Estado español

El porqué de los recortes

El objetivo es salvar la banca alemana

Por Vicenç Navarro (*)
elcomentario.tv/reggio’s, 13/07/2012

Una de las tesis que se promueven con mayor ahínco en los círculos neoliberales del país es que España entró y permanece en crisis por su excesivo gasto público y falta de disciplina fiscal. De esta tesis se concluye que hay que reducir el gasto público y recuperar la famosa disciplina fiscal, reduciendo el déficit público para alcanzar el nivel exigido por el Pacto de Estabilidad (el 3% del PIB).

Esta tesis es fácilmente demostrable que carece de credibilidad. El Estado español era, en realidad, el modelo de rectitud ortodoxa neoliberal. Tenía un superávit en las cuentas del Estado en los años 2005, 2006 y 2007, y su deuda pública era de las más bajas de la Eurozona. Durante el periodo 2004-2007, tal deuda pública bajó del 46% al 36%. España no podía ser más modélica desde el punto de vista neoliberal. Los responsables de la política económica y fiscal del Gobierno español recibieron el aplauso de las autoridades europeas que gestionan y dirigen la Eurozona (desde el Consejo Europeo y la Comisión Europea al Banco Central Europeo) y como no, del Fondo Monetario Internacional.

En realidad, la sensación de euforia era tal que el Gobierno socialista español, bajo la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, decidió bajar los impuestos, identificando tal medida con ser de izquierdas. Su slogan más conocido en aquellos años fue que “bajar los impuestos es de izquierdas”. Esta bajada de impuestos aumentó el déficit estructural del Estado, es decir, el déficit público, que determinan los ingresos y gastos estructurales y no coyunturales. Este aumento del déficit estructural permaneció ocultado o ignorado por el aumento de los ingresos al Estado, resultado de la situación coyuntural provocada por la burbuja inmobiliaria. Ahora bien, cuando esta burbuja explotó, el déficit estructural apareció con toda claridad y contundencia. Los ingresos al Estado bajaron en picado, resultado, en gran parte, de que la estructura fiscal del Estado español depende excesivamente de las rentas del trabajo y muy poco de las rentas del capital. Cuando la actividad económica se colapsó y el desempleo se disparó, los ingresos al Estado bajaron y mucho. De ahí el déficit público del Estado. No tiene nada, nada que ver con el aumento del gasto público, el cual, medido en gasto público por habitante, ha ido bajando, no subiendo. Y los datos así lo muestran. Se están recortando y recortando, y en cambio el déficit público apenas baja y el crecimiento económico está decreciendo. ¿Qué evidencia esperan los círculos neoliberales para poder ver que están profundamente equivocados?

Por otro lado, un punto clave poco estudiado y con escasa visibilidad mediática es ¿por qué la burbuja inmobiliaria explotó? La causa primordial es que la mayoría del dinero que estaba detrás de la burbuja inmobiliaria procedía de bancos alemanes, franceses, holandeses, belgas, entre otros. En realidad el enorme flujo de dinero (lo que se llama inversión financiera) a España explica que la balanza de pagos (la diferencia entre el capital que entra y el que sale del país) se disparara en aquellos años de burbuja inmobiliaria. El hecho de que la banca europea alimentara a la banca española se debía, como no podría ser de otro modo, a que eran inversiones financieras extraordinariamente beneficiosas. Su rentabilidad era enorme. Pero cuando esta banca europea contaminada por los productos tóxicos procedentes de la banca estadounidense se paralizó, el dinero dejó de venir a España y la burbuja inmobiliaria explotó, creando un agujero en el PIB español equivalente a un 10% de su tamaño. Y todo ello en cuestión de meses.

Ahora España tiene un problema enorme porque debe mucho dinero a los bancos europeos, que no puede pagar. Y los bancos europeos tienen un problema incluso mayor, porque han prestado tanto dinero a España y a los otros países intervenidos (Grecia, Portugal e Irlanda) que si éstos no lo pagan, tienen un problema gravísimo. En realidad, muchos de ellos se colapsarían. Los bancos alemanes habían prestado en 2009 la enorme cantidad de 704.000 millones de euros a los países PIGS (España, Grecia, Irlanda y Portugal), convertidos en GIPSI con la inclusión de Italia. Esta cantidad es muchas veces superior al capital en reserva de la banca alemana. Si estos países no pudieran pagar su deuda, la banca alemana colapsaría. El establishment financiero alemán y su Gobierno, presidido por la Sra. Merkel, es plenamente consciente de este hecho. Y de ahí su énfasis en que el objetivo prioritario de las políticas de austeridad que está imponiendo a aquellos países y de la supuesta “ayuda financiera”a sus bancos, sea el de que la banca alemana recupere el dinero prestado.

El objetivo de los recortes es salvar la banca alemana

Y así nacieron las políticas de recortes. Como bien escribía recientemente nada menos que el editor senior del Financial Times, el Sr. Martin Wolf (25.06.12) el objetivo de estos recortes en España tiene poco que ver con recuperar la economía española y sí con que se pague a los bancos europeos, incluyendo los alemanes, lo que se les debe. Así de claro.

Ahora bien, como las cosas no se pueden decir tan claro, el argumento que se utiliza por los economistas y políticos neoliberales, es que hay que reducir el déficit público para “inspirar confianza a los mercados financieros” de manera tal que éstos vuelvan a prestar dinero a España. Según tal argumento, la desconfianza de los mercados hacia España determina que la prima de riesgo española haya subido tanto, ignorando que el que marca los intereses de la deuda pública no son los mercados, sino el BCE, que es el lobby de la banca, y muy en especial de la banca alemana. El hecho de que el BCE no haya comprado deuda pública española durante más de tres meses es la mayor causa de que la prima de riesgo se haya disparado. Lo que le importa más a la banca alemana (y a su instrumento, el BCE) es que continúe la austeridad, que sigan y se profundicen los recortes por parte del Estado español a fin de que éste y la banca privada a la que el Estado español ha estado subvencionando y ayudando en cantidades exuberantes (más de un 10% del PIB) paguen ahora lo que deben a aquellos bancos europeos, incluyendo los bancos alemanes. Y los famosos 100.000 millones de euros que el Gobierno Rajoy ha solicitado de las autoridades que gobiernan la Eurozona irán destinados a continuar ayudando (todavía más) a los bancos, y todo ello financiado por el ciudadano normal y corriente que paga al Estado y sostiene la deuda pública. En realidad, incluso dirigentes del Gobierno alemán así lo han reconocido. Uno de los consejeros económicos del Gobierno alemán, Peter Böfinger, así lo ha dicho. “Las ayudas a la banca (de los países en dificultades) no tienen que ver con el intento de ayudar a tales países en sus problemas, sino ayudar a nuestros bancos que tienen gran cantidad de deuda de aquellos países” (Chatterjee, Pratap, Bailing Out Germany: The Story Behind The European Financial Crisis).

En realidad, si de verdad tanto el Gobierno Rajoy o el Consejo Europeo desearan ayudar a la economía española, no transferirían estos 100.000 millones a la banca (que no ha estado ofreciendo crédito ni a las familias ni a las medianas y pequeñas empresas), sino a organismos estatales como el Instituto de Crédito Oficial (ICO), con el mandato de ofrecer crédito accesible y razonable (no el que provee la banca hoy) a la ciudadanía y a medianas y pequeñas empresas españolas. Tales transferencias públicas podrían también estimular el establecimiento de bancas públicas (tanto centrales como autonómicas) o cooperativas de crédito que garantizaran la existencia de crédito, uno de los mayores problemas que existe hoy en la España endeudada.

Pero lo que las autoridades europeas desean más que nada es que la banca española y el Estado español paguen a los bancos alemanes, franceses, holandeses, belgas y otros lo que les deben, a fin de -según dicen ellos- recuperar la confianza de los mercados. Pero este argumento asume que existen mercados, lo cual es fácil de demostrar que no ocurre. En un mercado, la responsabilidad de un préstamo fallido es compartida. Es un fallo de la persona o institución que pidió el préstamo, pero lo es también de la persona o institución que ofreció el préstamo. Y esto no está ocurriendo. En esta situación se está penalizando al primero a fin de salvar los intereses del segundo. Esto es lo que está haciendo, entre otros, el Gobierno alemán, que acusa y critica al Estado español por haber permitido la formación de la burbuja inmobiliaria sin citar el papel clave que el Estado alemán y la banca alemana jugaron en el establecimiento y explosión de tal burbuja. No se puede hablar de prestatarios irresponsables sin hablar también de los prestamistas irresponsables. Y el Gobierno alemán está imponiendo las políticas de austeridad para asegurarse de que a la banca alemana irresponsable se le pague la deuda con intereses (que, por cierto, alcanzan niveles estos últimos que cubren varias veces el coste de la deuda en sí). Y así estamos.


* Vicenç Navarro. Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy en The Johns Hopkins University.


El gobierno socialista francés no ha cuestionado ninguna de las políticas que
han forzado la aplicación de políticas de austeridad

¿Qué crecimiento?

Por Vicenç Navarro (*)
Enfoques de la Fundación Sistema /
elcomentario.tv/reggio’s, 13/07/2012

La evidencia de que las políticas neoliberales que se están imponiendo a la población de los países de la Eurozona (digo imponiendo porque ninguna de tales políticas estaban en el programa electoral de los partidos gobernantes) por parte de sus Gobiernos y de las Instituciones que gobiernan tal zona monetaria (a saber el Consejo de Europa, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo) son unas políticas que están dificultando la recuperación económica de tales países es abrumadora. Aunque la situación con la economía griega es el caso más extremo, no es el único. Antes al contrario, todos ellos, y muy en particular los países intervenidos (Grecia, Portugal, Irlanda y ahora España), han experimentado las políticas de recortes de gasto público, de descenso de los salarios, de reducción de la protección social y de las transferencias y de los servicios públicos de sus Estados del Bienestar que caracterizan tales políticas neoliberales, sin que hayan mejorado sus economías. Antes al contrario, han empeorado. Para amplios sectores de la población, la Gran Recesión ha alcanzado niveles de Gran Depresión.

Que la recesión se esté profundizando es fácil de entender (a no ser que uno esté estancado en el dogma neoliberal, impermeable a los datos): la economía está en un bajón, porque las familias y las medianas y pequeñas empresas están endeudadas, consecuencia en parte por la disminución de las rentas del trabajo (que ha ido ocurriendo como consecuencia de la aplicación de aquellas políticas neoliberales) y en parte por la fácil disponibilidad del crédito existente antes de la crisis. La disminución de los salarios y del gasto público, así como el aumento del desempleo empeoran todavía más este endeudamiento.

La experiencia histórica señala que en estos casos de profunda recesión y depresión lo que el Estado debe hacer es intervenir activamente en la economía mediante el aumento del gasto público y la creación de empleo (invirtiendo en la infraestructura social y física del país), estimulando así la demanda y la economía (además de garantizar la existencia de crédito, mediante el establecimiento de bancas públicas que tengan este objetivo). Así es como se resolvió la Gran Depresión de principios de siglo y la Gran Recesión en Europa, al final de la II Guerra Mundial (estimulada en parte por el plan Marshall).

Pues bien, lo que los Gobiernos están haciendo es precisamente lo opuesto. Es decir, están recortando el gasto público, asumiendo erróneamente que la recesión la ha causado el crecimiento del gasto público. El pilar sobre el cual se basa tal teoría es el Pacto de Estabilidad que fuerza a los Estados a tener un déficit público por debajo de un 3% del PIB y una deuda pública inferior al 60%. Según los defensores de tal teoría, éste es el objetivo que hay que alcanzar, pues el problema surge al no respetarse estos objetivos del Pacto de Estabilidad.

Lo que no se dice es que este objetivo es imposible de alcanzar con estas políticas neoliberales por una razón muy sencilla. La tesis de que la crisis la causa el excesivo crecimiento del gasto público lleva como solución los recortes de gasto público, lo cual deprime todavía más la economía, y como consecuencia, los ingresos al Estado caen aún más. El caso de Grecia y ahora de España no puede ser más evidente. En nuestro país los recortes continúan haciéndose y el déficit apenas baja. Y a no ser que tal Pacto de Estabilidad se abandone cuando hay recesión, la situación irá de mal en peor.

Y como si ello no fuera suficiente, el dogma neoliberal que domina el establishment europeo liderado por el gobierno alemán y la señora Merkel, está imponiendo el llamado Pacto Fiscal, en el cual el déficit del Estado tiene que ser prácticamente cero (sí, lo leyó bien, casi cero). Esto es ya un ataque frontal al bienestar de la población, y a las transferencias y servicios públicos de su Estado del Bienestar.

La necesidad de este Pacto Fiscal se justifica porque en una Europa federal los Estados componentes tienen que tener un déficit cero como ocurre, por ejemplo, en EEUU. Pero tal tesis oculta que en EEUU antes de desarrollar tal regla, hubo un gobierno federal con un Banco Central (el Federal Reserve Board) que ayuda claramente a los Estados. Esto no ocurre en la Eurozona. Es construir la casa comenzando por el tejado. Absurdo.

En realidad, tal absurdidad comienza a percibirse como suicida. De ahí que, por fin (muy pocos de nosotros hemos estado denunciando esta situación desde el inicio de la crisis, sin apenas tener acceso a los altamente controlados medios de comunicación), un gobierno, el francés, ha indicado que esta estrategia debe cambiar. El hecho de que el partido gobernante sea socialista podría ser una buena señal de cambio, pues los Gobiernos socialistas en la Eurozona (y en la UE) han sido cómplices de tales políticas neoliberales. Pero, el mayor problema es que el gobierno socialista francés no ha cuestionado ninguna de las políticas que han forzado la aplicación de políticas de austeridad, tales como el Pacto de Estabilidad y ahora el Pacto Fiscal. Lo que ha dicho es que tales políticas son insuficientes y hay que complementarla con políticas de crecimiento (tal como la aprobada por el reciente Consejo Europeo), lo cual se limita a una inversión de 120.000 millones de euros, de los cuales correspondería a España unos 10.000 millones, una cantidad muy, muy menor comparada con los recortes que tales gobiernos están realizando bajo el mandato del establishment que gobierna la Eurozona, y que quiere mantener el Pacto de Estabilidad en momentos de recesión. Tal cantidad es minúscula y es la hoja de parra que cubre el cuerpo desnudo de la austeridad. Con esta estrategia, no vamos a salir del bajón.

El lector se preguntará: ¿Cómo pues se están siguiendo estas políticas? Y la respuesta es que benefician a poderes fácticos y clases sociales (sí, clases sociales, en contra de lo que se informa, continúan existiendo en España), cuyos instrumentos políticos están sirviendo sus intereses. Comencemos la lista. Los que se benefician de la crisis son: ‘la banca alemana’, que se beneficia del flujo de capitales de la periferia al centro que está ocurriendo ahora; ‘la clase empresarial exportadora alemana’, porque los países periféricos no pueden incrementar su competitividad devaluando su moneda; ‘el Estado alemán’, que tiene los bonos públicos más seguros de la Unión Europea; ‘la banca española’, que se beneficia del enorme endeudamiento de las familias y medianas y pequeñas empresas (los intereses para préstamos han alcanzado dimensiones prohibitivas); ‘la gran patronal española’, que está consiguiendo lo que siempre han soñado, la eliminación de la protección social y debilitamiento de los empleados y trabajadores y sus instrumentos como los sindicatos y ‘las rentas superiores’, que derivan sus ingresos de las rentas del capital cuyo tratamiento fiscal (altamente regresivo) les está beneficiando enormemente, reduciendo su carga impositiva y reduciendo el tamaño del Estado y la garantía de derechos sociales y laborales. Los que salimos perjudicados somos todos los demás. Pero, por raro que parezca en un sistema al que llaman democrático, los primeros tienen mucho más poder que los segundos. Y ésta es la razón de que las políticas de austeridad y recortes sean las dominantes y las de crecimiento sean minúsculas.


* Vicenç Navarro. Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy en The Johns Hopkins University.