Colombia

 

Desempleo y pobreza

Africanización a la vista

Por Manuel Agón
El Socialista 588, septiembre 2003, PST de Colombia

En los últimos meses se han venido conociendo uno tras otro diversos informes sobre la pobreza en Colombia. Ya las cifras no sorprenden a nadie y mucho menos a los trabajadores que hemos venido soportando el peso de la crisis económica que los gobiernos, la burguesía y el imperialismo han descargado sobre nuestras espaldas. El modelo uribista promete profundizar esta situación.

Las últimas cifras y análisis, contenidas en los estudios del CID de la Universidad Nacional, de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) y el informe de Desarrollo Humano encargada por las Naciones Unidas, confirman una vez más lo que ya desde hace años se viene repitiendo sistemáticamente: la pobreza avanza rápida e inexorablemente por toda Latinoamérica y en grado aún mayor en Colombia. El desempleo y las precarias condiciones de trabajo se profundizan, mientras los planes económicos, que se aplican en todos los países, mantienen el pago de la abultada deuda externa. Paralelamente las utilidades y riquezas de los más ricos no dejan de crecer y las desigualdades sociales se acentúan.

Especialmente revelador es el informe preparado por el Centro de Investigaciones sobre el Desarrollo de la Universidad Nacional. No tanto por las escalofriantes cifras, sino porque desmiente contundentemente algunos de los argumentos que el gobierno, la burguesía y los acólitos del capitalismo nos han querido vender como verdades incontrovertibles y muestras del "progreso".

Pobreza

El aumento del número de pobres en Colombia está por encima de las predicciones más pesimistas. En 1997 el 50.3% de los colombianos eran pobres es decir que no podían satisfacer sus necesidades mínimas de subsistencia en alimentación, vivienda, educación y salud. En 2002, según el estudio del CID son el 62.5%. Otros estudios, como el de la CEPAL, cifra en 22 millones el número de pobres, 10 millones de ellos indigentes, es decir que ni siquiera pueden satisfacer las necesidades alimentarias mínimas.

Desempleo y malas condiciones laborales

La consecuencia más evidente de la crisis económica es el desempleo. Las políticas neoliberales contraccionistas, aplicadas durante los años 90, y las actuales políticas enmarcadas en el proceso de globalización (de la pobreza), tienen en la calle al 17% de la población económicamente activa en Colombia y en la informalidad a otro 30% . El informe del CID muestra como al finalizar el 2002 hay "900.000 empleos remunerados menos de los que existían en 1994". Las condiciones salariales de los trabajadores hoy son sumamente precarias, a causa de las contrarreformas laborales que se han venido aplicando desde la ley 50 del 90. El informe muestra que hoy un obrero, en dólares, cuesta 17 veces menos que hace 5 años. El mismo DANE ha tenido que reconocer que los empleos que se están creando desde la última "reforma" laboral se dan en condiciones precarias, con salarios de hambre y sin acceso a salud, ni pensión, ni estabilidad. Vaya progreso.

Salud y Pensiones  

La ley 100 de 1993, cuyo autor fue el malogrado aviador y ex ministro Juan Luis Londoño y cuyo ponente fue el hoy señor presidente, se expidió bajo el argumento de que privatizando la salud y las pensiones se aumentaría la cobertura y mejoraría el servicio. Durante años nos han querido mostrar las maravillas de este sistema con cifras engañosas y tergiversadas, cuando hoy, 10 años después de expedida la ley se confirma lo que muchos sectores sociales y políticos anticipamos que se iba a producir. El estudio del CID constata que la cobertura en salud ha bajado en 1.7 millones de personas en los últimos 5 años. "Hoy los hogares pobres tienen mayores probabilidades de enfermarse y menos probabilidad de ser atendidos" según el informe. Paralelamente se han cerrado o están en crisis total los hospitales de la red pública.

En pensiones, en términos cuantitativos, la situación es similar. Cada vez menos trabajadores tienen empleos estables que les permitan acceder a la pensión. Y cada vez las condiciones para pensionarse son más desventajosas: hoy habría que poder cotizar 26 años seguidos para poder pensionarse. En las actuales condiciones de empleo, millones de trabajadores nunca lograrán acceder a una pensión. La situación del ISS es catastrófica y bajo el actual esquema de la ley 100 no tiene solución. Ha habido un proceso de succión de afiliados y de recursos del ISS hacia los fondos privados que hoy concentran el 50% del "mercado" y recursos de 15 billones de pesos de los cuales no tendrán que desembolsar ni un peso en pensiones en un futuro cercano, mientras el ISS pasó de 3.5 millones de afiliados cotizantes en 1994 a 2.2 millones en 2001 y sigue bajando.

Educación

Un solo dato muestra la catástrofe: 3.5 millones de niños no tienen cupo escolar. En educación se viene implementando la cacareada política del "subsidio a la demanda", es decir que el estado se deshace de la responsabilidad de garantizar la educación a cambio de "subsidiar" a los estudiantes para que tengan acceso a ella. Pues bien, estos famosos subsidios, que en realidad son créditos como los de las hipotecas, van a para a las manos de los más ricos. El estudio del CID muestra como, para el 2000, casi el 50% de los subsidios los recibe el sector más rico de la población, participación que ha venido creciendo sistemáticamente desde 1992 cuando solo participaban con el 33%.

Distribución del Ingreso y los Recursos

El coeficiente de Gini, que mide la concentración de la riqueza llega casi a 0.6, uno de los más altos del mundo y él más alto de Latinoamérica. El 10% más rico de la población gana 56 veces más que el siguiente 10% , pero paradójicamente es el que menos impuestos paga. En las manos de 12.000 latifundistas, entre los que se cuenta el señor presidente, se concentran 23 millones de hectáreas de tierras productivas, en gran parte adquiridas lavando dinero del narcotráfico y sacando a sus legítimos propietarios a punta de motosierra paramilitar. Mientras tanto 2.3 millones de campesinos pobres se reparten 2 millones de hectáreas. Estos datos del Informe de Desarrollo Humano encargado por las Naciones Unidas, indican además que el 0.4% de la población concentra el 50% de las tierras, mientras que el 69% solo tiene el 4.6% de ella. Como resultado Colombia descendió 14 puestos en desarrollo humano en los últimos años. Nos acercamos rápidamente a niveles africanos, con la diferencia que aquí la situación no se presenta por falta de recursos sino por los bajos ingresos de la población.

En Latinoamérica no escampa

El informe de la CEPAL, citado en Portafolio del 26 de agosto, muestra que esta situación no se da solo en Colombia: "En el año 2002, el número de latinoamericanos que vivía en al pobreza alcanzó los 220 millones de personas, de los cuales 95 millones son indigentes, lo cual representa el 43.4% y 18.8% de la población respectivamente." El problema del hambre no está relacionado con una escasa oferta de alimentos sino con los muy bajos ingresos de la población. Se demuestra entonces la falacia de la argumentación gubernamental según la cual "el problema de la pobreza en el país se debe a que la guerrilla no deja progresar." Pues, que sepamos, en Latinoamérica no hay guerrilla por todas partes, ni mucho menos. La situación se debe más bien al terrorismo económico capitalista contra los trabajadores y el pueblo. Ese terrorismo si existe en toda Latinoamérica. A la década de los 80 se la llamo "la década perdida" para América Latina. A la de los 90, cuando se aplicaron los planes económicos neoliberales, se le llamará la década de la africanización del subcontinente. Y lo peor es que nos prometen más.

La alternativa de los trabajadores

Lo que los informes no dicen es la conclusión que tenemos que sacar los trabajadores: el capitalismo nunca y en ninguna parte podrá dar a los trabajadores y los pobres del mundo alimentación, salud, educación, vivienda o siquiera un empleo en condiciones dignas. El capitalismo demuestra cada día y en todo el mundo que solo puede sobrevivir con respiración artificial quitándonos hasta el aire con la sobreexplotación y la guerra.

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