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Libro
rastrea maridaje político y paramilitar
Por
Constanza Vieira
Inter Press Service (IPS), 08/09/09
Bogotá.- Un libro
describe la expansión de milicias paramilitares en varios
departamentos de Colombia y su consecuente alianza con políticos
locales, cuando faltan menos de dos meses para las elecciones
regionales y municipales. Varios miembros de la entidad autora acaban
de recibir amenazas de muerte.
"Nunca tiré
piedras. Soy inútil para eso", dijo a IPS Laura Bonilla,
directora del Observatorio del Conflicto Armado de la no gubernamental
Corporación Nuevo Arco Iris, que publicó la investigación
"Parapolítica: La ruta de la expansión paramilitar y los
acuerdos políticos".
"Muy profundos
sus escritos maldita basura" (sic), dice la amenaza de muerte
llegada a su correo electrónico laboral, que además la acusa de
haber sido estudiante revoltosa o "tira piedra". El
remitente: auc_bloque_capital@hotmail.com. La fecha: jueves 6 de este
mes, el mismo día del lanzamiento del libro.
Bonilla, politóloga
de 25 años y egresada de la estatal Universidad Nacional de Colombia,
cree que "las amenazas son a título personal, son conmigo".
Unos 10 días atrás,
otra amenaza le llegó a través del celular de su madre, de 46 años,
y se sumó a varias en las semanas anteriores. Las atribuye a
"unas intervenciones (exposiciones públicas) mías, por
denuncias de la relación con paramilitares de candidatos
actuales" a las elecciones locales y regionales del 28 de
octubre.
Bonilla las hizo
"en muchos lados. Hicimos un rastreo sobre eso", dijo en un
breve diálogo con IPS.
Las AUC (Autodefensas
Unidas de Colombia) son milicias paramilitares de ultraderecha,
comandadas en muchos casos por narcotraficantes, que apoyaban a la
fuerza pública y fueron oficialmente disueltas en 2006 tras un
controvertido proceso de negociación con el gobierno del derechista
Álvaro Uribe, que las desmovilizó en parte. Con todo, un llamado
Bloque Capital sigue operando en Bogotá.
"Para nosotros
no es coincidencia. El tema del libro va a levantar muchas
ampollas", sostuvo Bonilla, en referencia a la publicación de
396 páginas, una investigación colectiva realizada desde finales de
2004 y mediados de 2006 y apoyada por la Agencia Sueca de Cooperación
Internacional para el Desarrollo.
El libro "narra
todo lo que fue la expansión territorial del paramilitarismo en
varias regiones que se seleccionaron, y cómo esa expansión terminó
en una alianza de políticos con paramilitares a nivel regional",
resumió Bonilla a IPS.
En el trabajo
participaron varios investigadores que produjeron monografías
regionales sobre la forma en que los diferentes frentes de las AUC
lograron "dominio e influencia" en Medellín, la segunda
ciudad más importante de Colombia, Bogotá y los centrales
departamentos de Cundinamarca y Meta.
También se describe
esa influencia en la costa norte, en los departamentos de Córdoba,
Sucre y la región del Magdalena Grande, en el oriente, en la frontera
con Venezuela, en Casanare y Norte de Santander, incluyendo su región
Catatumbo, además del occidental Valle del Cauca.
Además, la
investigación dedicó un capítulo especial a los efectos de la
violencia de las AUC sobre los pueblos indígenas.
Su actualidad es más
que candente, cuando restan siete semanas para las elecciones.
Sobre esos comicios,
el Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo
(ombudsman) advirtió en julio que 42 por ciento de los municipios del
país registran riesgo electoral, casi las dos terceras partes de éstos
en grado "alto".
El riesgo electoral
se refiere a factores que afectan los comicios y que conducen a
votaciones excepcionalmente favorables para una lista, cantidad fuera
de lo común de votos nulos o en blanco, concurrencia a las urnas muy
alta o muy baja, violencia política, amenazas o asesinatos de
candidatos, entre otros.
Los defensores de las
AUC --25 por ciento de la población colombiana, según una encuesta
de la revista Semana-- argumentan que éstas surgieron para protegerse
de las guerrillas de izquierda nacidas en los años 60, y ante la
ausencia del Estado.
Pero el escándalo de
la llamada "parapolítica", que estalló en 2006, muestra un
entramado de relaciones de poderosos políticos con el narcotráfico y
de toma de la propiedad en todo este país andino.
Durante la expansión
paramilitar, a partir de los años 80, 4,5 millones de hectáreas de
las mejores tierras del país cambiaron violentamente de manos,
desplazando a entre tres y cuatro millones de personas.
No fue la
"conspiración de un grupo de delincuentes. Fue una movilización
social y política del país en 12 departamentos, (que) cambió el
mapa político", dijo en el lanzamiento del libro León Valencia,
director de Nuevo Arco Iris.
"Y en muchos
otros departamentos influyeron decididamente. Pusieron 1.750.000 votos
para las elecciones presidenciales de 2002. Para las de 2006, pusieron
1.850.000 votos", señaló.
Los paramilitares se
dicen seguidores de Uribe y en ciertas regiones obligaron a
comunidades enteras a votar por él, aunque el mandatario
probablemente hubiera sido elegido sin ese apoyo.
La investigación
académica es muy anterior a que se iniciara la investigación
judicial sobre la "parapolítica".
Hoy, la Fiscalía
General de la Nación y la Corte Suprema de Justicia tienen
investigados a 113 dirigentes políticos regionales y nacionales. De
ellos, 51 parlamentarios están presos o llamados a indagatoria o a
prestar testimonio, o mencionados dentro de los expedientes del escándalo.
"Nosotros
documentamos 83: 33 senadores y 50 representantes a la cámara"
baja, dijo Valencia, quien cree que a este ritmo la investigación de
Nuevo Arco Iris se quedará corta.
Los propios jefes
paramilitares hoy desmovilizados aseveran que en la legislatura del
período 2002-2006 lograron 35 por ciento de los escaños.
"Fue una alianza
de conveniencias", la investigación publicada muestra "cómo
y por qué les convenía a las elites regionales aliarse" con los
paramilitares, comentó Valencia.
"A pesar de
todo, yo creo que no debemos perder la esperanza" dijo en el
lanzamiento del libro Juan Carlos Galindo, registrador nacional del
Estado Civil, responsable del registro y la identificación de los
colombianos y de la administración de los procesos electorales.
"La sociedad
colombiana está en peligro, y todos y cada uno de nosotros estamos
llamados a cumplir una serie de deberes y compromisos con el país de
nuestros hijos", añadió.
La investigación de
Nuevo Arco Iris "me parece fundamental, porque nos está ayudando
a diagnosticar realmente lo que está sucediendo, para tomar
medidas", sostuvo el funcionario.
Las intimidaciones
contra Bonilla y otros miembros de Nuevo Arco Iris provienen "de
quienes se oponen al libre ejercicio de la democracia, el pensamiento
crítico y la investigación social", advirtió el viernes un
comunicado de esa corporación.
La entidad
"insta a los organismos de seguridad del Estado a establecer las
medidas necesarias para garantizar su libre ejercicio".
Además, advierte a
los responsables de esas presiones del "repudio por parte de
todos aquellos que creemos con firmeza en el camino de la democracia y
la paz como única vía de la reconciliación nacional".
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