual se ha despojado de su lado mortal,
destructivo y terrible para convertirse en muy “divertida
y entretenida”. Y para los parques de las franquicias
estadounidenses en donde se practica, así como para los
fabricantes de toda la parafernalia “gotchera”, es un
muy lucrativo negocio, que tan sólo en los EU deja al año
alrededor de ¡mil millones de dólares!
Pero
resulta que no es tan “sana diversión”, pues en opinión
de muchos expertos es una forma de glorificar, trivializar y
popularizar tanto a la guerra, como al uso de las armas. De
hecho, las marcadoras se emplean también en entrenamientos
militares, como en aquellos “parques temáticos bélicos”
en donde se entrena a los mariners para ir a combatir a Irak
(ver mi artículo en Internet “Bienvenidos a
Arabialandia”). Además, se han consignado delitos de
vandalismo, hostigamiento, asalto y daño corporal por el
uso tanto intencional, como no intencional de las marcadoras
(por ejemplo, niños que se han disparado hacia la cara y
reventado un ojo o herido gravemente con una marcadora, que
al fin y al cabo la consideran un “juguete”).
Por
otro lado, algunos estudios también han mostrado que esa
actividad sí tiende a desarrollar con el tiempo
comportamientos violentos en quienes lo juegan, contrario a
lo que muchos piensan, de que es una “válvula de
alivio” para las presiones de la vida diaria, lo cual, por
supuesto, es cuestionable, dado que aunque se esté
“jugando” a matarse, el resultado conduce a una fuerte
producción de adrenalina por el estrés que implica buscar
a quién matar o evitar ser matado. Y si ese estrés se
convierte con el paso del tiempo en una especie de
“tranquilizadora” necesidad, digamos que como parte del
psiquis para estar bien, entonces, no sólo se desarrollará
durante el juego, sino en situaciones de la vida cotidiana
que de repente lo detonen, como un disgusto en el hogar o en
la oficina o al manejar, por ejemplo.
Algunas
estadísticas practicadas en EU entre ávidos jugadores del
“Gotcha”, han hallado que un buen número de ellos
tienen tendencias violentas no sólo durante el juego, sino
también en ciertos momentos de su cotidianeidad, dado que
se irritan fácilmente y no pueden controlar su enojo. “No
sé, de repente me siento como si estuviera jugando, cuando
me enojo por cualquier cosa, y sólo trato de desquitar mi
coraje como sea”, declara un ávido jugador. Sí, y ese
desquitarse es llegar a los golpes en muchos casos, sea
contra la cónyuge, contra un compañero de trabajo o contra
un conductor que osó metérsele al auto del airado
“gotchero”.
Y
si ese juego está popularizándose tanto en nuestro país,
a pesar de los argumentos en contra, es porque,
desgraciadamente, aquí todo lo que sea estadounidense se
adopta rápidamente por la mayoría de la población (véanse,
por ejemplo, los millones de fans que siguen
enajenadamente el “fútbol americano” o que lo practican
totalmente entregados. O el caso de la cinematografía, en
que el 90% de las salas exhiben taquilleras cintas
estadounidenses de efectos especiales, de comedias tontas o
de escatológico humor. O nuestra asiduidad a la Coca-cola o
a las franquicias de fast-food: KFC, Mc Donald’s,
Starbucks...). Sí, no basta con la dominación económica y
política que ese país ejerce en nuestra latitud, no, hay
que absorberlo todo, su cultura, sus costumbres, su
idiosincrasia, sus juegos... ser pro-estadounidense cuanto
sea posible (comenzando por nuestros mal administradores
panistas) y contribuir con ello a llenar las arcas de las
corporaciones que controlan todas esas actividades...
Allí,
en ese momento, en el “Planet Gotcha Paintball, field
franchise. Adventure park”, nos damos cuenta de qué se
trata el “entregarse de lleno” al juego de la guerra. Un
orgulloso “gotchero” se acerca. Es un hombre de unos 42
años, muy gordo, moreno, alto, de duros gestos, con la
barba de varios días poblándole sus mejillas. Su
vestimenta consiste en chaqueta y pantalones tipo militar,
“camuflajeados” con manchas en varios tonos de verde,
tal y como los usaría un soldado en plena batalla. Una
boina obscura le cubre la cabeza. Botas negras, altas,
calzan sus pies. En la cintura carga una “cartuchera” en
la cual guarda varios cilindros plásticos que contienen sus
valiosas “municiones”.
Coloca
en una mesa que hay a un lado de donde está parado, tres
flamantes marcadoras, que atraen la envidiosa mirada de sus
acompañantes, uno de los cuales exclama “¡Wow... pero si
hasta pareces Rambo!”. Efectivamente, el orgulloso
gotchero, quien por su cargado, bélico atuendo, recuerda a
ese hollywoodesco mercenario, asume un aire de grandeza ante
el atinado comentario. “¡Sí que te has gastado tu
dinerito!”, agrega una mujer, que se acerca y comienza a
tocar las marcadoras y a sobarle elogiosamente los hombros y
la espalda a aquél, quien con asumidos aires de
superioridad, declara sin tapujos “¡Pues traigo más de
setenta mil pesos de equipo!”, comentario que todos
aclaman con burlonas loas, luego de lo cual toma una de las
marcadoras, se la cruza al hombro y marcha hacia el campo
enmallado, cual valiente general, seguido de sus amigos,
dispuestos todos a “jugar” a ser fieros soldados y a
matar a muchos “enemigos” ese día...
Contacto:
studillac@hotmail.com
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